Pijama azul
Capítulo 6
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Capítulo 6
Arlet Vila
Domingo, 26 de junio de 2022
Odio ser la paciente, y más cuando es mi hermana la que tiene que cuidar de mí. Agradezco que me ayude, pero en ocasiones me pone nerviosa en lugar de ayudar a que me relaje. Lleva desde que hemos llegado abriendo cajas y ordenando a su antojo todo lo que yo no he hecho hasta ahora.
—No puedes tener la casa así, y menos en tu estado, solo falta que ahora te tropieces y te caigas —objeta cuando me quejo—, yo te lo coloco como puedo y tú ya lo cambiarás de sitio cuando te encuentres bien.
Me doy por vencida y me tumbo en el sofá con cuidado. La ducha me ha sentado bien, aunque ahora que mis músculos están relajados, no hay una sola parte del cuerpo que no me duela.
—Esa mujer tendría que educar mejor a su hijo, mírate, estás hecha unos zorros.
—No es culpa de la madre, ni del niño —añado un instante después—, simplemente son cosas que pasan, no hay que darle más vueltas.
—No, claro, las vueltas ya las diste tú por el asfalto —dice, y después se ríe de su ocurrencia—. Espero que después de esto, aparques ese cacharro en el garaje y se lo vendas al primer tonto que lo quiera.
No tengo intención de venderlo ni mucho menos de dejar de usarlo, pero como no quiero discutir con ella, decido no contestar para que esa conversación muera ahí.
—A ver —dice sentándose junto a mí en el borde del sofá.
Mi hermana se pone las gafas que siempre cuelgan de su cuello y coge los papeles que la doctora Teloy me ha entregado.
—Para el TAC tienes hora a las diez y media, y con la doctora a las doce menos cuarto. Ya te lo podían haber dado todo seguido, ¿no? —protesta.
—Claro, hora a la carta —ironizo y ella me fulmina con la mirada.
—En fin. Vendré a buscarte un poco antes de las diez, llegaremos de sobra.
—No será necesario porque ya estaré allí.
Berta se gira y me mira horrorizada.
—No puedes ir a trabajar, Arlet. ¿Tú te has visto?
—Tampoco es para tanto. Son magulladuras, nada más. Y no pienso faltar a mi puesto el primer día, ¿qué ejemplo estaría dando?
Mi hermana se lleva las manos a la cabeza y se pone en pie para dar vueltas por el salón.
—No voy a discutir contigo, haz lo que te dé la gana como haces siempre —protesta irritada—, si es que eres igual de cabezota que papá —añade negando con la cabeza.
Me encojo de hombros divertida y al hacerlo me hago daño, pero hago esfuerzos titánicos para que ella no lo note y lo utilice para confirmar que tiene razón.
—Me quedaré solo lo necesario, te lo prometo. La gerencia ha organizado una reunión con el personal médico para presentarme y debo ir. Después organizaré un poco mi despacho, iré a hacerme el TAC y a la consulta y volveré a casa para descansar. Te lo prometo.
Berta me mira pensativa con las manos en la cintura, hasta que comprende que no voy a cambiar de opinión y hace una mueca de aceptación con los labios.
—Está bien, al fin y al cabo, a quien le duele es a ti. Voy a preparar la comida para hoy y te dejaré algo hecho para que mañana no tengas que hacer nada que no sea descansar cuando vuelvas. Yo vendré a verte por la tarde, ¿le parece bien a la señora?
—Gracias —digo sincera, y extiendo la mano hacia ella.
Mi hermana me la coge renegando, pero después sonríe, me besa la cabeza y se marcha a la cocina.
—¿Puedes comprobar el lavavajillas? Creo que lo dejé puesto antes de salir.
—Lo he apagado antes, después lo vaciaré, no te preocupes.
—Gracias.
—¿Qué se supone que tengo que cocinar si no tienes nada? —vocifera irritada al cabo de un instante, y yo abro los ojos como platos al recordar que se me pasó ir a hacer la compra.