Pijama azul

Pijama azul


Capítulo 9

Página 10 de 33

Capítulo 9

Vania Teloy

Martes, 28 de junio de 2022

—Espabila, Teloy, que he reservado para las dos y media y por tu culpa vamos a llegar tarde —me apremia Maribel.

—Ni que hubieses reservado en un estrella Michelin —respondo ahuecándome la camiseta de tirantes cuando salimos del hospital.

—Madre mía, como sigan subiendo las temperaturas de esta manera no llego viva al mes de julio —se lamenta sofocada.

Podría rebatirle el comentario con alguna burla, sin embargo, la gitana tiene razón, para ser finales de junio, hace un calor digno de agosto. Estamos en plena ola de calor y las noches son asfixiantes, imposibles de soportar sin un ventilador cerca.

Mientras caminamos me recojo la melena en una cola alta para que el pelo no se me pegue en el cuello y vuelvo a ahuecarme la camiseta mientras noto asqueada las gotas de sudor resbalándome entre los pechos.

—Joder, qué asco, y acabamos de salir —digo mirándome las tetas por encima.

La gitana se ríe y se gira hacia mí mostrándome su camiseta, también calada por las gotas de sudor. Su piel tostada brilla y le da un aire de actriz de película que muchos estarían encantados de ver desnuda. Maribel tiene ese rasgo de belleza peculiar que poseen todas las gitanas, combinado con una expresión siempre alegre que atrae miradas allá por donde pasa.

Al entrar en el restaurante agradecemos el aire acondicionado suspirando de alivio y nos dirigimos a la mesa que solemos reservar siempre que venimos. Margarita, la dueña y camarera, se acerca y nos sirve directamente dos copas de agua fría.

—Hoy tengo gazpacho fresquito y muy rico, ¿qué os parece eso con un plato de patatas fritas con pimientos y un huevo? —pregunta con la confianza que ya existe entre nosotras.

—Yo me apunto —digo alzando la mano.

—Y yo —añade la gitana.

—Así da gusto —ríe Margarita—, enseguida vuelvo.

—¿Qué tal fue ayer con la directora? —se interesa Maribel.

—¿Cómo quieres que vaya? La visité como hago con todos los pacientes.

—Eres más borde… —dice con los ojos en blanco—. No todas tenemos a la jefa como paciente, ¿cómo es? ¿Es simpática? A mí me lo pareció.

—Pues no la conozco tanto como para afirmar algo así, gitana, pero me cae bien —admito y ella alza una ceja con gesto de aprobación.

—Bueno, eso es todo un logro. Últimamente no soportas a nadie.

—Me basta con soportarte a ti.

—Yo soy un encanto, es imposible no quererme —se jacta y se acomoda con chulería en la silla.

Sonrió y cabeceo, tampoco se lo puedo rebatir porque tiene razón, Maribel es de esas personas a las que empiezas a querer en cuanto las conoces, cuando te quieres dar cuenta, sientes que si desaparece de tu vida, todo se puede tambalear.

—Dejemos de hablar de mi simpatía y hablemos de tu nueva afición por esa aplicación de citas.

—Mmmm —sonríe y hace una mueca culpable.

—¿Has vuelto a quedar con la casada? —pregunto alarmada.

—No, claro que no, yo paso de problemas, Vania. Me instalé esa aplicación precisamente para eso, para poder pasar buenos ratos y después seguir con mi vida. Solo me falta un marido celoso persiguiéndome por el hospital, ¿te imaginas?

—O mujer —añado.

—No creo. Estoy hablando con muchas mujeres por ahí y tengo la sensación de que todas son heteros con ganas de probar algo diferente.

—Esas son las peores, gitana, ándate con ojo —la advierto preocupada.

—Lo sé. Tú tranquila, está todo controlado.

—Ya, claro —contesto, y ella me guiña un ojo antes de empezar a reír.

—Este sábado podríamos salir, nos tomamos unas copas, bailamos un poco y para casa, nada serio, te lo prometo.

—Paso.

—Joder, Vania —resopla negando con la cabeza—. Por lo menos podrías hacer ver que te lo piensas e inventarte alguna excusa de mierda para decirme que no, pero no haces ni eso.

—Tienes razón, gitana —admito sintiéndome mal.

Paso la mano por encima de la mesa y le pido con gesto suplicante que me tienda la suya. Lo hace con un gesto de resignación y yo la cojo y se la beso como si fuese una reina, quizá porque para mí lo es.

—Lo siento, lamento ser tan brusca, tú no te lo mereces.

—Ni yo ni nadie, Vania —aclara y yo asiento a regañadientes.

—No me apetece salir y tener tanta gente alrededor, me amargaré y te amargaré la fiesta a ti también. Prefiero quedarme en casa y que vengas el domingo por la tarde después de dormir la mona a contarme a cuántas mujeres has conquistado.

Fuerza una sonrisa y asiente mirándome fijamente.

—No puedes hacer esto eternamente, Vania.

—Lo sé, pero todavía no estoy lista para salir, eso es todo.

—Gazpacho por aquí —anuncia Margarita salvándome de un posible sermón.

Ir a la siguiente página

Report Page