Pijama azul

Pijama azul


Capítulo 11

Página 12 de 33

Capítulo 11

Vania Teloy

Viernes, 1 de julio de 2022

—Te lo dije —me advierte Maribel mientras le explico desayunando lo que me dijo Arlet ayer—. Sabía que esto acabaría pasando. Y la madre del niño diabólico, qué fuerte, vaya cara la de ir a quejarse, ¿es que no conoce a su hijo?

La observo con aire divertido, a veces me maravilla su dramatismo.

—En fin, volvamos a lo realmente importante, ¿qué te ha dicho? Te ha mandado a casa a recapacitar, ¿no es así? —pregunta con fastidio.

—No, todo ha quedado en una primera reprimenda verbal, aunque ya me ha advertido que depende de mí a partir de ahora. Otra queja más y entonces sí que me voy a casa.

—No lo entiendo —dice y expande las manos como si buscase algo sobre la mesa—, creía que esta era la segunda amonestación, ya tuviste la primera con Jose Ramón. Bueno, si se le puede llamar así, porque cualquier conversación con ese hombre acababa con una palmadita en la espalda, tú lo sabes bien —sonríe.

—En mi expediente no aparece nada sobre lo sucedido con la enfermera.

Su atención vuelve a mí de repente y la expresión sonriente se le congela, devolviendo a su rostro un gesto de extrañeza e incomprensión.

—¿Te refieres al día de Lucía? —tantea con prudencia.

—Sí. Hay constancia de que agredí a una enfermera, pero no de los detalles ni de nada de lo sucedido aquel día —explico notando como se me oprime el pecho—, para la doctora Vila, esta es mi primera amonestación.

Maribel abre los ojos con exageración y después frunce el ceño todavía más confusa, quizá se deba también a que es la primera vez que saco el tema.

—Todo lo referente a aquel día está borrado —añado como colofón final.

—¿Estás segura de eso? ¿Cómo lo sabes? —pregunta bajando la voz después de mirar en todas direcciones como si estuviésemos cometiendo un delito.

—Me lo ha dicho Arlet.

—Arlet —repite arqueando una ceja—. Creía que era la doctora Vila.

—Déjate de gilipolleces, gitana —escupo sin ocultar la tensión que me genera hablar de esto.

—Sí, perdona. Es que no lo entiendo. ¿Cómo es posible que esté borrado? Jose Ramón era bastante torpe, pero de ahí a que casualmente borre todo lo referente a un incidente que estuvo a punto de costarte el puesto, pues no sé.

—Solo hay una persona que tenía mucha amistad con él, la suficiente como para pedirle un favor así y que él aceptase.

—¿Quién? —pregunta cambiando de sitio para pegarse a mi lado.

—Asensio —respondo turbada.

—¿Abel? Venga ya, si no os soportáis, ¿para qué iba a pedirle a Jose Ramón algo así? A él no le beneficia en nada y, sin embargo, a ti te ha librado de pasar unos días suspendida.

—Abel y yo éramos amigos hasta aquel día —confieso ante su mirada de perplejidad.

—¿Es una broma?

—No, gitana. Nos respetábamos mutuamente y trabajábamos muy bien juntos. Éramos un gran equipo en urgencias y muchas veces terminábamos el turno tomando una caña frente al restaurante de Margarita.

—¿Y qué pasó? Coño —exclama haciendo memoria—. La atendió él, ¿verdad?

—Sí, y yo no aguantaba mirarlo y saber que si hubiera venido él en lugar de aquella enfermera, quizá…

No termino de hablar porque la voz se me estrangula y el nudo que se ha formado antes en mi pecho comienza a dolerme ante tanta presión.

—Vale, tranquila. Bebe agua —dice y me entrega la botella que tengo a medio beber.

Niego con la cabeza sabiendo que el nudo es tan grande que no me va a permitir tragar. Clavo la mirada en la ventana y trato de controlar la respiración mientras Heredia pasea su mano por mi espalda en un gesto de consuelo que consigue aliviarme.

—¿Estás mejor? —pregunta tras un par de minutos.

—Sí. Volvamos a trabajar antes de que alguna se queje de que he tardado más de la cuenta en desayunar.

Me pongo en pie y Maribel se levanta de un salto para bloquearme el paso otra vez.

—No quiero hablar más de esto, gitana —zanjo cortante.

—Y no lo haremos. Solo quiero que recuerdes que esto es serio y que si alguien más se queja te irás unos días a casa, pero si vuelven a hacerlo, es posible que te despidan y ni siquiera Asensio podrá ayudarte esta vez.

—Ya lo sé.

—Y otra cosa más —insiste y yo resoplo notando como la mirada de todos los que entran se clava en nosotras, que parece que discutimos.

—Si de verdad Abel ha hecho eso por ti, creo que le debes una disculpa y que arregléis vuestras mierdas. Él no tuvo la culpa y lo sabes, nadie la tuvo, Vania —opina categórica, y me zafo de su agarre para seguir mi camino sin esperarla.

Escucho sus pasos a mi espalda hasta que se cuelga de mis hombros y me da un beso tan fuerte en la mejilla que tres médicos se giran a nuestro paso.

—Es viernes, utiliza el fin de semana para recapacitar un poco y tratar de centrarte para volver el lunes con otra actitud. Solo te pido eso. No sé qué rollo te traes con la jefaza, pero no te olvides del cargo que tiene y de que llegado el momento, hará lo que tenga que hacer sin que le tiemble el pulso.

—Me ha quedado claro, gitana. ¿Puedes descolgarte de mi cuello? Me estás ahogando.

—Reconozco que a veces no me faltan ganas de hacerlo —dice dándome un suave empujón que me hace chocar contra Abel Asensio.

Él se gira con su encantadora sonrisa hasta que descubre que soy yo y se pone serio de golpe.

—Perdona, he tropezado —digo sin ser capaz de mantenerle la mirada mientras pienso en las posibles formas de asesinar a la gitana y salir impune.

—No pasa nada, ¿te has hecho daño? —se preocupa.

—¿Crees que por pasarte las tardes en el gimnasio eres un muro de piedra? —contesto sarcástica sin poder controlarme.

Ir a la siguiente página

Report Page