Pasos de piedra
Capítulo 15
Página 16 de 34
15
Alexander
El calor está fuerte. Mi casa estará aún más caliente. No quiero entrar. Él se enoja cuando tiene calor.
Miro mi bicicleta tirada en la fea hierba muerta.
Debería recogerla para que no me griten. Mamá dice que la abuela me compró esa bicicleta y que debería cuidarla mejor.
Estoy sudando demasiado. La guardaré más tarde.
Entro en el edificio de apartamentos y me pellizco la nariz. El pasillo siempre huele a inodoro. Necesito llegar a mi puerta donde no huela tanto adentro.
Escucho gritos. ¿Es él?
No. Es la loca del fondo del pasillo.
Mi mochila es tan pesada.
No puedo esperar para bajarla.
Sin embargo, no en el suelo. Se enojará si se tropieza.
Miro los números en las puertas que paso. Diez. Once. Doce. Tres. Falta el uno. Creo que se supone que diga trece.
Casi llego.
Llego a la puerta que tiene el número quince y coloco mi mano sobre la perilla.
Me incorporé de un salto, el sonido del despertador sonaba fuerte en mis oídos. Me acerqué a la mesita de noche para silenciarlo. Sacudí la cabeza y traté de alejar las imágenes de la noche. Y los olores.
¿Que carajo?
Por lo menos, estaba agradecido de que la alarma me despertara antes de que el sueño continuara.
Lo último que tengo que hacer es empezar el día analizando esa mierda.
Mi cerebro se sentía confuso. Necesitaba a Krystina. Me senté en la cama y traté de recordar qué día era.
Miércoles.
Fruncí el ceño cuando recordé que no había hablado con Krystina desde el lunes. En parte había tenido la culpa de eso, ya que el acuerdo de Canterwell requirió más delicadeza de lo que esperaba. Lo que debería haber sido una simple firma y que estuviera listo, terminó siendo una cena y unas bebidas con George Canterwell sobre otra posible venta de propiedad.
Y el bastardo codicioso seguía sin ceder en el precio.
Froté mis manos sobre el rastrojo de mi rostro mientras pensaba en los últimos dos días. A pesar de mi apretada agenda, seguí llamando y enviando varias veces mensajes de texto a Krystina, solo para recibir una respuesta breve o ser ignorado por completo. Traté de pasar por su oficina, pero la encontré convenientemente ocupada en reuniones a puerta cerrada con los empleados de Turning Stone.
Sabía cuándo me estaban aplazando y sospechaba que era porque ella todavía estaba molesta por mi propuesta. Era seguro asumir que ella sería terca al aceptar, pero no esperaba que estuviera tan enojada.
Transferirle la propiedad de Turning Stone tenía la intención de hacerla sentir más cómoda. No quería que su situación laboral se cerniera sobre nosotros y potencialmente se interpusiera en nuestra relación. Entendía el significado de inestabilidad financiera. Nunca quise que ella se preocupara por tener ese estrés. Darle Turning Stone fue simplemente la gota que derramó el vaso, a pesar de los argumentos de Stephen y de Bryan. De todos modos, era una parte de mi negocio para la que tenía poco tiempo. Mi enfoque siempre había sido, y siempre serían, bienes raíces.
Suficiente es suficiente. Ella no puede continuar así.
Me sentía frustrado y tiré las sábanas y me levanté de la cama.
Necesito hacer ejercicio y darme una ducha.
Después de completar treinta minutos sólidos de cardio, me di una ducha rápida y me vestí para el día. Mientras me anudaba la corbata, miré la línea de ropa que le había comprado a Krystina. Ocupaba una fila completa del vestidor, brillante y colorida, y era un gran contraste con los trajes de colores utilitarios que usaba. El armario era tanto suyo como mío.
Ella pertenece aquí. Habitualmente.
Jugué con la idea de convencerla de que se mudara conmigo mientras recuperaba mi celular de la cómoda y me dirigía a la cocina.
Una cosa a la vez, Stone.
Abrí el refrigerador y me alegré de ver que Vivian había ido recientemente de compras al supermercado. La fruta fresca había sido cortada y colocada en recipientes herméticos. Mi ama de llaves era un regalo del cielo.
Me senté en uno de los taburetes de la barra de la cocina y comencé a revisar los correos electrónicos en mi teléfono, mientras comía una variedad de melones y bayas. Vi uno de Krystina e inmediatamente lo abrí.
PARA: Alexander Stone
DE: Krystina Cole
ASUNTO: Tu oferta
Alexander:
Después de una cuidadosa consideración, he decidido aceptar tu propuesta. Sin embargo, es necesario realizar algunos cambios en el plan que presentaste. He adjuntado una versión modificada de la compra.
Si estás de acuerdo, me gustaría discutirlo formalmente esta tarde. Por favor, avísame a qué hora te conviene.
Krystina
¿Compra?
El contrato no era sobre una compra. Le estaba dando la compañía completamente. Curioso, hice clic en el archivo adjunto y lo leí.
Su plan ya no era una transferencia de propiedad, sino una compra similar a un alquiler con opción a compra. Ella había investigado el valor justo de mercado para una empresa del tamaño de Turning Stone y renegoció su salario para que fuera una cantidad considerablemente menor. La diferencia en su salario, así como una parte de las ganancias de Turning Stone, se pagarían a Stone Enterprise mensualmente, con una fecha de vencimiento.
Me recliné en mi silla, sorprendido de lo bien que jugaba sus cartas. Su idea tenía sentido, y no podía creer que no hubiera pensado en eso. Debería haber sabido que Krystina no aceptaría una empresa completa de forma gratuita, sino que trabajaría para obtenerla por su cuenta.
Señorita Cole, nunca dejará de sorprenderme.
Su plan revisado ciertamente impediría que Stephen y Bryan se resistieran tanto. Les reenvié el correo electrónico y les pedí que se presentaran a las tres en punto en mi oficina para discutir la nueva propuesta. Luego le escribí una respuesta rápida a Krystina para hacerle saber a qué hora reunirse con nosotros, y también le recordé nuestra cita para ir de compras después del trabajo.
Presioné enviar y sonreí, esperando tener un día muy interesante.
*
Krystina
Me senté detrás de mi computadora con una taza de café humeante. Lo bebí lentamente, esperando sentir la oleada de cafeína por mis venas mientras revisaba mi agenda de citas y la lista de cosas que hacer para el día. Mis primeros dos días en el trabajo habían sido largos y agotadores. Estaba empezando a comprender por qué Alexander quería que alguien se hiciera cargo de Turning Stone Advertising.
Si bien la empresa era rentable, era evidente que no era el principal objetivo comercial de Alexander. Entre conocer a los empleados algo reacios a aceptar el cambio y clasificar las oportunidades de campañas publicitarias existentes y futuras, rápidamente supe que tenía mucho trabajo por delante. Los empleados, aunque creativamente competentes, podrían necesitar alguna orientación formal. Ese solo hecho era intimidante. Sabía que podía manejar los aspectos laborales, pero había una gran diferencia entre ser un jefe y un líder. Como nunca había puesto a prueba mis habilidades de liderazgo, solo podía esperar estar preparada para el desafío.
Salí de la aplicación de agenda y abrí mi bandeja de entrada. Lo primero en aparecer era un correo electrónico de Alexander. Era la respuesta al que había enviado esa mañana.
Eso fue rápido.
Mariposas nerviosas bailaban en mi estómago. No estaba segura de cómo tomaría mi oferta, pero su respuesta fue sorprendentemente rápida. Titubeante, hice clic en el correo electrónico.
DE: Alexander Stone
PARA: Krystina Cole
ASUNTO: Re: Tu oferta
Me alegro de que finalmente hayas decidido romper el silencio. Ya que había pensado que tenía que ponerte sobre mis rodillas. Todavía puedo hacer exactamente eso, ya que el mero pensamiento es más que un poco atractivo. Has estado lejos de mí por demasiado tiempo, señorita Cole.
He programado una reunión con nosotros, mi contador y mi abogado. Ven hoy a mi oficina a las 3 P.M., para que podamos discutir más a fondo tu propuesta con ellos. No creo que lleve mucho tiempo. Deberíamos terminar con tiempo suficiente para seguir con nuestros planes para ir a comprar los disfraces esta noche.
Alexander Stone
Director General de Stone Enterprise
Fruncí el ceño después de leer su correo electrónico, sin saber qué pensar al respecto. No me daba ninguna idea sobre si iba a aceptar o no mi oferta. Para mí, no era un tema de debate. Había pensado mucho en la propuesta de Alexander, que había sido la razón por la que lo había evitado durante dos días. Necesitaba pensar por mi cuenta sin la interferencia intensa de sus ojos color zafiro.
Al final, llegué a la conclusión de que tomar gratis y directo Turning Stone, era simplemente algo que no podría hacer. Habría estado perfectamente bien gestionando la empresa o explorando posibilidades de asociación en el futuro, pero nunca podría aceptarlo libremente si no me lo hubiera ganado. No había orgullo en eso. Valoraba demasiado las recompensas que provenían del trabajo duro.
Releí su correo electrónico, buscando algún tipo de pista con respecto hacia qué dirección se estaba inclinando. Dijo que quería que nos reuniéramos con su contador y abogado, lo que podría significar que estaba considerando el acuerdo revisado. Esa era una buena señal. Sin embargo, conocía a Alexander. Era todo menos predecible. Necesitaba estar preparada para cualquier cosa que pudiera lanzarme.
Levanté la mirada cuando escuché un golpe en la puerta de mi oficina.
—Adelante —contesté.
Clive, el coordinador principal de mercadotecnia de Turning Stone, entró.
—Buenos días, señorita Cole.
Negué con la cabeza por la manera tan formal en que se dirigió a mí. Él, junto con los demás empleados de Turning Stone, estaban acostumbrados a las formas de ser de Alexander. Quería que se sintieran más relajados conmigo, ya que creía que una dirección autoritaria sobre ellos solo resultaría en sofocar su creatividad.
—Clive, ya te lo dije. No es necesario ser tan formal. Con decirme Krys, va bien conmigo —dije con una ligera risa.
Sonrió tímidamente.
—Lo siento, los viejos hábitos tardan en morir. Intentaré recordarlo en el futuro.
Le devolví la sonrisa, esperando que se sintiera más cómodo.
—No te preocupes. Entonces, ¿qué tienes para mí? —pregunté, notando el gran maletín de que llevaba.
—Diseños de vallas publicitarias para Wally's. Carol y yo acabamos de terminar el diseño. Si tiene un minuto, me gustaría revisarlos con usted.
—Seguro. Veamos qué se les ocurrió —dije y caminé en dirección hacia la pequeña mesa de conferencias que estaba en la esquina de mi oficina.
Del portafolios, Clive sacó seis diseños diferentes de vallas publicitarias y los extendió sobre la mesa. Los diseños eran elegantes y pulidos, mostraban claramente la diversidad de la ciudad usando frases pegadizas para enfatizar los estándares de productos de alta calidad del tendero. Sin embargo, no pude evitar sentir que les faltaba la esencia de lo que realmente era Wally's.
—¿Qué piensas? —preguntó.
—En general, creo que Carol y tú hicieron un trabajo fantástico.
—Siento un 'pero' —comentó un tanto abatido.
—Bueno, tengo una sugerencia que hacer. Wally's es un negocio familiar y esencial en muchas comunidades. Creo que podríamos usar eso a nuestro favor con algunos cambios muy sutiles.
Continué diciéndole a Clive lo que pensaba sobre qué hacer, así como también compartí mi conocimiento de primera mano sobre la empresa. Al principio, parecía escéptico, pero escuchó con atención. Lo observaba atentamente mientras hablaba, no quería que pensara que estaba menospreciando sus creatividades, sino que simplemente quería explorar la posibilidad de capturar una audiencia adicional. Cuando su expresión cambió de duda a entusiasta, supe que me había abierto paso.
—¡Esta es una gran información! —exclamó—. Voy a trabajarlo con Carol de nuevo. Tenemos que pensarlo diferente.
Sonreí ante su nuevo entusiasmo por la campaña de Wally's. Fue contagioso.
—Bien. Solo tengan en cuenta de que Wally's está tratando de recuperarse después de su caída en tiempos difíciles. Sugiero que mantengamos nuestras actividades a largo plazo en anuncios que hayan demostrado su eficacia, pero aún incorporemos nuevas ideas en anuncios a corto plazo para ver qué se queda.
—Creo que tendremos que dirigirnos a cada comunidad individual por separado —pensó.
—Estoy de acuerdo. Las comunidades son el mejor lugar para comenzar. ¿Crees que podrás tener los nuevos diseños listos para el viernes? Tengo una reunión programada con Walter Roberts y me gustaría mostrarle lo que se le ocurrió a Turning Stone.
—Será difícil porque estamos un poco atrasados, pero puedo barajar algunas cosas para asegurarme de que así sea.
Fruncí el ceño al escuchar eso, ya que esa misma mañana durante mi viaje en taxi al trabajo, había estado pensando en la carga de trabajo del personal. Me preocupaban los muchos clientes que todavía esperaban las pruebas de diseño.
—Clive, ¿qué opinas sobre la contratación de algunos temporales para ponernos al día?
De inmediato pude ver el alivio hundirse en sus hombros ante mi pregunta.
—Eso sería de gran ayuda, señorita Cole.
Le levanté las cejas.
—¿Señorita Cole?
—Lo siento. Eso sería de gran ayuda, Krys —dijo y sonrió.
—Gracias —me reí—. Déjame ver qué puedo hacer con nuestro problema de personal. Puede que haya una agencia de trabajo temporal que el Sr. Stone ya conozca y que podría ser de ayuda. De cualquier manera, cuando comencemos a buscar candidatos, necesitaré su opinión sobre a quién traeremos a bordo.
Clive, que había comenzado a guardar los diseños de las vallas publicitarias, dejó de hacer lo que estaba haciendo y me miró sorprendido.
—¿Quieres mi opinión? ¿Honesta?
—Sí, claro. Eres el coordinador principal de mercadotecnia. ¿Por qué no apreciaría tu opinión?
—Bueno, yo sólo... —se calló y pareció estar buscando las palabras adecuadas—. Cuando nos enteramos de que el señor Stone iba a traer a alguien para que se hiciera cargo de Turning Stone, todos asumimos que serías una sabelotodo de la ciudad de Nueva York. Esos sentimientos se hicieron más fuertes una vez que vimos cómo se dedicó en hacer todo lo posible para esta nueva oficina. Pero debo decir que me alegra ver que has estado demostrando lo contrario. Creo que voy a disfrutar trabajar para ti.
—Estoy feliz de estar aquí —dije con seriedad.
Sonriendo para mí misma, salí de la sala de planificación sintiéndome relativamente satisfecha con cómo se perfilaba el tercer día en Turning Stone. Solo podía esperar que mi reunión con Alexander saliera igual de bien.