Origen

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Capítulo 94

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El sonido de unos pasos despertó ecos en la basílica subterránea, mientras un agente de la Guardia Real corría al encuentro de los tres hombres que se habían reunido en las profundidades de la iglesia.

—¡Majestad! —exclamó casi sin aliento el agente—. Edmond Kirsch… El vídeo… Lo están retransmitiendo…

El rey hizo girar la silla de ruedas y también el príncipe Julián se volvió para mirar.

Valdespino dejó escapar un suspiro de desánimo. «Era solo cuestión de tiempo», se dijo. Aun así, sintió una opresión en el pecho al saber que todo el mundo estaba viendo en ese mismo instante el vídeo que él había visto en la biblioteca de Montserrat, en compañía de Al-Fadl y Köves.

«¿De dónde venimos?». El origen de la vida sin intervención divina, postulado por Kirsch, era una idea tan arrogante como blasfema, y sus efectos serían devastadores para el anhelo humano de alcanzar un ideal superior y emular así a Dios, que había creado al hombre a su imagen y semejanza.

Por desgracia, Kirsch no se había parado ahí. Había cometido un segundo sacrilegio, mucho más peligroso que el primero, al ofrecer una respuesta profundamente perturbadora a la pregunta «¿Adónde vamos?».

La predicción de Kirsch para el futuro era calamitosa… y tan inquietante que Valdespino y sus colegas le habían rogado que no la diera a conocer. Aunque los datos del futurólogo fueran correctos, el hecho de revelarlos al mundo podía causar daños irreversibles.

«Y no solo a los fieles —se dijo el obispo—, sino a todos los seres humanos del planeta».

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