Muertos prescindibles
Se alegró mucho de verlo
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Se alegró mucho de verlo.
En cuanto entró en la habitación, notó que estaba preocupado por ella. Aunque la encontró sentada en la cama, vestida con ropa de calle, no dejaba de ser un hospital. Se tranquilizó cuando le dijo que solamente estaba allí para hacerse unas pruebas y acordar los últimos detalles para un trasplante de riñón. Era donante, así que tampoco tenía que preocuparse por eso.
Billy acercó una silla a la cama y empezó a contarle todo lo que había sucedido desde que ella se había ausentado. Le contó también que My y él habían decidido irse a vivir juntos, pero sobre todo le habló del caso.
—No tenías otra opción —le dijo Vanja cuando se enteró de que había matado a Charles Cederkvist.
—Ya lo sé —mintió Billy.
Entonces ella lo cogió de la mano y notó que el gesto lo sorprendía. Sebastian le había dicho que no podía hacer nada para remediar lo sucedido entre ellos, que le correspondía a Billy tomar la iniciativa. Pero sentía que debía intentarlo. Además, en los últimos tiempos la credibilidad de Sebastian se había devaluado considerablemente.
—No debí decirte que soy mejor policía que tú.
—Pero es cierto —respondió Billy, encogiéndose de hombros.
—Verdaderamente necesito un amigo y tú eres el mejor que he tenido nunca —le comentó con franqueza, mirándolo a los ojos con tanta intensidad que Billy se sonrojó un poco.
—Tranquila. Somos amigos. Todo lo demás está olvidado.
Vanja le sonrió emocionada y aliviada, y Billy tuvo que hacer un esfuerzo para no desviar la mirada. En ese momento, empezó a vibrar el móvil de Vanja sobre la mesilla, junto a la cama. Billy lo alzó, agradecido por la interrupción, y miró la pantalla.
—Es Sebastian —dijo, tendiéndoselo.
—Deja que suene —respondió Vanja.
Un poco sorprendido, Billy volvió a dejar el teléfono donde estaba. Al cabo de un momento, dejó de sonar.
Sebastian.
Vanja se dio cuenta de que necesitaba contárselo a alguien. Si no lo compartía con nadie, acabaría devorándola por dentro. Necesitaba contárselo a un amigo.
—Creo que Sebastian…
Se interrumpió, dudando. Sabía que parecería una locura cuando lo dijera en voz alta. Billy pensaría que se había vuelto paranoica, que había pasado de colega engreída a colega demente. Era evidente que no se lo ponía fácil a sus amigos.
—Lo que le ha pasado a mi padre y la respuesta negativa del FBI… —empezó Vanja lentamente, sopesando cada palabra.
—¿Sí?
—Creo que Sebastian ha tenido algo que ver con las dos cosas.
La expresión de Billy confirmó sus inquietudes. Lo que acababa de decirle le había parecido tan absurdo como ella se temía.
—¿Por qué iba a hacer una cosa así? —preguntó, con justificada curiosidad.
—No lo sé. Yo también lo he estado pensando y lo único que se me ocurre es que está enfermo. Por alguna inexplicable razón, se ha propuesto destrozarme la vida.
Billy asintió, pero solamente para disimular su confusión. Le resultaba muy difícil reconciliar lo que le estaba diciendo Vanja con sus sospechas acerca de Sebastian y ella. ¿Por qué iba a querer Sebastian hacerle daño si era su padre?
—Parece un poco… una locura.
—Por eso puede hacerlo impunemente —replicó ella, con tanta calma y sinceridad como pudo—. Es una locura tan grande que nadie podría creerlo. Creo que es un psicópata.
¿Qué podía decirle Billy? Se abrió la puerta de la habitación y entró un médico. Para alivio de Billy, Vanja desvió hacia el doctor toda su atención.
—Ya puede irse a casa —dijo Omid Shahab.
—De acuerdo. ¿Cuándo tengo que volver?
—No es necesario que vuelva. No podemos aceptarla como donante para su padre. Su riñón no es compatible.
Vanja no comprendía lo que estaba oyendo. Era como si de pronto el médico le estuviera hablando en otro idioma.
—¡Claro que es compatible! ¡Soy su hija!
—Lo siento. —Omid separó los brazos, como pidiendo disculpas—. A veces pasa. Lo siento mucho.
—¿Cuál es el grupo sanguíneo de Vanja? —preguntó de pronto Billy.
—Hay muchas cosas que tienen que coincidir, y no sólo el grupo sanguíneo. —Fue la respuesta evasiva del facultativo—. Hemos realizado los estudios correspondientes y por desgracia hemos visto que el riesgo de rechazo es demasiado elevado.
—Mi grupo es el O —respondió Vanja a la pregunta anterior.
—¿Y el de tu padre? —preguntó Billy, volviéndose hacia ella.
—No lo sé.
Entonces Vanja miró a Omid, que estaba de pie al otro lado de la cama.
El médico desvió la mirada y se rascó la barbilla. La inspectora de policía que había en Vanja se despertó de pronto. El doctor Shahab le estaba ocultando algo.
—¿Cuál es el grupo sanguíneo de mi padre? —repitió Vanja.
—No puedo decírselo —trató de evadirse el médico—. Es confidencial.
—Es mi padre. Si quiero conocer ese dato, puedo averiguarlo enseguida. ¿Por qué no me lo dice ahora?
Omid dudó un momento. No podía revelar ese tipo de información a nadie, fuera o no familiar del paciente. Por otro lado, sabía que Vanja se enteraría si se lo proponía y no creía que fuera a tardar ni siquiera un cuarto de hora en hacerlo.
—Su tipo es AB —dijo finalmente, en voz baja.
Vanja comprendió de inmediato lo que eso significaba.
Aunque no recordaba muy bien los cuadros genéticos que había estudiado en el colegio, su colaboración con las investigaciones técnicas de Ursula le había refrescado los conocimientos.
Una persona del grupo sanguíneo AB no puede tener un hijo del grupo O.
A Vanja le costaba asimilar las consecuencias de lo que acababa de oír. Era increíble. Billy se inclinó hacia ella y la abrazó. Vanja se aferró a él, por miedo a venirse abajo.
Billy no dijo ni una palabra, pero estaba pensando.
Se preguntaba qué grupo sanguíneo tendría Sebastian.
Estaba bastante seguro de que no sería el AB.