Muertos prescindibles

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La primera de las veintitrés

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La primera de las veintitrés Ellinor Bergkvist vivía en el número 107 de Grönviksvägen, en Nockeby. Vanja tecleó la dirección en el GPS, porque no recordaba cómo llegar hasta esa parte de Estocolmo. En el denso tráfico de la tarde, se puso a pensar cómo abordaría a las diferentes mujeres. De una cosa estaba segura: no pensaba revelarles que era policía. Pero ¿qué podía decirles? Lo menos posible. Eso fue lo único que había decidido cuando entró con el vehículo en el aparcamiento semicircular que se extendía delante del bloque de viviendas en forma de V. Se dirigió al número 107 por el ancho sendero asfaltado mientras divisaba a lo lejos un cauce de agua fría y gris, que parecía un canal, pero que debía de ser un brazo del Mälaren. El portal era de vidrio y metal, y estaba cerrado con llave. Miró los timbres del portero electrónico, en la pared, y vio que la mujer que buscaba vivía en el segundo piso. Llamó a alguien que se llamaba Levin, en el tercero, y dijo que traía unas flores para la señora Bergkvist, del segundo, pero no había encontrado a nadie en casa. ¿Podía abrirle la puerta, para que entrara y le dejara las flores en el rellano? Dentro del portal hacía más frío que en la calle. Decidió subir por la escalera. Nada más llegar al segundo piso, a la izquierda, vio una puerta con el nombre de Bergkvist. Llamó al timbre y, al cabo de unos segundos, le abrió una mujer de unos treinta y cinco años. Al fondo se oía el griterío de un programa infantil de televisión, probablemente de dibujos animados. La mujer tenía el pelo castaño y recogido en una coleta, llevaba unos discretos pendientes de oro e iba bien maquillada, aunque se notaba que el maquillaje no era reciente. Vestía blusa de color claro, falda recta y medias. Vanja supuso que habría recogido a los niños al salir del trabajo y que acababa de llegar a casa.

—¿Ellinor Bergkvist? —le preguntó a la mujer que la miraba con expresión perpleja y algo estresada.

—Sí.

—Yo soy Vanja Lithner —se presentó, y se quedó esperando la reacción de su interlocutora.

Su apellido era poco frecuente. Si la mujer que tenía delante estaba implicada en la detención de Valdemar, era poco probable que no reaccionara aunque fuera mínimamente. Vanja la estudió con atención. Era una excelente observadora, capaz de notar pequeños signos y distinguir matices: un parpadeo, un cambio mínimo de postura… Pero no notó nada en la mujer que tenía delante, excepto un sincero desconcierto.

—¿Perdón?

—Soy la hija de Valdemar Lithner —insistió Vanja y otra vez guardó silencio, para quedarse a la espera, observando.

—¿Me puede decir qué se le ofrece?

Dentro del apartamento, estalló una discusión. Una voz estridente llamó a gritos a su mamá y le anunció que Hugo no dejaba de pelear, a lo que inmediatamente siguió un desmentido y la revelación de que Linnea no estaba diciendo la verdad.

—¡Ya voy! ¡Portaos bien! —gritó la mujer hacia el interior del apartamento antes de volverse otra vez hacia Vanja.

—¿No tiene usted ninguna vinculación con Valdemar, ni con un hombre llamado Trolle Hermansson?

—No, no los conozco. No sé de qué me está hablando.

El estrés era más que evidente en los ojos y en la voz de la mujer, pero probablemente su nerviosismo se debía sobre todo a que Linnea estaba diciendo en ese mismo instante que Hugo era un tonto por haber cambiado de canal. Era evidente que la primera Ellinor no era la mujer que Vanja buscaba.

—Perdón. Deben de haberme dado una dirección equivocada. Le ruego que me disculpe —dijo, retrocediendo un paso.

La mujer se limitó a asentir levemente con la cabeza, y después cerró de un portazo. Se oyó otro chillido, seguido de un llanto y de la voz de Ellinor Bergkvist, que también ponía en duda la inteligencia de su hijo por haber intentado resolver el conflicto pegándole a su hermana en la cabeza con el mando a distancia.

Vanja empezó a bajar la escalera. Le quedaban otras dos Ellinors en Estocolmo. Y veinte más en el resto del país. Pero no tenía ninguna prisa.

Fuera como fuera, ya no iría a Estados Unidos.

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