Muertos prescindibles
Morgan Hansson le había revelado
Página 72 de 110
Morgan Hansson le había revelado a Anitha una serie de nuevas facetas suyas durante el fin de semana. No era un ogro, después de todo.
Era algo mucho peor.
Era un hombre que sabía disfrutar de la vida.
Alguien que aprovechaba las oportunidades que le daba el destino. Cuando Anitha le contó la verdad sobre Lennart Stridh e «Investigación criminal», y le reveló que el periodista se había puesto en contacto con ella para pedirle ayuda, Morgan la invitó a cenar, tal como ella se temía. ¿No le parecía buena idea salir juntos a cenar, ahora que se conocían bien y ya no tenían secretos el uno para el otro? Ella no había podido negarse. Se daba cuenta de que tendría que complacerlo y aceptar todas sus invitaciones y proposiciones por el resto de su vida, o al menos mientras trabajara para la policía. Lo sabía.
El viernes por la noche, cenaron en el restaurante favorito de Morgan, el Texas Longhorn de Sankt Paulsgatan, y Anitha se enteró de lo siguiente:
1. A Morgan le encantaba hablar, sobre todo cuando había bebido.
2. Le gustaba consumir carne roja en cantidades ingentes, acompañada de patatas asadas con nata y queso cheddar. Era extraño que no fuera todavía más gordo, teniendo en cuenta lo que era capaz de comer.
3. Le encantaba beber cerveza negra en tabernas ruidosas, preferiblemente en la zona de Söder. En su opinión, no había mejor manera de terminar una cena, y le gustaba ser de los últimos en abandonar el local.
4. Estaba obsesionado con el agua mineral. Le había mostrado a Anitha lo feliz que era con una máquina carbonatadora propia, y ahora ella también tenía una en su cocina. Morgan había intentado subir para instalársela, pero Anitha había conseguido poner ahí el límite.
Por lo menos esa vez.
Era sólo cuestión de tiempo. Pronto Morgan se sentiría a gusto en casa de ella y entraría tranquilamente en su cocina para fabricar agua con gas. Anitha lo sabía.
5. Le encantaba el centro comercial Kista Galleria, donde habían comprado la máquina carbonatadora. Le gustaba sobre todo que hubiera tanta gente de diferentes culturas y de todas partes del mundo. Le encantaba que fuera un lugar tan poco sueco. Ella se había visto obligada a darle la razón, aunque por dentro habría querido ponerse a gritar.
Esa noche, Morgan había decidido ir al cine, como hacía siempre los sábados y como ella también empezaría a hacer de ahora en adelante. Por lo visto, había elegido una película en 3D. Anitha no se atrevió a decirle que nunca había visto cine en 3D, porque temía que él se empeñara en hacerle ver toda la producción existente en ese formato.
Intentó pensar en un solo aspecto positivo de su nuevo «amigo», pero no encontró ninguno.
Ni uno solo.
No podía seguir así y lo sabía. Necesitaba sentir que por lo menos estaba sacando algún provecho del viacrucis en que se había convertido su vida, aunque fuera un beneficio mínimo. Su orgullo lo requería. De lo contrario, ya podía meterse en la cama y dejarse morir. Y no quería hacerlo. Necesitaba conservar el control sobre algo.
Decidió llamar a Lennart Stridh.
Al menos él le daría un poco de dinero.
No mucho, ya lo sabía. Las propinas de la televisión eran ridículas, pero en ese momento cualquier cosa era mejor que nada. La sensación de poder controlar todavía alguna cosa era invalorable. Era lo que realmente necesitaba.
Decidió revelarle el nombre.
No era gran cosa.
Pero tendría que pagarle mucho más de lo que nunca le había pagado hasta ese momento.