Muertos prescindibles
Lennart iba de camino
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Lennart iba de camino al estadio de Söder, con Benke y Stig, en un vagón de metro atestado de aficionados del Hammarby como ellos, cuando recibió la llamada de Anitha. Iba a ver el partido contra el Brage y apenas pudo oír nada de lo que le decía, por culpa del vocerío de los hinchas. Tuvo que aislarse en un extremo del vagón y apretarse el teléfono contra el oído para tener una lejana posibilidad de entender lo que Anitha le estaba diciendo. No era mucho, pero al menos era algo. Un nombre: Adam Cederkvist. Era la persona de la SÄPO que en el otoño de 2003 había tenido bajo su responsabilidad el caso de los dos afganos desaparecidos. Anitha no sabía nada más, pero utilizó el resto de la conversación para anunciarle a Lennart que pensaba enviarle la factura de una comida en el pabellón del Mälaren y que esperaba que esa no fuera su única retribución. Lennart le contestó que ya vería qué podía hacer en el aspecto económico y le prometió que la llamaría en cuanto estuviera en un lugar más tranquilo; a lo que ella replicó que tendría que ser una buena cantidad de dinero, porque había tenido que sacrificar muchas cosas para ayudarlo. Lennart le preguntó si había tenido algún problema. Ella le respondió una vez más que lo importante era el dinero y le colgó. Sus amigos lo miraban con curiosidad. Les dijo que era un asunto de trabajo y que lo sentía mucho. Parecieron decepcionados, sobre todo cuando segundos más tarde quiso bajarse en la estación de Skanstull para volver a su casa. Entonces sus amigos montaron una auténtica campaña para convencerlo de que se quedara, especialmente Benke, que había pasado dos semanas en España y tenía muchas ganas de pasar un buen rato con él y ver un partido juntos. Nada podía ser tan importante que no pudiera esperar. ¡Llevaban tanto tiempo hablando del partido! Al final, Lennart cedió. Era domingo y no era mucho lo que podía hacer, aparte de buscar en internet, y eso también podía hacerlo más tarde cuando volviera a casa. Además, se había perdido los dos últimos partidos de su equipo, y las únicas veces que veía a sus amigos era cuando iban juntos al estadio. Se conocían desde que eran adolescentes, pero tenían unas vidas muy complicadas con sus familias, hijos, novias y trabajos que no les quedaba tiempo para nada más. Lennart decidió trabajar una hora o dos después del partido. En cualquier caso, no le importaba mucho la información, porque en principio la historia de Shibeka había quedado descartada. Ya le había dicho a Sture Liljedahl que la familia se había negado a colaborar. Aun así, se preguntaba si la conversación con Anitha podía insuflar nueva vida al posible reportaje. En ese caso, tendría que encontrar algo más. Un nombre no sería ni remotamente suficiente.
Las localidades de los tres amigos estaban en uno de los laterales del campo. Por fin Benke había conseguido abonos para toda la temporada. Lo prometía todos los años, pero era la primera vez que lo conseguía. El partido era emocionante y el ambiente, fantástico, pero Lennart no podía dejar de pensar en lo que acababa de contarle Anitha. Ahora por lo menos tenía un nombre, una persona concreta que investigar. Quizá mereciera la pena intentarlo. En cuanto llegara a casa, haría una búsqueda rápida.
Sigurdsson marcó un golazo cuando faltaban cinco minutos para el final del encuentro y todo el estadio vibró de júbilo. Ganó el Hammarby, y Lennart gritó de felicidad con todos los demás cuando el árbitro pitó el fin del partido. Después, Stig logró convencerlo para que fuera con ellos a tomar unas cervezas. De todos modos, ya era demasiado tarde para ponerse a trabajar. Lennart aceptó, con la condición de que no fueran más de dos cervezas. Después se iría a su casa.
Al final cayeron ocho cervezas y varios chupitos, y entonces dejó de escuchar la voz del deber y sólo pudo atender a la llamada del alcohol y los amigos. Se fue con ellos a una fiesta cerca de Zinken, donde estuvo a punto de recaer en el hábito de fumar, pero consiguió evitarlo en el último momento, aunque no por mérito suyo. De hecho, estaba en el balcón de la casa de alguien que apenas conocía, en medio de un montón de gente, con un cigarrillo aún sin encender en la mano, cuando Benke lo vio, se abalanzó sobre él con todas sus fuerzas y lo derribó. Fue más que nada por hacerle una broma, pero estaban borrachos, acabaron peleando y Lennart se hizo una herida en una mano con el cristal de un vaso roto. Stig fue a separarlos y le vendó la mano a Lennart con un pañuelo mojado. Después, estuvieron llorando un buen rato y proclamando lo mucho que se querían, a pesar de que nunca se lo decían cuando estaban sobrios. A las tres, acudió una patrulla policial por la denuncia de un vecino que no podía dormir, y los echó a todos a la calle. A las cuatro y media, Lennart llegó a su casa y se metió en la cama. Lo último que le vino a la mente fue que había algo muy importante que tenía que hacer ese mismo día.
Pero no pudo recordar qué era.