Muertos prescindibles

Muertos prescindibles


El lunes, cuando el equipo

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El lunes, cuando el equipo se reunió, la inmediata constatación fue que no había pasado nada.

Habían recibido los resultados preliminares de las pruebas de ADN realizadas a los parientes de las diferentes familias desaparecidas: el abuelo materno de la familia Thorilsen, de Noruega, desaparecida en Trondheim; una tía materna de la familia Hagberg, de Gävle; y un hermano residente en Oskarshamn del padre de la familia Cederkvist, desaparecida mientras navegaba por el océano Índico. Ninguno de los perfiles genéticos coincidía con las muestras procedentes de la fosa común. No fue una gran decepción, ya que todo lo que pudiera descartarse de forma definitiva les dejaba más tiempo para emprender otras líneas de investigación.

Billy estaba en su escritorio cuando sonó un tono de notificación en su ordenador. El laboratorio de Linköping había recuperado las fotografías de la tarjeta de memoria y acababa de subirlas a una carpeta compartida. Eran noventa y tres. Billy escribió un mensaje de agradecimiento a los técnicos del laboratorio, abrió la carpeta y empezó a mirar las imágenes. Parecían abarcar desde principios de la primavera anterior hasta la muerte de los holandeses. Había una fiesta de cumpleaños de una niña que no parecía ser hija suya, sino de algún conocido, ya que no volvía a aparecer en ninguna fotografía más. También se veían recorridos en bicicleta, otras fiestas, baños en la playa, paseos y partidos de fútbol. Gente feliz y sonriente. Había un par de fotos tomadas en una casa que debía de ser la de los Bakker. La vida cotidiana.

Las últimas treinta y siete eran las más interesantes. Había una, tomada en el aeropuerto de Trondheim, en la que Framke aparecía de pie, delante del edificio de la terminal, sonriendo a la cámara y con la mochila a la espalda. En la siguiente, ya estaban en la montaña. Ahora Jan posaba delante de la cámara, señalando las cumbres, como para indicar hacia dónde se dirigían. En las otras fotos se veían paradas en el camino, lugares donde habían acampado y bonitos paisajes. Billy seleccionó todas las fotografías de la montaña para imprimirlas y, mientras dejaba trabajar la impresora, pasó directamente a las últimas.

Framke desmontando la tienda.

Un vado a través de un torrente.

Unos renos en la ladera de una montaña.

La entrada de un valle, con Jan en primer plano, bebiendo agua de un arroyuelo. Era la última. Parecía feliz. Les sonreía a la cámara y a su mujer. Billy se fijó en la fecha: 30 de octubre. El día de su muerte. Detrás se extendía el valle, con una casita a la derecha y, más allá, una cornisa, el cielo azul y más montañas al fondo. Billy se detuvo un segundo. Reconocía las cumbres que se erguían al fondo de la imagen. Había estado allí. La cornisa era el lugar donde se habían hallado los cadáveres. No era fácil calcular la distancia, pero Billy supuso que Jan y Framke Bakker habrían tenido que caminar todavía una hora más para llegar hasta allí. Les quedaba una hora de vida, algo que naturalmente el hombre sonriente ignoraba cuando su mujer le hizo la foto, pero que añadía a la imagen un doloroso dramatismo. Billy estaba a punto de cerrar la imagen en la pantalla cuando reparó en un detalle.

La casa.

La casita que se veía al pie de la ladera, en el valle. Muy cerca del lugar del hallazgo. Cuando habían estado en esa zona, habían buscado sin éxito el lugar del crimen. Y estaba seguro de que no habían registrado esa casa, porque no había ninguna en el valle. Sin embargo, era evidente que el 30 de octubre de 2003 estaba ahí. Billy amplió esa parte de la imagen. Paredes de madera, chimenea, unos pocos peldaños para llegar a la puerta… No muy grande. Una cabaña de cazadores.

Billy se levantó, fue a la sala de reuniones y estudió el plano que habían traído del albergue de montaña. El lugar del hallazgo estaba marcado con una cruz. Todos habían mirado varias veces el mapa, pero quería cerciorarse.

No había ninguna casa en el lugar donde debía estar la que se veía en la fotografía de los Bakker.

Se acercó al teléfono que estaba sobre la mesa y volvió a echar un vistazo a la pared, en busca de la tarjeta de visita de Mats y Klara. Marcó el número. Klara contestó al segundo tono.

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