Muertos prescindibles

Muertos prescindibles


Lennart había ido directamente

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Lennart había ido directamente al edificio de la televisión, para llevarse uno de los coches del Departamento de Producción. Le pareció buena idea presentarse al volante de un coche corporativo. Le serviría de tarjeta de presentación para el hombre con el que iba a hablar. No le había dicho a nadie de la redacción adónde iba. Prefería no hacerlo. Primero quería seguir esa pista y ver si conducía a alguna parte. Después, si le parecía necesario, se lo contaría a Linda e incluso a Sture. En cambio, si no conseguía nada, no era preciso que se lo dijera a nadie. De ese modo, se evitaría la eventual humillación. Lo que más le preocupaba era que todavía tenía demasiado alcohol en el cuerpo. Hacían falta hasta doce horas para eliminarlo por completo del organismo y él había bebido su última cerveza a las tres y media o a las cuatro de la mañana. Todavía estaba en la zona de riesgo, por lo que tendría que conducir con cuidado. Ya lo había hecho otras veces.

Le llevó cierto tiempo salir de la ciudad. Por Vallhallavägen subían un montón de camiones procedentes del puerto; pero, al llegar a Essingeleden, el tráfico en dirección al sur volvió a ser fluido. Al cabo de un momento, le llamó Charles y le propuso cambiar el lugar del encuentro a un sitio en las afueras de Söderköping. Ya no estaba en su casa. Había tenido que salir hacia el norte, por otro asunto. A Lennart le pareció perfecto, porque de ese modo tendría que conducir menos. Programó el GPS. Llegaría en apenas dos horas. La suerte estaba de su parte. Tenía una pista que seguir, no había atascos en la E-4 y en la radio estaban pasando un interesante reportaje sobre las secuelas de la catástrofe de Fukushima. Si había algo que siempre le había preocupado, era precisamente el problema de las centrales nucleares. En uno de sus mejores reportajes, que aún recordaba con orgullo y que había sido nominado para la Pala de Oro, había denunciado las carencias del sistema de seguridad de la central de Forsmark. Era un reportaje magnífico. En otros tiempos había sabido encontrar historias de auténtico interés.

Una señal del GPS interrumpió el hilo de sus pensamientos. Tenía que tomar la siguiente salida. ¿Había llegado ya? Redujo la velocidad y se detuvo en el arcén. Miró el GPS detenidamente. La dirección que le había dado Charles estaba bastante más lejos de la carretera principal de lo que había pensado en un principio. Prácticamente sobre la costa, en Bråviken.

Arrancó otra vez y, a la siguiente salida, continuó por una carretera secundaria. Estaba de buen humor. El camino era estrecho y lleno de curvas, como a él le gustaba. El tipo de vía que exigía atención por parte del conductor. Era uno de los aspectos aburridos de vivir en Estocolmo. Allí no había ese tipo de carretera.

Estaba tan concentrado en la conducción que no reparó en el coche negro que salió por un camino de grava y se situó detrás de él, a una distancia prudente.

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