Muerte en abril
22 de abril de 1974 » Setenta
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Setenta
—Billy está muerto —dijo McCoy.
Cooper se había apoyado en el fregadero de la cocina del apartamento de Memen Road. Tenía una botella de leche medio vacía en la mano.
—Eso he oído —comentó secándose la boca—. Una lástima.
—Le pegaron con tal fuerza que murió de una hemorragia interna.
—Qué desagradable —dijo Cooper—. Aunque hay gente que opina que se lo merecía.
—¿Gente como tú? —preguntó McCoy.
Cooper se bebió lo que quedaba de la leche y dejó la botella en el fregadero.
—¿Hay algo que quieras preguntarme, McCoy?
—¿Por qué hiciste que Jumbo matase a Jamsie Dixon? Le falta un hervor, Cooper, es un chaval. Eso no está bien.
—¿No lo está? ¿Sabes dónde estaría Jumbo de no ser por mí? En la puta calle. Todo el mundo se aprovecharía de él. Tendría que chupársela a los viejos detrás de Saint Enoch a cambio de algo de comer. ¿Te habrías hecho tú cargo de él? ¿Le habrías dado trabajo? ¿Te asegurarías de que comiese? Intenta que no se ponga a llorar en mitad de la noche cuando se acuerda de cómo su madre lo ataba a un puto radiador y le daba de comer como a un perro. Cuando le llamaba tarado antes de quemarlo con sus cigarrillos. ¿Harías eso por él?
McCoy negó con la cabeza.
—Eso pensaba. Así que calla la puta boca.
Cooper respiraba con dificultad. Mala señal.
—¿Cómo lo has sabido? —preguntó.
—¿Acaso importa? —replicó McCoy—. No te preocupes. Sé que no mataste a Billy. Te aseguraste de estar viendo un combate de boxeo con Stewart. Por eso querías que encerrase a Jumbo, ¿no? Así tampoco podría ser acusado, porque estaba metido en una celda. Nada que apuntase a Stevie Cooper. Lo hizo Desy Dixon, ¿no es cierto? Finalmente, logró vengar a su hermano. El problema es que eligió al hombre equivocado y ahora Billy está muerto.
Cooper se encogió de hombros, pero McCoy pudo apreciar en sus ojos que no esperaba que él lo descubriese.
—Newcastle. Vi el billete de tren. La estación más cercana a Gateshead. Fuiste allí para decirle que Billy Weir había matado a su hermano, ¿verdad? Prendiste la mecha y te sentaste a esperar que Desy Dixon te hiciese el trabajo sucio.
Se fijó en que Cooper estaba agarrando con fuerza el borde del fregadero. Tenía los nudillos blancos.
—Dime. ¿Realmente Billy ya estaba trabajando con William Norton para apartarte de en medio, o te libraste de él porque había empezado a molestarte? ¿Demasiado independiente, demasiado amable con Norton mientras estabas en Peterhead?
No sabía hasta qué punto podía seguir presionándolo. Era consciente, por el gesto de la cara de Cooper, que tal vez ya había ido demasiado lejos. Pero no tenía sentido detenerse.
—¿Iris te calentaba la cabeza? Llamé a Peterhead esta mañana. Ella fue tu única otra visita. Y te lo tragaste, ¿no es cierto? A ella nunca le gustó Billy, siempre quiso librarse de él y, al parecer, lo ha conseguido, ¿no? Te utilizó como un…
No tuvo tiempo de acabar la frase, Cooper ya se había lanzado contra él. Un par de puñetazos en la cabeza y McCoy estaba tumbado en el suelo, con Cooper a horcajadas sobre él, con las rodillas en los hombros.
McCoy no lo pudo evitar y dijo:
—Siempre he sabido que eras un cabrón, Cooper, pero no sabía lo tonto que podías llegar a ser.
Tan solo notó los primeros golpes, después perdió el conocimiento.
Cuando abrió los ojos lo rodeaba la oscuridad. Estaba tumbado en el suelo. Pudo ver las manchas de sangre en la tarima. Se llevó la mano al rostro y notó la sangre seca. Recordó entonces que se encontraba en la habitación trasera de Memen Road. Aquella en la que la gente solía acabar gritando. Aquella en la que Cooper dejaba salir lo peor de sí mismo. Soltó un gruñido. Se sentó.
Pudo entrever la figura de alguien sentado con la espalda apoyada en la pared de enfrente. Supo que era Cooper por la camiseta blanca y el cabello rubio. Vio cómo se llevaba una botella de whisky a la boca y le daba un largo trago.
—Vaya, sigues vivo —dijo.
—Más o menos —dijo McCoy.
Cooper le pasó la botella y él la tomó y le dio un trago. El líquido frío quemó las heridas que tenía en la boca. Se la devolvió. Entrecerró los ojos para poder enfocar la imagen de Cooper. Parecía como si hubiese caído sobre él un peso enorme, aunque ahora la tormenta había pasado. Había recuperado la compostura.
—Siempre igual, McCoy. Te crees más listo de lo que eres.
—¿Por qué lo dices? —preguntó McCoy.
—Billy no era el tipo simpático que tú creías. Que yo creía. —Cooper dio otro trago a la botella—. Creía que era mi colega, que podía contárselo todo. Una noche nos colocamos, justo antes de que me llevasen a Peterhead, borrachos y colocados. —Cooper dio otro trago—. Le conté lo que me había pasado en algunos de los hogares de acogida. Le conté lo que me hizo el guardia nocturno de Barnardo’s.
Brilló una pequeña llama cuando Cooper encendió un cigarrillo. Cooper solo le había contado una vez a McCoy aquella historia. Estaba lo bastante borracho como para soltarlo. Después había llorado. Era la única ocasión en la que había visto llorar a Cooper.
—También te equivocas con Iris, tonto del bote. Una noche, estando en casa, pudo oír lo que hablaban Billy y Norton. Billy alardeaba del dinero que le había pagado a la Brigada de los Golpes para que me diesen una buena y para asegurarse de que me metían una porra por el culo, porque «eso le volverá loco».
Más whisky.
—Y lo hicieron. Sí. Estuve en una celda de aislamiento durante dos meses, vigilándome por si intentaba suicidarme. No me importaba mi situación, no me importaba lo que le pasase al negocio. Tal como había planeado Billy. Ella se enteró de mi estado y fue a verme para contarme lo que había pasado.
—Dios, Stevie, no sabía que…
—No, no lo sabías porque tú eres el poli y yo soy el delincuente. Tú lo sabes todo y yo no sé nada, no me entero de nada. Solo bebo y follo y le hago daño a la gente para ganarme la vida.
No se equivocaba del todo. Había olvidado con el paso de los años que Cooper había sufrido tanto como él. El hecho de que no lo mostrase no cambiaba la realidad del asunto.
—Así que, ¿a qué has venido, McCoy? ¿Qué quieres esta vez? —preguntó—. ¿Qué más puedo hacer para ayudar a Harry McCoy? Después de todo, por eso estoy aquí, ¿no es cierto?
—Stevie…
Cooper alzó la mano.
—Dímelo. —Sonrió—. También podría compensarte por haberte zurrado.