Muerte en abril

Muerte en abril


18 de abril de 1974 » Treinta y cinco

Página 44 de 87

Treinta y cinco

El viaje a Memen Road había sido una pérdida de tiempo. Cooper no estaba allí. Sus muchachos, los que se encontraban en la calle, no lo habían visto ni sabían dónde estaba. Tampoco Jumbo o Billy lo habían visto. Nadie parecía saber nada. McCoy se alejó de ellos y regresó hasta donde había aparcado el coche, en Ashgill Road. Había una persona que sí parecía estar al corriente de todo lo que sucedía. Merecía la pena intentarlo.

McCoy ascendió por el sendero que llevaba hasta la puerta de la gran casa de Cooper en el West End. Llamó al timbre y esperó. Estaba a punto de marcharse cuando la puerta se abrió y apareció Iris. Un vestido elegante, como acostumbraba, y su pintalabios de color rojo sangre. En esta ocasión, no se limitó a permanecer allí quieta. Abrió la puerta del todo y le dijo:

—¿Quieres pasar?

Algo debía de andar mal, pensó McCoy mientras la seguía escaleras abajo hacia la cocina. Iris nunca se mostraba amable con él. Por lo general, aprovechaba la más mínima oportunidad para tratarlo con displicencia.

McCoy se sentó frente a la mesa de la cocina e Iris se puso a preparar té. Las puertas francesas estaban abiertas, desde allí el jardín tenía un aspecto inmaculado, como siempre.

—¿Jumbo sigue dándole su toque mágico a las plantas? —preguntó.

—Acaba de irse —dijo—. Pasó para asegurarse de que las clemátides crecen bien.

—¿Cuáles son las clemátides? —preguntó McCoy.

—Y yo qué sé —respondió Iris—. Yo le dejo que parlotee y asiento de vez en cuando. Le hace feliz.

—Entonces, deduzco que no está aquí —dijo McCoy—. ¿Y Cooper?

—Tampoco. Ha ido al gimnasio ese de boxeo de la calle Duke con un conocido americano. Pasaron por aquí para llevarse algo de ropa.

—¿Andy Stewart? —preguntó McCoy.

Iris asintió y dejó las tazas sobre la mesa.

—El mismo. Es militar o algo así. Un tipo grande, muy amable y educado.

—Sí —dijo McCoy—. Le has echado el ojo, ¿no?

Iris no se molestó en contestar, no dijo nada. Mientras revolvía el té, alzó la vista.

—¿Tú sabes qué está pasando?

McCoy no supo desentrañar si se trataba de una pregunta o de una sugerencia.

—¿Con Cooper?

—No, con el puto rey de Siam. Claro, con Cooper. No duerme aquí. Desapareció de Memen Road durante un par de días. Billy lo buscó por todas partes. Y, de repente, aparece esta mañana con ese amigo americano, todo sonrisas y bromas, y me cuenta que se va para ver a sus boxeadores. Cuando le dije que Billy le estaba buscando, ni se inmutó. Me dijo que le pidiese a Jumbo que fuese a encontrarse con él en Memen Road.

McCoy escogió muy bien sus palabras.

—Es posible que le esté costando acostumbrarse a estar fuera. ¿Qué dice Billy?

—Apenas lo he visto —dijo Iris.

—¿Por qué no? —preguntó McCoy.

Iris no respondió. Daba la impresión de que ambos disponían tan solo de la mitad de la información, de que ambos temían hablar más de la cuenta.

—¿Hay algo que quieras contarme? —preguntó McCoy—. ¿Ha pasado por aquí alguien que no debería haber pasado?

Le miró a los ojos. Notó que estaba intentando decidir si hablar o no.

—Porque, en caso de ser así, ahora sería el momento ideal para comentarlo —dijo McCoy.

—¿Y qué es lo que tendría que comentarte? —le preguntó.

—Dímelo tú —dijo McCoy finalmente—. Pero sabes tan bien como yo que a Stevie Cooper solo hay una cosa que le interesa. La lealtad. Es lo único que le preocupa, desde que éramos niños.

Iris parecía dispuesta a decir algo, pero se detuvo. Se puso en pie, agarró una chaqueta vaquera que colgaba del respaldo de una de las sillas de la cocina y se la pasó a McCoy.

—Se olvidó esto. Si vas a ir a lo del boxeo, podrías dársela.

McCoy también se levantó y tomó la chaqueta de su mano.

—¿Esta?

Iris asintió.

McCoy subió las escaleras y salió a la soleada calle. Se sentía más confuso ahora que antes de entrar en la casa. Ese juego del gato y el ratón con Iris no le había llevado a ninguna parte. ¿Estaría conchabada con Billy? ¿Le importaría eso tanto a Iris a su edad? ¿Querría subirse al carro de Billy? A lo mejor simplemente estaba intentando descubrir por dónde soplaba el viento para tomar una decisión. Después de todo, era el momento adecuado para que ella y Billy pensasen que Cooper iba a pasar una temporada en la cárcel. ¿Qué harían ahora? Alguien como William Norton estaría ansioso por cerrar el trato, por librarse de Cooper de cualquier manera.

Conocía a Iris desde hacía mucho tiempo, la conoció cuando trabajaba en los hoteles, antes de empezar a trabajar para Cooper, y lo curioso era que en todos esos años nunca le había visto una expresión parecida en la cara como cuando le preguntó si tenía algo que decirle. Parecía aterrada.

Ir a la siguiente página

Report Page