Muerte en abril
19 de abril de 1974 » Cincuenta y dos
Página 62 de 87
Cincuenta y dos
McCoy estaba sentado encima de todas aquellas fotos y pedazos de papel. Empezó por la zona que quedaba más cerca de la puerta y fue avanzando en dirección al fondo de la habitación. Solo tuvo que levantarse y salir afuera un par de veces. Una de ellas, cuando encontró la foto de una mano con dos dedos cortados, y otra cuando vio una fotografía de la cabeza de un hombre negro sumergida en lo que parecía el cubo de una letrina.
Todavía no había encontrado nada relacionado con Donny Stewart. La mayoría de las fotos parecían antiguas, tomadas en el extranjero. Agarró una de las cajas de cartón y empezó a ojear el interior. Se detuvo. Sacó la fotografía de un joven, de la misma edad que los cadetes. Estaba sentado en un sofá grande en lo que parecía ser la sala principal que había en la planta baja de la casa. Reía, con el pecho al descubierto y una botella de cerveza en la mano. Siguió pasando las fotografías. Encontró otra, del mismo muchacho, pero en esta ocasión estaba tumbado en la alfombra que había frente a la chimenea. Era la planta baja, sin duda, porque McCoy reconoció el espejo y los cuadros de la pared. Parecía inconsciente. Siguió pasando imágenes. Se detuvo. Maldijo entre dientes.
En esta ocasión, el joven aparecía desnudo, atado con cuerdas. Estaba tumbado sobre un suelo de piedra y no estaba inconsciente ni dormido. Gritaba. Leyó lo que ponía en la parte de atrás.
N.H. Abril de 1973.
¿Era uno de los cadetes? Tenía que preguntárselo a Meiklejohn. Se puso de pie. Se fijó en que tenía un pedazo de papel pegado al zapato. Lo arrancó. Era antiguo, de color parduzco y la tinta casi se había borrado. En algún momento debió de mojarse y costaba distinguir algunas de las palabras.
15 de abril de 1945
……………… es indescriptible. He visto cosas que no creía que existiesen en esta tierra. El olor de excrementos humanos era… vi el infierno en la sombra de los pinos… y esa tarde… pillamos a uno, un joven soldado, rubio, ojos azules…que eran lo bastante fuertes, se turnaban con los cuchillos, él gritó: Vater! Hilf mir!
McCoy alzó la vista para leer las letras rojas pintadas en la pared. Volvió a mirar el papel.
y estaba llorando y… todo el mundo apartó la vista, pero yo no, yo miré. Y, de repente, supe que estaba ahí para……………………………
No pudo entender nada más. Quiso recordar. ¿Qué había sucedido en la guerra en abril de 1945? A esas alturas, debía de estar a punto de acabar. Dejó el papel sobre la pila de fotografías que había escogido y salió para telefonear a Meiklejohn. ¿Por qué todo parecía estar relacionado con el mes de abril? ¿Fue entonces cuando comenzó todo? Daba la impresión de que estaba intentando resolver un rompecabezas con tan solo la mitad de la información. Realmente esperaba que Wattie hubiese logrado encontrar a alguien. Tal vez entre todos serían capaces de descubrir el sentido de todo aquello.
—¿Ha entrenado a alguien con las iniciales NH? —preguntó McCoy.
—Déjeme pensar —dijo Meiklejohn.
McCoy esperó, vertiendo la ceniza dentro de un jarrón. Se veía reflejado en el espejo que colgaba encima de la chimenea. No tenía buen aspecto. Viejo. Cansado. Podía oír al otro lado de la línea cómo Meiklejohn trasteaba con papeles. Regresó.
—He tenido que buscarlo. Dos. Neil Harrison y Norman Hill. ¿Por qué?
—¿Alguno de ellos ha desaparecido?
—No. Vi a Norman Hill el otro día. Ahora se dedica a limpiar cristales. Neil Harrison se mudó a Londres.
—¿Quién le dijo que se había mudado a Londres? —preguntó McCoy.
—Crawford… Me dijo que al bajar del tren de Greenock, en la estación Central de Glasgow, se cruzó con él, que acarreaba una maleta y que estaba a punto de subirse al tren. Le dijo que estaba harto de Glasgow y de su padre.
Crawford. Ese mierdecilla. Ahora McCoy estaba seguro.
—¿Recuerda cuándo se fue?
—Sí. El pasado mes de abril. Lo recuerdo porque no quiso ir al viaje a Aldershot y se marchó la semana antes. Tuve que cambiar los billetes. Un jaleo.
Otra vez abril, pensó McCoy. ¿Y si se tratase del mes de abril de todos los años?
—¿Podría echar un vistazo a sus archivos y ver si alguien más desapareció en abril? ¿Podría comprobarlo también en los archivos del ejército, comprobar si alguien desapareció en la base escocesa en abril?
—¿De qué va todo esto? —preguntó Meiklejohn—. ¿Solo el mes de abril?
—Solo abril. No creo que simplemente desaparecieran —respondió McCoy—. Creo que es posible que les pasara algo, algo malo.
—Dios mío —dijo Meiklejohn—. Ahora me pongo con eso.
Colgó el teléfono y McCoy llamó después a la comisaría. Pidió que le pusieran con Murray.
—Buen trabajo con lo del Andros Bar —le felicitó—. Hemos salvado un montón de vidas. Esa bomba era el doble de grande que la anterior. ¿Cómo lo supisteis?
—Tuvimos suerte —dijo McCoy—. Mucha suerte.
—Por cierto, ¿qué demonios está pasando ahí arriba? Watson ha estado hablando con gente de la universidad cada cinco minutos.
—Necesitamos a un experto —dijo McCoy—. ¿Vienen para aquí?
—Llegarán en cualquier momento —respondió Murray—. Por lo visto, se trata de un profesor especializado en la historia militar del siglo XX. Tuvimos que sacarlo de una conferencia sobre Suez.
—Genial. Necesito que haga una cosa, Murray. Tenemos que realizar una búsqueda a fondo en la casa y los alrededores. Probablemente nos haga falta gente del concejo de Argyll y Bute y algunos de Glasgow.
—¿Por qué? —preguntó Murray—. ¿Se puede saber qué estamos buscando?
—Cuerpos —dijo McCoy—. Cabe la posibilidad de que haya más de uno. En cuanto llegue el profesor y se ponga manos a la obra, volveré a la comisaría y se lo explicaré todo.
Oyó la respiración profunda de Murray. Podía imaginárselo fumando en pipa.
—¿Estás seguro de lo que haces, McCoy? Una operación así supone un gran operativo.
McCoy observó la fotografía de Neil Harrison gritando.
—Estoy seguro —dijo—. Que vengan lo antes posible. Y envíe a Wattie para que se encargue de organizar la búsqueda. Lo hizo muy bien el año pasado cuando buscábamos a Alice Kelly.
Murray dijo que lo haría y McCoy colgó el teléfono. Se sentó en uno de los sillones. Necesitaba tomarse un respiro. Tenía que intentar entender qué estaba ocurriendo. Había un cuadro en la pared de enfrente. El coronel Angus Lindsay. Con bigote y vestido de uniforme. Parecía un hombre duro, frío. Con un bastón bajo el brazo.
Vater! Hilf mir!