Mis recuerdos

Mis recuerdos


El caso de España ante el mundo » Ratificación de una actitud.

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Proyectos de ruptura de relaciones diplomáticas Francia-España.

En la misma carta del 6 de diciembre le decía yo a Prieto:

«En Francia casi todos los elementos de la emigración están conformes con que la República Francesa rompa relaciones diplomáticas y económicas con Franco.

Me dicen que se va a presentar una proposición en tal sentido en el Parlamento. Hoy mismo he recibido la visita de un diputado francés, Gilbert de Chambrun, del grupo unificado de la Resistencia —de influencia comunista, no lo ignoro— que me ha entregado una carta en la que se me pregunta mi opinión sobre el asunto. Te diré que se está llevando una campaña algo extraña, en el sentido de que existen elementos republicanos españoles que estiman no ha llegado el momento para tal ruptura, en definitiva de lo que se trata es de que llegue Negrín y coincida su llegada con la discusión en la Cámara francesa del problema, para luego poder decir que ha sido gracias a él lo que se acuerde. Yo he contestado, por escrito también, diciendo que se debe romper cuanto antes las relaciones diplomáticas y también las económicas y me he abrogado la representación del Partido y de la Unión en Francia y en el interior de España, seguro de que interpreté el sentir de nuestros organismos y además porque no tenía tiempo de consultarles. Quiero, en lo que me sea posible, salir al paso de la maniobra, y me propongo celebrar una entrevista con el compañero francés encargado por la S.F.I.O. de los asuntos españoles, para poner bien los puntos sobre las íes. Porque, por una parte, hay mucho negrinismo entre nuestros compañeros franceses, y por otra parte, hay quien verdaderamente ignora nuestras cosas internas y cree que el hecho de presentarse como socialista y expresidente del Consejo ya es bastante, y le conceden un crédito y una beligerancia que es preciso contrarrestar activa y enérgicamente.

»Veo que el señor Giral está decidido a construir todo el armazón gubernamental. ¿Es que cree que su Gobierno es el que va a recibir el Poder? Si es así habrá que catalogarle entre los hombres más ingenuos del mundo. Eso es físicamente imposible.

»Si no recuerdo mal, parece que nos endilgan el mismo director de Seguridad que había en Madrid en octubre del 34 y que se dedicaba a perseguir a los huelguistas. ¡El colmo!»

También le decía en carta del 13 de diciembre:

«Con motivo de haberme visitado un diputado a la Cámara Constituyente, el señor Gilbert de Chambrun, que ha redactado un proyecto de ruptura de relaciones del Gobierno francés con Franco —y alrededor del cual se había afirmado que determinadas personalidades españolas estimaban que no había llegado la hora de tal ruptura—, he tenido dos largas conversaciones con los amigos León Blum y Vicent Auriol.

»Parece que, entre ciertos elementos socialistas franceses, se quería jugar la maniobra de esperar la llegada de Negrín, a fin de que su presencia aquí coincidiese con una actividad de la Constituyente en el sentido de plantear el problema de las relaciones de Francia con la España franquista. Por mi parte me he apresurado a salir al paso de la maniobra. Se me dijo que había sido el Secretario del Partido Socialista francés el que había dicho existían personalidades españolas que estimaban que la hora de la ruptura no había llegado aún. Escribí una carta al presidente del grupo Mouvement Unis de la Resistance, al que pertenece el señor Chambrun, diciendo que en mi nombre y en el del Partido Socialista y la Unión de dentro y de fuera de España estimaba que no había por qué retrasar la presentación de la propuesta mencionada.

Entrevista con León Blum.

»Fue para tratar de deshacer la especie vertida por el Secretario de la S.F.I.O., que resultó ser cierto que la había vertido, y para expresarle la misma opinión que por carta le había hecho al presidente del Mouvement Unifié de la Resistance, por lo que principalmente me entrevisté con Blum. Le hice saber bien claramente nuestro criterio, y le dije que consideraba no convenía a los intereses de la España democrática aplazamiento alguno de la discusión de la propuesta presentada por el diputado Gilbert de Chambrun. Blum me informó que cuando, el 5 del actual, se discutió en la Comisión de Negocios Extranjeros de la Cámara la proposición citada, el Ministro del ramo, señor Bidault, había adoptado una actitud dilatoria. (Mis informes anteriores a la conversación con Blum eran que había dicho que, por una parte, Francia nada podía emprender sin estar de acuerdo con Inglaterra y los Estados Unidos, y por otra que consideraba que una ruptura de relaciones entre la República francesa y el Gobierno de Franco empeoraría la situación de los republicanos españoles en el interior del país). Después de haberse enterado de mis puntos de vista, Blum me expuso los suyos. Comenzó por decirme que antes de llegar a una ruptura de relaciones entre Francia y la España fascista, convenía la formación de un Gobierno español en el exilio en el que estuvieran representadas todas las tendencias antifranquistas. En seguida concretó en el sentido de que en el Gobierno debían estar representados los comunistas y los grupos escisionistas, haciendo expresa mención de Negrín. Constituido un Gobierno de tal naturaleza que, a juicio de Blum, podría residir en Francia, una ruptura de relaciones de Francia, Inglaterra y los Estados Unidos con Madrid obligaría a Franco a ceder el Poder a dicho Gobierno. Por mi parte le manifesté que la presencia de los comunistas en un Gobierno republicano en el exilio suscitaría los recelos de Inglaterra y, desde luego, de los Estados Unidos. En cuanto a los grupos escisionistas, dije que merecían más consideración en el extranjero, y desde luego en Francia, que la importancia que en realidad tienen, no sólo en la emigración sino aun dentro del país. Traté de hacerle comprender que Negrín no tiene arraigo alguno en España y le expuse mis temores de que una creencia en contrario y una obstinación en sostener y ayudar sus propósitos, puede crear actualmente un mal estado de relaciones entre los socialistas españoles y los franceses y una distanciación entre la España democrática del mañana y Francia, nada conveniente para nadie. Sin que piense yo que esta argumentación impresionase a Blum, lo cierto es que abandonó la posición que al principio había apuntado. Me dijo que podía afirmar que los ministros socialistas en el Gobierno francés apoyarían la aceptación de un representante oficioso en el Gobierno Giral, a la manera que el Duque de Alba lo fue de Franco en Londres durante nuestra guerra, y que el propio Gobierno podría instalarse en Francia y hallar aquí toda clase de facilidades para su actuación. En el curso de la entrevista insistí en la necesidad de que el Partido Socialista francés adopte, con respecto al problema español, una actitud más resuelta y decidida. Como, indudablemente —le dije—, los comunistas franceses van a dar la sensación de ser los campeones de la ayuda a la democracia española, si ustedes les dejan esa bandera van a verse en una difícil situación ante el propio pueblo francés y a nosotros nos van a crear en el mañana una posición incómoda. Puede que esta consideración le impresionase más que las otras que, a lo largo de la entrevista, le hice. Dijo que se proponía hablar detenidamente del problema con Daniel Mayer.

»No salí nada satisfecho de la visita.

Conversación con V. Auriol.

»Ayer estuve con Auriol y mi conversación con él me agradó más. No como criterio propio, sino diciendo que expresaba una idea estereotipada en las cancillerías y en los medios internacionales, dijo que la división entre los antifascistas españoles era un grave inconveniente para que, por lo menos en Inglaterra y en Francia, se decidan a considerar la posibilidad de romper con Franco. Me hizo ver discretamente que el Gobierno Gíral no tiene posibilidad alguna de ser reconocido. Luego me expuso su propio pensamiento: que debería constituirse un Gobierno en el que estuvieran representadas todas las tendencias políticas, incluso los monárquicos, el cual debería convocar al país para que determinase el régimen que quería darse. Yo entonces le expuse mi criterio personal y le transcribí —él iba tomando nota— los once puntos que incluí en la carta que te dirigí el día 6. Expresó su absoluta conformidad y dijo que, si’ estuviésemos dispuestos a ir a una cosa así, hallaríamos grandes apoyos desde luego en Francia y casi seguramente también en Inglaterra. Respecto a la posición de los Estados Unidos no dejó de insinuar a lo largo de la entrevista que los intereses económicos determinarán en todo momento la actitud de su Gobierno.

»Me habló de tu discurso explicativo del voto de confianza al Gobierno, y como no conociese exactamente su sentido se lo puntualicé con toda precisión. Le pareció bien. Me expresó la conveniencia de que las más destacadas personalidades republicanas, tanto las que están en el Gobierno y en las demás instituciones oficialmente revividas en el exilio, como las que no, vengan a París. Agregó que, una vez de acuerdo la mayor parte de nosotros sobre una solución semejante a la que habíamos estado considerando, el Gobierno francés presionaría sobre Giral y Martínez Barrios. También me prometió hacer gestiones —esto lo hizo igualmente Blum— cerca del partido laborista y del Gobierno inglés.

»En definitiva, he hallado en Auriol —y también en Blum, aunque el diálogo con éste ya te digo que me satisfizo menos— una buena disposición para ayudarnos a resolver nuestro problema, siempre a base de desechar la idea de que el Gobierno Giral suponga solución de ninguna especie.

»Auriol desconocía el sentido de la proposición del Presidente de Cuba. Le he informado de ella y de tus conversaciones en Washington. Todo ello le interesó e impresionó bastante. Prometió hablar detenidamente de la cuestión con el Ministro de Negocios Extranjeros. El lunes vamos a volvernos a ver. Por consejo de Blum voy a entrevistarme también con Jules Moch y acaso con algunas otras personalidades.

»Te informo de todo ello para que estés al corriente y también para que me digas tu opinión. Excuso decirte que tanto en Blum como en Auriol he hallado un negrinismo muy arraigado —en el primero más que en el segundo—. Y aunque no me hago ilusiones de ninguna especie, pienso que con constancia y con habilidad podemos acabar por poner las cosas en su punto.

»Sé que ayer ha llegado a París Tritón Gómez. Me dijeron que había estado en los Estados Unidos realizando determinadas gestiones por encargo del Gobierno y que también se proponía hacer otras en Londres. Yo voy a tratar de enterarme de lo que se proponen. Si como supongo, los propósitos del Gobierno Giral son ilusorios, creo que debemos plantear la cuestión seriamente en el Partido y en la Unión. Tengo referencias, por quien ha hablado con Torres Campaña, de que la política que se proponen seguir con respecto a las iniciativas como la de Grau San Martín, es desdeñarlas y desconocerlas oficialmente. Como comprenderás, todo lo que no sea esperar que nuestro problema se resuelva en el área internacional son ganas de que no se resuelva nunca. Creo que no podemos cruzarnos de brazos ante obstaculizaciones de ese Gobierno en una posible solución del pleito político de nuestro país, y en este sentido, me parece conveniente que hagamos los tanteos precisos para laborar una fórmula concreta que, preparada, por ejemplo, para la conferencia de las Naciones Unidas o la de Ministros de Negocios Extranjeros americanos en el Brasil, convenza y decida a los Gobiernos de las Naciones Unidas a enviar un ultimátum a Franco. Todo lo demás es perder el tiempo y prolongar la angustia de nuestros compatriotas de la emigración y del interior de España.

»Te tendré al corriente de lo que haya. De Francisco me escribió diciéndome que el Gobierno rechazaba mi intervención cerca de los ministros hispanoamericanos. No admiten otra fórmula que la de que Franco les entregue directamente el Poder. Si se obstinan en esa absurda actitud y nosotros no nos decidimos a emprender otros caminos, con su visto bueno o sin él, Franco se eternizará en el Poder».

Posición de los comunistas.

El 3 de enero le decía lo que sigue:

«Con respecto a la posición de los comunistas debo decirte lo siguiente: El día 3 de diciembre me visitaron Líster y Álvarez, un miembro del Comité Central, que yo no recuerdo haberle visto hasta que, con motivo de mi regreso a Francia, vino a visitarme. Estaban en plan de preconizar lo que ellos llaman la “insurrección nacional” como único procedimiento de derrocar a Franco. Yo les hice detenidas consideraciones y les demostré la imposibilidad de llevar a efecto el plan descabellado de una lucha que, en la hipótesis de que nuestras gentes de allá se decidiesen a establecer, nos sería indudablemente adversa. Se convencieron y acabaron diciéndome que estaban absolutamente conformes con mis puntos de vista. Supuse que, como es costumbre en ellos, habían desistido de discutir y que en público seguirían sosteniendo lo de la “insurrección nacional”. Pero el día 9 la Ibarruri pronunció un discurso en Toulouse y propuso la fórmula que conoces. Me quedé un tanto sorprendido. Después he recibido una carta, que han dirigido a mucha gente más, en la que se propone la fórmula en cuestión y se convoca a una reunión en París. Contesté diciendo que no iría a la reunión, pero que me parecía que las reticencias que empleaban para tratar de hacer creer a las gentes que en el campo antifascista español hay quien está dispuesto a pactar con Franco, no tendría otro resultado que el de sembrar la confusión y la división, aparte de ser injuriosas en modo intolerable. Hasta ahora no me han vuelto a decir nada. Pero ya había yo apreciado la prisa que se daban por dar publicidad a lo que constituye nueva posición en ellos. No me extraña que sus correligionarios de ahí estén desconcertados.

Conversación con Trífón Gómez.

»De cuanto me dices, y veo por sus declaraciones, es actitud de Martínez Barrio y Giral, deduzco que esos señores son unos insensatos. Sin duda creen que si han sido llamados para que vengan aquí es para darles satisfacción en sus pretensiones. Cuando lleguen se convencerán de lo contrario y veremos lo que dicen o hacen.

»A1 día siguiente de llegar a Francia Trifón Gómez, tuve con él una larga conversación. Está de acuerdo en que el Gobierno es el obstáculo mayor para encontrar una fórmula que resuelva honrosamente el problema de España. Pero entiende que hay que dejarle hasta que fracase. El peligro que veo en esto es que los países obligados a tomar resoluciones contra el régimen franquista, interpreten nuestra tolerancia como un asentimiento al “todo o nada” defendido por Martínez Barrio y Giral, y entonces no se decidirán a realizar ninguna acción decisiva, y se pase la oportunidad, quedando la cuestión indefinidamente aplazada o que, en todo caso, salga a la superficie cuando convenga a la política de ciertos partidos o grupos.

»La versión dada por Trifón acerca de tu discurso del 8 de noviembre es que no interpretaste exactamente el acuerdo de la Minoría, como lo prueba, dice, que te aplaudieron muy pocos y quedaron todos sorprendidos. Consecuente con esta opinión, al preguntarle Giral a De los Ríos y a Trifón, si lo dicho por ti era acuerdo del Partido, contestaron en esa forma de duda, por lo cual el Presidente del Gobierno les manifestó que podían continuar representando al Partido y a la Unión. Le encargó a Tritón que sondease la opinión de nuestras organizaciones de aquí, y entonces decidiría. Es decir, que la crisis dependía de lo que resolvieran el Partido y la Unión en Francia. A mí me ha parecido algo extraño todo eso, y no creo haya sucedido exactamente tal y como Trifón lo cuenta.

“Según información que tengo, en la reunión conjunta de las Ejecutivas del Partido y de la Unión, Trifón dio la sensación de que un acuerdo parecido a lo dicho por la Minoría produciría la crisis, y para evitarla han publicado la nota siguiente:

»Las Comisiones Ejecutivas del Partido Socialista Obrero Español y de la Unión General de Trabajadores de España, en Francia, se han reunido conjuntamente y han escuchado la amplia información que de cuanto ha ocurrido en México les ha proporcionado nuestro compañero Trifón Gómez, que acaba de llegar de aquella República. Examinada ampliamente dicha información y conocidos los términos de la declaración ministerial, las Comisiones Ejecutivas aprueban dicha declaración, esperan que el Gobierno pueda realizar cuanto antes el programa que se ha trazado para recuperar la República y se ratifica en su apoyo al Gobierno y en sus resoluciones anteriores de seguir luchando, de acuerdo con los compañeros de España, hasta lograr el restablecimiento de la legalidad republicana».

Actitud de los republicanos…

»La actitud de los republicanos no me sorprende. Ahora quieren cargar el muerto de la pérdida de nuestra guerra a los partidos y organizaciones obreras. Pero les será difícil lograrlo. En cambio, podemos nosotros probar documentalmente que, si la sedición militar no abortó, fue por culpa de ellos, y que los que “se allanaron a las exigencias y apremios de la realidad urgente y dramática, que no dejaba margen a la deliberación, a la crítica, a la disconformidad o a la reserva” fuimos nosotros al vernos obligados a recoger la herencia de una situación desesperada, sin organización militar, ni armas, ni municiones, y en completa derrota. Sin embargo la guerra duró más de dos años y medio. ¿Qué colaboración especial prestaron ellos a esa resistencia tratándose de una República que era más para ellos que para nosotros? Pero… no es el momento de dilucidar esa cuestión. Ya llegará. Eso nos indica cual debe ser nuestra conducta para con ellos en el futuro.

… Y de los nacionalistas vascos.

»Me temo que los nacionalistas vascos sean, en su fanatismo separatista, un elemento perturbador en la tremenda tarea de la reconstrucción nacional. Tengo la esperanza en nuestros correligionarios, que sabrán oponerse, en Vasconia, a todo intento de disgregación nacional.

Segunda entrevista con V. Auriol.

»Mi segunda entrevista con Vicent Auriol se ha celebrado el día 2. Me informó de lo hecho por el Ministro señor Bidault al dirigirse a los Gobiernos inglés y americano. No tiene otro alcance, por el momento, que provocar conversaciones para intentar verificar una política colectiva contra Franco. ¿Cuándo? ¿Cómo? Veremos lo que sale de la reunión de los tres en Londres.

«Hablamos de nuestro problema con algún detenimiento. Lo que me dijo puede concretarse en esto: Quiere que se celebre una reunión de los elementos significados de nuestro Partido para examinar la manera de llegar a un acuerdo. Elaborar una fórmula que el ministro francés pueda presentar a los ingleses y a los americanos, y organizar la ofensiva decisiva contra Franco. Desde luego lo que pretenden Martínez Barrio y Giral está descartado. Mis once puntos o cosa parecida le parecen bien a Bidault. Para eso, según me dijo, han sido invitados a venir a París el Jefe del Gobierno, Negrín y Del Vayo; también me dijo que te habían llamado a ti. Yo asistiré también a la reunión. No me dijo nada de citar a representantes de las Ejecutivas del Partido y de la Unión. Yo no quise decirle una palabra sobre el particular por si ello complicaba su proyecto. En todo caso, siempre habría tiempo de hacerlo. Como ves, si se sigue el asunto con tacto, y sobre todo, si nuestros gobernantes anteponen el interés de España al de sus partidos respectivos pudiera encauzarse problema tan capital para nuestro país por vías de solución, aunque no puedo ocultarte mi preocupación por la resistencia salvaje que se hará en Madrid por parte de los franquistas.

»Cuando nos despedíamos a la puerta de su despacho, Auriol me insinuó el mismo asunto que a ti el señor Dives. Contesté con una sonrisa, sin decir nada. No soy partidario de hablar, en estos momentos, de la formación de bloques o grupos. Considero que puede constituir un pretexto para restarnos ayuda de los ingleses y americanos. Nuestra política exterior habrá que fijarla después según nuestra historia y nuestra geografía, sin olvidar nuestra situación en el Mediterráneo occidental, pero tampoco que tenemos nuestras ventanas abiertas al Atlántico, y sobre todo, a los países de habla española. Habrá que tener en cuenta también el clavo inglés que significa Portugal en nuestra Península y la posibilidad de que haga una política hábil, de atracción con nuestros vascos, para clavar otro clavo en Vasconia. Por ese lado se les está dando excesiva beligerancia y se les mima demasiado.

»Realmente la conducta del Gobierno en lo referente a la cuestión económica, indigna. ¿Para eso son los apoyos incondicionales, como dice la prensa socialista española de aquí?»

Cartas a Bullejos.

A Bullejos también le he escrito sobre el particular en los siguientes términos:

«Conozco la negativa del Gobierno a aceptar toda solución que no sea la de darle a él el Poder. Esto me parece tan absurdo, que si no hay otro medio para que el problema de nuestro país entre en vías de solución estamos abocados a ser una especie de Judea irredenta y sin patria. Yo estaba en conversaciones con varios representantes diplomáticos aquí de países americanos, que poco más o menos me habían hecho una proposición semejante a la del Presidente Grau San Martín. Me pareció que podía ser materia a tratar. Pero, naturalmente, habiendo un Gobierno constituido en el que tenemos ministros, y después de haber yo proclamado mi apoyo a dicho Gobierno, lo correcto era consultarle antes de seguir adelante. Con De Francisco les envié la consulta correspondiente y también a través de De Francisco se me ha hecho saber que quedo desautorizado para proseguir las conversaciones.

»Pero quiéralo o no el Gabinete en el exilio del señor Giral, el período de transición se impone. Siendo así, estimo que nosotros debemos tener bien meditada una fórmula, y sugerirla, para evitar que otros nos impongan condiciones peores. A algunos amigos les he dicho que ya podríamos darnos por conformes con que se aceptasen en las Naciones Unidas y éstas se decidiesen a apoyar su cumplimiento, los puntos siguientes:

»1.° Que se haga cargo del Poder un Gobierno constituido por elementos civiles, magistrados, funcionarios, etc., que no hayan tomado parte directa en la represión. 2.° Expatriación de Franco y de los militares y falangistas más responsabilizados en la sublevación y en la represión. 3.° Disolución de Falange y de las instituciones franquistas. 4.° Restablecimiento de todas las libertades y derechos individuales. 5.° Amnistía general que permita salir de la cárcel a todos los presos políticos, aun aquellos que tengan calificación como de delito común, y regreso a España de todos los emigrados. 6.° Período prudencial para la confección del censo, incluyendo a todas las personas de ambos sexos de 21 años en adelante. 7.° Igual período para la reconstrucción de los partidos políticos y organizaciones sindicales. 8.° Libertad de propaganda para todos los partidos y organizaciones sindicales. 9.° Disolución del Gobierno, de magistrados, etc., y constitución de otro en el que estén representados los organismos políticos interesados en vigilar que el voto se efectúe de manera secreta y en cabina. 10.° Referéndum para saber si el pueblo desea un régimen republicano o monárquico. 11.° Cualquiera que sea el resultado del plebiscito, convocatoria a Cortes Constituyentes.

»Yo me temo que las actitudes inflexibles den tiempo para que nos sea impuesto un régimen político contrario al que deseamos. En cambio, con la fórmula que dejo transcrita u otra semejante, dejamos demostrada nuestra flexibilidad y nuestra tolerancia, y en cuanto al resultado, si el plebiscito se hace con las garantías que ya nos encargaríamos de tomar, no puede ofrecer a nadie duda.

»Lo que me cuenta usted que ha dicho Leiva está en contradicción con cierto documento que he leído, que ha sido enviado a la Embajada inglesa de Madrid —a petición de ésta— por nuestros compañeros del interior de España. Como bien sabe usted, el Partido y la Unión están en la Alianza Democrática. Es natural que no puedan sostener criterio distinto, por consiguiente. Pero, además, continuamente hablo con personas que vienen de España y todas me dicen que allí lo que quieren es que Franco se vaya y que lo que le sustituya, sea lo que sea, será bien acogido de momento. Imagínese usted si es peligroso mantener posiciones irreductibles que induzcan a las Naciones Unidas a apoyar una Monarquía. En el documento a que me refiero se habla de Gobierno transitorio y de elecciones. Lo que no se quiere es que el plebiscito o las elecciones —esto de las elecciones es una fórmula menos precisa que la otra— se hagan bajo la influencia de Franco, dentro él o fuera de España. E influencia de Franco sería todo lo que no fuese constituir un Gobierno del mismo carácter que, por ejemplo, una mesa electoral, en la que todos los candidatos tienen representante, para obtener las garantías que necesitamos, con las cuales el resultado de toda consulta no es dudoso para mí. Es preciso que no nos metamos en un callejón sin salida. En ese caso se prescindirá de nosotros, y si ahora nos cuesta trabajo que Franco se vaya, excuso decir a usted el que nos costaría convencer al mundo de que lo que pueda sustituirle sin nuestra presencia no tiene carácter legal. Las potencias democráticas dirían que se había resuelto el problema político de España, y que si no habíamos estado nosotros presentes es porque no habíamos querido. Algo así como lo que Giral les dice ahora a los comunistas: que si no están en su Gobierno es porque no quisieron entrar, pues él les invitó a que lo hicieran. Es decir, que si nosotros argüimos un concepto en defensa de nuestra posición mañana no podremos rechazar que nadie use ese mismo concepto contra nosotros».

Al mismo le decía el día 24 de noviembre:

«De la suya deduzco que es cierto lo que me decía sobre la propuesta de Washington para resolver el problema de España y la negativa a aceptarla. Acaso Prieto haya estado inoportuno en la forma de plantear el problema. Pero estamos obligados a plantearlo, no cabe duda.

El Gobierno debe manifestar cuál es su fórmula. Si no la tiene o es absurda, como sospecho, si pretende que le entreguen el Poder directamente de manos de Franco, cosa para mí imposible, no podemos, al menos yo, hacernos solidarios de su error. Y hay que reaccionar violentamente contra toda campaña difamatoria que quiera presentarnos como claudicantes. A muchos les conviene continuar en el exilio. Pero a España no le interesa que esta situación continúe. Al aceptar un Gobierno de transición, siempre que no haya pacto con los monárquicos, sino dejar hacer a los países que intervengan en el asunto, no se le puede llamar claudicación.

«Estos problemas son demasiado complicados para poderlos concretar bien por carta. Pero, además de lo que le digo a usted en mi anterior, pregunto: En España o en el exilio ¿existe fuerza material suficiente para echar a Franco? No. ¿Existe la promesa seria de que los países con poder suficiente para derribarle van a entregar el Poder al Gobierno Giral? No. ¿Cabe en cabeza humana el pensar que Franco va a entregárselo directamente? No. Siendo así, ¿debemos prolongar esta situación cuando se nos ofrece una salida honrosa? No.

»Si por temor al qué dirán nos cruzamos de brazos, nuestra responsabilidad irá unida a la del Gobierno. Yo, por mi parte, que en cuanto llegué hice declaraciones favorables a él, porque creí que no habiendo hecho nadie otra cosa mejor era obligado apoyarlo, después de rechazar una fórmula que con retoques la considero aceptable, y enterado del discurso a las Cortes Republicanas, el cual me recordaba los de la Corona a las Cortes monárquicas, no me creo obligado a solidarizarme con su conducta. No le combatiré públicamente, porque sería impolítico, pero tampoco le ayudaré, y le haré presente mis opiniones, personalmente si tengo ocasión.

»Aquí ha llegado una información acerca de unas declaraciones de Negrín en las que califica a Prieto de claudicante, a Trifón de colaboracionista con Vichy, y propugna la resistencia. Eso me recordaba su misma actitud durante la guerra civil. Lo grave será que influya en otros sectores y le sigan. A Negrín no le corre prisa resolver el problema de España. Pero a los que allí sufren las consecuencias, es otra cosa».

Carta a De Francisco.

A una carta de De Francisco, informándome de lo que ha observado en México, le contesté en la forma siguiente:

«Quedo informado de cuanto me dices. Celebro la coincidencia de criterio que tienes conmigo. Después de los estragos que me explicas hace ese clima en los cerebros, me explico muchas de las cosas que suceden. Respecto a lo que me dices de la actitud de Araquistain, otras veces ha dicho que no daría la mano a tales o cuales personas, y después lo he visto íntimo amigo de sus enemigos. En fin, ya veremos lo que el tiempo trae.

»Yo veo que el problema de nuestra patria cobra una actualidad interesantísima. La nota del Gobierno francés a los de Londres y Washington ha elevado la cuestión española al primer plano internacional. Todo el mundo toma actitudes y da soluciones. Unas buenas, otras malas. Los únicos que no han dicho nada hasta ahora, son nuestros compañeros, los miembros de las Ejecutivas de Toulouse. Parecen sumidos en un letargo mental bien en desarmonía con los acontecimientos. Verdaderamente yo no sé ni qué pensar. Supongo que han estado aguardando la llegada de Trifón. Éste estuvo aquí, conmigo, le expuse mis puntos de vista, y se mostró conforme con ellos. Ahora ha ido allá. Espero que habrá informado, o lo estará haciendo estos días, a las Ejecutivas de todo lo que hay, y que por fin tomarán una posición.

»Por mi parte voy a informarte —ya lo he ido haciendo a las Ejecutivas con toda puntualidad, y hasta ahora no me han contestado— de las conversaciones que he tenido con el diputado del Murf, Gilbert de Chambrun, primero, y como consecuencia de ellas con Blum después, y luego con Auriol. Dicho diputado Chambrun había presentado en la Comisión de Negocios Extranjeros de las Constituyentes una propuesta de ruptura de relaciones entre el Gobierno francés y Franco. Al discutirse la propuesta en el seno de la Comisión, el ministro del ramo puso algunos inconvenientes. El más importante, que Francia debía tomar una decisión al respecto al unísono de Inglaterra y de los Estados Unidos. Con motivo de la propuesta de referencia el negrinismo, que sabes existe entre los medios políticos franceses, comenzó a moverse. Se trataba de aguardar la llegada del doctor, para entonces dar aire a la cuestión y dar la impresión de que él había sido el autor de todo. Se me informó de que Daniel Mayer había llegado a decir que determinadas personalidades españolas juzgaban prematura una ruptura entre Francia y la España fascista. Recibí una carta de Emmanuel d’Astier de la Vigerie, presidente del Grupo Murf, preguntándome mi criterio. Respondí que el mío, y el del Partido y la Unión en la emigración y en el interior de España, eran que se debía acordar inmediatamente la ruptura. Añadí que no creía que hubiese español alguno antifascista, cualquiera que fuese su ideología, que pensase cosa contraria. Llamé a Vidal, encargado, como sabes, por la S.F.I.O. de los asuntos españoles, y le expresé mi extrañeza por lo que se le atribuía a Mayer.

Nueva entrevista con León Blum y Auriol.

»Vidal habló con Mayer y éste no negó haber emitido tal opinión, aunque no dijo quiénes eran las personalidades que se expresaban en tal sentido. Como Vidal me había dicho que Blum quería verme, aprovechamos la oportunidad. Le hicimos una visita y charlamos largamente sobre el problema español. Comenzó por decirme que era precisa la unión de todos, etc. Me habló de Negrín en términos elogiosos. Yo le dije que personalmente nada tengo contra ese señor, pero que están engañados los que piensan que representa algo en la vida política española. Le advertí que ese error traería consecuencias funestas por lo que se refiere a las relaciones que deben existir entre los partidos socialistas español y francés y aun para las relaciones que mañana puedan establecerse entre Francia y una España democrática. Aunque no pretendo haberle impresionado mucho, Blum cambió de táctica. Después de decir que el Gobierno de Giral debía ensancharse dando entrada a los comunistas y a los escisionistas, recogió velas y terminó por prometer el apoyo de los ministros socialistas para que el Gobierno francés acepte un representante oficioso del Gobierno Giral y para que a los ministros que estén en Francia y a los que puedan venir se les dispense un trato de favor. A los dos días me entrevisté con Auriol. También me habló en los mismos términos que Blum, pero con más cautela. Yo le expresé, después de oír la suya, mi opinión, coincidente con su criterio, de ir por etapas a la normalización de España; concreté mi pensamiento en once puntos, y él se manifestó de completo acuerdo. Quedó en hablar con Bidault —entonces se estaba elaborando la nota a enviar a Londres y a Washington— y en que volveríamos a vernos. Hasta ahora no hemos celebrado ninguna otra entrevista.

»Como te digo, de todas estas conversaciones he informado con gran detalle a las Ejecutivas. De ellas he podido deducir con toda seguridad que el Gobierno Giral no tiene posibilidad alguna de ser reconocido por los países cuya actitud es la que puede decidir el que nuestro pleito se resuelva o continúe como está. Llevado de este convencimiento, he formado el criterio de que hace falta fijar posiciones. La cosa es urgente y no se puede esperar más. El Partido ha fijado la suya por boca de Prieto. Su discurso es muy comentado aquí en diversos sentidos. A mí, en el fondo, me parece bien. Y creo que tiene la virtud de haber hecho oír la voz del Partido. Como no ha sido desautorizado por nadie —ni creo que lo sea, pese a todo— oficialmente hemos fijado una actitud, que es lo que interesaba. Yo he escrito para la France-Press un artículo del que te adjunto copia. En él verás reflejado mi criterio y los once puntos de que antes te hablo y con los que se ha mostrado Auriol de completo acuerdo. Te lo envío para que te informes y hasta, si quieres, lo enseñes a los amigos. Pero que no lo publiquen hasta que aparezca en los periódicos que sirve la France-Press, uno de los cuales es “Excélsior”.

»He leído en “Adelante” un artículo en el que se toma franca posición en favor de una solución de transición. Ello y el discurso de Prieto me han inducido a exponer públicamente mi criterio.

»En el mismo número de “Adelante” he leído unos discursos de Araquistain y Trifón. La postura que el primero me adjudica es inexacta, bien lo sabes tú. En todo caso la actitud de ese amigo me parece extraviada».

Después de lo transcrito se comprenderá perfectamente que mi opinión acerca del problema de la vuelta a España y de la forma de resolverlo, no ha sido improvisada ahora ni tiene su origen en manifestaciones ajenas, sino consecuencia de observaciones y reflexiones anteriores, meditadas detenidamente.

A pesar de la actitud lamentable, de nuestros organismos en Francia me he considerado en la obligación de salvar, públicamente, mi responsabilidad, para lo cual he publicado en un semanario de París el siguiente artículo:

Problema urgente.

El pleito político español se planteó en el área internacional y debe ser resuelto sin salir de ella.

Por Francisco Largo Caballero Ex Presidente del Consejo de Ministros de la República Española.

»El problema llamado de España, que no es sólo español, ha llegado a su período agudo. Es preciso resolverlo con urgencia si no se quiere que tenga un desenlace trágico y que la historia señale con tinta roja a los responsables de su insolubilidad actual.

»Por muchas combinaciones o especulaciones políticas que quieran hacerse con ese problema, no se podrá sustraer a la conciencia de los pueblos la idea del cumplimiento del deber. Esos pueblos presionarán siempre sobre los gobiernos hasta lograr que se restablezca en España la normalidad política, violada por el fascismo internacional con la complicidad de un grupo de generales españoles felones.

»Realmente el problema de España entró de lleno en el área internacional desde el primero de agosto de 1936 con la iniciativa de un proyecto de acuerdo internacional para la no-intervención. Se constituyó el correspondiente Comité, representando a 27 naciones a fin de “impedir toda exportación de material de guerra con destino a España”. Como los generales sublevados se habían apoderado de todo el material bélico disponible en el interior del país, el pueblo estaba inerme para defender la República. El resultado práctico fue que la intervención de la “No intervención” contribuyó decisivamente a que el fascismo triunfase sobre la democracia. Si a la República se le hubiese permitido, según era su derecho, proporcionarse medios de defensa, hubiera vencido sin duda alguna a los insurgentes. Acaso hubiérase evitado así la catástrofe mundial posterior o, en todo caso, habría tenido menores proporciones. En definitiva, habiéndose planteado el problema español —que tanto preocupa al mundo— en el área internacional por decisión espontánea de 27 países de Europa, entre ellos Francia e Inglaterra, secundadas por los Estados Unidos de América, también ten el área internacional debe quedar resuelto. No es lógico ni justo que ahora, los que un día elevaron al plano internacional el pleito político de España —con lo que determinaron el triunfo del fascismo—, digan que la solución al problema de España corresponde única y exclusivamente a los españoles.

»Por otra parte si ni españoles ni extranjeros deseamos una nueva guerra civil y Franco se obstina en seguir usurpando el Poder, ¿cómo puede resolverse el problema? ¿Por consunción? Sería entonces cuando quedaría vivo el germen de constantes perturbaciones, tanto en el interior del país como en el plano internacional. Es preciso afrontar la situación y resolverla definitivamente, en forma que no queden motivos fundados para que resurjan las luchas intestinas y sangrientas que han asolado a España en los últimos años. El problema es de tan gran entidad, que su solución no debe depender de ningún interés de partido o de bandería. Sólo debe jugar, al considerarlo, el interés nacional y la causa de la paz.

«Estoy segurísimo de que ningún partido político u organismo sindical de contenido antifascista abriga el propósito de llegar a un pacto con el falangismo. Toda afirmación en contrario resultaría injuriosa y demagógica. Unos y otros deseamos que la situación política de España se restablezca según una legalidad que el pueblo había instaurado en abril de 1931, sin más solución de continuidad. Pero ¿será esto posible? ¿Podrá pasar el Poder de manos de Franco a un Gobierno genuinamente republicano? Si examinamos serenamente la cuestión, sin apasionamiento y sin ceguera, hemos de reconocer que ello encuentra serias dificultades. ¿Y será que no existe ningún medio honroso, digno, de salvar la dificultad?

»El Presidente de la República de Cuba, señor Grau San Martín, ha propuesto al Gobierno de la República española constituida en México una fórmula contenida en los siguientes puntos:

»1.° Suspender inmediatamente las restricciones sobre asociación, prensa y expresión de la opinión pública».

2.° Se otorgará una amnistía a los presos políticos».

3.°Celebración de un plebiscito para decidir si el pueblo español desea una monarquía o una República.

»El Gobierno presidido por el señor Giral se considera obligado a rechazar ésa u otra fórmula cualquiera que no sea la restauración inmediata de la legalidad republicana de 1931. ¿Piensan así todos los españoles, no ya los de la emigración, sino los residentes en España? De cuál es la opinión del Partido Socialista Obrero Español que vive en la clandestinidad en el interior del país puede juzgarse por este párrafo, extraído de un documento redactado en Madrid: “No nos sentiremos satisfechos con la caída vertical del régimen actual. El cambio debe efectuarse de manera metódica y escalonada, para que la soberanía nacional tenga el medio de manifestarse de manera tan libre que no haya posibilidad de confusión ni de coacción de las libertades individuales, por los siguientes medios: Disolución, desarme y desarraigo de Falange y de cuantos organismos se hayan creado, directa o indirectamente, al amparo de ella o como consecuencia del régimen franquista. Constitución de un Gobierno, Consejo, Junta o como quiera llamarse, en el que estarían representadas todas las fuerzas políticas de España, con exclusión absoluta de aquellos que hayan tenido participación directa o indirecta de relación o afinidad con el régimen de Franco. Amnistía inmediata y total para todos los presos políticos y exilados por igual circunstancia. Libertad de pensamiento en sus diversas formas. Elecciones, en las que la soberanía nacional pueda manifestarse con toda plenitud y derecho: primero, municipales, luego provinciales y después generales. El resultado de esta demostración de la soberanía nacional sería acatado sin reservas por todos los partidos y organizaciones”.

»El pensamiento del Partido Socialista Obrero Español en la emigración lo ha expresado don Indalecio Prieto públicamente en la sesión de Cortes celebrada en México, en la que el Parlamento en el exilio expresó su confianza en el Gabinete Giral. El Partido Socialista colabora en ese Gabinete y le ha discernido su apoyo. Pero se ha reservado el derecho de retirarle la confianza y hasta los ministros si una solución decorosa al problema español, que mereciese la conformidad de nuestros compañeros del interior de España, fuese rechazada por el Gobierno de la República en el exilio.

»No creo que pueda vislumbrarse en ninguna de las opiniones expresadas atisbos de claudicación. Lo que se persigue es buscar al problema una solución honrosa, con garantías de independencia en la determinación. De lo que esas opiniones adolecen acaso es de estructuración apropiada para hacerlas viables. Teniendo en cuenta la manera como el problema se halla planteado, la forma de dar viabilidad al deseo de todos podrían ser éstos o parecidos términos:

»1.° Que se haga cargo del Poder un Gobierno constituido por elementos civiles, magistrados, funcionarios, etc., que no hayan tomado parte en la represión.

»2.° Expatriación de Franco y de los militares y falangistas más responsabilizados en la sublevación y en la represión.

»3.° Disolución de Falange y de las instituciones franquistas.

»4.° Restablecimiento de todas las libertades y derechos individuales.

»5.° Amnistía general que permita salir de las cárceles a todos los presos políticos, aun aquellos que tengan otra calificación, y regreso a España de todos los emigrados.

»6.° Período prudencial para la confección del censo, incluyendo a todas las personas de 21 años en adelante.

»7.° Igual período para la reconstrucción de los partidos políticos y organizaciones sindicales.

»8.° Libertad de propaganda para todos los partidos y organizaciones sindicales.

»9.° Disolución del Gobierno de magistrados, etc., y constitución de otro en el que estén representados todos los organismos políticos interesados en vigilar que el voto se efectúe de manera secreta y en cabina.

»10.° Plebiscito para saber si el pueblo desea un régimen republicano o monárquico.

»11.° Cualquiera que sea el resultado del plebiscito, convocatoria de Cortes Constituyentes.

Si abandonamos todo prejuicio o suspicacia y damos facilidades a quienes pueden resolver nuestro problema, para que lo hagan dentro de las condiciones más honestas, la España que sufre lo agradecerá eternamente.

Francisco Largo Caballero.

París, diciembre de 1945».

Supongo le sentará al Gobierno como un sinapismo, pero tengo la pretensión de estar prestando a España y a mis ideas un buen servicio. Como socialista no estoy obligado a uncirme al carro republicano de un Gobierno que veo se dirige al abismo.

Relaciones con el P.C.

En cuanto al problema comunista, entre los que más se han distinguido por su conducta arbitraria e injusta para conmigo está el amigo don Luis Araquistain que, en su fobia anticomunista, no ha encontrado otro con quién descargar sus iras antirrusas, haciéndolo «sin ton ni son», caprichosamente, como si persiguiera el propósito de colocarme en evidencia ante mis correligionarios.

Para demostraros la tremenda injusticia que ha cometido al afirmar que «yo abogo la colaboración con los comunistas», os copio párrafos de cartas enviadas a varios amigos, incluso a él. El 13 de octubre decía a Araquistain:

«No sé lo que le habrán podido a usted contar acerca de mi pensamiento con respecto a los problemas políticos —tan complejos, tan intrincados y tan contradictorios unos respecto de los otros— que el mundo tiene planteados en estos primeros tiempos de postguerra y de cuyo desarrollo y solución depende la suerte de nuestro país. Creo deducir de su carta que me atribuye usted una determinada posición y que por ello me explica usted la suya. Me apresuro a decirle que, en el fondo, estoy conforme con todo lo que usted dice. Sin embargo, a mi vez, voy a hacer algunas consideraciones que me sugiere la lectura de su carta.

»Encuentro que parte usted de dos falsas bases: una, que soy partidario de ciertos acercamientos o de determinadas alianzas. Otra, que la caída del fascismo español es ya cosa decidida y que de lo único que hay que preocuparse es de sustituirle de manera que agrade a ciertas potencias.

»Por lo que a mí respecta, le aseguro que no he olvidado las experiencias adquiridas. Probablemente —al menos se han hecho gestiones para ello— en el Gobierno de la República, en el actual o en otro, va a haber ministros de determinada afiliación. Si a mí se me invitase a formar parte de un Gobierno de composición tal, seguramente no aceptaría la invitación. Sin embargo, el que nuestro Partido formase o no parte de Ministerio ya sería cosa diferente. Como a muchos de ustedes les ocurre, yo no deseo ciertas colaboraciones. Pero me parece demasiado temerario afirmar que nunca las aceptaremos. El porvenir está lo suficientemente poco claro y los gobiernos de los países que debieran prestarnos decidido apoyo —y no por nuestro interés como españoles, sino por el suyo propio— parecen dominados por una pereza o por unas vacilaciones cuyas consecuencias soporta el pueblo español a costa de muchas penalidades que, como es natural, desea ver desaparecidas cuanto antes, sea quien sea el que las ahuyente o diga que las va a ahuyentar, aunque no lo haga. Y por si llega el momento de tener que colaborar, es por lo que estimo que las relaciones deben ser correctas. En política, bien lo sabe usted, no conviene cerrar definitivamente puerta alguna. En las relaciones personales y públicas hay tres distintos grados: el de la violencia, el de la corrección y el de la cordialidad. Yo prefiero elegir, mientras estemos en la situación que estamos, al intermedio. Entre otras razones para que nuestros amigos extranjeros, que debieran haber escarmentado en cabeza ajena y que no lo han hecho, no nos digan que los españoles antifascistas estamos desunidos y que el argumento de nuestra desunión les tranquilice la conciencia por el abandono en que nos tienen. Estoy convencido además de que así vamos a desmontar de sus posiciones a ciertos bigardos que explotan supuestas protecciones exóticas, único medio de hacer creer que tienen guardada en la maleta una fuerza a esgrimir en determinado momento.

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