Mis ganas ganan
32. Para siempre
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Capítulo 32

Para siempre
Aunque tu vida no sea la fi esta que esperabas, nunca dejes de bailar.
El 31 de marzo, ya en casita y recuperada del todo del último ingreso, mi madre y mi hermana me dicen que me vista porque vamos a ir a comprar. Está siendo un día bastante bueno y no me encuentro del todo mal, por lo que me tomo mi tiempo para arreglarme, maquillarme, colocarme el pañuelo como a mí me gusta... ¡Vamos, en perfeccionar el modelito del día!
Al salir al patio, lo primero que veo es a mis mejores amigas entrando. Me giro hacia Emi y hacia mamá, pero no hace falta que me digan nada. Las enormes sonrisas pícaras en sus caras me lo explican todo. No vamos a ir a comprar ni mucho menos... ¡Están compinchadas con Ana, Marta, María Dlr y María L! ¿Pero para qué? No es ni mi cumpleaños ni una fecha especial...
—Te hemos traído esto —me dice María Dlr, muy crípticamente, cuando las cuatro llegan hasta mí.
Arqueo las cejas. Se trata de una carta. Del sobre me deshago enseguida (pero con cuidado, porque quiero guardarlo de recuerdo), puesto que no puedo contener un segundo más las ganas de devorar el contenido. Empiezo a leer en voz alta, pero enseguida se me rompe la voz, mis ojos húmedos y brillantes con las lágrimas.
Es... es... no podría ni empezar a describirla. Me han escrito cosas absolutamente preciosas, cosas sobre nuestra amistad y sobre todo lo que he tenido que luchar durante este último año y medio, cosas que me tocan el alma y hacen que me invadan los escalofríos. Este texto tan emotivo, uno de los más bonitos que he tenido el honor de leer jamás, termina: «Siempre estás entre nosotras, pero ahora te llevaremos en nuestra piel».
Levanto la vista de la carta, frunciendo el cejo. ¿Qué quieren decir...?
No tengo que esperar mucho tiempo por mi respuesta. Ante mi expresión confusa, Ana, Marta, María Dlr y María L se remangan para dejar a la vista sus muñecas. Las cuatro se han tatuado lo mismo: un guante de boxeo con una E de Elena.
No puedo contener las emociones tan fuertes que me azotan. Lloro como una niña, tapándome la cara con las manos para intentar detener esos lagrimones que descienden por mis mejillas.
—¡Pero, chicas! —logro exclamar, y me abalanzo sobre ellas para darles uno de esos abrazos que parece que no vayan a terminarse jamás.
Esos que te empapan del perfume de la otra persona, como si fuese un tatuaje invisible.
Cuando nos separamos, me doy cuenta de que ellas también están llorando. Mamá y Emi, un poco más atrás, ídem de ídem. Está claro que, aunque estaban al tanto de la sorpresa, no tenían ni la menor idea de qué se trataba exactamente. El tatuaje las ha sorprendido y emocionado tanto como a mí o más.
—Os quiero un montón, chicas —les digo a mis amigas, corriendo a abrazarlas de nuevo.
Y esa frase se queda corta, cortísima. No puedo ni explicar lo mucho que significan para mí y lo agradecida que estoy de estar junto a ellas y de poder llamarlas amigas. Mucha gente escucha mi historia y piensa que he tenido muy mala suerte en la vida, porque me diagnosticaron un cáncer siendo muy joven y porque incluso después de la recuperación he tenido que enfrentarme a una recaída. Sin embargo, cuando veo mi vida en conjunto, creo que he tenido muchísima suerte. He nacido en una familia maravillosa que me cuida y que me inspira y, por si fuera poco, de entre todas las personas del mundo he tenido el honor de trabar amistad con Ana, Marta, María Dlr y María L, cuatro de las personas más bonitas y luminosas de la Tierra. Así que, sí. Soy una afortunada. Tengo mucha mucha suerte, porque sé que ellas van a estar conmigo en cada paso del camino, por oscur
o o terrorífico que este pueda ser. BESTIES
