Mis ganas ganan

Mis ganas ganan


15. Cambios

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Capítulo 15

Cambios

La vida puede ser del color que decidas pintarla tú. Por muy difícil que sea, por mucho que a veces pesen los días, tu magia es poder decidir pintarlo todo de un color más amable.

Salgo de esa hospitalización en lo más profundo y caluroso de agosto. El aire en la calle es tan denso, tan espeso, que incluso respirar resulta una misión imposible, y dormir por las noches se asemeja más a una tortura que a cualquier otra cosa. Está la humedad también, que se te pega a la piel y a los huesos y que humedece tu ropa en cuestión de segundos.

Esta es la situación: estamos en el coche con las ventanillas bajadas. Si vives en Andalucía, sabrás que a veces eso es incluso peor, porque el aire que te llega puede quemar tanto como el sol. El sudor se me acumula en la frente y en la nuca. ¡Buf! ¡No puedo pensar en otra cosa! Sin esperar, sin pensar, como un movimiento reflejo, me deshago de la peluca, cojo un pañuelo que llevo en el bolso y utilizo la cámara frontal de mi móvil como espejo para colocármelo.

Es la primera vez que lo hago, así que no tengo mucho arte. Muevo los brazos de derecha a izquierda, arriba, abajo... hago y deshago el nudo, sonriéndole a la cámara, hasta lograr atármelo de una manera que me convence. Grabo un vídeo para poder ver cómo me queda desde todos los ángulos. Tras presionar el botón rojo que detiene la grabación, coloco el móvil entre mis piernas y le doy a «reproducir».

La imagen en la pantalla me sorprende primero (soy yo, pero no soy yo; es mi cara, pero la falta de pelo y los colores del pañuelo parecen cambiarme las facciones y la expresión). La segunda vez que reproduzco el vídeo, sin embargo, me sorprendo a mí misma con una sonrisa. Me gusta esa chica en la pantalla. Tiene fuerza y tiene estilo. Y soy yo. Al cien por cien.

«Estoy enferma, ¿qué más da que la gente por la calle lo sepa?», pienso, pero cuando aparcamos y es el momento de poner los pies en el asfalto, me invade un pinchazo de vergüenza, punzante como una lanza. Suspirando, me guardo el pañuelo y me coloco la peluca otra vez sobre la cabeza.

Algún día seré capaz de quitármela, pero no hoy.

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