Mis ganas ganan

Mis ganas ganan


28. Continuamos

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Capítulo 28

Continuamos

La fuerza se demuestra con el tiempo, paso a paso. No hay mayor fortaleza que seguir resistiendo.

Empezamos el tratamiento número tres enseguida. Antes de suministrarlo, me ponen una farmacología para la fatiga que, para ser honestos, me da muchísimo sueño. ¡Me voy quedando dormida por los rincones! Puedo estar mirando mi feed

de Instagram o hablando con mi madre y mis párpados, pesadísimos, empiezan a bajar. Y los ruidos fuertes me asustan, como si estuviese en mitad de una siesta.

—Pareces un bebé —ríe mi madre al ver que me sobresalto.

Me río yo también, ¡pero es molesto! Me siento drogadísima y muy espesa, incapaz de pensar con claridad. Todo me cuesta una barbaridad, y al segundo día les pido que no me vuelvan a poner eso.

—Es que me quedo atontada —le digo a la enfermera—. ¿Podemos probar a poner el tratamiento sin el medicamento para la fatiga? ¡Porque al final consigue todo lo contrario!

Acceden, por fortuna, ¿y sabéis qué? El resto de las sesiones son mucho mucho más llevaderas. ¡Hasta tengo energías para ir a comer fuera con mi familia! Decidimos que no tengo tan poco apetito y que mis fuerzas no flaquean para disfrutar más de las pequeñas cosas. Creo que eso es algo que todos podemos aprender del cáncer, ahora que lo pienso. Vivir más el momento, el presente, y dejarnos embaucar por los detalles del día a día en vez de sentir tantas ansias por el futuro. Nadie te promete ese futuro, de todos modos, y te sorprenderías de lo bonita que es la vida cuando te propones devorarla a bocaditos.

Aunque sí es cierto que este tratamiento no me está sentando tan mal como esperaba ni me da esa fatiga característica de mis primeras quimios, sí me produce bastante cansancio, así que empiezo a usar más la silla de ruedas. Sobre todo cuando sacamos a pasear a Nora, que día a día me da cada vez más fuerzas para luchar contra el cáncer.

De verdad que no puedo describir lo muchísimo que me ayuda Nora día a día; solo ver su carita ya me ilumina las mañanas, y lo mejor es que ella sabe cuándo estoy mal y necesito una dosis de su cariño especial.

Sé que no todos tenemos la posibilidad de mantener a una mascota, pero para las personas que sí se lo pueden permitir... no podéis ni imaginar lo muchísimo que ayudan. Son compañerismo y lealtad sin «peros», y están ahí para apoyarte cuando lo estás pasando mal y lo último que te apetece es hablar con la gente. No quiero ni pensar en lo terrible que estaría siendo mi recaída si no tuviese a Nora a mi lado, y cada día doy las gracias por que esta perrita haya llegado a nuestras vidas; es una dosis de energía para todos.

Aprovechando que el tratamiento no está siendo demasiado malo, decido embarcarme en un proyecto en el que Emi y yo hemos estado pensando durante un par de días. Se trata de la venta de pulseras solidarias para recaudar dinero para la investigación del sarcoma de Ewing. Ahora que tengo más seguidores en redes y que más y más gente conoce mi historia, me parece una manera bonita e importante de utilizar mi plataforma para aportar mi granito de arena. Más investigación para más vida.

Nos pasamos un par de días decidiendo los diseños con Lucía, que es la auténtica experta en todo esto, gracias a su tienda de ropa. Al final nos decantamos por unas pulseras de tela azul clarito con un guante de boxeo y el lazo amarillo de la concienciación como elementos decorativos; también incluye mi lema, «mis ganas ganan» y mi nombre. Para promocionarlas creamos una nueva cuenta de Instagram: @misganasganan.

—Allá va —le digo a Emi, mientras presiono el botón de subir publicación para compartir el vídeo que he creado explicándoles el nuevo proyecto a mis seguidores.

—Seguro que va genial —dice Emi, cruzando fuerte los dedos.

¡Y no se equivoca! Vaya si no se equivoca. La pantalla de mi móvil no se apaga con el aluvión de mensajes privados que recibo de todas las personas que están interesadas en comprar una de las pulseras solidarias. ¡Menuda locura!

Al final acabamos a las tantas de la madrugada Emi, mamá y yo preparando los paquetitos de las pulseras para mandar a la gente... pero merece la pena. Muchísimo. Me deja el corazón muy calentito saber que cada pulsera vendida es un granito de arena para la investigación del sarcoma de Ewing, una investigación muy necesaria para dar con el tratamiento que le dé la patada definitiva a esta enfermedad que afecta a tantas personas en el mundo.

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