Mickey7

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«Lo siento».

De nuevo, gracias, capullo.

Si no eres miembro de la Iglesia Natalista ni estudias la historia de la Unión, seguramente estarás haciéndote las siguientes preguntas: ¿Por qué me altera tanto todo esto? ¿Qué problema hay con los múltiples? Es decir, en principio, la idea de crear simultáneamente un montón de copias del Prescindible parece buena desde el punto de vista práctico, ¿no? Por ejemplo, ¿qué pasa si surge la necesidad de llevar a cabo una misión suicida que requiere dos personas? ¿Quién querría arriesgar la vida de una persona, digamos, normal?

Para comprender la reacción visceral que provoca el concepto de los múltiples en la mayoría de los ciudadanos hay que conocer la figura de Alan Manikova y saber, aunque sea de pasada, lo que hizo con Gault.

Solo hace unos doscientos años que disponemos de los Prescindibles, pero lo cierto es que la bioimpresora se inventó mucho antes, antes incluso del lanzamiento de la Ching Shih. Sin embargo, hasta que apareció Manikova fue poco más que una curiosidad. El sistema que tenían entonces era capaz de escanear un cuerpo, almacenar el patrón y recrearlo a nivel celular bajo demanda. Eso es exactamente lo que hace la bioimpresora de la que yo salgo cada vez que Marshall hace que me maten. Con el paso del tiempo, los investigadores lograron reproducir las conexiones sinápticas, una cosa que los sistemas modernos no se molestan en hacer. La teoría imperante entonces defendía que debería bastar con reproducir fielmente el comportamiento, de manera que despreciaban la conciencia. Sin embargo, repetidos experimentos, primero con animales y posteriormente incluso con seres humanos, demostraron los errores de esa teoría. Las criaturas que salían de las bioimpresoras eran unos cuerpos vacíos, una tabula rasa con menos conciencia y motricidad que un recién nacido. Como cobayas para experimentos médicos servían si pasabas por alto los dilemas éticos, pero no eran ni mucho menos el camino hacia la inmortalidad.

Siendo justos hay que decir que aquellas primeras bioimpresoras no eran completamente inútiles. La gente las utilizaba de vez en cuando para recuperar bebés que habían muerto al nacer o poco después, pero ni siquiera en esos casos el resultado era el deseado. Los bebés que salían del tanque respiraban y su corazón latía, pero no sabían mamar, ni tragar, ni llorar. En ocasiones, con un cuidado intensivo, salían adelante. Pero lo más habitual era que los padres acabaran enterrando otro bebé solo unos días o semanas después de haber dado sepultura al primero.

Entonces apareció Manikova.

Alan Manikova nació como hijo único en el seno de una dinastía política de Edén fabulosamente rica. Si hubiera querido (respóndeme con sinceridad: ¿tú no lo habrías hecho?), podría haber acabado su vida con la misma condición. La mayoría de la gente en su posición se habría tomado el colegio como un juego, tal vez habría aceptado o no un puesto intermedio en el gobierno y, en cualquier caso, habría disfrutado de una vida de abundancia y felicidad.

Sin embargo, Alan Manikova no estaba en esa mayoría de personas. Era el genio que marcaba una época. Tenía una mente tan activa e inquieta que a los veinticinco años había obtenido tres doctorados en materias que aparentemente no guardaban relación alguna.

También era un sociópata. Este aspecto de su personalidad cobrará importancia cuando avancemos un poco en su historia.

Más o menos coincidiendo con el momento en el que Manikova se cansó de coleccionar títulos universitarios, sus padres murieron de manera repentina, por causas inexplicadas, con una diferencia de días. Seis meses después, tras los intentos infructuosos de las autoridades locales de relacionar a Manikova con las muertes, este se convirtió en una de las diez personas más ricas de la Unión. Al cabo de un año, Manikova había invertido hasta el último céntimo de su herencia en una aventura empresarial a la que llamó Eternidad Universal.

La prensa popular de Edén de la época calificó Eternidad Universal de despilfarro o la acusó de ser un medio para evadir impuestos. Sin embargo, Manikova no la creó con esos fines. Si su idea hubiera sido utilizarla como una especie de chiringuito financiero, podría haberla dejado como una empresa sin actividad real. Pero nada más lejos de la realidad. Eternidad Universal construyó un impresionante complejo para la investigación a doscientos kilómetros de la ciudad más cercana y contrató una cantidad ingente de ingenieros y científicos. Y entonces…

Bueno, y entonces no pasó nada. La gente entraba y salía del complejo, pero nadie soltaba prenda de lo que sucedía dentro. Se especulaba con que la empresa se dedicaba a la investigación del envejecimiento, o tal vez a la conservación mediante criogenia, pero nunca aparecieron pruebas que respaldaran una u otra teoría. Pasado un año, la prensa se aburrió del asunto y la gente dejó de prestar atención a lo que Manikova pudiera estar haciendo en Eternidad Universal.

Cinco años después, Manikova apareció en un programa de televisión para anunciar que por fin había descubierto el secreto para almacenar y replicar una mente humana.

De nuevo podemos apreciar lo que diferenciaba a Alan Manikova del resto de los mortales. El valor de las acciones de Eternidad Universal se disparó inmediatamente después de que realizara una primera demostración, en la que generó una réplica de la directora de Recursos Humanos de su empresa y le pidió que dijera unas palabras a los dignatarios reunidos, tras lo cual la tranquilizó y volvió a reducirla a una especie de puré. Como consecuencia de ello, Manikova dejó de ser una de las diez personas más ricas de la Unión para convertirse, con mucha diferencia, en la más rica de todas, y en la opinión pública de Edén cambió el papel de siniestro presunto parricida por el de siniestro genio y celebridad… Probablemente el mayor genio que había producido la humanidad. Alcanzado ese estatus, la mayoría de la gente habría adquirido un palacio, se habría casado una o dos veces con una mujer florero y habría pasado el resto de su vida disfrutando de las bien merecidas adulaciones.

Pero, una vez más, Manikova no hizo nada de eso. En cambio, liquidó todos sus activos, incluida Eternidad Universal. En las transacciones se movió tanto dinero en metálico e intervinieron tantas sociedades instrumentales que Manikova es uno de los pocos personajes históricos a quienes se les puede atribuir la capacidad de provocar él solito una recesión económica planetaria. Un año después salió de la órbita de Edén como único tripulante de un vehículo interestelar construido expresamente para él, lleno a rebosar de equipos técnicos y víveres y con el mismo prototipo de la unidad de replicación que había utilizado para su demostración. No le contó a nadie a dónde se dirigía. Se conjeturó que se había propuesto ser la primera persona en cruzar el plano galáctico, y para conseguirlo se replicaría tantas veces como fuera necesario hasta que terminara el viaje.

Habría sido mejor para todos que esas especulaciones se hubieran confirmado, pero la realidad fue que su destino era una colonia cabeza de puente que se había asentado a unos siete años luz en dirección antirrotatoria de Edén y cuyos fundadores habían bautizado con el nombre de Gault.

Gault ya era un lugar interesante antes de que Manikova apareciera allí. A diferencia de casi todas las otras colonias que habían prosperado en la historia de la Unión, la expedición que la fundó no contaba con el respaldo del gobierno planetario de Edén. Había sido fundada por un grupo privado compuesto casi exclusivamente por gente asquerosamente rica, descontenta por el hecho de que Edén, como Midgard y la mayoría de los demás planetas de la Unión, cobrara impuestos a los propietarios de los sistemas automatizados que producían casi todo con el fin de garantizar que los ciudadanos que no poseían esos sistemas no se murieran de hambre en las calles.

El principio fundacional de Gault era «libertad total y autosuficiencia», lo que en la práctica se traducía en que ninguno de los ciento veinte colonos que hollaron el planeta tenía el menor interés en contribuir a nada que oliera mínimamente a bien común. Inmediatamente se dividieron en una veintena de grupos familiares, fundaron sus propios feudos y trataron de salir adelante por su cuenta. Al principio disfrutaron de la abundancia de recursos. Además, Gault era, dentro de lo que cabe, un lugar bastante hospitalario, así que la mayor parte de las familias se asentaron con éxito. Sin embargo, las que encontraron dificultades no recibieron la ayuda de sus vecinos. Al parecer, la respuesta de la Libertad Total al grito: «¡Socorro! ¡Me muero!» es: «Bueno, tendrías que haber venido mejor equipado».

Como resultado de ello, cuando Manikova llegó encontró una sociedad fragmentada formada por unas diez mil personas, la mayoría de las cuales se había asentado relativamente bien en el nuevo planeta y no corría el riesgo de morir de hambre a corto plazo. Sin embargo, a ninguna de ellas le iba especialmente bien. Al principio, Manikova fue recibido como un salvador. Llevaba un montón de cosas con él, muchas de las cuales todavía ninguno de los colonos había sido capaz de producir por sí mismo. Manikova hizo buenas migas con uno de los clanes más pequeños y les regaló comida, semillas y algo de la tecnología más avanzada que se había desarrollado en Edén en los doscientos años que habían pasado desde que abandonaran la metrópoli. A cambio, la familia le cedió un lugar para vivir y una base de operaciones.

Una vez asentado en su nuevo hogar, Manikova se puso a crear obsesivamente más Alans Manikova.

Como Marshall ha puesto de relieve más de una vez, crear un ser humano de la nada requiere muchos recursos. Sobre todo se necesita una gran cantidad de calcio y de proteínas, pero la lista de ingredientes es muy extensa. Se puede llenar la tolva con elementos básicos, pero se precisa un montón de trigo, de carne de ternera y de naranjas para obtener un resultado satisfactorio. Además, el proceso genera una cantidad tremenda de residuos, lo cual supone un problema si no estás interesado en procesarlos para dárselos de comer a una colonia que está muriéndose de hambre.

La fuente de materia prima ideal, obviamente, es un cuerpo humano preexistente.

Nueve meses le duró a Manikova la materia prima que había llevado consigo a Gault. Para entonces ya andaban sueltas casi un centenar de réplicas suyas y había construido dos nuevas unidades de replicación. Pasaron otros dos meses hasta que alguien por fin se dio cuenta de que estaba desapareciendo gente. Manikova había empezado su proyecto raptando a indigentes y personas solitarias, de las que, dadas las características de la colonia, había en abundancia en Gault, pero llegó un momento en el que también se agotaron y tuvo que empezar a recurrir a gente que tenía familia o amigos que notaban su ausencia. Las sospechas, como suele ocurrir, recayeron en el recién llegado a la ciudad. El clan que lo había acogido envió sus fuerzas de seguridad a buscarlo para un primer interrogatorio amistoso.

Fue entonces cuando descubrieron que, si bien Manikova había sido generoso con las semillas y las fruslerías, no había compartido con nadie la sofisticada tecnología militar que también había traído.

En un planeta más sensato (ni siquiera sería necesario que fuera uno con un gobierno unificado, bastaría con que sus políticos se dirigieran la palabra de vez en cuando), se le habrían parado los pies a Manikova. Cuando quedó claro en qué andaba metido, todavía había veinte habitantes de Gault por cada Alan. Pero Gault, por desgracia, no era un planeta sensato. Manikova echó a todos los miembros de la familia que lo había acogido a la tolva y los transformó en réplicas de sí mismo, les dio armas y lanzó un ataque a su vecino más próximo. Aún pasó un año hasta que los clanes supervivientes plantearon la posibilidad de dar una respuesta conjunta a los ataques de Manikova. Para entonces, la mayoría de la población del planeta estaba compuesta por copias de Alan Manikova. Los últimos clanes finalmente se unieron, pero ya fue tarde. Su único logro realmente importante fue el envío de un postrero mensaje desesperado a Edén, en el que describían lo que les había sucedido y les suplicaban ayuda.

Por supuesto, la ayuda no llegó de manera inmediata. El mensaje tardó siete años en llegar a Edén y, una vez que lo hizo, las autoridades deliberaron durante dos años si debían intervenir. Los fundadores de Gault no contaban con la simpatía de Edén cuando se marcharon, y durante los siguientes años su reputación no había mejorado. El sentimiento popular se inclinaba mayoritariamente por «no es nuestro problema» y «se lo tienen merecido». Al final, sin embargo, el parlamento de Edén llegó a la conclusión de que Manikova podría llegar a representar una amenaza para el resto de los planetas, de manera que había que ocuparse del problema.

Ese fue el origen de la primera y, hasta la fecha, única expedición militar interestelar de la Unión.

Se meditó mucho sobre cómo debía llevarse a cabo exactamente una misión de invasión a siete años luz de distancia. La idea de enviar fuerzas terrestres era obviamente absurda. Edén era un planeta inmensamente rico, pero la inversión que requerirían la construcción y el combustible de algo parecido a una nave colonizadora lo habría dejado al borde de la bancarrota. Evidentemente, no era necesario transportar equipos para la terraformación ni fetos, pero el material militar también es muy pesado. Al final optaron por enviar una nave colonizadora con elementos de blindaje a la que llamaron Justicia de Edén. La nave partió del sistema de Edén cuatro años después de que llegara el mensaje de Gault, con una tripulación formada por doscientas personas, media docena de bombarderos orbitales y una cantidad ingente de bombas nucleares. El plan era que la nave se instalara en la órbita de Gault, se pusiera en contacto con Manikova, averiguara cuáles eran sus intenciones con respecto al resto de la Unión en general y a Edén en particular, y, en el caso de que fuera necesario, arrasar el planeta.

Seguramente ya has detectado los defectos del plan.

En primer lugar, cuando la nave de Edén llegó a Gault, Manikova había tenido casi dieciocho años para consolidar su dominio sobre el sistema, crear más copias de sí mismo y atrincherarse.

En segundo lugar, pasar desapercibida no era una opción para la Justicia de Edén. El resplandor de una nave espacial al desacelerar es visible desde una distancia de un año luz, y no hay manera de ocultarlo.

En tercer lugar, y seguramente esto sea lo más importante, Alan Manikova no era de esa clase de personas que se quedan esperando a que la guerra vaya a ellas.

Todos estos factores fueron decisivos para que la batalla de Gault durara alrededor de doce segundos. La Justicia de Edén aún estaba desacelerando, cegada por su propio resplandor, cuando cerca de una docena de misiles con cabezas nucleares impactaron en ella procedentes de una base que Manikova había construido en la segunda luna de Gault. La comandante de la nave ni siquiera tuvo tiempo de disparar unos misiles de represalia.

Para desgracia de Alan Manikova, pero probablemente para suerte del resto de la Unión, Edén no era el único planeta que había recibido el último mensaje de Gault. También lo había hecho el vecino más próximo de Gault, una colonia de segunda generación mucho más joven y pobre llamada Lejos de casa, cuyo gobierno se alarmó mucho más que el de Edén al conocer el contenido del mensaje. Sin embargo, ellos no tenían la ambición ni los recursos para montar una expedición como la que Edén había enviado.

Por lo tanto, su respuesta fue mucho más sencilla, más directa e infinitamente más barata. La llamaron La bala.

El factor crítico de los viajes estelares es el siguiente: la energía cinética es igual al producto de la masa de un objeto por su velocidad al cuadrado. Eso hace que el proceso sea tremendamente caro. También lo hace muy peligroso. Su propio resplandor al desacelerar traicionó a la Justicia de Edén. La bala evitó ese problema renunciando a la desaceleración. Cuando un objeto se mueve a una velocidad de 0,97 c, como lo hacía La bala cuando impactó en Gault tres meses después de la destrucción de la Justicia de Edén, no necesita tener un gran tamaño para resquebrajar el planeta como si fuera la cáscara de un huevo. Y lo mejor de todo es que no hay manera de defenderse de un misil relativista, ni siquiera de enterarse de que está en camino, porque las ondas luminosas que anuncian su llegada alcanzan su objetivo apenas una fracción de segundo antes. La bala liberó en el ecosistema de Gault la energía equivalente a doscientas mil bombas nucleares en un lapso de un picosegundo.

No te recuperas de una cosa así.

Como demuestra el hecho de que estemos esforzándonos tanto para salir adelante en Niflheim, no hay tantos planetas habitables esperándonos ahí fuera. Convertir uno de ellos en una bola de escoria líquida está ampliamente considerado el mayor crimen en la historia de la Unión.

Nadie reprocha a Lejos de casa lo que hicieron. La culpa fue de Manikova. Y desde entonces, en la mayor parte de los lugares de la Unión es mejor que la gente piense de ti que eres un secuestrador de niños o un coleccionista de cabezas humanas que un múltiple.

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