Melanie
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Caroline Caldwell espera a que el sargento y Justineau hayan salido de la habitación. Entonces se levanta rápidamente y se dirige a la cocina.
Antes vio los tupperwares en el armarito del fondo, una pirámide de ellos ordenados por tamaño. Nadie les prestó atención porque estaban vacíos. Pero Caldwell sintió un pequeño torrente de placer al verlos. A veces, muy raras veces, el universo te ofrece exactamente lo que necesitas.
Coge seis de los más pequeños, junto con seis cucharadas de café, y se los guarda uno a uno en los bolsillos de la bata. También lleva una linterna, pero no la enciende hasta que ha llegado a su destino y la puerta está cerrada.
Respira con pequeñas inhalaciones. El hedor de los restos humanos y de años de descomposición acumulada pende tan pesadamente de la atmósfera que es casi una presencia física.
Utilizando las cucharas, Caldwell toma varias muestras del hambriento al que mató el sargento Parks. Solo le interesa el tejido cerebral, pero si tiene más muestras tendrá más probabilidades de conseguir una que no esté demasiado contaminada por la fauna y la flora de la piel, la tela o la atmósfera ambiental.
Tras cerrar con cuidado cada recipiente, vuelve a guardárselos en los bolsillos. Deja allí las cucharas manchadas, que ya no le sirven de nada.
Mientras trabaja no deja de pensar «Esto tendría que haberlo hecho hace años». Los hombres como el sargento tienen su utilidad y sabe que nunca podría haber conseguido las muestras por sí sola. Pero si hubiera salido con los tramperos, si hubiera formado parte de los equipos, no habría tenido que depender de sus inadecuadas observaciones y sus nada fiables memorias.
No habría perdido tanto tiempo explorando callejones sin salida.
Habría sabido, por ejemplo, que aunque la mayoría de los hambrientos solo conocen dos estados —el de reposo y el de cacería—, algunos exhiben un tercero que equivale a una versión degradada de la consciencia normal. Pueden relacionarse con el mundo que los rodea, aunque sea de manera atropellada y parcial, con comportamientos que son un eco de su conducta previa a la infección.
La mujer del carrito de bebé. El hombre que cantaba ante una cartera llena de fotos. Son ejemplos triviales, pero representan algo trascendental. Sabe que está muy cerca de un descubrimiento sin precedentes. No puede hacer nada con las muestras hasta que vuelva a Beacon y tenga acceso a un microscopio, pero en su cabeza comienza a formarse una idea sobre lo que debe buscar. Qué forma adoptará su investigación cuando vuelva a estar en un laboratorio y disponga de todo lo que necesita.
Incluido, claro está, el sujeto de experimentación número 1.
Melanie.