Luna roja

Luna roja


Luna roja

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A Nico y a Olivia, por enseñarnos que la vida

tiene colores que los adultos no somos capaces de ver

Cuando la luna tiene un halo rojo, ten por seguro que algo terrible va a suceder.

MARGARITA LANDI

Siempre he sostenido el axioma de que los pequeños detalles son, con mucho, lo más importante.

ARTHUR CONAN DOYLE

Sospecho de todo el mundo hasta el último minuto.

AGATHA CHRISTIE

Si uno quiere sobrevivir en la jungla de una ciudad debe aprender a no fiarse de nadie.

PACO PÉREZ ABELLÁN

Querido lector:

Si conoces mis anteriores obras, sabrás que en varias ocasiones he escogido a mujeres reales de nuestra historia para novelar sus vidas o una parte de ellas. Así lo hice, por citar solamente a tres de ellas, con Sonsoles de Icaza en Lo que escondían sus ojos, con Guiomar, musa de Antonio Machado, en Esos días azules y con Tita Cervera en La Baronesa.

En esta novela, sin embargo, presento a una protagonista salida de mi imaginación, la inspectora Margot Sanz Peters, que, sin embargo, vivirá su historia dentro de un universo que sí fue real, el fascinante Madrid de los años cincuenta, rodeada de numerosos personajes verdaderos que sin duda los lectores van a reconocer. Es el caso de Cayetana Fitz-James Stuart, que tras morir su padre hereda el ducado de Alba, en el comienzo de la novela. Será ella quien ayude a Margot a introducirse en la alta sociedad de la época y le proporcione las primeras noticias para sus artículos.

Margot Sanz Peters no existió; sin embargo, debo reconocer que para crearla me inspiré en algunas mujeres reales de la época dorada de la crónica negra. Me refiero a la mítica Margarita Landi, a quien tuve la suerte de conocer y que, al igual que Peters, en sus inicios aunaba el mundo del periodismo de moda con el de sucesos, en el semanario El Caso. Acudía a los talleres de los grandes modistos y, a la vez, entraba y salía de la Brigada Criminal con todo el respeto de la policía, que utilizaba su intuición para resolver algunos casos. He recordado igualmente a Aline Griffith —también tuve la suerte de entrevistarla en muchas ocasiones—, la condesa de Romanones, que llegó a España como espía, miembro de la OSS (Oficina de Servicios Estratégicos) de Estados Unidos, y terminó convertida en uno de los personajes más relevantes de la vida social española en el siglo XX. Y, por supuesto, he disfrutado repasando algunos de los casos más fascinantes de la crónica negra de la época, como el de la aristócrata Margarita Ruiz de Lihory, protegida de Franco, corresponsal de guerra y protagonista de una de las historias más truculentas de las muchas que destapó la prensa de la época.

He situado la novela en los años cincuenta, en plena dictadura, cuando España poco a poco salía de su aislamiento tras la Guerra Civil. Los pactos de Madrid firmados con Eisenhower permitieron la instalación de bases americanas en España. Fue el momento en el que comenzaron a llegar a Madrid personajes relevantes como Ernest Hemingway, Orson Welles y las estrellas más rutilantes de Hollywood. Rodar en España resultaba económico para las grandes producciones norteamericanas. Era el despertar de una sociedad que se dividía entre el lujo y la pobreza, entre las fiestas de las clases altas y el trabajo duro de las clases bajas. En ese punto sitúo la trama, en la que van a sucederse una serie de crímenes que pondrán a toda la sociedad en alerta.

Todo arranca en la Navidad de 1953, en la embajada española en Inglaterra…

NIEVES HERRERO

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