La asistenta

La asistenta


Primera parte. Tres meses antes » Capítulo 5

Página 8 de 72

5

A las siete menos cuarto, la cena casi está lista. He encontrado en la nevera unas pechugas de pollo ya marinadas con instrucciones impresas en la bolsa, así que me he limitado a seguirlas y a meter la carne en el horno. Los Winchester deben de encargar la comida a algún tipo de servicio que les facilita indicaciones para prepararla.

Un olor delicioso empieza a inundar la cocina cuando oigo que la puerta del garaje se cierra de golpe. Un minuto después, Andrew Winchester entra con paso tranquilo, aflojándose el nudo de la corbata con el pulgar. Estoy removiendo la salsa que he puesto a calentar sobre un hornillo y, cuando lo veo, no puedo evitar girarme dos veces, pues no me acordaba de lo apuesto que es.

Me dedica una sonrisa de oreja a oreja; está aún más guapo cuando sonríe.

—Millie, ¿verdad?

—Sí.

Inspira profundamente.

—Vaya. Eso huele que alimenta.

Las mejillas se me ponen coloradas.

—Gracias.

Pasea la mirada por la cocina con un gesto de aprobación.

—Lo has dejado todo muy limpio.

—Es mi trabajo.

Suelta una risita.

—Supongo que sí. ¿Has tenido un buen primer día?

—Sí. —No pienso contarle lo de la debacle de la mantequilla de cacahuete. No tiene por qué saberlo, aunque sospecho que Nina lo pondrá al tanto. Estoy segura de que no le hará gracia que haya estado a punto de matar a su hija—. Tenéis una casa preciosa.

—Bueno, eso es gracias a Nina. Ella lleva la casa.

Como si hubiera estado esperando a que la invocaran, Nina aparece en ese momento, vestida con otro de sus conjuntos blancos, distinto del que llevaba hace solo unas horas. Su apariencia es irreprochable, como siempre. Sin embargo, hace un rato, mientras limpiaba, he dedicado unos minutos a cotillear las fotografías que tienen sobre la repisa de la chimenea. Hay una de Nina y Andrew juntos, hace muchos años, y ella presentaba un aspecto muy diferente. Tenía el cabello menos rubio, no iba tan maquillada, vestía ropa más informal… y pesaba como mínimo veinte kilos menos. Apenas la he reconocido en la foto, mientras que Andrew estaba idéntico.

—Nina. —A Andrew se le ilumina la mirada al ver a su esposa—. Estás preciosa…, como siempre.

La atrae hacia sí y le da un beso profundo en los labios. Ella se derrite entre sus brazos, aferrándole los hombros con ademán posesivo. Cuando se separan, alza la vista hacia él.

—Te he echado de menos hoy.

—Yo a ti más.

—No, yo más.

Madre mía. ¿Cuánto rato seguirán debatiendo sobre quién ha echado más de menos a quién? Desvío la mirada y encuentro algo en lo que ocuparme. Me incomoda estar tan cerca de semejante exhibición de afecto.

—Bueno. —Nina es la primera en apartarse—. ¿Os estáis conociendo mejor vosotros dos?

—Ajá —dice Andrew—. Y no sé qué está preparando Millie, pero huele de maravilla, ¿no?

Echo un vistazo hacia atrás. Nina me observa trabajar frente a los fogones con aquella expresión siniestra en los ojos azules. No le gusta que su marido me haga cumplidos. Pero no entiendo cuál es el problema; resulta evidente que está loco por ella.

—Sí —responde.

—Nina es una negada para la cocina. —Con una carcajada, Andrew le echa el brazo a la cintura—. Si dependiéramos de sus dotes culinarias, nos moriríamos de hambre. Antes mi madre nos traía platos que preparaban ella o su chef personal, pero desde que ella y mi padre se jubilaron y se mudaron a Florida, nos alimentamos sobre todo a base de comida para llevar. Así que eres nuestra salvadora, Millie.

Nina esboza una sonrisa tensa. Él solo lo dice para chincharla, pero a ninguna mujer le gusta que la comparen desfavorablemente con otra. Si Andrew no lo sabe, es idiota. Por otro lado, muchos hombres son idiotas.

—La cena estará a punto en unos diez minutos —anuncio—. ¿Qué tal si vais al salón a relajaros y os aviso cuando esté lista?

Él arquea las cejas.

—¿Te gustaría cenar con nosotros, Millie?

La brusca inspiración de Nina resuena en la cocina. Antes de que ella diga nada, niego con la cabeza de forma enérgica.

—No, subiré a mi cuarto a descansar un poco. Pero gracias por la invitación.

—¿De verdad? ¿Estás segura?

Nina le propina un manotazo en el brazo.

—Lleva todo el día trabajando, Andy. Lo que menos le apetece ahora mismo es cenar con sus jefes. Está deseando irse arriba y chatear con sus amigos, ¿a que sí, Millie?

—Sí —digo, aunque no tengo amigos, por lo menos en el mundo exterior.

Me da la impresión de que a Andrew no le preocupa que yo acepte o no. Solo estaba siendo amable, ajeno al hecho de que Nina no tenía ganas de compartir mesa conmigo. Y me parece perfecto. No quiero hacer nada que la lleve a sentirse amenazada. Solo quiero mantener un perfil bajo y cumplir con mi trabajo.

Ir a la siguiente página

Report Page