La asistenta

La asistenta


Primera parte. Tres meses antes » Capítulo 22

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Me paso toda la semana siguiente rehuyendo a Andrew Winchester.

No puedo seguir negando que siento algo por él. No solo siento algo por él; estoy coladita por sus huesos. Pienso en él a todas horas. Incluso sueño que me besa.

Y tal vez él también sienta algo por mí, aunque asegura que quiere a Nina. Pero lo esencial es que no deseo perder este trabajo. Acostarte con tu jefe casado no es la mejor manera de conservar tu empleo, así que hago lo posible por guardarme estos sentimientos para mí. En cualquier caso, Andrew está en la oficina casi todo el día. No me cuesta mucho evitar encontrarme con él.

Esta noche, mientras pongo la mesa para la cena, lista para esfumarme antes de que llegue Andrew, Nina entra en el comedor. Asiente en señal de aprobación al ver el salmón con arroz salvaje, además, por supuesto, de los nuggets de pollo para Cecelia.

—Qué bien huele eso, Millie —comenta.

—Gracias. —Me quedo cerca de la puerta de la cocina, preparada para retirarme a mi habitación, de acuerdo con nuestra rutina habitual—. ¿Se te ofrece algo más?

—Solo una cosa. —Se da unas palmaditas en la rubia cabellera—. ¿Has conseguido las entradas para Showdown?

—¡Sí! —Pillé los dos últimos asientos de platea que quedaban para la función de Showdown del próximo domingo por la noche; estoy muy orgullosa de mí misma. Me costaron una pequeña fortuna, pero los Winchester pueden permitírselo—. Estaréis en la sexta fila desde el escenario. Prácticamente podréis tocar a los actores.

—¡Estupendo! —Nina aplaude—. ¿Y has reservado la habitación de hotel?

—En el Plaza.

Como el trayecto en coche a la ciudad es bastante largo, Nina y Andrew pasarán la noche en el hotel Plaza. Cecelia se quedará en casa de una amiguita, y yo tendré el casoplón para mí sola. Podré andar por ahí en pelotas, si me da la gana (no es algo que entre en mis planes, pero me gusta pensar que podría hacerlo).

—Será maravilloso —suspira Nina—. A Andrew y a mí nos hace mucha falta algo así.

Me muerdo la lengua para no hacer comentarios sobre el estado de la relación entre los dos, más que nada porque en ese momento se oye un portazo, lo que indica que Andrew ya está en casa. Baste señalar que, desde la visita al médico aquel y su pelea posterior, se les ve algo distantes. No es que me fije mucho, pero sería difícil no reparar en la cortesía tensa que reina entre ellos. La propia Nina parece algo descentrada. Ahora mismo, por ejemplo, lleva mal abotonada la blusa blanca. Se ha dejado un botón sin abrochar, de modo que un lado ha quedado más bajo que el otro. Tengo unas ganas terribles de decírselo, pero sé que si lo hago me gritará, así que mantengo la boca cerrada.

—Espero que lo paséis genial —digo.

—¡Seguro que sí! —Me dedica una sonrisa radiante—. ¡No sé cómo voy a aguantar la espera durante una semana!

Arrugo el entrecejo.

—¿Una semana? La función es dentro de tres días.

Andrew entra en el comedor con paso decidido, tirándose de la corbata para quitársela. Se para en seco al reparar en mi presencia, pero reprime su reacción. Yo reprimo la que me provoca ver lo guapo que está con ese traje.

—¿Tres días? —repite Nina—. ¡Millie, te pedí que compraras las entradas para el domingo de la próxima semana! Lo recuerdo muy bien.

—Sí… —Sacudo la cabeza—. Pero me lo dijiste hace más de una semana. Por eso las compré para este domingo.

A Nina se le ponen rosadas las mejillas.

—¿O sea que reconoces que te pedí que las compraras para el domingo de la próxima semana y aun así las has comprado para este domingo?

—No, lo que digo es que…

—Parece mentira que seas tan descuidada. —Cruza los brazos sobre el pecho—. No puedo asistir a la función este domingo. Ese día tengo que llevar a Cecelia al campamento de verano y pasaré la noche allí.

¿¡Qué!? Juraría que me dijo que consiguiera las entradas para este domingo y que Cecelia se quedaría en casa de una amiga. Es imposible que me haya liado con esto.

—¿Y no podría llevarla otra persona? A ver, las entradas no son reembolsables.

Nina se escandaliza.

—¡No pienso dejar que otra persona lleve a mi hija al campamento de verano, cuando voy a estar dos semanas sin verla!

¿Por qué? No sería peor que intentar matarla. Pero eso no puedo decirlo en voz alta.

—Me alucina que la hayas cagado tanto, Millie. —Niega lentamente con la cabeza—. Te descontaré de tu sueldo el precio de las entradas y de la habitación de hotel.

Me quedo boquiabierta. Mi sueldo no da para pagar las entradas y la habitación en el Plaza. Joder, ni siquiera mi sueldo de tres meses daría para pagar eso. Intento ahorrar para poder largarme de aquí. Contengo las lágrimas al pensar que no cobraré nada en un futuro próximo.

—Nina —interviene Andrew—, no te disgustes por esto. Oye, seguro que habrá alguna manera de devolver las entradas. Llamaré a la compañía de la tarjeta de crédito y me ocuparé de todo.

Nina me lanza una mirada furiosa.

—Está bien. Pero si no nos reembolsan el dinero, lo pagarás de tu bolsillo. ¿Queda claro?

Por toda respuesta, hago un gesto afirmativo y me encamino a toda prisa a la cocina para que no me vea llorar.

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