La asistenta
Tercera parte » Capítulo 53. Nina
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NINA
Cuando contraté a ese investigador privado para que hurgara en el pasado de Wilhelmina Calloway, descubrí algo muy interesante.
Había supuesto que Millie había acabado en la cárcel por algún delito relacionado con las drogas, o tal vez por un robo. Pero no. Millie Calloway estuvo presa por algo muy distinto. La condenaron por asesinato.
Contaba solo dieciséis años cuando la arrestaron e ingresó en prisión a los diecisiete, por lo que al detective le costó un poco recabar toda la información. Millie estaba en un internado. No, era algo más que un internado: un centro para adolescentes con problemas de disciplina.
Una noche, Millie se escabulló con una amiga para asistir a una fiesta en los dormitorios de los chicos. Estaba pasando por delante de una habitación cuando oyó los gritos de socorro de su amiga tras la puerta. Al entrar en el cuarto, que estaba a oscuras, advirtió que uno de sus compañeros de clase —un jugador de fútbol americano de noventa kilos— estaba forzando a su amiga.
Así que Millie agarró un pisapapeles que se encontró encima de una mesa y le golpeó la cabeza al muchacho con él. Varias veces. El tipo estaba muerto antes de llegar al hospital.
El detective había conseguido fotografías. El abogado de Millie había alegado que intentaba defender a su amiga, que estaba siendo víctima de una agresión sexual. Sin embargo, al echar un vistazo a esas fotos, cuesta creer que su intención no fuera matarlo. El chico acabó con el cráneo reventado.
Al final, ella se declaró culpable del cargo menor de homicidio sin premeditación, atendiendo a su edad y las circunstancias. La familia del muchacho aceptó; querían vengar la muerte de su hijo, pero no que todo internet lo tildara de violador.
Millie aceptó el acuerdo porque habrían salido a la luz otros incidentes.
Cuando estaba en primaria, la expulsaron por pelearse con un niño de su clase que la había insultado; lo tiró de un empujón de las barras trepadoras del patio, y él se rompió el brazo.
En secundaria, le rajó los neumáticos al coche de su profesor de matemáticas por suspenderla. Poco después, la enviaron al internado.
Los incidentes continuaron incluso después de que cumpliera su sentencia. A Millie no la despidieron de su empleo de camarera por problemas económicos del establecimiento. La echaron después de que le arreara un puñetazo en la nariz a un compañero de trabajo.
Millie parece una chica encantadora. Así la ve Andrew. Él no ha escarbado en su pasado como yo. No sabe de lo que es capaz.
He aquí la verdad:
Al principio, yo quería contratar a una asistenta con la esperanza de que acabara por sustituirme; de que, si Andrew se enamoraba de otra, por fin me dejaría marchar. Pero esa no es la razón por la que elegí a Millie. No fue por eso por lo que le entregué una copia de la llave de la habitación, o por lo que dejé un aerosol de pimienta en el cubo azul del armario.
La contraté para que lo matara.
Lo que pasa es que ella no lo sabe.