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INVISIBLE » La mano de las cien pulseras

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La mano de las cien pulseras

En el mismo instante que alguien exinvisible intenta volver a dormirse, a unos cinco kilómetros de distancia, en una pequeña habitación de un edificio de seis plantas, una mano repleta de pulseras se ha despertado. Y al instante lo ha hecho también el cuerpo al que está unida.

Hace cinco días que no puede dormir bien, justo desde que ocurrió el accidente. También está tomando pastillas y tampoco le están haciendo efecto.

Se despierta nerviosa por las noches, se pone a pasear por su habitación a cualquier hora de la madrugada y no deja de mirar por la ventana hacia un cielo tan negro como lo está ahora su conciencia.

Hace ya cinco días que ve la vida borrosa, como si se hubiera puesto unas gafas de lágrimas que no es capaz de quitarse de encima. Hace ya cinco días que escribe cartas de amor que empiezan con rabia y terminan con odio. Cartas de amor que quizá nunca llegarán a su destino, que se quedarán entre la papelera y el olvido.

Mira el móvil, mudo desde hace mucho tiempo. Abre las fotos y se tiene que remontar varios meses atrás para encontrar alguna de las que le interesan.

Ahí está la primera, sonríe, los tres en la playa.

Ahí está la segunda, él solo, guiñándole un ojo desde lejos.

Otra más reciente, la de su último cumpleaños, ese en el que sopló tan fuerte las velas que casi sale volando la tarta.

Y la cuarta, y la quinta, y otra, y otra, y otra… y conforme aumenta la velocidad de su dedo al pasar las imágenes llegan las lágrimas, y la rabia, y la impotencia, y el dolor… porque ese, al final siempre llega.

Lanza el móvil contra el suelo en un intento inútil de borrar así el pasado y se derrumba en la cama.

Y es justamente en ese momento, entre el dolor y las sábanas, cuando por fin toma la decisión que ha estado retrasando durante varios días.

Es otra vez ese horrible pitido el que me ha despertado, es como si alguien me hubiera metido un silbato en el oído y no dejase de soplar en él.

Me llevo las manos a las orejas, me las tapo con fuerza, cierro los ojos y abro la boca todo lo que puedo… pero ese sonido continúa dentro.

Respiro lentamente hasta que, muy poco a poco, parece que va pasando. Parece que se ha ido, pero no es así, solo se ha escondido para, cuando esté durmiendo, volver a despertarme de nuevo.

Abro los ojos.

Miro la pared de enfrente: las 06:26.

Creo que hoy ya no podré dormirme otra vez.

Recuerdo todo lo que pasó durante las semanas antes del accidente pero nada de lo que ocurrió a partir de ese momento. Me vienen, de vez en cuando, sensaciones: la de estar ahogándome en el agua, la de volar por el cielo, la de que alguien me metía fuego a través de la boca, la de un sonido que lo llenaba todo…

Y después me desperté aquí, en esta cama, en esta habitación: me dijeron que llevaba dos días durmiendo.

Pero de lo anterior al accidente… de eso me acuerdo de todo, y me doy cuenta de cómo ha cambiado mi vida en unos meses. Ha sido como montar en una montaña rusa que no se acaba nunca. Pero el viaje acabó, acabó hace cinco días.

Desde que ocurrió todo no ha parado de venir gente a verme. Han pasado por aquí unos cuantos amigos, los de siempre y otros que no sabía ni que tenía. Han venido también muchos familiares, aunque a algunos no recuerdo haberlos visto en mi vida.

Pero sobre todo ha venido toda esa gente que hasta ahora no era capaz de verme y que al saber que soy noticia, ha querido comprobar que sí, que es cierto, que vuelvo a ser visible.

Ah, y claro, también han venido muchos periodistas, incluso presentadores de la tele, pero no les han dejado hablar conmigo. Sé que he salido en muchas noticias, en periódicos, en la radio, en programas de la tele… pero no he podido ver ni escuchar nada, no me han dejado.

Es extraño que justo ahora, cuando vuelvo a ser visible, es cuando más perdido me siento.

Las 06:46.

Ya empieza a entrar luz por la ventana, eso significa que pronto se pondrá en marcha todo. Y yo estaré aquí, otro día más. Y la mano también estará ahí, agarrándome la pierna, o el brazo, o apretando mi propia mano, pero estará ahí, de eso puedo estar seguro.

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