Invisible

Invisible


INVISIBLE » La madre

Página 6 de 31

La madre

Y es que en esa habitación no hay un chico que de pronto, un día, se volvió invisible. Hay también una madre que, desde que ocurrió el accidente, no ha parado de preguntarse en qué momento dejó de ver a su propio hijo.

Por eso ahora, noche tras noche, mantiene sobre su cuerpo una mano que es a la vez el ancla que le permite que ambos sigan unidos como lo estuvieron antes de nacer, con aquella seguridad de estar juntos sin ni siquiera verse, porque a veces no es necesario ver el cuerpo cuando se está en contacto con el sentimiento.

Una mano que fue incapaz de encontrarlo durante mucho tiempo y que ahora quiere compensar todas las ausencias que han construido este maldito momento.

Una madre que, en la intimidad de la noche, llora por todo lo que pudo haber ocurrido, porque a veces son unos milímetros de tiempo los que deciden entre la vida y la muerte, entre un es y un era, entre despertar a un hijo que se ha quedado dormido o hablarle para siempre a una cama vacía. Porque a veces es un pequeño impulso en el cerebro el que decide cómo se va a dibujar el futuro.

Una madre que el día que ocurrió todo salió de casa sin apenas prestarle atención, sin darse cuenta de que había un cuerpo delante de ella que iba desapareciendo entre los muebles de la casa.

Duerme, pero no es capaz de descansar porque, aunque sus ojos están cerrados, sus heridas —las internas— siguen abiertas, a la espera de que sea la cicatriz del tiempo la que las apague.

Una madre que, a pesar del miedo que sintió cuando, hace unos días, su hijo se despertó diciendo que tenía poderes, que podía ser invisible, que había volado con un dragón… ahora es capaz de dibujar una sonrisa al sentir que ese mismo niño le acaba de regalar un te quiero escondido entre el silencio.

Ir a la siguiente página

Report Page