Inocencia robada

Inocencia robada


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El viento del sudoeste azotaba la mansión, que se alzaba como un lúgubre farallón negro a orillas del mar. El oleaje rompía con violencia contra el muro de cemento que rodeaba el jardín y las ráfagas de aire aullaban y silbaban en los amplios salones del interior. Salvo la tenue luz que iluminaba el dormitorio, el interior del edificio estaba sumido en la penumbra.

—Sí —respondió el dueño de la casa.

—No ha encontrado nada en el apartamento de su hermana —informó la voz al teléfono.

—Entonces es que la anciana no tenía nada. Perfecto.

—Ha opuesto resistencia. Casi la mata.

—Espera un momento —ordenó el hombre que a continuación colgó y se dirigió a la habitación contigua, donde había otro teléfono supletorio. Tenía múltiples aparatos distribuidos por toda la casa para evitar las escuchas clandestinas. Levantó el auricular—. ¿Es que no habría bastado con entrar cuando no estuviera en casa para buscar las cintas? —susurró—. ¿Hacía falta darle una paliza?

—Yo no estaba. Seguro que no quería ir tan lejos, pero ella se ha resistido y ha intentado arañarlo y morderlo. O eso dice él. Podría ser mentira perfectamente. Puede que no sea el hombre más adecuado para llevar a cabo esta misión.

—¿Qué le ha hecho?

—La ha dejado inconsciente.

—¡Será imbécil! Acaban de quemar vivo a su hermano. Van a relacionar las dos cosas.

—Ese es el problema.

—¿Y dices que no había ninguna cinta?

—Ninguna.

—Tenemos que encontrarlas como sea.

—¿Y el tipo que le prendió fuego a Halldór? Puede que él sepa algo.

—Puede, pero ¿sabemos quién es?

—Daníel tenía un hermano pequeño que iba a verlo siempre al hospital. Algo me dice que podría causarnos problemas. Puede que lo consideren sospechoso del incendio.

—Estoy seguro de que todo irá bien. Pero debemos estar atentos a la evolución de todo este asunto.

—Debemos seguir de cerca la investigación del homicidio.

—Voy a hablar con el ministro.

—Ya sabes lo que nos jugamos. Si todo esto saliera a la luz, podríamos perder el contrato con los coreanos, ¿queda claro? Es el primer contrato de ese tipo que firma nuestra empresa, y estamos hablando de miles de millones de coronas. Teniendo en cuenta la evolución financiera de los últimos años, este acuerdo podría salvar de la quiebra al grupo.

—Los alemanes están ahora en Corea. Según ellos, todo va sobre ruedas. Deberíamos poder firmar el contrato pronto y, en cuanto lo hagamos, podremos ponernos en marcha.

El hombre colgó y volvió al dormitorio.

—Todo va bien, mi pequeño —dijo moviendo los labios, pero sin emitir ningún sonido.

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