Hoyos
Primera parte. Próxima parada: Campamento Lago Verde » 12
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STANLEY volvió a ser el último en terminar. Era ya media tarde cuando se arrastró de vuelta al campamento. Aquella vez habría aceptado un viaje en la camioneta si se lo hubieran ofrecido.
Cuando llegó a la tienda, encontró al señor Peraski y a los otros chicos sentados en círculo en el suelo.
—Bienvenido, Stanley —dijo el señor Peraski.
—Hey, Cavernícola. ¿Has cavado tu hoyo? —preguntó Imán.
Stanley consiguió asentir con la cabeza.
—¿Has escupido? —preguntó Calamar.
Stanley volvió a asentir.
—Tenías razón —le dijo a Rayos X—. El segundo es el más duro.
Rayos X negó con la cabeza.
—El tercero es el más duro —afirmó.
—Ven y siéntate con nosotros —dijo el señor Peraski.
Stanley se desplomó entre Calamar e Imán. Necesitaba descansar antes de ducharse.
—Estábamos hablando sobre qué queremos hacer con nuestra vida —informó el señor Peraski—. No vamos a quedarnos en el Campamento Lago Verde para siempre. Necesitamos prepararnos para el día que salgamos de aquí y nos unamos al resto de la sociedad.
—¡Qué genial, Mami! —dijo Imán—. ¿Por fin te van a soltar?
Los chicos se rieron.
—A ver, José —dijo el señor Peraski—. ¿Qué quieres hacer con tu vida?
—No lo sé —contestó Imán.
—Tienes que pensarlo —dijo el señor Peraski—. Es importante tener objetivos. Si no, vas a volver de cabeza a la cárcel. ¿Qué te gustaría hacer?
—No lo sé —contestó Imán.
—Seguro que hay algo que te gusta —dijo el señor Peraski.
—Me gustan los animales —dijo Imán.
—Vale —asintió el señor Peraski—. ¿A alguien se le ocurre algo relacionado con animales?
—Veterinario —propuso Sobaco.
—Muy bien —dijo el señor Peraski.
—Podría trabajar en un zoológico —dijo Zigzag.
—Podría vivir en un zoológico —corrigió Calamar, y él y Rayos X se rieron.
—¿Qué dices tú, Stanley? ¿Alguna idea para José?
Stanley suspiró.
—Entrenador de animales —dijo—. Como para un circo, o las películas, algo así.
—José, ¿te atrae alguna de esas profesiones? —preguntó el señor Peraski.
—Sí, me gusta lo que ha dicho el Cavernícola. Eso de entrenar animales para las películas. Sería divertido entrenar a los monos.
Rayos X soltó una carcajada.
—No te rías, Rex —dijo el señor Peraski—. No hay que reírse de, los sueños de la gente. Alguien tiene que entrenar monos para las películas.
—¿A quién le tomas el pelo, Mami? —preguntó Rayos X—. Imán no va a ser nunca un entrenador de monos.
—Eso no lo sabes —dijo el señor Peraski—. No digo que vaya a ser fácil. En la vida no hay nada fácil. Pero no hay que rendirse por eso. Te sorprenderías de lo que uno es capaz de hacer si se lo propone. Al fin y al cabo, solo tenemos una vida, debemos intentar aprovecharla al máximo.
Stanley intentó imaginarse qué diría si el señor Peraski le preguntara qué quería hacer con su vida. Antes pensaba que quería trabajar para el FBI, pero aquel no parecía el sitio adecuado para mencionarlo.
—Hasta ahora todos habéis hecho un buen trabajo a la hora de meteros en líos —dijo el señor Peraski—. Ya sé que pensáis que sois estupendos —dijo mirando a Stanley—. Así que ahora eres el Cavernícola, ¿no? ¿Te gusta cavar hoyos, Cavernícola?
Stanley no sabía qué decir.
—Déjame que te diga una cosa, Cavernícola. Estás aquí por culpa de una sola persona. Si no fuera por esa persona, no estarías aquí cavando hoyos bajo el sol abrasador. ¿Sabes quién es esa persona?
—Mi tatarabuelo-desastre-inútil-ladrón-de-cerdos.
Los chicos se desternillaron de risa.
Incluso Zero sonrió.
Era la primera vez que Stanley veía sonreír a Zero. Normalmente tenía una expresión de enojo. Ahora su sonrisa era tan amplia que casi parecía demasiado grande para su cara. Como la sonrisa de las calabazas de Halloween.
—No —dijo el señor Peraski—. Esa persona eres tú, Stanley. Tú eres el único causante de tu estancia aquí. Tú eres responsable de ti mismo. Tú destrozaste tu vida, y a ti te corresponde arreglarla. Nadie lo va a hacer por ti. Ni por ninguno de vosotros.
El señor Peraski los miró uno a uno.
—Todos sois especiales, cada uno a vuestro modo. Todos tenéis algo que ofrecer. Tenéis que pensar en qué queréis hacer, y hacerlo. Incluso tú, Zero. No eres completamente inútil.
La sonrisa se había borrado del rostro de Zero.
—¿Qué quieres hacer con tu vida? —le preguntó el señor Peraski—. ¿Qué te gusta hacer?
—Me gusta cavar hoyos.