Hoyos

Hoyos


Primera parte. Próxima parada: Campamento Lago Verde » 17

Página 20 de 56

17

DURANTE la siguiente semana y media los chicos continuaron cavando en la zona donde supuestamente Rayos X había encontrado el tubo dorado. Ampliaron el hoyo de Rayos X, además de los hoyos de Sobaco y Calamar, hasta el cuarto día, cuando los tres hoyos se juntaron en un gigantesco agujero.

Según pasaba el tiempo, Vigilante iba perdiendo la paciencia. Llegaba tarde por la mañana y se iba pronto por la tarde. En cambio, los chicos cada vez pasaban más horas cavando.

—Esto sigue igual que ayer por la tarde cuando me fui —dijo Vigilante al llegar tarde una mañana, mucho después del amanecer—. ¿Qué habéis estado haciendo aquí?

—Nada —dijo Calamar.

Aquella era la palabra equivocada.

Justo en aquel momento, Sobaco volvía del «retrete».

—¡Qué detalle por tu parte el venir a acompañarnos! —dijo ella—. ¿Qué has estado haciendo?

—Tenía que… ya sabe… ir a…

Vigilante lo empujó con el tridente y lo tiró de espaldas en el gran hoyo, dejándole en la pechera de la camisa tres agujeros y tres pequeñas manchas de sangre.

—Les estás dando demasiada agua a estos niños —dijo Vigilante al señor Peraski.

Siguieron cavando hasta muy tarde, mucho después de que los otros grupos hubieran terminado. Stanley estaba dentro del gran hoyo, junto con los otros seis chicos. Habían dejado de usar las carretillas.

Clavó la pala en la pared del hoyo. Sacó un poco de tierra y la estaba levantado hacia la superficie cuando la pala de Zigzag le golpeó en un lado de la cara.

Se desplomó.

No estaba seguro de si se había desmayado o no. Miró hacia arriba y vio la cabeza de Zigzag sobre él.

—No pienso sacar esa tierra del hoyo —dijo Zigzag—. Esa tierra es tuya.

—Eh, Mami —gritó Imán—. El Cavernícola está herido.

Stanley se llevó los dedos al cuello. Sintió la sangre húmeda y un corte bastante grande justo debajo de la oreja.

Imán ayudó a Stanley a levantarse y a salir del hoyo. El señor Sir hizo un vendaje con un trozo de su saco de pipas y lo colocó con cinta adhesiva sobre la herida de Stanley. Luego le dijo que volviera al trabajo.

—No es la hora de la siesta.

Cuando Stanley volvió al hoyo, Zigzag lo estaba esperando.

—Esa tierra es tuya —dijo Zigzag—. Tienes que sacarla tú. Está encima de mi tierra.

Stanley se sentía un poco mareado. Vio un montoncito de tierra. Tardó un momento en darse cuenta de que era la tierra que estaba en su pala cuando Zigzag le había golpeado.

La sacó del hoyo y Zigzag clavó su pala en el lugar donde había estado la «tierra de Stanley».

Ir a la siguiente página

Report Page