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Primera parte. Próxima parada: Campamento Lago Verde » 26

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NO había teléfono, pero la noticia se propagó rápidamente por el pueblo. Al final del día, todos los habitantes de Lago Verde se habían enterado de que la maestra había besado al vendedor de cebollas.

A la mañana siguiente no se presentó a clase ni un solo niño.

La señorita Katherine estaba sentada sola en el aula y pensó que se había equivocado de día de la semana. A lo mejor era sábado. No le habría extrañado. El corazón y la cabeza no habían dejado de darle vueltas desde que Sam la besara.

Oyó un ruido afuera y de repente un grupo de hombres y mujeres entraron en la escuela en tropel. Trucha Walker iba a la cabeza.

—¡Ahí está! —gritó Trucha—. ¡La mujer diabólica!

La gente comenzó a volcar los pupitres y romper los corchos de las paredes.

—Ha estado envenenando a nuestros hijos con libros —declaró Trucha.

Comenzaron a apilar los libros en el centro de la sala.

—¡Pensad en lo que estáis haciendo! —gritó la señorita Katherine.

Alguien intentó agarrarla, pero solo le rompió el vestido, porque ella consiguió escapar del edificio. Corrió hasta la oficina del sheriff.

El sheriff tenía los pies encima de la mesa y estaba bebiendo una botella de whisky.

—Buenos días, señorita Katherine —dijo.

—Están destruyendo la escuela —dijo ella, sin aliento—. ¡Si alguien no lo impide, la van a quemar!

—Tranquilízate un poco, bonita —dijo el sheriff hablando muy despacio—. Y cuéntamelo todo —se levantó de la mesa y avanzó hacia ella.

—Trucha Walker ha…

—No se te ocurra ir diciendo nada malo de Charles Walker —dijo el sheriff.

—¡No tenemos mucho tiempo! —le urgió Katherine—. Tiene que detenerlos.

—Eres de lo más bonita —repitió el sheriff. Ella le pegó una bofetada. Él se echó a reír.

—Besaste al vendedor de cebollas. ¿Por qué no me besas a mí?

Ella intentó volver a abofetearle, pero él la agarró por la muñeca. Katherine luchó por soltarse.

—¡Está borracho! —le gritó.

—Siempre me emborracho antes de un ahorcamiento.

—¿Un ahorcamiento? ¿A quién…?

—Un negro no puede besar a una mujer blanca, va contra la ley.

—Entonces me tendréis que ahorcar a mí también, porque yo también le besé.

—No va contra la ley que tú le beses a él —le explicó el sheriff—. Solo que él te bese a ti.

—Somos todos iguales ante los ojos de Dios —declaró ella. El sheriff se rio.

—Entonces, si Sam y yo somos iguales, ¿por qué no me das un beso? —se volvió a reír—. Si me das un besito, no colgaré a tu novio, solo lo echaré del pueblo.

La señorita Katherine se soltó. Y cuando iba a salir por la puerta, oyó decir al sheriff.

—La ley castigará a Sam. Y Dios te castigará a ti.

Ella escapó a la calle y vio el humo que salía de la escuela. Corrió hacia la orilla del lago, donde Sam estaba amarrando a Mary Lou al carro de cebollas.

—Gracias a Dios que te encuentro —suspiró ella, abrazándole—. Tenemos que marcharnos de aquí. ¡Ahora mismo!

—¿Qué…?

—Alguien nos debió de ver ayer, besándonos —dijo—. Han prendido fuego a la escuela. ¡El sheriff dice que te va a ahorcar!

Sam dudó por un momento, como si no se lo creyera.

—¡Vamos, Mary Lou!

—Tenemos que dejar a Mary Lou —dijo Katherine.

Sam se la quedó mirando un momento. Tenía los ojos llenos de lágrimas.

—Está bien.

La barca de Sam estaba dentro del lago, atada a un árbol con una cuerda muy larga. Él la desató entraron en el agua para subir a bordo. Sus fuertes brazos empezaron a remar, alejándolos de la orilla.

Pero sus fuertes brazos no tenían nada que hacer contra el barco motorizado de Trucha Walker. Estaban a menos de la mitad de camino cuando la señorita Katherine oyó el ruido del motor. Luego vio el horrible humo negro.

Los hechos son los siguientes:

El bote de los Walker se estrelló contra la barca de Sam. A Sam lo mataron a tiros en el lago. Katherine Barlow fue rescatada contra su voluntad. Cuando regresaron a la orilla, vio el cadáver de Mary Lou en el suelo. Le habían disparado en la cabeza.

Todo aquello pasó hace ciento diez años. Desde entonces, no ha caído ni una sola gota de lluvia en Lago Verde.

Tú decides: ¿a quién castigó Dios?

Tres días después de la muerte de Sam, la señorita Katherine mató al sheriff de un tiro cuando se encontraba sentado en su silla bebiéndose una taza de café. Luego se pintó los labios de rojo con mucho cuidado y le dio el beso que había pedido.

Durante los siguientes veinte años, Kate «Besos» Barlow fue una de las forajidas más temidas del Oeste.

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