Hoyos

Hoyos


Segunda parte. El último hoyo » 35

Página 39 de 56

35

EL rostro de Zero parecía una calabaza de Halloween muchos días después de la fiesta: marchita, con los ojos hundidos y una sonrisa de medio lado.

—¿Tienes agua? —preguntó.

Su voz sonó débil y rasposa. Tenía los labios tan pálidos que estaban casi blancos, y habló como si la lengua se le moviera por la boca sin ton ni son, estorbando más que otra cosa.

—Está vacía —dijo Stanley, y se quedó sorprendido mirando a Zero, sin acabar de creerse que fuera real—. He intentado traerte la camioneta del agua, pero —sonrió ruborizándose— la he metido en un hoyo. No me puedo creer que estés…

—Yo tampoco —dijo Zero.

—Vamos, tenemos que volver al campamento.

Zero negó con la cabeza.

—No pienso volver.

—Tienes que hacerlo. Bueno, los dos.

—¿Quieres un poco de Sploosh?

—¿Qué?

Zero se protegió los ojos con el antebrazo.

—Debajo de la barca se está más fresco —dijo.

Stanley vio cómo Zero entraba otra vez gateando a su agujero. Era un milagro que todavía estuviese vivo, pero Stanley sabía que debía llevarle pronto al campamento, aunque fuera a cuestas.

Se arrastró detrás de él. A duras penas cupo en el túnel. Si lo hubiera intentado nada más llegar al Campamento Lago Verde, no habría podido pasar. Había adelgazado muchísimo.

Al llegar al final, su pierna chocó con un objeto duro y afilado. Era una pala. Por un segundo Stanley se preguntó qué hacía allí, pero luego recordó que Zero se la había llevado después de golpear al señor Peraski.

Debajo del bote enterrado en la tierra hacía menos calor. En el fondo de la embarcación, ahora el tejado, había suficientes grietas y agujeros para proporcionar luz y ventilación. Vio algunos tarros vados esparcidos por el suelo.

Zero tenía uno en la mano y resopló al intentar abrirlo.

—¿Qué es eso?

Sploosh. —dijo con la voz ronca por el esfuerzo de abrir el tarro—. Así lo llamo yo. Estaban enterrados debajo de la barca —seguía sin poder destaparlo—. Encontré dieciséis tarros. Pásame la pala.

Stanley no tenía mucho espacio para moverse. Tanteó con la mano a su espalda, agarró el mango de la pala y se la pasó a Zero.

—A veces hay que… —dijo Zero, golpeando el tarro contra la hoja de la pala y rompiendo limpiamente la parte superior. Rápidamente se llevó el recipiente a la boca y lamió el Sploosh del borde antes de que se derramara.

—Cuidado —le advirtió Stanley.

Zero recogió la tapa desportillada y lamió los restos del Sploosh que quedaban allí también. Luego le pasó el tarro a Stanley.

—Bebe un poco.

Stanley lo cogió y lo estudió un momento. El cristal roto le daba miedo. Y también le daba miedo el Sploosh. Parecía fango. Se dio cuenta de que, fuera lo que fuese, estaba en el bote desde antes de que se hubiera hundido. Eso quería decir que tendría más de cien años. Cualquiera sabía la cantidad de bacterias que vivirían allí.

—Está bueno —le animó Zero.

Stanley dudaba que Zero supiera lo que eran las bacterias. Se llevó el tarro a la boca y dio un sorbo con cuidado.

Era un néctar cálido, espumoso, denso y dulce. Bajó por la boca reseca y la garganta dolorida y Stanley lo encontró divino. Pensó que, en otros tiempos, quizá hubiera sido algún tipo de fruta, tal vez melocotones. Zero sonrió.

—Está bueno, ya te lo he dicho.

Stanley no quería beber demasiado, pero no podía resistirse. Se pasaron el tarro de uno a otro hasta dejarlo vacío.

—¿Cuántos quedan? —preguntó.

—Ninguno —dijo Zero. Stanley se quedó con la boca abierta.

—Entonces tengo que llevarte de vuelta —dijo.

—No pienso cavar más hoyos —dijo Zero.

—No te obligarán a cavar —prometió Stanley—. Probablemente te envíen a un hospital, como a Vomitona.

—Vomitona pisó una serpiente de cascabel —dijo Zero.

Stanley recordó que él había estado a punto de hacer lo mismo.

—Supongo que no oiría el cascabel.

—Lo hizo a propósito —dijo Zero.

—¿Tú crees?

—Primero se quitó el zapato y el calcetín.

Stanley se estremeció al imaginar la escena.

—¿Qué es Mar-ye Ele-o-u? —preguntó Zero.

—¿Qué?

Zero se concentró.

—Mar-ye Ele-o-u.

—No tengo ni idea.

—Te lo enseñaré —dijo Zero, arrastrándose fuera del túnel.

Stanley le siguió. Al salir al exterior, tuvo que protegerse los ojos de la luz del sol.

Zero dio la vuelta a la barca y señaló las letras que estaban boca abajo.

—Mm-ar-ye L-o-u.

Stanley sonrió.

—Mary Lou. Es el nombre de la barca.

—Mary Lou —repitió Zero estudiando las letras—. Yo creía que la y griega hacía el sonido «ye».

—Sí, a veces —dijo Stanley—. Pero no cuando va sola o está al final de una palabra. A veces la y griega es una vocal, y a veces una consonante.

Zero gimió de repente. Se sujetó el estómago y se dobló hacia adelante.

—¿Estás bien?

Zero cayó al suelo. Se quedó tumbado de lado, con las rodillas encogidas, junto al pecho. Y siguió gimiendo.

Stanley lo miraba sin saber qué hacer. Se preguntó si sería el Sploosh. Miró hacia el Campamento Lago Verde. Al menos en la dirección hacia donde creía que se encontraba. No estaba seguro del todo.

Zero dejó de gemir y poco a poco se enderezó.

—Te voy a llevar otra vez al campamento.

Zero consiguió sentarse. Respiró hondo varias veces.

—Mira, tengo un plan para que no nos castiguen —le aseguró—. ¿Te acuerdas dónde encontré el tubo dorado? Acuérdate, se lo di a Rayos X, y Vigilante se puso como loca y nos hizo cavar donde ella pensaba que Rayos X lo había encontrado. Creo que si le digo dónde estaba de verdad, no nos hará nada.

—No pienso volver —contestó Zero.

—No tienes otro sitio adonde ir —dijo Stanley.

Zero no dijo nada.

—Aquí te vas a morir —siguió Stanley.

—Pues me moriré.

Stanley no sabía qué hacer. Había venido a rescatar a Zero y en vez de eso se había bebido el último tarro de su Sploosh. Miró a lo lejos.

—Quiero que veas una cosa.

—No pienso…

—Solo mira un momento aquella montaña. ¿Ves la que tiene una cosa que sobresale en la cima?

—Sí, creo que sí.

—¿Qué te recuerda? ¿No te recuerda algo?

Zero no dijo nada pero, mientras estudiaba la montaña, cerró la mano lentamente formando un puño. Y levantó el dedo pulgar. Sus ojos iban de la montaña a la mano, y otra vez a la montaña.

Ir a la siguiente página

Report Page