Fuego y sangre

Fuego y sangre


La Conquista de Aegon

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Tres días después, en el Septo Estrellado, su altísima santidad en persona ungió a Aegon con los siete óleos, lo coronó y lo proclamó Aegon de la casa Targaryen, el primero de su nombre, rey de los ándalos, los rhoynar y los primeros hombres, señor de los Siete Reinos y Protector del Reino.

«Siete Reinos», dijo, aunque Dorne no se había rendido ni se rendiría durante más de un siglo.

A la primera coronación de Aegon, en la desembocadura del Aguasnegras, solo habían asistido unos pocos señores, pero varios centenares se congregaron para presenciar esta, y decenas de miles de personas lo aclamaron por las calles de Antigua mientras las recorría a lomos de Balerion. Entre los que asistieron a la segunda coronación de Aegon estaban los maestres y archimaestres de la Ciudadela, y quizá sea ese el motivo por el que se emplea esta coronación para datar el principio del reinado de Aegon, y no la del Fuerte de Aegon, el día de su desembarco.

Y así fue como los Siete Reinos de Poniente se unieron en un gran reino por voluntad de Aegon el Conquistador y sus hermanas.

Muchos pensaban que el rey Aegon haría de Antigua su sede cuando terminaran las guerras; otros suponían que gobernaría desde Rocadragón, la antigua isla ciudadela de la casa Targaryen. Pero el rey sorprendió a todos al proclamar su intención de establecer la corte en la ciudad incipiente de las tres colinas, junto a la desembocadura del Aguasnegras, donde sus hermanas y él habían pisado Poniente por primera vez. La nueva ciudad se llamaría Desembarco del Rey, y desde allí reinaría Aegon el Dragón y celebraría audiencia sentado en un gran trono forjado con las espadas fundidas, retorcidas, machacadas y rotas de sus enemigos caídos, un peligroso asiento que pronto se conocería en el mundo como el Trono de Hierro de Poniente.

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