Fuego y sangre
Los hijos del Dragón
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El príncipe Viserys no supo dar cuenta del paradero de su madre, ni siquiera bajo las artes oscuras de Tyanna de Pentos. Murió a los nueve días de interrogatorio, y el cadáver quedó abandonado en el patio de la Fortaleza Roja durante una quincena por orden del rey. «Que venga su madre a buscarlo», decía. Pero la reina Alyssa no apareció, y su alteza terminó por entregar a su sobrino a la pira. El príncipe, de quince años, gozaba del cariño de humildes y señores por igual. El reino lloró por él.
En el 45 d. C. concluyó la construcción de la Fortaleza Roja, y el rey Maegor invitó a los constructores y artesanos a una celebración: les envió carretas de dulces y vino fuerte, así como putas de los mejores burdeles de la ciudad. El banquete duró tres días, al cabo de los cuales entraron los caballeros del rey y acabaron con todos a punta de espada para evitar que revelasen los secretos de la Fortaleza Roja. Los huesos se enterraron bajo el castillo que habían construido.
Poco después de que el castillo estuviera terminado, la reina Ceryse se vio aquejada de una enfermedad repentina y falleció. Por la corte se extendió el rumor de que su alteza había ofendido al rey con un comentario enojoso, a lo que este respondió ordenando a ser Owen que le cortase la lengua; la reina se había resistido, a ser Owen se le había resbalado el cuchillo y ella había acabado degollada. Nunca se demostró, pero por aquel entonces lo creía mucha gente. Sin embargo, hoy en día, la mayoría de los maestres cree que fue un bulo divulgado por los enemigos del rey para enturbiar aún más su reputación. En cualquier caso, la muerte de su primera esposa dejó a Maegor con una sola reina, Tyanna, la pentoshí de cabello y corazón negros, ama de las arañas, odiada y temida por todos.
Apenas estuvo colocada la última piedra de la Fortaleza Roja, Maegor ordenó despejar las ruinas del Septo de la Conmemoración de la cima de la Colina de Rhaenys, junto con los huesos y las cenizas de los Hijos del Guerrero que habían perecido allí.
En su lugar se construiría un gran «establo para dragones» de piedra, una madriguera digna de Balerion, Vhagar y sus descendientes. Así comenzó la edificación de Foso Dragón. Tal vez no deba sorprendernos que tuviera dificultades para encontrar constructores, mamposteros y otros artífices para el proyecto: fueron tantos los que salieron corriendo que el rey se vio obligado a recurrir a los prisioneros de las mazmorras de la ciudad como mano de obra, bajo supervisión de trabajadores llegados de Myr y Volantis.
Ya avanzado el 45 d. C., el rey Maegor volvió a ponerse en marcha para proseguir la guerra contra los proscritos Militantes de la Fe que quedasen, mientras que la reina Tyanna quedó al gobierno de Desembarco del Rey junto con la nueva Mano, lord Edwell Celtigar. En el gran bosque que se extendía al sur del Aguasnegras, las fuerzas del rey persiguieron a los numerosos Clérigos Humildes que se habían refugiado allí; enviaron a muchos al Muro y ahorcaron a los que se negaron a vestir el negro. Su cabecilla, la mujer a quien llamaban Jeyne Poore Caradeviruela, consiguió eludir al rey hasta que la traicionaron tres de sus propios seguidores, quienes en recompensa obtuvieron el indulto y el nombramiento de caballeros.
Tres septones que viajaban con su alteza declararon que Jeyne Caradeviruela era una bruja, y Maegor ordenó quemarla viva en un campo cercano al río Rodeo. Cuando llegó el día de la ejecución, del bosque salieron en masa tres centenares de sus seguidores, todos Clérigos Humildes y campesinos, con intención de salvarla, pero el rey se lo esperaba y tenía a sus hombres dispuestos para el ataque, de modo que rodearon y exterminaron a los rescatadores. Uno de los últimos en morir fue su cabecilla, a la sazón ser Horys Colina, el caballero andante bastardo que había escapado de la carnicería del Gran Forca tres años atrás. En aquella ocasión no tuvo tanta suerte.
En el resto del reino, sin embargo, las tornas habían empezado a volverse contra el rey. Humildes y señores por igual habían llegado a despreciarlo por sus innumerables crueldades, y muchos empezaron a ayudar y proteger a sus enemigos. El Septón Luna, a quien los Clérigos Humildes habían nombrado Septón Supremo en desafío al de Antigua, al que apodaban el Lamebotas Supremo, merodeaba a sus anchas por el Dominio y las Tierras de los Ríos y congregaba grandes multitudes cuando salía de los bosques para predicar contra el rey. Ser Joffrey Dogget, el Perro Rojo, autoproclamado gran capitán de los Hijos del Guerrero, era el verdadero amo de las colinas que se alzaban al norte del Colmillo Dorado. Ni Roca Casterly ni Aguasdulces mostraban intención de salirle al paso. Dennis el Cojo y Silas el Harapiento seguían en libertad, y allá donde fueran, el pueblo llano los mantenía a salvo. Los caballeros y soldados enviados a presentarlos ante la justicia solían desaparecer.
En el 46 d. C., el rey Maegor regresó a la Fortaleza Roja con dos mil calaveras, fruto de un año de campaña. Mientras las depositaba al pie del Trono de Hierro anunció que habían pertenecido a Clérigos Humildes e Hijos del Guerrero…, pero la creencia generalizada era que muchos de aquellos macabros trofeos procedían de simples campesinos, jornaleros y porqueros cuyo único delito era tener fe.
La llegada del nuevo año encontró a Maegor aún sin ningún hijo, ni siquiera un bastardo al que pudiera reconocer. Tampoco parecía probable que la reina Tyanna fuera a darle el heredero que deseaba; seguía siendo la Señora de los Rumores del soberano, pero este ya no buscaba su cama.
Los consejeros de Maegor estaban de acuerdo en que era hora de que tomase una nueva esposa, pero no coincidían en su identidad. El gran maestre Benifer propuso un enlace con Clarisse Dayne, la altiva y encantadora señora de Campoestrella, con la esperanza de sustraer a Dorne sus tierras y su casa. Alton Butterwell, consejero de la moneda, ofreció a su hermana viuda, una mujer corpulenta que tenía siete hijos. No era una belleza, había que reconocerlo, pero no cabía duda alguna de su fertilidad. Lord Celtigar, la Mano del Rey, tenía dos hijas doncellas de doce y trece años; insistió en que el rey debía elegir a una, o desposarse con las dos si así lo prefería. Lord Velaryon de Marcaderiva aconsejó al rey que mandase a buscar a su sobrina Rhaena, la viuda de Aegon el Incoronado. Con ese matrimonio, Maegor aunaría sus derechos y evitaría que se conjuraran nuevas rebeliones alrededor de ella, además de obtener una rehén frente a las conspiraciones que instigara su madre, la reina Alyssa.
El rey Maegor los escuchó a todos, uno por uno. Aunque al final desdeñó a la mayoría de las mujeres que le propusieron, algunos argumentos habían hecho mella en él. Se casaría con una mujer de fertilidad demostrada, decidió, pero no con la gorda feúcha de la hermana de Butterwell. Tomaría más de una esposa, como insistía lord Celtigar: con dos tendría el doble de posibilidades de engendrar un hijo; con tres, el triple. Y una de ellas debía ser sin duda su sobrina; el de lord Velaryon era un sabio consejo. La reina Alyssa y sus dos hijos pequeños seguían en paradero desconocido. Se creía que habían cruzado el mar Angosto, hacia Tyrosh, o tal vez Volantis, pero aún representaban una amenaza para la corona de Maegor y para cualquier hijo que tuviera. Casarse con la hija de Aenys debilitaría cualquier aspiración al trono por parte de sus hermanos menores.
Tras la muerte de su esposo y la huida a Isla Bella, Rhaena Targaryen había actuado con celeridad para proteger a sus hijas. Para quien considerase que el príncipe Aegon había sido el auténtico rey, la ley dictaba que su heredera fuese Aerea, su hija mayor, quien por consiguiente tendría derecho a proclamarse reina legítima de los Siete Reinos. Pero Aerea y su hermana Rhaella tenían apenas un año, y Rhaena sabía que esgrimir semejantes pretensiones equivaldría a condenarlas a muerte. Lo que hizo fue teñirles el pelo, cambiarles el nombre y enviarlas a otra parte, al cuidado de ciertos aliados poderosos que les buscarían buenos hogares de acogida, con personas honradas que no sospecharan su verdadera identidad. La princesa insistió en que ni ella, su propia madre, debía saber adónde irían; no podría revelar lo que no supiera, ni siquiera bajo tortura.
En cuanto a Rhaena, no tenía esa escapatoria. Podía cambiarse de nombre, teñirse el pelo y ataviarse con vestidos bastos de tabernera o hábitos de septa, pero no había forma de esconder a Fuegoensueño. Era una dragona esbelta de color azul claro con vetas plateadas, que ya había puesto dos nidadas de huevos, y Rhaena montaba en su lomo desde que tenía doce años.
No es fácil esconder un dragón. La princesa se llevó a la suya tan lejos de Maegor como pudo, a Isla Bella, donde Marq Farman le ofreció la hospitalidad de Torrelabella, con sus altas torres que se elevaban muy por encima del mar del Ocaso. Y allí se quedó, entregada al descanso, la lectura y la oración, mientras se preguntaba cuánto tiempo tendría antes de que su tío mandase hombres en su busca. Más adelante diría que nunca lo dudó: era una cuestión de cuándo, no de tal vez.
Llegaron antes de lo que le habría gustado, pero no tan pronto como temía. La resistencia estaba fuera de lugar, pues solo conseguiría atraer la cólera del rey y de Balerion sobre Isla Bella. Rhaena se había encariñado con lord Farman, y más aún con Androw, su segundo hijo; no correspondería a su amabilidad con fuego y sangre. Montó en Fuegoensueño y voló a la Fortaleza Roja, donde se enteró de que iba a casarse con su tío, el asesino de su marido. También conoció a las otras prometidas, puesto que la boda iba a ser triple.
Lady Jeyne de la casa Westerling había estado casada con Alyn Tarbeck, el cual había muerto con el príncipe Aegon en la batalla de la Ribera del Ojo de Dioses. Unos meses más tarde había tenido un hijo póstumo de su difunto esposo. Cuando Maegor mandó a buscarla, la alta y esbelta lady Jeyne, de lustrosa cabellera castaña, tenía un pretendiente: un hijo no primogénito del señor de Roca Casterly; pero al rey le importó un comino.
Más perturbador es el caso de lady Elinor de la casa Costayne, esposa de ser Theo Bolling, un caballero hacendado que había luchado en el bando del rey en su última campaña contra los Clérigos Humildes. Pese a tener solo diecinueve años, lady Elinor ya había dado tres hijos a Bolling cuando el rey se fijó en ella. El menor todavía mamaba de su pecho cuando la Guardia Real detuvo a ser Theo y lo acusó de conspirar con la reina Alyssa para asesinar al rey y sentar en el Trono de Hierro al joven Jaehaerys. Bolling sostenía su inocencia, pero lo declararon culpable y lo decapitaron el mismo día. El rey Maegor concedió a la viuda siete días para llorarlo, en honor a los dioses, y luego requirió su comparecencia y le anunció que se casaría con ella.
En la localidad de Septo de Piedra, el Septón Luna denunció los planes de boda del rey Maegor, y cientos de pueblerinos lo vitorearon apasionadamente, pero pocos más se atrevieron a alzar la voz contra su alteza. El Septón Supremo zarpó de Antigua rumbo a Desembarco del Rey para oficiar los ritos matrimoniales. En un cálido día de primavera del 47 d. C., Maegor Targaryen tomó tres esposas en el pabellón de la Fortaleza Roja. Las tres lucían los colores de las casas de sus padres en vestidos y capas, pero la gente de Desembarco del Rey las llamó las Novias de Negro, ya que las tres eran viudas.
La presencia del hijo de lady Jeyne y los tres hijos de lady Elinor en la boda garantizaba que las mujeres representaran su papel en la ceremonia, pero había gran expectación por las posibles muestras de rebeldía de la princesa Rhaena. La esperanza murió cuando la reina Tyanna apareció acompañada de dos niñas de cabello plateado y ojos violeta vestidas de rojo y negro, los colores de la casa Targaryen. «Menuda estupidez, pensar que podrías esconderlas de mí», dijo Tyanna a la princesa. Rhaena agachó la cabeza y pronunció sus votos con voz gélida.
De esa noche se cuentan muchas anécdotas extrañas y contradictorias, y con el paso de los años cuesta distinguir la leyenda de la realidad. ¿Las tres Novias de Negro compartieron lecho, como afirman algunos? Parece improbable. ¿Su alteza las visitó a todas esa noche y consumó los tres enlaces? Podría ser. ¿La princesa Rhaena intentó asesinar al rey con un puñal que escondía bajo las almohadas, como aseguró después ella misma? ¿Elinor Costayne arañó al rey en la espalda hasta dejarle la piel desgarrada y sanguinolenta mientras copulaban? ¿Jeyne Westerling bebió la pócima de fertilidad que se dice que le llevó la reina Tyanna, o se la tiró a la cara? ¿Es cierto que Tyanna preparó y le llevó esa pócima? La primera crónica no aparece hasta bien avanzado el reinado de Jaehaerys, cuando las dos últimas mujeres llevaban veinte años muertas.
Hay algo que sí sabemos: después de la boda, Maegor declaró a Aerea, la hija de Rhaena, su legítima heredera «hasta que los dioses me concedan un hijo», mientras que a su gemela Rhaella la envió a Antigua para que se hiciese septa. A su sobrino Jaehaerys, el heredero legítimo en virtud de todas las leyes de los Siete Reinos, lo desheredó expresamente mediante el mismo decreto. Al hijo de la reina Jeyne le permitió conservar el título de señor de Torre Tarbeck y lo envió a Roca Casterly para que se criase como pupilo de Lyman Lannister. De los hijos de la reina Elinor se deshizo de la misma manera, enviando al uno al Nido de Águilas y al otro a Altojardín. Al rorro lo dejaron al cuidado de un ama de cría, porque irritaba al rey que la reina le diera el pecho.
Medio año después, Edwell Celtigar, la Mano del Rey, anunció que la reina Jeyne estaba encinta. Apenas empezó a notársele el embarazo, el rey comunicó que la reina Elinor también esperaba un hijo. Maegor las cubrió a las dos de regalos y honores, y concedió nuevas tierras y dignidades a sus padres, hermanos y tíos, pero poco le duró la alegría. Tres lunas antes de lo esperado, la reina Jeyne yacía en el lecho aquejada de dolores de parto, y dio a luz un bebé muerto tan monstruoso como el de Alys Harroway: una criatura sin brazos ni piernas, con genitales masculinos y femeninos. La madre tardó poco en morir.
Maegor estaba maldito. Había matado a su sobrino, luchado contra la Fe y el Septón Supremo, desafiado a los dioses y cometido asesinato, incesto, adulterio y violación. Tenía las partes emponzoñadas, la semilla infestada de gusanos, y los dioses nunca le concederían un hijo vivo. O al menos eso era lo que se rumoreaba. Maegor, por su parte, llegó a una conclusión diferente, y mandó a ser Owen Bush y ser Maladon Moore a apresar a la reina Tyanna y conducirla a las mazmorras. Allí, la pentoshí lo confesó todo antes de que los torturadores del rey terminasen de preparar sus instrumentos: había envenenado al niño de Jeyne Westerling en el vientre, igual que al de Alys Harroway, y prometió que al retoño de Elinor Costayne le esperaba la misma suerte.
Se dice que el rey en persona acabó con ella, que le arrancó el corazón con Fuegoscuro y se lo echó a los perros. Pero la muerte no privó de la venganza a Tyanna de la Torre, pues sucedió lo vaticinado: pasó una luna y luego otra, y en plena noche, la reina Elinor parió un bebé muerto, deforme, sin ojos y con unas alas rudimentarias.
Corría el año 48 d. C., el sexto del reinado de Maegor y el último de su vida. Ya nadie en los Siete Reinos dudaba que estuviera maldito. Los pocos seguidores que le quedaban empezaron a desvanecerse, a evaporarse como el rocío al sol de la mañana. Desembarco del Rey tuvo noticia de que se había visto a ser Joffrey Dogget entrando en Aguasdulces, no como cautivo sino como invitado de lord Tully. El Septón Luna hizo una nueva aparición al frente de millares de fieles que avanzaban por el Dominio en dirección a Antigua con la intención expresa de desafiar al Lamebotas del Septo Estrellado a condenar a esa «abominación del Trono de Hierro» y levantar la proscripción de las órdenes militares. Cuando lord Oakheart y lord Rowan se presentaron ante el Septón Luna con sus ejércitos, no fue para atacarlo, sino para unírsele. Lord Celtigar renunció a su cargo de Mano del Rey y regresó a su castillo de Isla Zarpa. De las Marcas de Dorne llegaron rumores de que los dornienses se agrupaban en los pasos, preparados para invadir el reino.
El peor golpe llegó de Bastión de Tormentas. Allí, a orillas de la bahía de los Naufragios, lord Rogar Baratheon proclamó al joven Jaehaerys Targaryen rey auténtico y legítimo de los ándalos, los rhoynar y los primeros hombres, y el príncipe Jaehaerys nombró a lord Rogar Protector del Reino y Mano del Rey. Alyssa y Alysanne, la madre y la hermana del rey, estaban a su lado cuando Jaehaerys desenvainó a Hermana Oscura y juró poner fin al reinado de su tío, el usurpador. Un centenar de banderizos y caballeros tormenteños prorrumpió en ovaciones. El príncipe Jaehaerys tenía catorce años cuando reclamó el trono; era un joven atractivo, hábil con el arco y la lanza, y muy buen jinete. Montaba una enorme bestia bronce y canela llamada Vermithor, y su hermana Alysanne, de doce años, también tenía su dragona, Ala de Plata. «Maegor no tiene más que un dragón —dijo lord Rogar a los señores tormenteños—; nuestro príncipe tiene dos».
Que enseguida fueron tres. Cuando en Desembarco del Rey se tuvo noticia de que Jaehaerys estaba concentrando sus fuerzas en Bastión de Tormentas, Rhaena Targaryen abandonó a su tío y esposo forzoso, montó en Fuegoensueño y voló a su encuentro. Se llevó a su hija Aerea y a Fuegoscuro, tras robársela al rey de la vaina mientras dormía.
La respuesta del rey fue lenta y confusa. Ordenó al gran maestre que enviase cuervos para convocar a todos los señores y banderizos leales a Desembarco del Rey, pero se encontró con que Benifer se había subido a un barco y navegaba rumbo a Pentos. Como había perdido a la princesa Aerea, envió a un jinete a Antigua para exigir la cabeza de Rhaella, su hermana gemela, en castigo por la traición de su madre; pero lord Hightower encarceló al mensajero. Dos caballeros de la Guardia Real se fugaron una noche para unirse a Jaehaerys, y ser Owen Bush apareció muerto a la puerta de un burdel, con el miembro embutido en la boca.
Lord Velaryon de Marcaderiva fue de los primeros en declararse partidarios de Jaehaerys. Puesto que los Velaryon eran desde antaño los almirantes del reino, Maegor despertó un buen día y descubrió que había perdido toda la flota real. Detrás fueron los Tyrell de Altojardín, con todo el poder del Dominio. Los Hightower de Antigua, los Redwyne del Rejo, los Lannister de Roca Casterly, los Arryn del Nido de Águilas, los Royce de Piedra de las Runas… Uno por uno, todos dieron la espalda al rey.
En Desembarco del Rey, una veintena de señores menores acudió a la llamada de Maegor, entre ellos lord Darklyn del Valle Oscuro, lord Massey de Piedratormenta, lord Towers de Harrenhal, lord Staunton de Reposo del Grajo, lord Bar Emmon de Punta Aguda, lord Buckwell de las Astas, y los señores Rosby, Stokeworth, Hayford, Harte, Byrch, Rollingford, Bywater y Mallery. Sin embargo, entre todos apenas contaban con cuatro mil hombres, y solo uno de cada diez era caballero.
Maegor los reunió una noche en la Fortaleza Roja para debatir el plan de batalla. Cuando vieron lo escasos que eran y se dieron cuenta de que no contarían con ningún gran señor, muchos se amilanaron, y lord Hayford se atrevió a pedir a su alteza que abdicara y vistiera el negro. El rey ordenó que lo decapitaran en el sitio, y el consejo de guerra siguió adelante con la cabeza del señor clavada en una lanza detrás del Trono de Hierro. Siguieron haciendo planes el resto del día y hasta bien avanzada la noche. Era la hora del lobo cuando por fin Maegor les permitió retirarse. Cuando marcharon, el rey se quedó en el Trono de Hierro, sumido en sus cavilaciones. Lord Towers y lord Rosby fueron los últimos en ver a su alteza.
Horas más tarde, al rayar el alba, Elinor, la última reina de Maegor, fue en su busca. Lo encontró aún sentado en el Trono de Hierro, muerto y pálido, con la ropa empapada de sangre. Los filos dentados le habían rajado los brazos de la muñeca al codo, y otra hoja le había atravesado el cuello y le asomaba por debajo de la barbilla.
Desde entonces hasta ahora, muchos son los que creen o han creído que fue el Trono de Hierro quien lo mató. Maegor estaba vivo cuando Rosby y Towers dejaron la sala, y los guardias de las puertas juraron que no había entrado nadie más hasta que lo encontró la reina Elinor. Algunos dicen que fue la reina quien lo empujó contra las hojas y los filos, para vengar la muerte de su primer marido. También pudo ser la Guardia Real, pero para eso tendrían que haberse confabulado, porque había dos caballeros apostados a cada puerta. O algún desconocido que entrara y saliera de la sala del trono por un pasadizo oculto: la Fortaleza Roja está llena de secretos que solo conocen los muertos. También podría ser que el rey, preso de la desesperación en las oscuras horas de vigilia, retorciera las hojas y se abriera las venas para escapar de la derrota y la vergüenza que le esperaban.
El reinado de Maegor I Targaryen, que pasó a la historia y la leyenda como Maegor el Cruel, duró seis años y sesenta y seis días. Cuando murió, incineraron el cadáver en el patio de la Fortaleza Roja y enterraron las cenizas en Rocadragón, junto a las de su madre. Murió sin descendencia y sin dejar herederos de su semilla.