Fortuna

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Mi vida. Andrew Bevel » IV. Mildred

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IV MILDRED

Ya hace casi dos décadas que Mildred entró en mi vida y la cambió para siempre. En ella encontré no solo consuelo y apoyo, sino también inspiración. No soy dado a los arranques de lirismo, pero me resulta inevitable afirmar que Mildred fue mi musa. Gracias a ella, una carrera ya exitosa se elevó a nuevas alturas. No es casualidad que mis años más prósperos fueran también los más felices.

Hay gente que está dotada de una visión excepcionalmente clara. No hay nada que les resulte demasiado complejo ni misterioso. Las respuestas que para los demás son invisibles se encuentran a plena vista para esa minoría iluminada. Su acercamiento al mundo es elemental e infalible. Ven más allá de las falsas complicaciones y encuentran las verdades simples de la vida. Mildred gozaba de esa lucidez. Además, las dificultades de sus primeros años y su salud siempre delicada le habían conferido esa sabiduría inocente pero profunda de quienes, como los niños o los ancianos, están en los márgenes de la existencia.

Era demasiado frágil y buena para este mundo, y se nos apagó demasiado pronto. Las palabras no bastan para expresar lo mucho que la echo de menos. El mayor don que he recibido fueron los años que pasé a su lado. Me salvó. No hay otra forma de decirlo. Me salvó con su amor a la belleza y su amabilidad. Me salvó creando un hogar para mí.

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