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Mi vida. Andrew Bevel » IV. Mildred » Benefactora

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BENEFACTORA

No es casualidad que el inicio de la obra filantrópica de Mildred coincidiera con el declive de su salud. Con su sabiduría intuitiva, entendía que todos los momentos importaban. Si ella no podía mejorar, entonces haría del mundo un lugar mejor.

El apoyo activo de Mildred a las artes en general y a la música en particular empezó en el momento en que se vio incapaz de asistir a más conciertos. Esto siempre me ha resultado extremadamente conmovedor. Y el hecho de que se convirtiera en una benefactora tan incansable justamente cuando ya no fue capaz de gozar de los frutos de su generosidad es una prueba incontestable de la abnegación de Mildred.

Más sobre el espíritu de Mildred.

En 1921 se hizo mecenas de la Metropolitan Opera con una cuantiosa donación. Para expresar su agradecimiento el señor Gatti-Casazza, el director general, nos mandó al coro para que nos cantara villancicos bajo nuestra ventana. No me olvidaré nunca de las lágrimas de Mildred, mezcla de gratitud con asombro total, cuando contempló a los cantantes plenamente caracterizados para la representación de la Natividad que le habían montado solo para ella. Este fue solo el primero de una larga lista de gestos procedentes de una variedad de instituciones e individuos del mundo de las artes. Sabiendo que Mildred estaba demasiado débil para asistir a recitales públicos, algunos de los músicos venían a presentarle sus respetos en persona. Era habitual que aquellas visitas tuvieran lugar a la hora del té, cuando yo estaba en el trabajo. Seguramente eso era lo más conveniente, ya que mi ausencia ayudaba a Mildred a vencer su timidez y a cultivar las amistades artísticas que tan importantes terminarían siendo en su vida.

Durante aquellos años también prestó apoyo con regularidad a la Orquesta Sinfónica y la Sociedad Filarmónica de Nueva York, patrocinando a sus respectivos primeros violinistas. También hizo mucho por los Young People’s Concerts de la Sociedad Filarmónica, una serie de conciertos matinales para toda la familia que ella misma había ayudado a poner en marcha en 1924. Era de capital importancia para Mildred asegurarse de que los jóvenes recibían la educación musical que a ella le había faltado. Por eso intervine cuando decidió ayudar al Institute of Musical Art a adquirir la casa de invitados de la familia Vanderbilt en la calle 53 Este para crear aquel mismo año la Juilliard Graduate School. Más detalles sobre la transacción y el significado personal de comprar la casa de los Vanderbilt.

El amor de Mildred a la música nunca la hizo abandonar su pasión por los libros. Se hizo ardiente defensora de las bibliotecas públicas. No solo en ciudad. También en poblaciones fabriles de las inmediaciones de su Albany natal, donde la cultura nunca había seguido los pasos de la industria. Y por todo el país. Ritual de pedirle a un niño que cortara la cinta inaugural en su lugar. Negativa a usar el apellido familiar para bautizar los edificios o a exhibir en público su generosidad.

No es fácil donar dinero. Requiere una planificación y estrategia considerables. Si no se gestiona de la forma apropiada, la filantropía puede perjudicar al donante e inculcar malos hábitos en el receptor. Desarrollar. La generosidad es la madre de la ingratitud.

A medida que crecían las obras benéficas de Mildred, vi necesario organizarlas de manera racional. Por esta razón creé en 1926 la Fundación Benéfica Mildred Bevel. No solo la doté de unos fondos amplios, sino que también gestionaba esos mismos fondos para que las donaciones siguieran una estrategia sistemática y no agotaran el capital. Arquitectura financiera general de la FBMB. Por qué fue tan innovadora. Hitos.

Mildred y yo discutíamos cómo adjudicar los fondos durante nuestras reuniones matinales ordinarias en el invernadero, antes de irme al trabajo. ¡Oh, cómo se emocionaba! La misma excitación que buscan tantas mujeres en las compras compulsivas y extravagantes ella la encontró, de forma redoblada, en dar a los demás. Elegía causas e instituciones con un entusiasmo irreprimible, pero también atendía a mis llamadas a la razón y se dejaba guiar siempre que sus decisiones eran poco seguras financieramente. Mi estrategia metódica refrenaba su comprensible pasión. Yo garantizaba que sus nobles esfuerzos tuvieran el alcance más amplio y el mayor impacto posibles. Lista de algunos beneficiarios y causas.

Prueba del éxito de la Fundación Benéfica Mildred Bevel es que sigue prosperando hoy en día, mejorando las vidas de artistas tanto emergentes como establecidos de todo el país. Y yo

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