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Mi vida. Andrew Bevel » V.La prosperidad y sus enemigos

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V LA PROSPERIDAD Y SUS ENEMIGOS

Toda vida se organiza en torno a un pequeño número de acontecimientos que nos impulsan o nos frenan en seco. Pasamos los años que median entre esos episodios beneficiándonos de sus consecuencias o padeciéndolas, hasta que llega el siguiente momento decisivo. El valor de un hombre lo establece el número de esas circunstancias definitorias que es capaz de crear para sí mismo. No siempre necesita tener éxito, porque puede haber gran honor en la derrota. Pero ha de ser el actor principal de las escenas definitorias de su existencia, así de las épicas como de las trágicas.

Sea lo que sea que nos ha repartido el pasado, nos corresponde a cada uno de nosotros cincelar nuestro presente a partir del bloque informe del futuro. Mis antepasados ofrecen abundantes pruebas de esto. Los Bevel hemos sobrevivido a numerosas crisis, pánicos y recesiones: las de 1807, 1837, 1873, 1884, 1893, 1907, 1920 y 1929. Y no solo las hemos sobrevivido, sino que hemos emergido de ellas más fuertes, teniendo siempre en mente el interés de nuestra nación. Si ni mis antepasados ni yo hubiéramos entendido que era necesario salvaguardar una economía sana y próspera para todos, nuestras carreras ciertamente habrían sido muy breves. El brazo egoísta siempre es corto.

Por eso me indignan las acusaciones infundadas y difamatorias que se hacen a mis prácticas financieras. ¿Acaso nuestro mismo éxito no es una demostración lo bastante convincente de todo lo que hemos hecho por este país? Nuestra prosperidad es prueba de nuestra virtud.

Tal como expondré aquí con detalles irrefutables, mis actos durante la década de 1920 contribuyeron no solo a crear sino también a prolongar el crecimiento que experimentamos durante aquella década. Los periodistas y los historiadores excesivamente entusiastas se refieren a aquellos años como «la burbuja». Con el uso de ese término insinúan que aquella época de abundancia fue una fantasía precaria condenada a estallar. La verdad, sin embargo, es que la era de prosperidad que disfrutamos antes de 1929 fue el resultado de unas políticas económicas meticulosamente diseñadas, con las cuales una serie de acertadas administraciones tuvieron el sentido común de no interferir. No fue un «boom» pasajero predestinado a convertirse en «crac». Fue el destino realizado de América.

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