Forastera
Tercera parte. De viaje » 11. Conversaciones con un abogado
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Era el hombrecillo llamado Murtagh. Observó el vendaje de Jamie con aire divertido y le arrojó una bolsita de cuero. Jamie levantó una mano y la atrapó con facilidad.
—¿Qué es esto? —inquirió.
Murtagh enarcó una ceja.
—Tu parte de las apuestas. ¿Qué otra cosa podría ser?
Jamie sacudió la cabeza y se dispuso a devolverle la bolsa.
—No aposté nada.
Murtagh alzó una mano para detenerlo.
—Tú hiciste todo el trabajo. Eres un hombre muy popular en este momento, por lo menos para quienes apostaron por ti.
—Pero supongo que no para Dougal —intercalé.
Murtagh era uno de esos hombres que siempre parecía sorprenderse de que las mujeres tuvieran voz, pero asintió con un mínimo de cortesía.
—Sí, es verdad. Pero no creo que eso deba preocuparte —dijo a Jamie.
—¿No? —Los dos hombres intercambiaron una mirada con un mensaje que no pude comprender. Jamie inspiró con los dientes apretados al tiempo que asentía para sí.
—¿Cuándo? —preguntó.
—Dentro de una semana. Diez días, tal vez. Cerca de un sitio llamado Lag Cruime. ¿Lo conoces?
Jamie volvió a asentir. Parecía más contento de lo que le había visto en mucho tiempo.
—Lo conozco.
Miré de un rostro al otro, ambos pétreos y reservados. Murtagh había descubierto algo. ¿Algo relacionado con el misterioso «Horrocks», quizá? Me encogí de hombros. Fuera cual fuera el motivo, al parecer Jamie dejaría de ser parte del espectáculo de Dougal.
—Espero que Dougal sepa bailar —dije.
—¿Qué? —La reserva dio paso a la confusión.
—Nada. Que durmáis bien. —Cogí mi caja de provisiones médicas y me retiré a descansar.