Eventful journey - 99 II
Eri1305
Quinto día del viaje, acababan de volver de visitar algunos templos con Kaoruko y Tamao, a causa de que la pelirroja había vuelto a salir temprano y no había regresado a casa desde entonces.
Cuando llegaron a casa estaban tan agotadas que se bañaron y fueron a sus habitaciones.
Nana y Maya estaban sentadas en la terraza trasera de la casa, habían elegido sentarse atrás porque sabían que Kaoruko estaba en el balcón de la casa esperando a que Futaba llegase y no querían estar en fuego cruzado si empezaban a discutir.
Maya estaba ahí porque había salido a tomar aire o eso pensaba Nana quién por su parte la encontró ahí y pensó que era el momento perfecto para preguntarle qué hacer respecto a Hikari.
Recostándose contra el barandal de la escalera donde estaban sentadas preguntó repentinamente —Tendo-san ¿Puedo preguntarte por algo?
Maya volteó a mirarla con curiosidad —¿Qué es?
Nana estaba nerviosa por lo que preguntaría, porque estaba segura de que sonaría tonto —¿Qué debo hacer si quiero disculparme con Hikari-chan?
La castaña no pudo evitar sonreír casi en burla antes de contestarle —¿Realmente acabas de preguntar eso? Creo que basta con decirle "Kagura-san, discúlpame por casi matar a Aijo-san".
Nana frunció el ceño al notar que se estaba, de alguna manera, burlando de ella —No hablo de eso, me refiero a que ella ni siquiera me quiere cerca, no creo que exista la manera de hablarle sin que intente evitarme.
Maya entendió al fin a lo que se refería y asintiendo le preguntó —¿Quieres que te ayude a crear el momento?
—En realidad solo quería un consejo sobre como acercármele sin que me evite, pero si puedes hacer eso me ayudarías mucho.
Maya asintió sacando su teléfono, escribió algo en él y lo volvió a guardar —No te preocupes. Te ayudaré.
Cinco minutos después Hikari apareció por la puerta, al verla, Nana se puso de pie, Maya continuó donde estaba.
Hikari miró a la castaña y le preguntó —¿Qué pasa?
Maya miró a Nana y le dijo —Aquí está ¿No querías decirle algo?
Nana asintió y haciendo una reverencia le dijo —Quiero disculparme contigo, Hikari-chan, por lo que pasó con Karen-chan —cuando Nana se irguió, pudo notar que Hikari estaba a dos metros de ella en el pasto, con el ceño fruncido y la mandíbula tensa.
Hikari estaba muy enojada, cuando la escuchó hablar de Karen recordó como sucedió el accidente y solo sintió deseos de golpearla, una disculpa por resolvería el problema, sabía que golpearla tampoco resolvería nada, pero al menos la haría sentir parte del dolor que Karen sintió.
Cuando Maya la vió así de rígida se levantó —Mantengamos la calma.
Nana negó con la cabeza en dirección a Maya y le dijo a Hikari —Si crees que golpearme resolverá esté asunto, haz... —Antes de que pudiese terminar Suzu apareció por la puerta con dos espadas de madera.
Las tres voltearon a mirarla con duda, ella soltó animada —¡Tendo-san! Ya estoy aquí, al parecer Isurugi-san las tenía en el vestidor y fue toda una travesía pedírselas a Hanayagi-san y no morir en el intento.
Maya asintió, y les explicó —Estaba aquí afuera porque Minase-san me pidió ayuda con su técnica escénica de espadas. Dice que tiene que hacer de un espadachín en su siguiente obra y quiere mi ayuda.
Suzu les sonrió —le pedimos las espadas prestadas a Isurugi-san en la mañana antes de que se fuese —cuando se acercó para entregársela a Maya, Nana la tomó y se la tiró a Hikari, la cual la apañó en el aire confundida. Eran dos espadas de dos manos.
La recién llegada al notar como Nana le tendía la mano, le lanzó la espada, la cual apañó y tendió contra Hikari —Resolvamos esto a la antigua, Hikari-chan.
La pelinegra asintió blandiendo la espada de madera —Hagámoslo.
Emocionada Suzu soltó —La primera en caer pierde.
Maya le preguntó —¿No es eso muy salvaje?
Hikari se acercó a Nana lanzándole una patada al abdomen y ensartándole un golpe al brazo, que la rubia esquivó golpeando su espada contra la de ella hacia un costado.
Nana sintió el dolor del golpe por lo que se detuvo unos segundos, hasta que decidió contraatacar, acercándose tomó la espada a mitad y la intentó utilizar como daga, Hikari al notar su movimiento colocó su espada de lado como defensa, empujando a Nana de regreso hacia atrás.
La rubia tomó unos segundos para respirar, estaba agitada, frustrándose al notar que no estaba ganando, se acercó y con la hoja de la espada le golpeó la nariz a Hikari, dejándola medio aturdida y sangrando, ella retrocedió.
La pelinegra le sonrió desafiante, antes de acercarse, Nana usó el lado plano de la espada para intentar defenderse, pero en el último segundo Hikari volteó la misma golpeándole la frente con la empuñadura haciéndola sangrar. Volvieron a tomar una pequeña distancia.
Maya se preguntó si era momento de interceder. Suzu se veía emocionada.
Hikari se acercó esta vez, Nana estaba por atacar hasta que notó como ella soltaba su espada y con ambas manos tomaba la de la rubia, dos segundos bastaron para darle la vuelta y colocar la espada frente a su cuello ahogándola, a causa de la diferencia de altura, Nana estaba un poco agachada, a Hikari le bastó empujar su cuerpo abajo para hacerla arrodillarse, entonces le susurró —Gané.
Nana negó con su cabeza antes de darle un codazo en la entrepierna, haciéndola, como acto reflejo, soltarla y tomando sus piernas con sus manos tiró de ellas haciendo a Hikari caer de espalda. La rubia por el cansancio y el mareo a causa del golpe en la frente se dejó caer de espalda en el pasto.
Suzu llegó, con Maya, hasta ellas y gritó —Gana Daiba-san.
Maya negó mirando a Suzu seria —¿Qué estas diciendo? Claramente ganó Kagura-san, Daiba-san cayó antes.
Suzu le discutió —Claro que no, Daiba-san estaba de rodillas, Kagura-san cayó por completo, ella perdió.
Maya y Suzu continuaron su discusión por la victoria hasta que escucharon a Hikari reír, y le decirle a Nana sin moverse —Estás perdonada, Daiba-san.
Nana también empezó a reír —Espero que esto no cuente como solución violenta.
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Después de que terminaron las prácticas con Suzu, se retiraron a sus habitaciones.
Hikari entró a la suya con el olor a pasto, sudor y sangre.
Karen estaba dormida, pero al escuchar la puerta cerrarse, se giró en la cama con dirección a la puerta, al ver a Hikari con la nariz sagrada y cansada, se sentó de golpe en la cama preocupada —Hikari-chan ¿Qué te pasó?
Ella le sonrió en respuesta a la vez que se quitaba el abrigo —Resolví el problema con Daiba-san, justo como me lo pediste.
Karen se levantó confundida y preocupada, acercándose con sus muletas, le interrogó —¿Estuviste peleando con ella? ¿Porqué estás sangrada? Tu cabello también es un desastre, tienes hierba en él.
Colocándole una mano en la cabeza le respondió —En realidad estábamos peleando con espadas de madera —le sonrió —fue muy divertido.
—¡Hikari! — Aunque quería quejarse de la forma en que lo hizo, al ver su sonrisa solo pudo darse por vencida. Parecía que realmente estaba contenta y después de todo, lo resolvió, no creía tener motivos para reprocharle nada —Ve a bañarte, hueles a una mezcla asquerosa de fluidos corporales.
Hikari se preguntó con quién se había estado juntando Karen últimamente para decir cosas tan sotisficadas, sonaba a influencia de Hoshimi-san, pero en realidad le causaba mucha gracia oírla quejarse de esa forma —Acabo de llegar, ¿No te falta algo?
—Primero bañate, hueles horri... —La pelinegra la interrumpió dándole un beso mientras acariciaba una de las mejillas de Karen. La castaña no puso resistencia y estuvieron besándose unos segundos, hasta que se separaron.
Hikari le preguntó —¿Qué decías?
—¡Hikari-chan! ¡Eso no se vale! —De pronto su humor había mejorado.
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Futaba llegó a casa alrededor de las once de la noche, estacionó la moto en la entrada y al bajarse miró al balcón en el segundo piso, caminando hacia atrás buscó el punto perfecto para ver a Kaoruko. Ella yacía dormida en una silla tapada con una manta. Se sintió mal al ver eso, pero también estaba enternecida, se había dormido esperándola.
Tomando el casco caminó dentro de la casa, esperando encontrarla vacía, creyendo que todas estarían dormidas, pero Suzu estaba sentada en el sofá junto a Mahiru, o eso pensaba, hasta que pudo distinguirlas bien desde la puerta, estaban besándose en el sofá. Intentando no volverlo un momento incómodo, abrió la puerta y la volvió a cerrar, cosa que las hizo separarse, riéndose se acercó a ellas —Buenas noches.
Mahiru estaba ruborizada, avergonzada, aunque confiaba que desde la puerta hasta el sofá no pudo haber visto nada. Le contestó —Buenas noches, Futaba-chan.
Suzu le sonrió contenta —Muy buenas noches, Isurugi-san —Estaban en la sala porque ella había tenido hambre, por lo que después de bañarse salió a comer, Mahiru se despertó, la vió ir y fue con ella, al parecer no le gustaba andar sola en esa casa tan grande. De alguna forma terminaron poniendo un programa en la televisión y besándose en el sofá. Llevaban unos diez minutos sentadas ahí.
Futaba les dió un asentimiento con la cabeza dispuesta a irse. Hasta que Mahiru la detuvo —Futaba-chan, espera, tengo que preguntarte algo.
Ella le dió su atención curiosa —¿Qué pasó, Mahiru?
Suzu también parecía confundida. Mahiru le contestó de forma directa—¿Ya has resuelto tu problema con Nana-chan?
Futaba frunció el ceño ligeramente molesta —No es completamente mi culpa.
La de cabellos grisáceos le preguntó —¿De qué están hablando? —Mahiru la miró con una sonrisa nerviosa, entonces comprendió e insistió —¿Es sobre el día que nos perdiste a Hoshimi-san y a mi en Kioto y no nos volviste a buscar en horas? —su ceño se frunció y molesta le lanzó un cojín a Futaba.
La pelirroja atrapó el cojín tomándoselo con humor al ver a Mahiru reír, sabía que Suzu no podía atreverse a nada si Mahiru estaba ahí —No tengo toda la culpa de eso.
Mahiru le contestó con un tono tan amable que la hizo dudar —Posiblemente no todo es tu culpa, pero ¿Ya has intentado disculparte? Tal vez ella está sintiéndose molesta porque piensa que no estás arrepentida de ello.
Si lo pensaba con claridad, no lo había hecho, Suzu y Claudine posiblemente sí. Aunque, rayos le costaba demasiado pedir disculpas por algo como eso. Ladeando la cabeza les preguntó —¿Cómo hago eso? ¿Le bastará con la disculpa realmente?
Suzu le sonrió confiada —Hoy resolvió sus problemas con Kagura-san teniendo un duelo con espadas de madera ¿Porqué no intentas retarla mañana? Puede funcionar.
Mahiru la miró preocupada —¿Que hicieron qué?
Futaba asintió, le gustaba la idea —Gracias por la idea, Suzu. Mañana temprano arreglaré mis problemas con Nana. Por ahora, estoy cansada, si me permiten, debo retirarme.
Riéndose Suzu le dijo —Te deseo mucha suerte ¡Buenas noches!
Mahiru asintió mirándola preocupada —como diría Kuro-chan, el demonio azul está muy enojado. Ten buena noche.
Ella asintió en respuesta preparándose para lo que le avecinaba —buenas noches —dándose la vuelta subió las escaleras preocupada.
Al llegar al segundo piso, caminó a la puerta de la habitación, al estar frente a ella, tomó aire y se dispuso a entrar. Estaba algo tranquila porque sabía que Kaoruko estaba dormida.
Cuando entró a la habitación la peli-azul le habló desde la entrada del balcón —¿Te acordaste que vives aquí?
La miró bastante asustada, juraba que estaba dormida —¿No estabas durmiendo?
—Te escuché llegar —hizo una pausa en la que llevó sus manos a su rostro restregandose los ojos —y ya estoy harta de tu comportamiento —Futaba podía sentir su tono cansado, aunque no sabía si era porque estaba agotada físicamente o exhausta emocionalmente.
—¿De qué estás hablando? —Claro que sabía de qué estaba hablando.
Ella suspiró molesta —¿Dónde has estado estos días? ¿Y con quién? —Sabía las razones de la pelirroja, sabía el porqué se había estado ausentando y gracias a Tamao sabía que había estado yéndose con Rui, lo cual no le sorprendía en lo más mínimo, esas dos eran muy cercanas. Pero aunque lo supiera por su cuenta, ella tenía que haberle dicho.
Se rascó la nuca nerviosa —Con Rui, le he estado enseñando a manejar la moto.
Con el ceño fruncido le cuestionó —Futaba-han, se supone que yo soy la inmadura de la relación, pero si tu te comportas así, entonces yo debo ser la madura. Es mucho trabajo, así que —levantó el tono para enfatizar —¡Deja de huir y discúlpate con Nana-han de una maldita vez!
Soltando un suspiro se acercó cansada a la cama y se sentó en la misma con el ceño fruncido —Acabo de hablar con Mahiru y me dijo algo que me ha hecho pensar en eso. No había estado viéndolo desde otra perspectiva.
Kaoruko se sentó junto a ella colocando un tono de voz más tranquilo, sabía que aceptar un error a veces podía ser complicado, además, los consejos de Tamao implicaban ser comprensiva —No creo que estuvieras mirando la situación sí quiera, estabas huyendo de ello, deja de escapar de los problemas —Futaba la miró con una sonrisa curiosa, como si se estuviera preguntando qué era ese comportamiento de parte de Kaoruko, ella continuó ahora avergonzada —Y como estás conmigo puedes hacer cualquier cosa, así que enfrentemos los problemas juntas ¿Somos un equipo, no?
La pelirroja la miraba con una sonrisa enternecida —Somos un equipo —bromeando le preguntó —¿Será que se te da bien el papel de madura? ¿Estarás madurando?
Ella hizo un puchero, bromeando, en respuesta —Es muy agotador serlo. Dame un masaje, por todos estos días que me has tenido abandonada.
Futaba se rió sabiendo que no importaba si Kaoruko maduraba, habían cosas que nunca cambiarían en ella, y acercándose, aún sentadas, le dió un beso, que ella le correspondió, cuando se separaron le contestó —Primero me iré a bañar.
La peli-azul le dijo de forma coqueta al verla ir —Me vendría bien que me lavaras la espalda.
Futaba suspiró entrando al baño —No saldremos nunca del baño si hacem...
Antes de que se diera cuenta Kaoruko entró al mismo empujándola por la espalda —Me debes un masaje.
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El septimo día de viaje llegó, el anterior estuvieron visitando algunos parques en el centro de Kioto.
Esa mañana, Maya se levantó temprano, y caminó al patio de la casa pensando en que era un lugar muy grande, aunque quería evitarlo, eventualmente terminaba pensando en ello a causa de la curiosidad que le causaba.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Claudine salió por la puerta secando su cabello con una toalla, al verla le preguntó —Bonjour, ¿Qué estás haciendo?
Cuando Maya la vió, solo pudo sonreír, estaba verdaderamente feliz de tenerla en su vida —Buen día. Estaba pensando en lo grande que es este lugar ¿No te causa curiosidad?
La rubia se le acercó, al detenerse junto a Maya le preguntó —¿Pudo ser un hotel, no?
La castaña le asintió en respuesta a la vez que aprovechando el acercamiento, la abrazó por los hombros contra su cuerpo —Sí, parece que pudo ser un hotel o incluso la casa de un Lord. Tal vez la familia Hanayagi es más poderosa de lo que pensamos.
Ella al notar sus movimientos le cuestionó —¿Qué quieres?
Maya le sonrió divertida al sentirse descubierta —¿Es raro que te abrace así?
—No, pero en las circunstancias, es tan raro como si yo de pronto hiciera... —La francesa envolvió sus bazos alrededor del cuello de Maya, quedando frente a frente —Esto.
Maya envolvió sus brazos alrededor de la cintura de Claudine, apresándola, con una sonrisa triunfante le contestó —no veo lo raro, siempre eres tan amorosa, mon chéri...
Ruborizándose le quitó la mirada —Estás apresándome contra mi voluntad.
—No veo que estés intentando escapar, incluso, creo que tu agarre se hizo más fuerte —La sonrisa coqueta de Maya se hacía cada vez más burlona.
Claudine la miró a los ojos con el ceño fruncido —A veces puedes ser muy lenta, embrasse-moi(ya bésame) —también estaba muy avergonzada de lo que acababa de decir, hasta que Maya concedió su petición, uniendo sus labios en un beso. Pudo sentir la menta de la pasta dental y sonrió en el beso, al romperlo le preguntó —son las seis de la mañana y ya hueles a pasta dental ¿A qué hora te levantaste?
Maya le sonrió un poco avergonzada —Quería ver el amanecer contigo.
Confundida Claudine le interrogó —Pero ¿Para eso no tendrías que haberme despertado?
Le dió una sonrisa confiada aún en el abrazo —Estaba segura de que despertarías cuando sintieras mi ausencia en la cama.
El entrecejo de la francesa volvió a fruncirse —No te creas tan indispensable.
—No me creo, sé que lo soy —Volviendo a besar sus labios susurró sobre ellos mirándola a los ojos sonrojada —Te amo.
Ruborizándose le apartó la mirada avergonzada —También te amo.
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Alrededor de las diez de la mañana, Mahiru estaba en la cocina preparando lo que sería el almuerzo. Nana había hecho la mayor parte, pero había confiado en que Mahiru podía hacer cierta parte de la comida, así que la dejó con ello y se fue a la sala a sentar junto a Junna.
Karen y Hikari estaban junto a Claudine y Maya sentadas en el porche de la casa, Kaoruko estaba en una hamaca que Futaba había colocado junto a dos árboles, Hikari le había dicho como solían colocarse en Europa, la pelirroja por su parte estaba limpiando la moto.
Mientras Mahiru revolvía su sopa de miso, Suzu llegó por detrás de ella y la abrazó por la cintura, la esperaba desde el momento en que escuchó sus pasos por el pasillo, por lo que le susurró —Suzu-chan, estoy cocinando, es peligroso.
La aludida le susurró al oído —¿No quieres que te abrace? Pero si te amo.
Tapando la sopa negó con la cabeza, ruborizándose —Y yo a ti, pero es peligroso —si quería que la abrazara, incluso más.
Suzu la abrazó aún más al notar la sopa tapada y llevado una de sus manos a su barbilla levantó su rostro, acercándose peligrosamente a su cuello le preguntó —¿No quieres algo de adrenalina?
Mahiru volvió a negar sintiendo que se derretía internamente —a esta hora no.
Sonriendo contra la piel de su cuello soltó —¿Segura que no te gustaría? —al ver cómo su piel se erizaba ante su contacto le interrogó —¿Estás realmente segura?
Mahiru se dió la vuelta, con la poca cordura que le quedaba y la empujó suavemente hasta el mueble del fregador, Suzu siguió su juego aún aferrada a ella por la cintura, Mahiru agradeció estar lejos de la estufa ahora. Entonces le respondió ahora mirándola de frente avergonzada —Solo algunos besos ¿Sí? —No podía negar que también quería besarla.
Suzu le sonrió contenta, antes de colocar una de sus manos en la mejilla de Mahiru, haciéndola cerrar los ojos, acercándose sonrió satisfecha de saber que era capaz de hacerla ver así de tierna y linda, sin poder evitarlo más comenzó a besarla, cosa que ella correspondió. Después de unos minutos Suzu sintió que las cosas se estaban saliendo de su control, una vez empezó a acariciar la cintura de Mahiru y ella apretaba su espalda pidiendo más cercanía.
Junna había estado buscando a Nana desde hacía unos minutos, sabía que se había levantado del sofá, pero no sabía dónde estaba y alguien había estado llamando a su teléfono, así que creyó que podría ser algo importante, por lo que se dispuso a buscarla. Cuando cruzó la puerta de la cocina, también pudo oír como si uno de los muebles se estuviera moviendo constantemente, sonrojándose rogó que no fuera lo que estaba pensando, pero al oír el sonido de unos besos, los colores invadieron aún más su rostro. Roja cual rosa, decidió aclararse la garganta.
Suzu y Mahiru se separaron ligeramente, asustadas, pero al ver a Junna, suspiraron aliviadas. Mahiru quedó muda de la vergüenza.
Junna les dijo ruborizada —Sé que estoy interrumpiendo algo, y realmente agradezco no haberlas visto, solo estoy buscando a Nana. Pero claro que aquí no está. Disculpen, me retiro. Mahiru. Cuidado con la sopa, creo que puede estar evaporándose —lo había deducido a causa del olor —dándose la vuelta dispuesta a irse les dijo —sigan con lo que hacían con más prudencia.
Mahiru se apartó rápidamente de Suzu corriendo a ver la sopa, al notar que, efectivamente, se estaba evaporando, le dijo a su acompañante —somos unas idiotas.
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Se hicieron la una de la tarde, después de almorzar, comida preparada por Nana y una sopa de miso limitada de parte de Mahiru. Se sentaron juntas en el patio de atrás de la casa a conversar con algo de música sonando. Maya en broma le recitaba líneas del musical Cabaret a Claudine. Ella le contestaba con algunas de otro musical que recordara, Nana cantaba el coro de las canciones que ellas mencionaran mientras Karen le seguía los coros.
Hasta que Futaba apareció en la moto, recién lavada, deteniéndose frente a la mesa donde estaba sentada Nana y le dijo con seriedad —Te reto.
Ella volteó a mirar al resto confundida, entonces la miró molesta —¿A qué?
Suzu se levantó emocionada —Una carrera.
Karen asintió igual de extasiada por la idea —¡Una carrera en moto y carro!
Junna les dijo —Es muy peligroso.
Kaoruko asintió mirando a Futaba con el ceño fruncido, que estaba pensando al salir con esa idea —Ella tiene razón, es bastante peligroso.
Nana le sonrió desafiante, e ignorando al resto le respondió —Hay que hacerlo.
La chicas de lentes tiró de su brazo llamando su atención —Nana, es muy peligroso.
Ella le sonrió y acariciando su mejilla le respondió —Estaré bien. Es algo que tengo que hacer.
Hikari contestó —En realidad no. Pero iré contigo.
—¿Es en equipos? —Suzu parecía más emocionada que antes —¡Iré con Isurugi-san!
Maya se ofreció —Iré con Daiba-san, tengo que verificar que nadie salga lastimado.
Claudine le reprochó —No vas a poner tu vida en riesgo por una tontería.
—Tengo que hacerlo, Claudine, ellas me necesitan —Maya en realidad solo quería ser partícipe de las tonterías de sus amigas, ciertamente le divertía como la sacaban de la rutina.
Hikari asintió apoyándola —La necesitamos.
Karen estaba emocionada —¡Iré con Nana-chan!
Hikari y Mahiru le dijeron al unísono —No vas a ir.
Mahiru le preguntó a Suzu —¿Qué estás planeando? ¿Caerte de la moto?
Futaba le contestó molesta —Si Kaoruko no se ha caído hasta ahora, Suzu no lo hará, te demostraré que conduzco muy bien.
Karen se lamentó molesta insistiéndole a Hikari que quería ir y ella continuó negándoselo. Kaoruko solo se preguntaba qué estaba pasando por la mente de Futaba, pero le parecía un avance el hecho de que al menos se hubiese dirigido a Nana directamente.
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Ahora estaban en la entrada de la casa, Karen estaba sentada junto a Claudine en el porche de la misma, Junna yacía junto a Mahiru sentada en la silla mecedora, esta última cuidándola. Kaoruko por su parte hizo que Futaba colocara la hamaca bajo al árbol aledaño a la entrada de la casa.
Nana estaba revisando el carro mientras Maya se subía al mismo con una pequeña maleta con medicamentos que le dió Mahiru. Hikari llevaba una cámara que Karen le había dado, supuestamente para grabar toda la competencia.
Suzu por su parte estaba colocándose el casco, Futaba en cambio le echaba gasolina a la moto.
Karen les preguntó alzando su voz —¿No debería estar alguien en la meta al otro lado?
Nana negó con su cabeza cerrando el capó del carro —La meta será aquí, iremos y volveremos. La primera en cruzar la entrada será la vencedora.
Maya añadió asomándose por la ventana con un tono de superioridad —Y claramente esa será Daiba-san.
Suzu negó —Ni lo sueñes. Isurugi-san va a ganar. Es obvio que una moto es más veloz que un carro y más si es una como esta.
Claudine insistió —Es muy peligroso.
La chica de lentes movió su rostro en dirección donde creyó haber escuchado la voz —No tienen razonamiento, no esperes que te hagan caso. No parecen conocer el significado de la palabra "peligro".
Maya se sentó en el asiento del copiloto encendiendo la radio, cuando Nana escuchó la canción que empezó a sonar, soltó con una sonrisa esperando que el resto supiera de que hablaba —¡Este carro es automático!
Suzu captó inmediatamente la obra que referenciaba y le contestó —Es sistemático!
Hikari no pudo resistirse a continuar —¡Es hidromático!
Maya que conocía bien el musical le siguió— ¡Podría ser un "Greased Lightnin"! (Relámpago engrasado).
Karen emocionada empezó a cantar la canción del musical. La rubia se subió al asiento del conductor mientras le subía a la canción que estaba sonando, Hikari se acomodó en el asiento de atrás mientras Nana movía el carro a la línea que Futaba les había marcado como la de salida.
La pelirroja ya estaba en la línea de salida, Suzu sentada con ella agarrada al asidero de la moto, con el casco de Kaoruko lista, Futaba incluso le dió indicaciones de que hacer durante la carrera mientras iba sentada de pasajera.
Kaoruko que lo veía todo desde la hamaca les gritó molesta por el ruido —¡Acaben con esto de una buena vez!
Karen empezó a contar gritándoles —¡En sus marcas! —mirando a una Claudine, que yacía enojada, le dijo riendo —siempre quise decir eso — continuando volvió a gritar —¡Listos! —con un silbato que Futaba le había dado sopló y esa fue la señal para el resto.
Nana salió a la cabeza a toda velocidad, Maya apretaba el cinturón con sus manos preguntándose porque había dicho que sí a esa carrera.
Hikari en cambio llevaba el rostro asomado por la ventana mirando si Futaba estaba cerca. Antes de que pudiera darse cuenta, junto al carro, a toda velocidad, pasó la moto, dejándolas detrás. Solo pudo gritarle a Nana desde el asiento de atrás —¡Ve más rápido!
Maya negó con su cabeza implorándole a la rubia —No, no lo hagas por favor.
Nana les sonrió antes de pisar el acelerador y apretar el timón entre sus manos, entre más rápido iba, más difícil era mantener el control.
La castaña por su parte veía como subía el velocímetro, indicando que iban a unos 120 km/h, lo cual era una velocidad bestial, ya sentía que se le revolvía el estómago, y se hacía peor viendo como los árboles pasaban a mucha velocidad a su alrededor.
Cuando estaban llegando al punto de retorno, vieron la moto pasar junto a ellas de regreso, Suzu les gritó —¡Tortugas! —Futaba por su parte dejó escapar una carcajada lo suficientemente alto para que la escucharan incluso desde lejos, claramente se estaban burlando de ellas.
Al llegar al punto donde debían dar la vuelta, Nana se dijo a sí misma que tenían que ganar sí o sí, por lo que intentó subir la velocidad. Pero, el carro iba bajando la velocidad cada vez más.
La castaña la volteó a mirar confundida —Sé que te dije que bajaras la velocidad, Daiba-san, pero no a este nivel.
Hikari se asomó desde el asiento de atrás con duda—¿Qué pasó?
La rubia decidió orillar el carro preguntándose que pasaba, pero al pararlo, se apagó, volvió a encenderlo, sin embargo no se movía. Se bajó del mismo preocupada, al igual que sus acompañantes confundidas.
Ella fue a abrir el capó nuevamente, pero al notar que todo parecía estar bien, se empezó a preguntar que podría ser.
La pelinegra le interrogó preocupada —¿Qué le pasó al carro?
Maya insistió —Daiba-san ¿Qué pasa?
Nana sacó su celular revisando el mapa, estaban técnicamente a dieciséis minutos de casa en carro, a pie posiblemente fuera mucho más.
Después de unos minutos pensando en silencio, se acercó al asiento del conductor y asomándose por la ventana miró el medidor de gasolina, ahora todo tenía sentido, soltó en voz alta para que la oyeran sus amigas —Parece que nos quedamos sin gasolina —acercándose a Maya le preguntó —¿No te dije, Tendo-san, que le echaras gasolina al carro?
Maya volteó a mirar a Hikari confundida —No sabía hacerlo, así que le pedí a Kagura-san que lo hiciera.
Hikari asintió con un rostro de tranquilidad —olvidé hacerlo.
—No lo digas tan tranquila —Nana sabía que no podía culparlas por ello, después de todo, era la encargada del carro, en realidad las tres tenían parte de culpa en esa situación.
Hikari sacó su teléfono para escribirle a Karen, pero la señal era nula.
Maya soltó un gruñido frustrada al notar que no tenía cobertura —No hay señal, Isurugi-san me había comentado que habían puntos muertos de la señal en este camino, pero no esperaba que justo fuéramos a parar en uno de ellos.
Hikari le preguntó a Nana confundida —¿Como llevas el mapa si no hay señal?
—Junna-chan me hizo descargarlo antes de venir a Kioto, le gusta estar preparada para todo— mentalmente le agradeció a Junna ser tan precavida, ella pensaba que sería inútil.
Las tres se miraron preguntándose que hacer. La castaña interrogó —¿Y qué haremos? ¿Caminar a casa?
Hikari se acercó a un árbol y sentándose contra él, negó con la cabeza —Vendrán por nosotras cuando se den cuenta que no hemos llegado.
Nana estaba algo preocupada por ello, se preguntaba si realmente volverían o si lo harían pronto como pensaba Hikari. Aún así quería llamar a Junna, pero no tenían cobertura. Tenía energía para regresar caminando, pero hacía un sol horrible, y no quería caminar bajo ese sol. Mirando como Maya se sentó en el asiento del copiloto contrario al sol, con la puerta abierta. Decidió hacer lo mismo, sentándose junto a ella en el asiento de atrás, ambas mirando hacia el árbol donde estaba Hikari recostada. Sería una tarde algo larga.
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Futaba llegó junto a Suzu a la entrada, se bajaron celebrando, y quitándose los cascos fueron a la entrada.
Karen salió con una botella de vino y les gritó al abrirla —¡Felicidades! —el corcho salió disparado, golpeando a Suzu en la cabeza que de imprudente corrió hacia el porche ignorando a Karen con la botella.
Se quejó agarrándose la cabeza por el golpe y sentándose en la escalera del porche de la casa, intentó pasar el pitido que estaba oyendo en su cabeza.
Futaba corrió hacia ella, a la vez que Claudine, quién llegó junto a Mahiru a recibirlas y le quitó la botella a Karen.
Karen intentaba disculparse realmente arrepentida —Perdóname, Suzu-chan, perdón, no quería golpearte.
Mahiru llegó junto a Suzu y tomando su rostro entre sus manos la inspeccionó, tal vez le quedara hinchado el golpe luego, pero no sería gran cosa. Le preguntó a Suzu preocupada —¿Puedes levantarte?
Ella asintió sonriéndole al ver el rostro preocupado de Mahiru —Estoy bien. Tranquila —mirando a Karen, quién estaba arrepentida, le dijo —No te preocupes. Fue un accidente.
Kaoruko tomó la botella de vino de entre las manos de Claudine y con una sonrisa malévola se la echó en la cabeza a Futaba, una vez se le acercó, ella estaba distraída regañando a Karen. La volteó a mirar molesta, pero Kaoruko empezó a reírse contenta —¡Ganaste! ¡Vamos a celebrar!
Futaba se sintió confundida ante esa emoción de parte de la peli-azul, pero estaba feliz de que le emocionara tanto su victoria, contagiándose de su felicidad, tomó a Kaoruko desprevenida y la cargó al estilo nupcial hacia dentro —¡Vamos a festejar! —La chica en sus brazos solo podía reír divertida de toda esa situación.
Junna que había estado sentada en el sofá escuchó como Claudine revisaba la despensa de alcohol de la casa y le preguntó —¿Vamos a tener una fiesta?
Suzu, que ahora, por alguna razón, llevaba a Mahiru cargada sobre su hombro, rogándole que la bajase, le contestó alegre —¡Hay que celebrar con alcohol!
Karen entró riéndose mientras veía a Mahiru pataleando en brazos de Suzu —¡Tomemos hasta el amanecer!
La francesa destapó una botella de vino y empezó a servir en copas que Karen le tendía, la chica de lentes se levantó del sofá y camino tanteando la sala buscando el radio, colocando la emisora.
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Maya estaba sentada ahora junto a Hikari bajo el árbol, estaba cansada del asiento del carro. Tenían ya más de treinta minutos sentadas ahí. Eran alrededor de las cuatro de la tarde.
Nana había empezado a caminar en busca de señal, pero ambas le dijeron que no fuera muy lejos porque podría perderse, después de todo, era un camino de tierra y a su alrededor estaba cercado de árboles, aunque era tan grande la calle que cabían dos carros sin ningún problema y por lo mismo las ramas de los árboles no alcanzaban a hacerle sombra.
Después de unos minutos la rubia regresó molesta —Parece que toda esta zona está incomunicada.
La pelinegra, que hasta el momento había estado jugando con su teléfono, la volteó a mirar y asintió —Sí, es horrible. Pero al menos puedo avanzar en el juego de Mr. White, con Karen cerca no me alcanza el tiempo.
Maya gruñó molesta con los ojos cerrados —Tengo mucha hambre.
Hikari preguntó —¿Y porque no volvemos caminando?
Nana se sentó en el capó del carro, que ya estaba frío a causa de que había quedado bajo la sombra de uno de los árboles que rodaba el camino —No voy a dejar el carro solo aquí.
La castaña le dió la razón —No deberías hacerlo. Conozco a alguien que un día se descuidó cinco minutos y a su pareja le abrieron el bolso y robaron. Creo que con cosas de tal valor como este carro, no deberíamos dejarlo descuidado.
Hikari escuchó el relato de Maya atenta recordando las cosas que había oído en Inglaterra —Hay partes del mundo donde si dejas el carro unos minutos puedes encontrarlo sin llantas.
La rubia ya estaba frustrada —¿Entonces que vamos a hacer?
Maya y Hikari le dijeron al unísono —Esperar.
Suspirando irritada les contestó —¿Y si yo vuelvo por la gasolina?
Hikari negó con su cabeza, aún con los ojos puestos en la pantalla de su teléfono —¿Qué te diría Hoshimi-san?
La castaña abrió sus ojos, sin moverse de su posición, y haciendo uso de sus dotes de actriz, imitó a Junna —Nana, no deberías separarte del grupo si estás en un lugar al que no conoces porque podrías perderte o podría sucederte algo y nadie se enteraría de ello.
Dejándose caer de espalda encima del carro, soltó un bufido cansada, sabía que tenían razón. Solo quedaba esperar.
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Eran las seis de la tarde. Para ese momento todas estaban bastante tomadas, solo Claudine, Suzu y Futaba tenían buena resistencia al alcohol. La rubia estaba sentada en el sofá con Junna conversando entre copas.
Karen por su parte intentaba bailar con Suzu aún en muletas, Mahiru se reía al verla intentar hacer movimientos con gracia, recordando las audiciones a Seisho en las que Karen no recordaba nunca los pasos, y se veía fatal bailando.
Kaoruko estaba tomando con Futaba mientras le decía, para molestarla —¿Recuerdas la vez que golpeaste a Suzu-han?
Ella asintió avergonzada —No deberías recordarme esas cosas.
—Lo digo porque me parece irónico que incluso sean tan amigas para que la montes en la moto, le des mi casco y la lleves en mi asiento —Había cierto tono de molestia.
Riéndose la pelirroja le preguntó divertida —¿Estás celosa?
La peli-azul negó con la cabeza —No soy Tendo-han o Kagura-han que son celosas a morir.
Karen, quién la había oído hablar ya que estaba cerca, detuvo su sus pasos y preguntó de pronto en voz alta preocupada —¿Y Hikari-chan?
Claudine se levantó del sofá cual rayo y le preguntó a Futaba —¿Dónde está Maya?
Junna estaba un poco ebria, pero aún así pudo sentir la culpabilidad —¿Nana?
Mahiru miró a Suzu en busca de respuestas. Ella solo se llevó una de sus manos a su rostro preocupada —¿Será que les pasó algo?
Futaba tomó sus llaves y el casco rápidamente, corriendo hacia la puerta —Saldré a buscarlas.
Claudine tomó el casco de Kaoruko de la mesa y corrió tras ella completamente preocupada, Karen intentó ir rápido hacia la entrada, sabía que en su estado no podía hacer mucho. Junna solo cerró los ojos contra el sofá sintiendo como se le mezclaba la preocupación y el alcohol.
Mahiru tuvo que correr tras de Suzu, quién le quitó el casco a Claudine y le dijo —Estarás mejor aquí que presionando a Isurugi-san. Vamos a traerlas a casa.
La rubia se sentó en una de las sillas del porche tratando de calmarse, sentía que moriría si algo le había pasado a Maya.
Karen estaba abrazando a Mahiru con el corazón a mil, aunque se decía a sí misma que todo estaba bien, que tal vez habían decidido ir a hacer un poco de turismo sin avisar.
Kaoruko intentaba calmar a Junna, a quién se le acababa de subir la presión de la preocupación. Como era muy analítica, estaba pensando en todos los destinos posibles para esa situación y cada uno de ellos la hacían sentir peor.
Futaba salió con Suzu al camino con las luces de la moto alumbrando, iban a poca velocidad, Suzu llevaba una linterna, que había encontrado en la mesa de la casa, alumbrando a los lados del camino, y hacia los árboles preocupada, pensaban que tal vez por conducir a tal velocidad podrían haber tenido un accidente, aunque rogaba que solo fuera un desperfecto mecánico.
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A mitad del camino, Suzu se bajó de la moto y empezó a gritar sus nombres, pendiente a si recibía respuesta. Lo cual no sucedió.
Futaba iba solo un poco más adelante de ella manejando muy lento, también mirando los bordes del camino y tratando de ver hacia los árboles. La luna estaba en lo alto del cielo y la noche se terminó de hacer presente, ya eran las siete.
Solo pudo agradecer a que el camino estuviera bastante iluminado por la luna.
Después de unos cuarenta minutos , aproximadamente, Suzu empezó a trotar delante de la moto mirándo el camino, cansada de caminar. Futaba iba detrás muy lento.
A la distancia pudieron ver el carro estacionado al borde de la vía con las puertas abiertas, asustadas llegaron hasta él lo más rápido posible. Cuando Suzu llegó hasta el mismo, empezó a buscar a las chicas dentro.
Futaba si llegó hasta la parte frontal del carro, se bajó de la moto intrigada. La escena que se encontró era muy extraña de ver. Nana yacía acostada sobre el capó del carro, boca abajo, rodeada de barajas. Hikari estaba recostada contra un árbol y junto a ella, en el suelo, pudo distinguir lo que parecía el cuerpo de Maya. No sabía si acercarse o no, estaba bastante preocupada, dirigiéndose a Suzu le dijo —Ven rápido. Mira esto. Aunque. Primero revisa si hay alguna linterna en el carro.
Después de un par de segundos, la más alta, entre las dos, se acercó corriendo con dos linternas en manos, iluminando su camino con una de ellas —Aquí estoy, tenían una en la guantera, aquí tienes.
La pelirroja asintió como agradecimiento y encendiéndola iluminó a Nana. Mirando a Suzu preocupada le preguntó—¿No parece preocupante?
Nana tenía los pies encima del parabrisas, el resto de su cuerpo en el capó boca abajo. Suzu se preguntaba como había llegado a esa situación —¿Qué le pasó a Daiba-san?
—No lo sé, pero se ve preocupante —iluminando a Maya, se empezó a reír al notar que estaba dormida de lado sobre el regazo de Hikari. Y la pelinegra babeaba su propio hombro recostada contra el árbol —¿Deberíamos despertarlas?
Mirándolas preocupada su acompañante le preguntó —¿No deberíamos comprobar primero que están respirando? Daiba-san no se ve en buen estado. Pareciera que la hubiesen arrollado.
Maya empezó a hablar dormida —El teatro... Baumkuchen... Ma Claudine...
La pelirroja le señaló a Suzu —No creo que haya algo a que temer. Solo están dormidas.
Nana empezó a moverse sobre el carro, de lo que se percataron solo al verla voltearse boca arriba, llevándose un gran susto, Suzu susurró asustada iluminando a Nana —Casi me mata del miedo ¿Cómo duerme Hoshimi-san con eso?
—Debe ser difícil.
Futaba iluminó a Suzu y ella a Futaba, completamente atemorizadas, alguien les acababa de responder. Mirándose con los nervios de punta, estaban en un área boscosa a las ocho de la noche, junto a tres personas dormidas y en casi completa oscuridad. Alumbraron rápidamente al resto, cuándo vieron a Hikari desperezándose, suspiraron aliviadas. La pelirroja le contestó —Cielos, Hikari, casi me matas del susto.
Repentinamente junto a ellas escucharon un estruendo, de la sorpresa, Suzu iluminó rápidamente a Nana, para encontrarla sentada encima del carro restregándose los ojos.
Maya se despertó con el ruido y en guardia, además de asustada, le preguntó a la pelinegra —¿Quiénes son esas personas?
Recogiendo sus cosas del suelo y las barajas le contestó —Parecen ser Isurigi-san y Minase-san — encendiendo la pantalla de su teléfono para notar que no tenía batería, le iluminó el rostro con la poca que tenía —¿Podrías levantarte? Siento que tengo las piernas entumecidas.
—Disculpa —La castaña se ruborizó al notar dónde estaba acostada, agradeció mentalmente la obscuridad, y como un resorte se levantó del regazo de Hikari para luego pararse del suelo atontada por el sueño. Acercándose al carro donde estaban las demás se restregó los ojos intentando despertarse del todo. Después de unos minutos la pelinegra estaba con ellas.
Nana se terminó de estirar antes de sentarse bien en el capó —¿Se acordaron de nuestra existencia?
Suzu empezó a reírse nerviosa—Buenas noches para ti también, Daiba-san.
Futaba le preguntó directamente —¿Qué le pasó al carro? ¿Están todas bien, no?
La castaña asintió —Estámos hambrientas, pero bien.
La inglesa frunció el ceño —¿Porqué vinieron hasta ahora?
La de cabellos grisáceos-verdosos empezó a reírse aún más nerviosa —Pasaron cosas.
Futaba insistió —¿Entonces porqué se quedaron aquí? ¿Qué le pasó al carro?
La rubia le contestó con el ceño fruncido —Nos quedamos sin gasolina. Estábamos esperándolas para que buscaran la gasolina, la trajeran y pudiéramos volver. Pero no regresaron.
Futaba asintió colocándose el casco —Iremos y volveremos en un santiamén.
Maya le agarró el brazo a Suzu deteniéndola —Yo iré con ella. Dame el casco. Me aseguraré de que no vuelva suceder.
Ella asintió sintiéndose como si fuera objeto de canje.
Solo escucharon la moto arrancar e ir cada vez más lejos. La rubia se recostó de espalda en el carro mirando al cielo estrellado, y recogiendo las barajas. Habían estado tan aburridas que cuando encontraron un mazo de barajas en la guantera, no pudieron evitar jugar un rato, hasta que del hambre y aburrimiento se durmieron. Mientras miraba las estrellas, su mente se llenó de pensamientos sobre lo mucho que habría amado enseñarle las estrellas a Junna.
En menos de veinte minutos Futaba estaba ahí con Maya y la gasolina, alrededor de las diez de la noche, llegaron a la casa, Nana conducía molesta, pero compartía el humor con Hikari y Maya, estaban hambrientas y enojadas, además de agotadas.
Al llegar, se bajaron estrellando las puertas del carro. Karen escuchó el ruido y aún asustada por Hikari, fue a la entrada lo más rápido que pudo con ayuda de sus muletas. Mahiru estaba en la puerta junto a Claudine. Kaoruko estaba en el balcón de su habitación, había estado con Junna hasta que ella se quedó dormida y tuvo que llevarla hasta su habitación donde dormía con Nana.
Luego de estacionar la moto, Futaba subió a la habitación, Suzu se acercó a Mahiru buscando defensa, porque escuchó al resto bajarse y tenía mucha culpabilidad.
Cuando Hikari se acercó, Karen la abrazó llorando —Perdóname, Hikari-chan —intentó decir más cosas, pero entre balbuceos, la pelinegra no lograba entender nada. Aunque quisiera estar enojada con Karen, sería luego, no podía verla llorar y no hacer nada, por lo que le devolvió el abrazo en silencio.
Claudine estaba parada junto a la puerta, Nana cruzó molesta junto a ella sin decirle nada, su molestia era palpable. Maya pasó junto a la rubia con el ceño igual de fruncido, Claudine intentó hablarle —Maya...
La castaña la volteó a mirar enojada y le preguntó —¿Ahora sí te acuerdas de mí?
Ella intentó defenderse, aunque sabía que no serviría de nada, Maya tenía todo su derecho de enojarse con ella —No es que me haya olvidado de ti.
—¿Entonces porqué estuve toda la tarde varada en el camino? —Sacando su teléfono le preguntó— ¿Porqué no tengo ni una sola llamada tuya que demuestre ni siquiera preocupación?
Reconocía su error, se sentía la peor novia del mundo. Maldecía en su mente su gusto por el alcohol —Perdóname, tenía la mente llena de otras cosas.
Cruzándose de brazos asintió más enojada que antes —Puedo notar en tu aliento, que estuviste ocupada.
Mahiru y Suzu pasaron junto a ellas al escuchar a Nana hablar en la cocina, por el tono de su voz, Mahiru dedujo que estaba hambrienta. La castaña le dió la espalda a Claudine, siguiendo a Suzu a la cocina, su estómago rogaba algo de alimento.
Nana sintió la presencia de Mahiru y se dijo a sí misma que evitaría irritarse si hacía alguna pregunta con buena intención como solía hacer. Mahiru estaba por hablar, hasta que ella la interrumpió —Ni siquiera voy a preguntar por Junna y asumiré que está dormida. No intentes indagar.
Suzu se cruzó de brazos, frunciendo ligeramente el ceño, en muestra de su molestia por la forma en que Nana le habló a Mahiru, sabiendo que solo estaba preocupada por ella y no tenía ningúna mala intención. Pero la aludida asintió comprendiendo como debía sentirse la rubia —Está bien, pero sí, está dormida.
Mahiru tomó la mano de Suzu saliendo de la cocina, Maya entró al verlas salir y empezó a servirse comida imitando a Nana, tenía horas sin dar un bocado.
Hikari apareció por la puerta de la cocina seguida de Karen, quién al parecer la había jurado que no se separaría de ella ni un centímetro por el resto de su vida, como compensación.
Después de cenar, todas se fueron a dormir, esperando que esas tres no volvieran la atmósfera tensa para todas a causa de aquel suceso de esa tarde.
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La mañana siguiente Maya se despertó algo tarde, eran alrededor de las diez de la mañana según su teléfono, desperezándose se sentó en la cama, hasta notar que Claudine no estaba junto a ella. Miró alrededor de toda la habitación sin encontrarla —¿Claudine?
Unos minutos después la rubia cruzó la puerta empujándola con el pie para cerrarla, en sus manos traía una bandeja con comida —Buenos días, cariño.
Maya pudo deducir lo que estaba pasando, esa era su forma de disculparse por lo del día anterior, cuando la rubia colocó la bandeja en sus piernas, se cruzó de brazos mirándola divertida —¿Crees que esto va a solventar lo que pasó ayer?
Ella se sentó al otro lado de la cama y tomando su taza de café de la bandeja le preguntó —¿Vas a seguir enojada por eso de ayer?
Mirando bien el desayuno, se pudo dar cuenta que estaba hecho al estilo francés, eran unas tostadas, un croissant, que le hacia preguntarse si lo había comprado muy temprano o si se habría atrevido a hacerlo y un café caliente. Volviendo sus ojos a la rubia, negó con su cabeza tomando su café entre sus manos —No, en realidad incluso pensé que era comprensible qué te olvidases de mí, después de todo, yo también me olvido de ti en ocasiones.
La rubia se molestó, pero intentó ocultarlo detrás de su taza de café —¿En qué ocasiones?
Maya ocultó su sonrisa burlona detrás de una tostada que estaba a punto de morder—Cuando hablo con otras chicas, por ejemplo.
Soltando un bufido dió un sorbo a su café —Solo quieres hacer que me ponga celosa.
La castaña se empezó a reír al ver a Claudine fruncir el ceño —Es muy fácil —dejando su taza en la bandeja se acercó a su rostro con una sonrisa ladeada —Sabes que eres la única en mi vida, Ma Claudine.
Ella estaba evitando sonreír por la cercanía, la castaña tomó su rostro con una de sus manos haciendo que la mirase, para luego darle un beso lleno de amor. La rubia rompió el beso al sentir que una gota del café cayó encima de la sábana con la que seguía arropada Maya —Maya, tengo algo caliente en manos, es peligroso hacer esas cosas.
La castaña tomó la taza de entre sus manos para ponerla en la mesita de noche junto a la bandeja, volviendo a tomar el rostro de la rubia le respondió —Yo también tengo algo caliente entre manos.
Claudine frunció el ceño —idiota— Maya rompió la distancia entre sus labios, dándole un beso más intenso.
Repentinamente la puerta se abrió, dando paso a una Futaba, la cual apartó la mirada avergonzada y una Kaoruko, quién ya tenía una sonrisa malévola en su rostro.
Maya y Claudine se separaron asustadas, Maya apartó la mirada volviendo a tomar su café entre sus manos, la rubia se cruzó de brazos mirando en otra dirección sonrojada, preparándose para las burlas.
—Ara ara, tan temprano y ya andan tan llenas de pasión —la peli-azul ocultó su risa detrás de una de sus manos.
Futaba les dijo de forma monótona —Saldremos en una hora todas juntas a Arashiyama, así que espero que tengan esa misma pasión por caminar.
Dándose vuelta, salió de la habitación llevando a Kaoruko consigo, la cuál seguía riendo divertida. Maya solo llevó una de sus manos a su rostro ocultando lo avergonzada que estaba. La rubia soltó un bufido, pensando que al menos debieron tocar la puerta.
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