Eventful journey - 99 II / Parte 2

Eventful journey - 99 II / Parte 2

Eri1305

El noveno día estaba por terminar, esa noche habían decidido acampar en el patio de la casa, tenían carpas colocadas en el lugar, estaban algo más alejadas de la casa, unos cinco minutos caminando, el resto había entrado a la misma a cenar, pero Nana estaba en el patio, frente a su carpa, recostada sobre una manta mirando las estrellas, junto a ella, yacía Junna con los ojos cerrados arropada.

La rubia le preguntó —¿No te molesta no poder ver? Estaría frustrada en tu lugar.

Ella se rió en respuesta —Si me molesta, pero, estoy acostumbrada a tener mala vista —quitándose las gafas oscuras, abrió los ojos —puedo ver los puntos en el cielo, pero no puedo ver las estrellas.

Nana asintió levantando una mano hacía el cielo, desde su posición acostada —Sí, yo también las veo como puntos. Parece que estamos tan distantes.

Sonriendo para sí misma ruborizándose, a la vez que movía su rostro en su dirección, le contestó —Te mentí, sí puedo ver una estrella. No todas están en el cielo.

Riéndose sonrojada la abrazó —¡Junna-chan! —Nana tomó su rostro entre sus manos dándole muchos besos, haciéndola reír —Te amo, mi Junna-chan. Tu también eres una estrella, no, no, tu eres una constelación entera.

Volviendo a cerrar sus ojos recostó su frente contra la de Nana con una sonrisa —También te amo, Nana. Aunque pensé que estarías enojada por lo de ayer.

Dándole un beso en la mejilla le respondió —Lo habría estado, pero no quiero enojarme contigo, si estuviese molesta, no estaría abrazándote así.

Junna asintió abrazándose a ella —¿Y con el resto?

Cerrando sus ojos en el abrazo dejándose llenar de su calor corporal le susurró —No tiene sentido enojarse con todas, no quiero que nuestra amistad se vea afectada porque no sabemos perdonar. A Karen-chan le ha costado mucho cumplirme esa promesa.

Sonriendo en el abrazo asintió —Sé cuanto aprecias tenernos en tu vida y lo difícil que fue volver a reunirnos luego de la graduación, siendo sincera, aunque Karen parece una idiota, también sabe esforzarse.

—¡FUTABA-HAN! —Un grito, con un tono molesto y problemático, bastó para hacer a Junna fruncir el ceño, aún recostada en el pecho de Nana, en el abrazo.

La pelirroja llegó hasta la carpa, que compartía con Kaoruko, refunfuñando para si misma —¿Qué chiste tiene acampar si van a cenar dentro de la casa? ¿Y la fogata y esas cosas? —Levantando la voz para que la escuchara le preguntó molesta —¿Qué quieres?

Nana suspiró al oirlas casí que discutir, y le susurró a Junna sin soltarla intentando pasar desapercibidas —¿No parece que les gusta discutir?

Junna asintió y le susurró de vuelta —Ponles atención, el enojo de Isurugi-san no va a durar ni cinco minutos.

Kaoruko se acercó a la carpa y le gritó —¡Idiota! Te traje madera que encontré en la chimenea, ¿Haremos o no la fogata?

Saliendo de la carpa la miró curiosa, para darse cuenta que si tenía en manos algo de leña y otro poco de carbón, riéndose se lo quitó de las manos —No, Kaoruko, eso es casi carbón, vamos a casa y me ayudas a traer el resto ¿Sí? —La peli-azul asintió yéndose tras ella.

Junna empezó a reírse junto a Nana recostándose nuevamente contra la manta —¿No es muy excéntrica su relación?

La rubia asintió divertida —Yo diría que son raras. Aunque no sabía que había una chimenea.

Junna frunció el ceño al escucharla —¿En serio no te diste cuenta? ¿Qué tan despistada eres, Nana? Lo supe por el olor que desprende a veces.

La rubia tomó su mano en la que posaba el anillo, para darle un beso sobre su dedo anular —Es tu culpa, porque por ti me vuelvo tonta.

Bromeando le contestó —A mi no me culpes, ya eras así.

Nana no pudo evitar reírse y acercando su rostro al de Junna, le dió un beso lleno de cariño. Estuvieron un rato más abrazadas bajo las estrellas, hasta que pudieron oír a Kaoruko acercarse hablando con Futaba.

—Vamos a comer — Nana se levantó ofreciéndole ayuda a Junna para hacer lo mismo, lo cual ella agradeció, antes de ir de vuelta a la casa, a cenar.

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Cuando volvieron con la leña, vieron a Junna caminar con Nana tomándola por los hombros de regreso a casa.

Kaoruko las vió ir con curiosidad y le preguntó a Futaba —¿Qué harías si quedo ciega?

Futaba no lo tomó con la misma seriedad con la que llegó la pregunta —¿Te preocupa el modelo del aro que tendrán las gafas negras?

Soltando un bufido mientras colocaba la madera en el suelo le respondió —No, idiota, estoy hablando en serio.

Imitando su acción con la madera, para luego comenzar a armar la fogata, le contestó después de pensarlo un poco —Creo que, te cuidaría como lo he estado haciendo hasta ahora, pero posiblemente tu familia preferiría hacerlo ellos mismos. Así que lucharía por tu custodia y un montón de procesos legales, tal vez vendería mi moto para pagar el abogado, y posiblemente tendría que vender algunas cosas más para solventar nuestros gastos —analizándolo mientras encendía la fogata, añadió —sería mucho trabajo, pero haría todo para que estuvieras conmigo.

—¿Harías todo eso por mi? —De alguna forma Kaoruko estaba conmovida por su respuesta. Parecía que se metería en muchos líos solo por ella.

—¿Tú no? —el ceño de Futaba no demoró en fruncirse ante esa respuesta.

—Suena a mucho trabajo, pero contrataría a alguien que se encargue de la limpieza de la casa, y que te cuide mientras te adaptas, luego me encargaría de ti —Jaló la manta qué Nana había dejado en el suelo y la colocó frente a su tienda de campaña, sentándose en ella.

Futaba se sentó junto a ella e interrogó curiosa —¿Escuchaste que ahora Kocho-san está inválida? Al parecer tuvo un accidente y anda en silla de ruedas ¿Qué harías si quedo en ese estado?

Cruzándose de brazos con el ceño fruncido le contestó —¿Qué es esto? ¿Un cuestionario para ver si te casas conmigo?

Ella la miró molesta —Tú empezaste con las preguntas hipotéticas, ahora responde.

—Está bien, está bien. Creo que... —mientras pensaba se acostó en la manta apreciando el calor de la fogata, realmente era una fría noche de final de primavera —Creo que, sería el mismo plan, como te gusta la velocidad, tendrías una silla que tenga muchas velocidades —se rió al imaginar lo último.

Futaba también empezó a reírse y acostándose junto a ella, abrazándola a causa del frío le contestó —Posiblemente si te pasara a ti, tendría que cargarte a todos lados y encontraría un modo de que sigas brillando incluso en ese estado.

Abrazándola contra su pecho emocionada le susurró —Sobre lo del matrimonio...

—Ay no... —la pelirroja cerró sus ojos disfrutando del calor corporal de Kaoruko —No estoy preparada.

Un bufido molesto escapó de sus labios —Esas deberían ser mis palabras, Futaba-han. Siempre pensé que debíamos ser las primeras, pero ni siquiera me has dejado rechazarte.

—Kaoruko... —Sintiendo como sus senos aplastaban su rostro a causa de la fuerza que estaba colocando en el abrazo, le dijo —Te prometo que cuando sea el momento, lo haré insuperable, justo como te gusta, pero déjame vivir.

Satisfecha por sus palabras soltó su agarre —Cuando el mundo sea mío, te daré la mitad para que lo gobiernes.

Riéndose tomó el rostro de la peli-azul entre sus manos y mirándola a los ojos le preguntó —¿Para qué quieres la dominación mundial?

—Para que todos me adoren como tu lo haces —la sonrisa en su rostro lo decía todo.

—¿No te basta conmigo? —su agarre pasó a ser solo con una mano muy suave coloca en su mejilla.

—Si me lo preguntas así —cerró sus ojos acariciándose contra su mano. Futaba supo que esa era su señal, por lo que se acercó uniendo sus labios contra los suyos en un beso. Al separarse se miraron unos segundos, antes de darse unos cuantos más.

Cuando escucharon pasos se sentaron calorizadas frente a la fogata, arreglándose el cabello. El resto había vuelto para pasar la noche en sus carpas.

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El doceavo día de viaje planearon ir al monte Kurama, Hikari estaba sola en su habitación revisando algunas cosas antes del viaje, hablando con Fumi en realidad, preguntándole como estaba Anne.

Karen se quedaría, porque tendrían que subir muchos escalones y por su pie enyesado, no podría. Sin embargo Mahiru se ofreció para quedarse a acompañarla, le había dicho que no se sentía bien. Alguien tocó la puerta haciéndola levantar la mirada de su celular y guardarlo —adelante.

Suzu entró acomodando su abrigo, al verla colocándose su gaban. Le preguntó con un tono algo nervioso —¿Puedo preguntarte algo, Kagura-san?

Hikari volteó a mirarla con un asentimiento —Dime.

No sabía como preguntar eso sin que sonara mal, aclarándose la garganta intento —¿No te molesta que Mahiru se quede a solas con Karen-chan?

La aludida dejó lo que estaba haciendo para mirarla curiosa —¿Porqué debería molestarme?

Suzu sabía que posiblemente lo que estaba pensando y sintiendo estaba mal, pero sentía que estaba en su derecho, porque le parecía razonable —Me refiero a los sentimientos que tuvo Mahiru hacia Karen-chan —al notar la expresión molesta en su acompañante insistió —No lo tomes a mal, a lo que me refiero es que, Mahiru estuvo enamorada de ella durante una buena cantidad de tiempo y he estado pensando en las posibilidades que existen en que le vuelva a gustar, o que tal si es como en esas obras donde cuando deja de gustarle a uno, le empieza a atraer al otro —al darse cuenta que estaba divagando, decidió callarse, algo avergonzada de estar exponiendo sus miedos ante Hikari.

La pelinegra asintió en silencio unos minutos, en los que Suzu sintió que sus manos comenzaron a sudar. El tono de Hikari era bastante serio —¿No confías en Mahiru?—ella de por si era bastante celosa, pero con estas nuevas ideas, estaba convencida de que no quería ir con el resto.

La más alta negó con su cabeza —No se trata de eso, confío en Mahiru, pero, ¿No dicen que cuando te enamoras pierdes la razón? No creo que renunciaría a sus sentimientos por mí —al decir eso último su voz se quebró un poco.

Por sus expresiones, la pelinegra dedujo que estaba llena de miedos, se preguntaba si eran a causa de las veces que Mahiru la negaba o rechazaba, podía sentir como dudaba de los sentimientos de Mahiru. Pero si lo pensaba bien, todo lo que decía tenía sentido, posiblemente si sucedía, Karen no le diría porque no querría lastimarla, pero le parecía absurdo, no veía a Karen interesada en Mahiru ni un segundo, podía confiar en Karen, pero no en el resto. Con un asentimiento le contestó —Esta bien. Me quedaré con Karen.

Ella le dió una reverencia en agradecimiento y salió de la habitación rápidamente.

Hikari salió unos minutos después, para decirle al resto que estaba reunido en la entrada preparándose para salir —Me quedaré con Karen por hoy. Disfruten el viaje —La castaña la miró frunciendo el ceño, preguntándose si eso era alguna escena de celos de su parte. Ella no había sido del todo consciente de los sentimientos de Mahiru hasta que Nana se lo comentó unos años atrás, entonces comprendía porque Hikari en aquel tiempo la celaba tanto con ella, pero ahora no le encontraba sentido, creía que era un tema superado.

Mahiru apareció por la puerta con un vaso de agua y unas pastillas en la otra mano, Suzu se le acercó y le dijo —Al parecer Kagura-san se va a quedar con Karen-chan.

Ella asintió en respuesta —Yo también me quedaré, tengo un dolor de cabeza horrible, creo que estoy resfriándome.

Suzu la miró intrigada, preguntándose si no estaba mintiendo, creía que solo estaba siendo amable con Hikari, un estornudo de parte de Mahiru la hizo saber que no mentía, entonces si estaba enferma, no podía dejarla así, quitándose el abrigo dijo en voz alta —Me quedaré contigo, para inspeccionar que mejores.

Sintiendo una extraña vibra venir de Karen y otra de parte de Suzu, Nana intentó aligerar el ambiente —Dicen que los idiotas no se resfrian, así que eres la más capacitada para cuidarla y no enfermar en el intento.

Futaba no pudo evitarlo y empezó a reírse a carcajadas, Maya solo ocultó su risa detrás de una de sus manos. Claudine reía intentando disimularlo también, Kaoruko llevaba un abanico y reía ocultando su risa detrás del mismo. Junna solo pudo sonreír al oír las risas, al igual que Hikari. Karen por su parte se apoyó en la pelinegra entre risas. Mahiru se apoyó en Suzu por el malestar, pero incluso la de cabellos grisáceos-verdosos estaba riéndose.

Después de unos minutos se despidieron y emprendieron viaje.

Al quedarse las cuatro en la casa, Mahiru se sentó en el sofá de la sala, a tomarse un té, intentando descongestionarse la nariz. Mientras Suzu la acompañaba.

Karen por su parte subió al segundo piso, con mucho esfuerzo, y cruzó al balcón, por la puerta que conectaba al mismo con el pasillo. Desde ahí podía ver la puerta que conectaba la habitación de Kaoruko y Futaba, pero tenía cortinas que ocultaban la habitación. Molesta decidió imitar a la peli-azul y mirar el resto del paisaje, realmente era bastante alto donde estaba, juraba que podía ver el movimiento del centro de Kioto desde ahí, aunque tal vez era el pueblo más cercano.

Hikari estaba buscándola dentro de la casa, sin encontrarla. Salió al patio esperando que no hubiera hecho una estupidez, al llegar a la entrada siguió gritando —¡Karen! ¡KAREN!

La aludida la miraba desde arriba cruzándose de brazos molesta —No está.

La pelinegra miró hacia arriba, al verla frunció el ceño preocupada —¿Cómo llegaste hasta ahí? ¿No evitamos ir para que no subieras escaleras y decidiste subir las de la casa?

Negó con su cabeza —Yo no fui por mi pie, pero tú no fuiste porque preferiste quedarte, no sé con qué intención.

Hikari frunció el ceño confundida —¿De qué estás hablando?

La castaña le contestó quitándole la mirada —Sube aquí y te lo diré.

En menos de un minuto estaba junto a ella de pie, mirándola curiosa —¿Qué te pasa?

—¿Qué te pasa a ti? ¿Te quedaste porque me quedaría sola con Mahiru-chan, no?

Ella negó con su cabeza —No voy a ocultarte nada. Minase-san se acercó a mi y, humm, técnicamente, me pidió que no las dejase solas.

Ahora la confundida era Karen —¿Qué? ¿Cómo pasó eso?

La pelinegra asintió —Creo que, es normal que Minase-san tenga miedos respecto a eso, Mahiru hasta ahora no le ha dejado nada claro. Así que, si el hecho de que me quedase la ayudaba a sentirse mejor, no iba a decir que no.

Karen la miraba algo sorprendida, se preguntaba desde cuando Hikari le tenía tanto estima, invitándola a sentarse junto a ella le dijo —Está bien, al menos no fue lo que creía que era, discúlpame —recostando su cabeza sobre su hombro le preguntó —¿No es linda la vista?

La pelinegra asintió mirándola a ella algo sonrojada —Es hermosa. Pero muy desconfiada.

Karen se empezó a reír ruborizada al oírla —No es todo mi culpa. Te creaste mala fama en cuanto a celos.

Frunciendo el ceño le contestó en un tono relajado —Es tu culpa, eres tan linda que cualquiera se podría enamorar fácilmente, además me prometiste no separarte de mi y te dejo cinco minutos y te pierdes. Al menos esta vez no te quebraste algo.

Karen no pudo evitar reír, y subiendo su mirada la vió a los ojos, Hikari entendió que le estana pidiendo que la besara, por lo que unió sus labios en un beso. Se besaron un par de minutos más, hasta que la castaña susurró sobre sus labios —Te amo. Hikari-chan.

Hikari unió su frente contra la suya y mirándola a los ojos con una sonrisa, le contestó en un susurro —También te amo, Karen.

Se quedaron unos segundos mirándose a los ojos, antes de volver a besarse intentando hacerse saber lo mucho que se amaban, al separarse, la castaña le preguntó aún mirándola a los ojos —¿Lo recuerdas? Nuestra promesa.

Una sonrisa adornó el rostro de la pelinegra —Aún recuerdo nuestra promesa —mirándola con adoración añadió —Recuerdo cada una de nuestras promesas.

Sonrojándose le preguntó bromeando—¿Desde cuando son tantas?

Tomando una de sus manos entre una suya. Envolviendo sus dedos entre los suyos le dijo —Puedo prometerte que siempre voy a protegerte, mientras me permitas hacerlo.

La castaña asintió ruborizándose aún más— Entonces te prometo que estaré contigo toda la vida.

Ella se preguntó si Karen era consciente de lo que acababa de decir, cerrando sus ojos se dijo a si misma tranquilizarse. Posiblemente era eso lo que llevaba esperando oír desde que se volvieron a ver, que Karen le prometiera su vida igual que como estaba ella dispuesta a darle la suya —Espero que sepas lo que estás diciendo, BaKaren.

Ella la miró un segundo y eso le bastó para notar la emoción que guardaba, sonriéndole apretó su mano —Si rompes nuestra promesa, no te lo perdonaré.

—Ni yo a ti— Hikari tomó su mejilla con una de sus manos, acercando su rostro para besarla, uniendo sus labios en un beso.

Al separarse, la pelinegra volvió a apoyar su frente contra la suya, mirándola a los ojos, realmente la amaba, Karen le susurró —¿Como fue tu vida en Londres?

Sonrió curiosa —¿No te conté esa historia ya más de diez veces?

Ella asintió mirando sus ojos —Amo como me cuentas cosas sobre ti, solo a mí. Anda, dime, sabes que me encanta la parte en que me dices...

Hikari la interrumpió sonrojándose —Es extraño como me sentí tan llena de amor por ti incluso tan lejos.

—Ay, es tan lindo —Su rostro se ruborizó y empezó a reír conmovida.

—Sí, lo es, gracias por esperarme, Karen —Hikari volvió a besarla al verla tan contenta.

Cuando tomaron distancia, Karen le señaló lo que parecía la ciudad al notar el movimiento de los carros —¿Qué es eso que se ve a lo lejos?

En un tono bromista le dijo —Parece el centro de Kioto, mira, aquel es el pabellón dorado, por ahí fue dónde te pusieron el yeso.

En reproche le contestó—No había necesidad de recordarlo.

—Siempre la hay.

Después de unos minutos en silencio con su cabeza recostada en su hombro y la de Hikari sobre la suya, mirando la ciudad, Karen soltó —¿Y si llamamos a Anne? —Ya entrañaba a su mascota.

La pelinegra sacó su teléfono para videollamar a Fumi, hasta que se dió cuenta de algo, aún sin moverse de su posición se lo mostró a Karen preguntándole —¿No tienes celular, no?

Karen se acomodó en la silla rompiendo su postura, pero Hikari pasó un brazo sobre sus hombros atrayéndola contra su pecho en un abrazo, la castaña susurró —esa tarde perdí más que un pie.

La pelinegra se rió comprendiendo porque usaba tanto el suyo últimamente —¿Revisas tu correo en mi teléfono y no me dijiste? Pudimos comprarte uno provisional.

Frunciendo el ceño le dijo —¿Hasta ahora lo dices? ¿He perdido días de "login bonus" en mis juegos porque no te acordabas? —Quitándole el suyo de las manos, le marcó a Fumi molesta, Ichie contestó, para luego hablarle a Anne y a Fumi. Estuvieron hablando por teléfono, principalmente Karen e Ichie, más de diez minutos, hasta que tuvieron que colgar.

Continuaron molestándose, en broma, entre si un rato más antes de bajar.

En el sofá estaba Suzu dormida con Mahiru recostada contra su pecho y abrazada por la cintura mientras en la televisión pasaba una película, la más baja estaba sintiendo que en cualquier momento se dormiría a causa de los medicamentos. Cada vez se sentía más resfriada y enferma. Al menos tenía a Suzu para cuidarla, se preguntaba si ella era consciente de lo mucho que agradecía tenerla en su vida.

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El último día de viaje llegó. Estaban algo tristes por volver a separarse, pero eran conscientes de que debía pasar. Por lo que organizaron una pequeña fiesta de despedida, se irían en la noche, así que tenían toda la mañana y tarde para celebrar antes de irse. Volverían a reunirse en un año o en un par de meses, para la boda, pero la siguiente vez sería en Tokio.

Nana salió de la casa llevando entre manos una bandeja con algunos bocadillos. Habían sacado unas mesas y sillas, estaban sentadas conversando mientras en la casa tenían el estéreo a todo volumen. Era lo bueno de tener tan lejos a los vecinos.

Hikari se había sentado en la misma mesa que Maya, estaban hablando de cisnes, no tenía idea de como habían llegado a eso, Suzu estaba preguntándole a Futaba sobre la moto, mientras Mahiru estaba sentada junto a Karen limpiándose la nariz con un pañuelo, estaba un poco congestionada, Junna estaba sentada al otro lado de Karen y enfrente de ellas estaba Kaoruko, que miraba su teléfono, Claudine se acercó a ellas al darse cuenta que no había manera de que entrara en la conversación de Maya y Hikari.

Frunciendo el ceño soltando un bufido Karen se quejó —¡Que aburrido es esto! Desde que llegamos, parece que por este estúpido yeso no puedo hacer nada divertido.

Claudine asintió al oírla —La verdad es que si hemos estado un poco calmadas. En comparación a ellas.

Levantando la mirada de su teléfono, Kaoruko les sonrió al oírlas.

Mahiru negó con su cabeza rápidamente —No sé que sea lo que estas pensando, pero no.

Junna intercedió asimilando que podría ser con Karen o Kaoruko —Al menos dejenla hablar, para saber qué tipo de tontería es capaz de decir.

Kaoruko vió a Nana volver a la cocina y le sonrió a sus compañeras de mesa, su sonrisa traviesa les parecía una indicación para temer —Traigamos el alcohol, se qué se supone no deben tomar, pero si las embriagamos...

Junna habló —Bueno, me equivoqué, si era algo malo.

La francesa negó con su cabeza —Nana tiene que conducir.

Karen les preguntó —¿No hay forma de evitar que ella tome?

La peliazul miró a la chica de lentes —Tendrás que arriesgarte, Junna-han.

Mahiru, quién las había estado escuchando en silencio les preguntó —¿No irán a pelear?

Claudine negó con su cabeza —Parecen estar tranquilas.

La castaña emocionada les dijo —Quiero ver a Hikari-chan más atrevida ¡Hagámoslo!

Soltando un bufido molesta les dijo —¿Saben que es un delito, no? —Estaba convencida de que resultaría mal.

Mahiru miró a Karen bajar la mirada y suspiró rendida —No es el primer delito que cometemos.

Kaoruko aplaudió suavemente emocionadas, antes de levantarse de la su silla mirando a Claudine —Vamos a buscar las bebidas —Volteando a Karen y Mahiru les dijo —Distraiganlas.

Aunque Claudine no estaba del todo de acuerdo, como buena fanática del alcohol, fue detrás de Kaoruko, Mahiru tenía razón, no era el primer delito que cometían, posiblemente tampoco el último.

Cuando regresaron, Karen estaba sentada en la mesa hablando con Mahiru mientras miraba a Hikari. Kaoruko traía unos vasos en manos y Claudine una jarra, sonriendo la colocó en la mesa, mirando a la otra mesa dijo en voz alta —No está muy caliente el sol ¿Alguien quiere agua?

Mahiru se acercó a la jarra para notar que, en efecto, tenía agua, Karen estaba igual de curiosa mirándolas con la cabeza ladeada, Junna frunció el ceño sin atreverse a preguntar.

Kaoruko abrió su gaban mostrándoles una botella que ocultaba debajo del mismo junto con algunos vasos más.

Futaba se acercó a la mesa sedienta —Hace un calor fatal.

Suzu llego justo después de ella —Estoy sedienta.

Claudine asintió —Esperen, serviremos agua para todas. Posiblemente todas tienen sed —el par asintió volviendo a su mesa aún enfrascadas en su conversación.

Kaoruko sacó los vasos, todos de vidrio azul, tomando la botella en manos le preguntó a Claudine —¿Cuando dijiste que se le debía poner?

Karen se movió en su asiento revisando los vasos curiosa.

Junna les preguntó —¿Cual es el plan?

La francesa le contestó —Les haremos tomar patsis, hace un año le regalé una botella de patsis a Kaoruko, y al parecer la tenía guardada, esto tiene cuarentisiete porciento de alcohol. Así que debe ser suficiente para embrigarlas con dos tragos... —mirando a la peliazul le dijo —recuerda que solo un poquito.

Tomando uno de los vasos empezó a verter el líquido en el mismo —No me digas que hacer.

Cuando Claudine recibió el vaso, se dió cuenta de la gran cantidad que tenía al fondo, rellenándolo de agua le dijo molesta —Este será para Futaba.

Continuaron con el proceso hasta servir diez vasos de agua con patsis. El de Nana también contenía el líquido, sabían que no debían embriagarla, pero temian que alguien probara su agua y notase la diferencia del sabor, tampoco sabían que tan confiable era la distracción de Junna asumiendo que no podía ver para ayudarles. Aunque el plan lo trazó Kaoruko, Junna no dudó en hacerlo parecer solo una excusa para embrigarla a ella.

Cuando empezaron a tomar el líquido del vaso, ninguna pareció quejarse, aunque Maya frunció el ceño, la francesa esperaba que no reconociera el sabor, sus miradas se cruzaron, ella levantó una ceja y supo que su plan había sido descubierto, llevando su dedo índice a sus labios le hizo seña de guardar silencio, la castaña asintió aún con mirada molesta.

Al parecer el tomar el líquido las había puesto sedientas, y sin extrañarse, tomaron hasta tres vasos de agua más. Nana no había alcanzado a tomar nada, porque Junna, por alguna extraña razón, se tomaba lo de su vaso apenas llegaba.

—Junna-chan ¡No es justo! También tengo sed.

Le contestó con un tono muy enojado mientras arrastraba las palabras —Dame el vaso, Nana. Creo que estoy deshidratada.

Ahora estaba Karen bailando en muletas con Suzu en el patio, Claudine sentada sobre las piernas de Maya intentando callarla, porque ya estaba ebria y tenía miedo de que dijera lo que había visto.

Hikari se levantó de su silla y caminó hacia Karen a paso decidido, al pararse frente a ella tomó sus manos haciendo sus muletas caer —Karen.

La castaña la miró preocupada apoyándose en ella —¿Pasó algo, Hikari-chan? —Ella solo llevaba un vaso, el resto había sido agua.

—Te amo mucho — Karen pudo notar como tropezaban sus palabras, Hikari la abrazó empezando a bailar como si lo que estuviera sonando fuera un vals, aunque en realidad tenían algo más animado que eso. Riéndose le siguió la corriente.

Suzu fue hasta donde Mahiru rápidamente. Ella la miró curiosa —¿Suzu-chan? ¿Estás bien?

La más alta se sentó junto a ella y tomando su rostro entre sus manos le susurró —Eres mía —para luego besarla. Claro que Mahiru sabía que no estaba bien, no haría eso en público. Principalmente porque era un beso muy intenso.

Futaba estaba cantando la canción que sonaba a todo pulmón, con Kaoruko quién le hacía los coros entre risas.

Nana veía todo como si estuviera volviéndose loca. Hacia unos minutos estaban sentadas conversando y ahora bailaban, cantaban, se besaban o en el peor de los casos, estaba Junna, con la cabeza recostada en su hombro eructando cada cierto tiempo, su cuerpo se tambaleaba si se movía de esa posición. No demoró demasiado en notarlo, le susurró al oído —¿Las embriagaron, no?

Ella asintió soltando un quejido en el abrazo —Fue idea de Hanayagi-san...

Nana solo pudo suspirar en respuesta —Me lo esperaba.

Se hicieron las tres de la tarde entre bailar y cantar. Suzu terminó embrigadando a Mahiru con sus bebidas. Karen tomó un trago más y quedó fuera de sí. Claudine seguía bien, pero Maya ya estaba irreconocible, incluso estaba hablando con la voz de un personaje que alguna vez protagonizó, Susanowo.

Sin importarle que estuviera sentada sobre sus piernas le gritó —¡Saijo Claudine! Dame más patsis.

Ella frunció el ceño colocando sus manos sobre su boca silenciándola —Maya, cállate por favor, no deben saber que estuvieron tomando alcohol.

Quitando su mano de su boca le contestó —¡ESTAN TODAS EBR...

La francesa la besó para callarla, el alcohol la volvía más atrevida. Claro que todas sabían que estaban ebrias, pero no necesitaban saber que estaban tomando.

Futaba bailaba con Kaoruko al igual que Mahiru y Suzu. Karen y Hikari no estaban por el lugar, esperaban que no estuvieran dentro de la casa. Y Junna ahora estaba dormida sobre el hombro de Nana.

La pelirroja le preguntó a Kaoruko que bailaba con ella —¿Le pusiste alcohol al agua, cierto?

Ella asintió sin intentar ocultarlo —Kuro-han me dió algo para ponerle al agua. Ahora si parecen estar divirtiéndose.

Mirando a Suzu que abrazaba a Mahiru en un baile lento tuvo que aceptarlo —Si parecen estar más relajadas que antes. Lo sospeché desde el inicio, y lo noté en el sabor, creo que todas lo notaron, pero también querían embriagarse.

Riéndose se abrazó a ella colocando una de sus piernas en una de sus manos, bailando un tango improvisado cuando de fondo estaba sonando música suave. Con voz seductora le susurró al acercarse a su oído —Deberíamos llevar nuestra diversión un paso más arriba.

La alarma del teléfono de Junna, sonó, eran las cinco de la tarde, la habían colocado para saber a que hora debían empezar a prepararse para salir. Nana miraba al resto preguntándose como haría para que se alistaran sin morir en el intento. Levantándose de su silla, soltó por sobre la música proyectando su voz —¡Nos vamos! ¡Todas vayan a preparar sus cosas! ¡Será un viaje largo!

Claudine se levantó jalando a Maya consigo, la cuál estaba refunfuñando algo sobre política exterior de Japón que absolutamente nadie entendía, la francesa dedujo que estaba divagando cualquier cosa que cruzara su mente.

Suzu se abrazó a la cintura de Mahiru caminando abrazada a ella, Kaoruko y Futaba las siguieron dentro de la casa. Nana suspiró sabiendo lo que vendría y tomando a Junna del brazo empezó a caminar con ella agarrada, estaba muy ebria. Frunció el ceño al notar que no veía a Karen ni a Hikari hace horas.

Al llegar a la habitación empezó a desnudarla para luego llevarla a la ducha, Junna colaboraba medio dormida, unos minutos bastaron, y estaban ambas bañadas y con ropa nueva. La pelimorada le dijo entre balbuceos —¿Puedo dormirme mientras salimos?

Nana sonrió divertida —¿Qué tan ebria estás?

—No puedo pensar en citas célebres.

—Mejor no te levantes —riéndose salió de la habitación.

Ahora buscaría a Karen y Hikari. Tocó la puerta una vez, una segunda vez, una tercera, nadie respondía. No quería hacerlo, pero tendría que entrar sin permiso. Al abrir la puerta y entrar a la habitación, encontró a Karen arropada abrazada a Hikari dormidas. Por la falta de mangas en sus hombros, supuso que estaban desnudas, frunciendo el ceño pateó la cama, haciéndo a Hikari despertar de golpe.

—¿Que pasó?

Dándose la vuelta le contestó —Nos vamos en veinte minutos —para luego salir por la puerta.

Suzu ya estaba junto a Mahiru en el porche sujetando sus maletas, Mahiru sosteniéndose de Suzu entre risas. La más alta estaba algo ebria, pero aún podía sostenerse sobre sus piernas.

Maya estaba sentada en el porche con las maletas de Claudine encima, en silencio completo con sus manos en su cabeza, Claudine la había hecho bañarse con agua fría.

Futaba y Kaoruko estaba sentadas frente a ellas bromeando entre sí.

En unos minutos estaban subiendo su equipaje en el carro, Nana revisaba que no le faltase nada al carro, incluyendo la gasolina. Junna ya estaba sentada en el asiento del copiloto con los ojos cerrados. Aunque no pudiese ver, su papel era mantener a Nana despierta y distraída todo el camino. El sol cayó volviendo aquella tarde de noche. Cuando tenían todo preprado, dieron las ocho de la noche.

Kaoruko las veía ir y venir, desde su silla en el porche de la casa, estaba llena de nostalgia, amaba tener a sus amigas con ella y reunirse así. Se iba a poner muy triste cuando volvieran a ser ella y Futaba solas en esa casa, mirando a la pelirroja le preguntó —¿No es algo deprimente?

Ella asintió en respuesta —Voy a extrañarlas a todas. Pero volveremos a vernos pronto, daría por hecho que estamos invitadas a una boda en Tokio.

Bueno, al menos eso le aliviaba, no pasaría mucho tiempo hasta que volvieran a encontrarse todas juntas.

Nana cerró el capó del carro y subiéndose al mismo le dió la vuelta al carro acomodándolo hacía la entrada, tocando el claxon les indicó que se irían, bajándose del mismo junto a Junna, caminó hasta Kaoruko y Futaba, tomando sus manos tiró de ellas haciéndolas levantar de sus asientos para abrazarlas, Junna las abrazó también. Karen las vió y corrió a ellas uniéndose al abrazo, el resto fue apareciendo lentamente, terminando de formar eso en un abrazo de diez personas. Karen empezó a llorar, haciéndo que Mahiru la imitase.

Cuando se separaron, Nana les dijo con una sonrisa alegre —Nos veremos pronto.

Junna asintió quitándose las gafas para limpiarse un par de lágrimas traicioneras —El oftalmólogo dijo que para el siguiente mes ya estaré bien, así que, nos vemos para entonces.

Karen, que seguía llorando, se abrazó a Kaoruko entre llantos, Hikari intentó apartarla, pero estaba muy aferrada —¡Kaoruko-chan! No quiero despedirme de ti.

Maya les dió una reverencia —Muchísimas gracias por su hospitalidad.

Claudine no lo dudó y abrazó a Futaba —Tu vas me manquer(Te voy a extrañar), enana.

Devolviéndole el abrazo solo pudo reírse —No seas idiota. Kuro-chan. Tu y yo sabemos que tu cabeza no tiene espacio para extrañarme —la rubia la miró frunciendo el ceño curiosa, ella añadió —¡Tendo Maya!

Maya sonrió satisfecha a la vez que oía a Kaoruko reírse, Claudine despeinó a la pelirroja en broma.

Suzu también les dió una reverencia —Gracias por dejar que me quedase —mirando a Futaba le dijo —Solicitaré tu ayuda sobre la moto. Tal vez cuando vayas a Tokio me enseñes a conducirla.

Ella le sonrió con un asentimiento —Lo haré.

Nana miró su reloj, eran las ocho y treinta, haciéndoles una reverencia les dijo alzando la voz —Deberíamos irnos, será un viaje largo. Muchísimas gracias por todo —abrazándolas una vez más volvió a despedirse —Cuídense mucho. Las estaremos esperando en Tokio.

Todas les dieron una reverencia y les dijeron al unísono —Muchísimas gracias —dando los últimos abrazos se separaron.

Futaba les hizo una reverencia, cosa que imitó kaoruko y les contestó —Siempre son bienvenidas. Vamos a extrañarlas.

Karen seguía lamentándose —Kaoruko-chan, Futaba-chan, los voy a extrañar. Cuídense.

Hikari asintió mirándolas antes de soltar despidiéndose —Gracias por soportar a Karen, perdonen las molestias.

Mahiru se limpió la nariz por su resfriado y su llanto, antes de abrazarlas —Muchísimas gracias. Cuídense, chicas, nos veremos pronto —Suzu les dió una pequeña reverencia antes de caminar con ella rumbo al carro.

Claudine volvió a abrazar a Futaba negándose a soltarla, extrañaba a su amiga y al demonio azul también, separándose de ella abrazó a Kaoruko, ninguna habló en esos abrazos, porque sabían que se habían extrañado y se extrañarían, Maya solo pudo sonreír enternecida, también extrañaba a ese par, pero no era capaz de abrazar así a Kaoruko. Con una nueva reverencia les dijo —Cuídense, Hanayagi-san, Isurugi-san.

Terminando de despedirse caminaron al carro, donde ya estaba el resto. Junna puso la emisora y cuando Karen escuchó una canción que le gustaba le pidió que la dejara ahí, empezando a corear la canción junto a Suzu.

Nana emprendió marcha en el carro, tocando el claxon se despidió de la casa de los Hanayagi rumbo a Tokio. Sería un viaje de seis horas, aunque luego tendría que ir a dejarlas una a una en sus departamentos. Cuando por la ventana vió el último rastro de la casa suspiró nostálgica.

Junna la escuchó y le preguntó —¿Pasa algo?

—Las voy a extrañar.

Una sonrisa enternecida adornó los labios de la peli-morada, antes de decirle —Volveremos a vernos pronto en Tokio, Nana.

—Espero que el tiempo pase rápido —Ella asintió en respuesta. Realmente extrañaría a ese par. Ni siquiera vivir lejos había arruinado sus lazos amistosos, así que estaba feliz de contar siempre con ellas, no importaba donde estuviera. Tal vez su siguiente aventura con sus amigas fuera en Tokio. Estaba ansiosa por la boda y el día que todas se volvieran a reunir.

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