Eventful journey - 99 I
Eri1305
Aquel mes habían planeado viajar a Kioto todas juntas. En realidad era un viaje que solían hacer una vez al año desde que Kaoruko y Futaba se mudaron, por lo que liberaban sus agendas con anticipación para irse dos semanas. Para tratar de hacerlo más barato y cómodo, dividían los gastos, alquilaban un auto más grande y le pedían a Nana que las llevase a Kioto.
Karen y Hikari incluso dejaron a Fumi encargada de su perrita Anne antes de viajar. Maya y Claudine por su parte dejaron a su gato Shiro con Koharu, aunque presentían que quién lo cuidaría sería Hisame.
La primavera era perfecta para ello, así que eligieron viajar en abril. Kaoruko y Futaba también liberaron sus agendas para poder pasar tiempo con ellas. Amaban esas reuniones grupales.
Tenían ya dos días en Kioto con ellas. Pero era el día en que habían decidido separarse para hacer turismo, Kaoruko y Futaba confiaban en que, como no era la primera vez que habían ido a Kioto, ya sabían como no perderse, justo por eso les pareció buena idea el plan.
Por lo que Nana, Karen y Mahiru estaban juntas en la ciudad de Kioto caminando una al lado de la otra viendo escaparates y todos los cerezos en flor que rodeaban el lugar, eran alrededor de la una de la tarde.
Nana se había ofrecido para ir con Junna y cuidarla, a causa de su ceguera temporal, pero Karen insistió en llevársela con ellas para que se relajara y que se las dejase a Claudine y Futaba. Aunque en un principio lo dudó, no pudo contra la intensidad de Karen y ahí estaban. Caminando en Kioto en busca de un local de alquiler de bicicletas, querían ir a muchos lugares y Futaba se había llevado el carro. Así que irían a pie o en bici.
Mahiru llevaba el mapa en el teléfono mientras buscaba el local que había encontrado en el mismo, al llegar alquilaron tres bicicletas. Karen escogió una azul, Nana una negra y Mahiru una verde, después de pedir unas horas, emprendieron viaje por la ciudad.
Karen al ver que iban bastante tranquilas mirando alrededor le preguntó a Nana —¿A dónde vamos?
Ella volteó a mirar a Mahiru y le interrogó —¿Dónde quieres ir?
Mirando el mapa en el teléfono que ahora llevaba sobre el timón de la bicicleta soltó —¿Que tal si vamos al castillo Nijo? No está muy lejos.
La castaña asintió animada y tomando con fuerza el timón empezó a manejar a velocidad, Nana la vió ir y decidió ir tras ella, Mahiru solo pudo suspirar, Karen no cambiaba.
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En otra parte de Kioto, caminaban Futaba, Claudine, Junna y Suzu.
Estas dos últimas tomadas del brazo a causa de que era la misión que la francesa le había dado. Llevar a Junna y no perderla. Estaban regresando al carro porque habían bajado a comprar unos batidos en un local.
Su plan era simple, irían a Arashiyama aprovechando que tenían el carro con ellas.
Cuando llegaron al estacionamiento Claudine bromeaba con Futaba —Ahora que se fue con Maya y Hikari no tienes que preocuparte del demonio azul ¿No?
Volteando a mirarla le preguntó con duda —¿A qué te refieres?
Riéndose Claudine se subió al asiento del copiloto y se puso el cinturón —Pareces de esas a las que llaman cada cinco minutos para saber que está haciendo.
Frunció el ceño molesta, mientras se colocaba el cinturón en el asiento del conductor —¿De dónde sacas eso? Claro que no —puso una sonrisa burlona —¿O es que estás envidiosa? Claro, Tendo-san no tiene cara de ser de las que llama alguna vez.
Suzu estaba acomodándose en el asiento de atrás, cuando colocó el bolso de Junna en el mismo, recordó que debía ayudarla, por lo que bajó.
Ella ya tenía la puerta abierta dispuesta a subirse sola.
La de pelo grisáceo-verdoso llegó junto a ella, pero se percató de que le faltaban el bastón y el abrigo. Sintiéndose idiota asumió que por su descuido lo habían dejado dentro del local. Dirigiéndose a Junna soltó —Hoshimi-san, creo que dejamos tu bastón y mi abrigo dentro del local ¿Vamos a buscarlo?
Junna asintió dirigiendo su rostro en dirección a la voz —Deberíamos. No queremos perder esas cosas. Pero primero avísales a Isurugi-san y a Saijo-san.
Suzu lo pensó algunos segundos, se dijo a si misma que serían unos minutos, y al ver a sus acompañantes enfrascadas en una conversación sintió que no quería interrumpir, así que le dijo a Junna —No te preocupes, les dije cuando me bajé del carro.
Sonriéndole Junna se acomodó los lentes dándole la espalda —Entonces vamos.
Con una sonrisa soltó animada —¡Vamos!
Futaba escuchó escuchó sus palabras y la puerta cerrarse, así después de unos segundos mientras seguía burlándose de Claudine, emprendió marcha.
Suzu no vió el carro irse y concentrada en ayudar a Junna a cruzar la calle, se agarró más fuerte a ella.
Solo fueron dos minutos, entraron al local, buscaron sus cosas y salieron, cuando estuvieron afuera Suzu se percató de que el carro no estaba, soltándose de Junna llevó sus manos a su cabeza —No puede ser, no, no, no, no, ay no.
Mirando en su dirección intrigada preguntó —¿Qué pasó?
Tragando pesado estuvo unos segundos en silencio analizando como decirle, se sentía culpable en extremo, tomando aire y con la voz temblando le respondió —Es que, bueno — la duda en Junna se acrecentaba —bueno, creo que Isurugi-san y Saijo-san se fueron sin nosotras.
Ahora tenía un tono enojado —¿Cómo? ¿Porqué?
Riéndose nerviosa sin saber reaccionar, continuó —No lo sé. Tal vez no se percataron de que no íbamos en el carro.
—¡¿No les avisaste?!
—En realidad no, pensé que no importaría, solo eran un par de segundos y estaban ocupadas.
—¡Suzu! —Era la primera vez que le decía así, pero realmente estaba enojada —¡Intenta llamarlas! —su ceño estaba completamente fruncido del enojo.
Tocando en sus bolsillos y revisando el bolsillo del abrigo le dijo entre risas nerviosa —Creo que dejé mi teléfono con tu bolso dentro del carro.
—¿Que vamos a hacer? —La pregunta retórica estaba cargada de frustración.
Suzu no entendió que era para si misma, y colocando una mano en su hombro le contestó —¿Que tal si vamos algún punto central? Podríamos ir a algún parque que esté por aquí.
Moviendo su rostro en su dirección siguiendo su voz preguntó —Primero que todo ¿Tienes alguna idea de donde estamos? ¿Al menos sabes que hora es?
Negó con su cabeza soltando una risa ligera repleta de culpabilidad —No, ni la más mínima. Pero son las dos de la tarde.
Asintiendo se sujetó a su brazo aún preocupada y molesta—No esperaba una respuesta positiva, realmente estamos perdidas, pero lo del parque puede funcionar. Al menos es temprano. Andando.
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Maya estaba sentada en un restaurante junto a Hikari y Kaoruko.
La castaña propuso probar comida que no pudiese comer en Tokio, tradicional de Kioto. Por lo que la peli-azul las llevó al restaurante de los Tomoe.
Hikari comió un poco y se recostó en la silla a mirar a Maya, que desde que habían llegado hasta ese momento, ya había pedido unos diez platillos distintos y comido todos y cada uno de ellos.
Al ver que terminó el onceavo platillo le preguntó —¿Vas a seguir?
—Todavía no he probado el,
Kyo Kaiseki, ni comido Yudofu o incluso el sushi de Kioto —Su sonrisa, aunque era ligera, dejaba en claro que estaba contenta tener la oportunidad de comer tantas cosas ricas.
Kaoruko se levantó de su silla al ver entrar a Tamao al restaurante, eran las tres de la tarde y al parecer había salido del trabajo temprano e ido al restaurante de su familia, convencida de jugarle una broma a Maya se le acercó —Ara ara, Tamao-han.
La aludida le sonrió al verla —Buenas tardes, Kaoruko ¿Y ese milagro que estás por aquí?
Mirando a la mesa donde estaban Maya y Hikari le contestó —Bueno. En realidad estoy aquí por Tendo-han. Están haciendo algo de turismo gastronómico y quería saber si podrías ayudarme a sorprenderla. Es amante del tomate, así que me preguntaba si podrías decirle al chef que preparare un platillo especial.
Tamao la miró con duda —¿Un platillo con tomate? — Asintió —esta bien. Iré a ello. Hablamos en un rato.
Ella asintió con una sonrisa viendo a Tamao ir, y volviendo a la mesa —¿Que tal ha estado la comida?
Maya terminó su doceavo plato y le contestó —Estaba deliciosa.
Hikari soltó asintiendo —Sí, estuvo muy bien —Sacando su teléfono de su bolsillo empezó a revisar sus mensajes. Y al entrar en el chat con Karen frunció el ceño.
En mensajería:
Karen: Hikari-chan, fuimos al castillo Nijo, pero no nos dejaron entrar, hoy está cerrado al parecer.
Karen: Andamos en bicicleta.
Adjunto a ese mensaje había una foto de Karen en la bicicleta, por el ángulo, la había tomado ella.
Hikari frunció más el ceño, Karen no debería estar mandándole mensajes mientras conducía.
Hikari: Concéntrate en la calle. Karen.
Una videollamada le llegó, soltando un suspiro contestó, sabía que Karen no dejaría de insistir hasta que respondiera.
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Nana conducía junto a Mahiru intentando alcanzar a Karen. Pensaron que estaba loca por conducir así en un lugar con muchas elevaciones, pero cuando vieron que sacaba su celular y empezó a tomarse fotos en movimiento, asumieron automáticamente, que era una temeraria.
Mahiru le gritó a Nana, para que pudiera oírla —Intenta parar a Karen-chan, según el mapa, viene un descenso grande.
—¡Hablarle no ha funcionado! ¡Has visto que he intentado decirle que se detenga! —La rubia iba igual de preocupada.
Karen confiaba en sus habilidades de ciclista, cuando vió que venía un descenso supo que podría estar un poco más relajada y era cuestión de mantener el equilibrio, así que colocando su teléfono en el soporte que descansaba sobre el timón, se enfocó llamando a Hikari.
Nana sintió el inicio de la bajada y agradecida de estar metidas en un área residencial con poca gente, aumentó la velocidad planeando alcanzar a Karen y pedirle que bajara la suya.
Mahiru solo la vió ir preguntándose si había perdido el juicio, como iba a pensar que aumentar la velocidad en ese descenso era buena idea.
Karen le sonrió a Hikari antes de volver sus ojos al frente —Es divertido manejar la bicicleta cuando la calle está bastante vacía
La pelinegra frunció el ceño preocupada —Sé que te gusta andar en bici, Karen. Pero es bastante peligroso que me llames cuando estás conduciendo.
—Tengo práctica, Hikari-chan —Sonaba super confiada, por lo que la pelinegra frunció más el ceño. Cuando la miró por un segundo fue apretando el freno —Ya. Está bien, ya casi llego a terreno plano.
La rubia le gritó al acercársele para llamar su atención —¡Karen-chan! —Nana no tenía tanta práctica como Karen, había salido algunas veces en bicicleta, y desde que tenían el auto ya no la usaba, así que estaba algo oxidada. Por lo que cuando vió a Karen disminuir la velocidad se preocupó, ella iba a tanta que temía frenar, pero cuando la alcanzó ya estaban entrando en terreno sin elevación.
Nana intentó frenar cuando estuvo junto a ella y tocando el freno de adelante sintió la llanta hacer el intento de detener la bicicleta, pero sin querer rozó la llanta de atrás de Karen. Todo fue cuestión de segundos.
Hikari al ver a Nana detrás de Karen y a una cercanía peligrosa le gritó, sin importarle si estaba en un restaurante —¡Karen, cuidado! —Maya y Kaoruko voltearon a mirarla preocupadas abandonando su conversación.
Mahiru vió el accidente desde cierta distancia. La bicicleta se elevó de la parte de adelante, dando casi dos vueltas completas en el aire, con la castaña aferrada a ella, cuando estaba por iniciar la segunda se soltó, cayendo al suelo y rodando unos dos metros, cuando la bicicleta cayó, solo el timón cayó sobre ella golpeándole el abdomen.
Nana veía todo alarmada, porque pasó en cuestión de segundos, ella recobró el control de su bicicleta y pudo frenar. Cuando vió a la castaña rodar y ante los gritos alarmados de Mahiru, fue a socorrerla.
El teléfono estaba destrozado, así que Hikari no supo más sobre ellas, estaba en aquel restaurante completamente preocupada porque había visto a Karen rodar antes de que la llamada se cortara. Se mantuvo en silencio unos minutos histérica sin saber como reaccionar, analizando la situación, ni siquiera sabía dónde estaba Karen exactamente como para ir a ayudarla.
Nana por su parte veía las rodillas y codos raspados de Karen sangrar, y golpeaba sus mejillas intentando despertarla. Mahiru estaba igual de alarmada que Nana, ambas estaban junto a Karen intentando saber si seguía bien.
La castaña abrió sus ojos y se mantuvo mirando al cielo unos minutos sin reacción alguna.
Nana le preguntó —¿Karen-chan, estás bien?
Mahiru buscó el alcohol en su bolso y colocándolo en un pañuelo le dió a oler un poco —Karen ¿Estás bien? ¿Te duele algo?
Ella asintió aún en completo silencio. La bicicleta le había sacado el aire, le dolían las rodillas, los brazos, la espalda y le ardían las heridas, además de que estaba algo conmocionada, no tenía ninguna intención de levantarse. Por la adrenalina sentía que veía borroso y todo iba muy rápido.
Nana continuaba preguntándole —¿Quieres levantarte? —ella negó.
Mahiru se sentó junto a ella más relajada de saber que podía entenderlas, pero continuaba preocupada —¿Sabes que tenemos que ir al hospital, no?
Sintiendo que recuperaba el aire le contestó aún sin moverse —No quiero ir.
Nana empezó a reírse al oírla, a causa del susto que acababa de pasar, y se disculpó —Perdón, Karen-chan, quería detenerte para que no te accidentaras.
Mahiru sin evitarlo rió también —Y aún así te accidentaste.
Ella aún el suelo continuó mirando el cielo, pero ahora su ceño se frunció, le dolía todo y sus amigas estaban ahí tomándoselo con humor. No pudo más y contagiándose de las risas de ella se echó a reír sin moverse, eran unas idiotas.
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Hikari estaba aún en un análisis mental de qué hacer. No le había contado a Maya ni a Kaoruko del suceso y ellas estaban preocupadas a más no poder, pero también dispuestas a esperar a que hablase, sabían que presionar a Hikari no ayudaba en nada.
Cuando Tamao se acercó a la mesa con el platillo que Kaoruko le pidió, la peli-azul hizo todo lo posible para no reírse a causa de su travesura. Agradecía tener sus dotes de actriz.
Tamao les sonrió en saludo —Buenas tardes, a todas, espero que les haya gustado el sitio y la comida. Como son invitadas de una clienta especial, les traemos un platillo especial a petición de...
Kaoruko la interrumpió rápidamente —A petición del chef, que ha visto como Tendo-han degusta su comida con tanta pasión.
El ceño de Tamao se frunció y notó la sonrisa malévola de Kaoruko.
Con ayuda de Kaoruko sirvió los tres platos y se quedó junto a ellas a ver cuál era la víctima de sus bromas, claramente para culpar como se debía a la peli-azul.
Hikari no tenía estómago ni ánimos para pensar en comida, así que asintió disculpándose —Necesito un momento —buscando el número de Nana en sus contactos empezó a llamarla.
Maya dió el primer bocado con una sonrisa, que se borró inmediatamente al sentir el tomate, pero tenía que actuar como si le gustase, para que Tomoe-san no la viera como una mal agradecida —Está delicioso —tomando el vaso de agua dió un trago tratando de quitarse del sabor. Solo esperaba que Tamao se fuera pronto para sacar la excusa de que estaba llena.
Kaoruko sonrió divertida, nunca antes había visto a Maya poner un rostro tan contradictorio como ese, odiaba lo que estaba comiendo, y aunque sus palabras eran lo contrario, su rostro denotaba su asco.
Tomando una silla que estaba junto a su mesa vacía, invitó a Tamao a sentarse —Oye, Tamao-han, ¿Puedes quedarte a conversar un rato?, Sé que estas cansada, pero hay algunas cosas que quiero preguntarte.
Ella asintió, sabía que Kaoruko solo lo hacía para molestar a Maya, pero debía admitir que ver a Maya poner una cara tan asquienta fue divertido.
Hikari estaba llamando a Nana por segunda vez, primer timbre, segundo, tercero, un par más, y no contestó. Frunciendo el ceño le preguntó a Maya —Tendo-san ¿Me prestas tu teléfono? Necesito hacer una llamada.
Ella la miró preocupada y se lo pasó, entonces le marcó a Nana nuevamente, al primer pitido respondió.
—¿Tendo-san? Estás con Kagura-san ¿No?
Hikari solo respondió con un sonido de afirmación, esperando que no supiera que era ella —Uhum.
Su tono sonaba nervioso —Karen-chan acaba de tener un accidente, pero está bien, estamos esperando a que esté mejor para ir al hospital.
Apagando el micrófono le dijo a Maya a la vez que le pasaba el teléfono —Pregúntale dónde están —presentía que si lo hacía ella iba a colgar.
Con un asentimiento sin entender mucho Maya tomó el teléfono e interrogó —¿Dónde están?
—Te mandaré la dirección por chat, aunque realmente no creo que sirva de nada. Le preguntaré a Futaba-chan, donde están porque necesitamos devolver las bicicletas y estaremos en el hospital con Karen-chan.
—¿A que hospital van a ir?
Dirigiéndose la escuchó preguntar del otro lado a alguien más —¿A cuál vamos?
La aludida respondió —Según el mapa, aquí cerca está el Nishijin, pero tiene mala puntuación y es privado.
Karen habló del otro lado —No quiero ir a un hospital con mala puntuación. Va a ser como en las películas, entras porque caíste de la bicicleta y nunca sales.
Mahiru le contestó riéndose —Karen-chan, ¿Estás alucinando?
Nana las ignoró y le contestó a Maya —Al parecer iremos al hospital Nishijin, está cerca del pabellón dorado.
Repitió sus palabras para que Hikari la escuchara —Cerca del pabellón dorado. Entiendo. Encárgate de Aijo-san, yo llamaré a Claudine.
Nana dió una respuesta positiva antes de colgar.
Hikari se levantó de la mesa tomando sus cosas —Tengo que irme —dándole una reverencia le dijo a Tamao —Muchas gracias por la comida, Tomoe-san.
Mirando a sus acompañantes les preguntó —¿Nos vemos luego?
Maya se levantó tomándolo como su señal de escape, no quería darle ni un solo bocado más a eso —Yo te acompañaré.
El teléfono de Kaoruko empezó a sonar, era Futaba, cuando se dió cuenta tenía más de cincuenta mensajes de ella, algo malo debió haber sucedido, disculpándose con Tamao y viendo a sus amigas tomar sus cosas contestó —¿Futaba-han?
Maya se detuvo, haciendo que la pelinegra la imitara, tenía que hablar con ella también.
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Claudine tenía el rostro entre sus manos en preocupación, acababan de llegar a Arashiyama y recién se daban cuenta que ni Suzu ni Junna estaban con ellas. Todo porque habían estado burlándose una de otra todo el camino y olvidado de sus acompañantes.
Futaba estuvo unos diez minutos con el rostro en el volante pensando en que hacer, porque ya habían llamado a Suzu, pero su teléfono sonó junto al de Junna en el asiento de atrás. Si Nana se enteraba las mataría.
No podían ir a la policía a reportarlas como desaparecidas porque eran dos mayores de edad y ellas posiblemente estarían en algún lugar de Kioto igual que ellas, pensando en que hacer. Solo tenían que volver al lugar donde las vieron por última vez y rogar a que continuaran por ahí, pero era poco probable, ya iba más de una hora desde que se separaron, y el tráfico se veía pesado de regreso, al ser un lugar turístico.
Rendida llamó a Kaoruko para solicitar ayuda, sabiendo que ella estaba con Maya y Hikari.
La peli-azul contestó —¿Futaba-han?
Ella soltó —Kaoruko, necesito tu ayuda. Tenemos una emergencia.
El tono preocupado se hizo presente —¿Qué pasó? ¿Qué hiciste? ¿Qué hizo Minase-san?
—Esta vez es mi culpa —tomó aire nerviosa antes de soltar la noticia —perdimos a Junna y a Suzu.
La voz de Kaoruko dejaba saber con claridad su enojo —¿Estás bromeando?
A causa de la frustración se molestó —Me gustaría que así fuera. Pon atención, perdí a una persona ciega con una idiota, tienes que ayudarme a encontrarlas.
—Nana-han te va a matar—Cada vez estaba más enojada.
—¡Lo sé, Kaoruko!, por eso tienes que ayudarme a encontrarla antes de que se haga más tarde y ella se entere.
Soltando un suspiro cansada le contestó —Está bien. Le diré a Tendo-han y a Tomoe-han que nos ayuden. ¿Dónde las viste por última vez?
—Creo que...
Claudine le recordó lo que le había dicho con anterioridad —Cerca del templo Kodai. Estábamos en un local donde compramos algunos batidos.
Ella le repitió al teléfono —Cerca del templo Kodai, no habían muchos locales de comida cerca. Así que tal vez des con él rápidamente.
Le contestó enojada —Está bien, ya vamos para allá, a ver como resolvemos tu irresponsabilidad.
Futaba sintió su sangre hervirle del enojo —No eres la indicada para hablar de responsabilidad.
—¡Ahora mismo sí! —Después de gritarle eso, le colgó.
La francesa le dijo al ver como volvía a estrellar su rostro contra el volante —Cálmate. Ya vamos a encontrarlas.
Su teléfono sonó y al leer el nombre de Maya, contestó esperando un sermón, pero al contrario de lo que creía, Maya le habló un poco preocupada.
—¿Claudine? ¿Cómo estás?
—Preocupada, sé que fue una irresponsabilidad de nuestra parte, pero no queríamos que esto pasara, es un accidente.
Maya que hasta el momento no sabía nada le interrogó —¿Como va a ser culpa de ustedes que Aijo-san esté en el hospital?
Ahora la preocupada era ella —¿Qué? ¿Qué le pasó a Karen?
Hikari ya le había explicado la situación —Al parecer se cayó de la bicicleta y está bastante golpeada, así que está en el hospital con Tsuyuzaki-san y Daiba-san.
—Qu'est-ce qui se passe avec tout le monde aujourd'hui? (¿Qué pasa con todos hoy?)
Ahora había un tono de duda en Maya —Eso te iba a preguntar, acabo de escuchar a Hanayagi-san tener una discusión acalorada con Isurugi-san y me preguntaba si había pasado algo con su grupo.
Soltando un suspiro le contestó —Perdimos a Suzu y a Junna con ella, no cargan teléfonos ni creo que sepan dónde están. Pero ya estamos haciendo lo posible para encontrarlas.
Maya tomó aire molesta y preocupada. Entonces le dijo —Ayudaremos a buscarlas, tranquila, luego vamos a hablar de esto ¿Lo sabes, no?
Sabía que se lo merecía —Je sais(Lo sé). On se parle plus tard(Hablamos más tarde). Kaoruko ya tiene los datos, así que basta con que le preguntes el resto a ella.
Maya asintió del otro lado y le contestó enojada —Hablamos luego.
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Suzu estaba caminando en el parque junto a Junna, leyendo los carteles, al parecer estaban en un parque llamado Maruyama, los cerezos en flor eran hermosos.
Junna había leído algunos mapas sobre Kioto en sus clases de historia antes, pero solo podía recordar parques, hospitales y lugares turísticos o históricos. Sabía donde estaban, pero como no podía ver, no podía saber en qué parte del parque estaban, tampoco podía guiarlas a ningún otro lugar porque alejarse más de donde se perdieron solo lo haría peor.
Así que se habían sentado en una de las bancas bajo los cerezos a ver como caían las hojas, o bueno, ella a sentir como le caían encima, no escuchaba bullicio, así que supuso que estaba bastante vacío.
Suzu por su parte le preguntó repentinamente —¿Qué hacemos si no nos han encontrado para el anochecer?
—Volver a Tokio —Junna volteó su rostro en su dirección —No es muy difícil preguntar dónde está la estación del tren que lleva a Tokio, tu podrías guiarnos.
—Bueno, podría funcionar, conozco Tokio a la perfección, y tengo algo de dinero, así que si llegaríamos —Suzu revisó su bolsillo viendo cuanto dinero cargaba con ella y no había dejado en el bolso de Junna.
La pelimorada asintió —¿Sabes qué hora es?
Mirando su reloj de muñeca le respondió —Son las cuatro de la tarde, es una tarde muy bonita.
—¿Como a que hora nos perdimos?
Suzu volvió a mirar su reloj intentando recordar —Eran como las dos de la tarde.
La pelimorada analizó la situación, si había pasado tanto tiempo y no habían ido a buscarlas ni encontrado cuando estaban supuestamente cerca del lugar donde se perdieron, sospechaba que o Futaba y Claudine aún no sabia que estaban perdidas o no todas sabían que lo estaban y no las estaban buscando como se debía, solo pudo susurrar para si misma —Las voy a matar.
—Yo también— Suzu estaba igual de enojada, pero no pudo evitar sentir que era su culpa en gran parte, por no avisarles que buscarían el abrigo y el bastón. Se sentía una gran imbécil.
Junna frustrada se levantó con bastón en mano y empezó a caminar hacia dentro del pequeño local en la entrada del parque, quería agua. Suzu al verla ir corrió a tomarle el brazo, su única misión era acompañarla siempre y no pensaba fallar otra vez.
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Nana había acompañado a Mahiru y a Karen al hospital en un taxi, lo cual era bastante caro, pero tuvo que costearlo por su amiga.
Una vez las dejó ahí y a Karen la pasaron a una habitación donde vendaron su tobillo izquierdo quebrado, del que ella ni sus amigas supieron hasta que se le enfrió la sangre y empezó a dolerle de forma inigualable, además de que curaron sus heridas, se tuvo que quedar acostada un rato, Hikari llegó al hospital después de unos minutos y se quedó a cuidar de ella en la habitación.
Ella había salido del lugar antes de que llegara porque supuso que posiblemente estaría molesta con ella. Mahiru le explicó todo a Hikari y luego la dejó con Karen, saliendo de la habitación a encontrarse con Nana.
Cuando estuvo junto a Nana al ver su mirada culpable le dijo —No fue tu culpa, solo querías evitar que le pasara algo malo.
Ella asintió sonriéndole al voltear a verla, agradecía su apoyo —Gracias, Mahiru-chan. No te preocupes. Debería ir a llevar las bicicletas.
La más baja le sonrió animada —Vamos, te acompaño.
Solo pudo asentir.
Fuera del hospital las tres bicicletas esperaban por ellas, tenía que pagar la bicicleta que usó Karen porque se le quebró el control del cambio, y llevarlas en un taxi porque Maya no había dado señales de la respuesta que le había dado Futaba o Claudine y ellas tampoco respondían.
Por lo que, dejando a Hikari y a Karen, emprendieron marcha a llevar las bicicletas, cuando estuvieron fuera del hospital, pararon un taxi, montaron las tres bicicletas en el maletero, con ayuda del conductor, para luego emprender marcha al local donde las alquilaron.
Mahiru llevaba la dirección del local. Así que no estaban perdidas.
Una vez llegó al mismo, hicieron el papeleo, pagaron los daños, para volver. Nana sentía como cada vez más su bolsillo se vaciaba, había ahorrado un año para ese viaje y ahora estaba también costeando cuenta de un hospital. Definitivamente el viaje había sido único.
Cuando iban a regresar pensó en pedir un taxi, pero Mahiru le dijo —Ya casi está aquí el autobús, según la aplicación de transporte. Nos deja en la parada cerca del hospital.
Nana la volteó a mirar con duda —¿Cómo tienes tan buena orientación?
—Soy la hermana mayor, tengo que estar preparada siempre para estas cosas —Ella le sonrió.
Nana colocó una mano en su hombro bromeando —Mientras midas eso, para mi eres mi hermanita.
Viendo el transporte llegar le respondió —Pagaré por ti solo para que veas lo responsable que soy.
Riéndose Nana subió junto a ella. El bus arrancó y estuvieron unos minutos en silencio en el transporte, hasta que por uno de los ventanales del mismo, pudieron ver que estaban pasando junto al parque Maruyama.
Creía estar alucinando porque juraba haber visto a Junna, pero cuando Mahiru le preguntó —¿No eran Suzu-chan y Junna-chan?— Supo que no era así, por lo que corrió a la puerta a la vez que esperaba la siguiente parada, Mahiru la siguió.
Cuando el autobús se detuvo, bajó corriendo seguida de Mahiru. Una vez en el parque, vió a Junna sentarse a tomar un poco de agua en una banca. Suzu comía una barra nutritiva que acaba de comprar.
Mahiru se detuvo junto a ella en la entrada del parque a mirarlas, y le preguntó a Nana —¿Porqué están solas?
Su ceño se frunció el respuesta —No lo sé. Vamos a averiguarlo —con un rostro serio se acercó a ellas, Mahiru llevaba la misma expresión.
Cuando Suzu vió a Mahiru se abrazó a ella casi llorando —¡MAHIRU!, ¡Te extrañé!
Junna se levantó de la banca y sintiendo el perfume de Nana se preguntó si podía ser un milagro, entonces avanzó el dirección al aroma, al estar a un metro de ella, la golpeó con el bastón. La rubia había guardado silencio hasta ese momento, pero cuando el bastón la golpeó no pudo evitar quejarse —Auch.
Sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas de alivio se abrazó a ella —¡Nana!
La rubia la abrazó preocupada, y le preguntó —¿Qué hacen aquí solas?
Mahiru se abrazó a Suzu también, acariciando su cabello. Aunque ese tipo de contacto físico era muy poco frecuente y raro en Japón, parecían tan aliviadas de tenerlas ahí que no les importó estar en público. Aún así aprovechó para interrogar —¿Qué pasó, Suzu-chan?
Suzu lo pensó unos segundos, creía que podría ser mala idea delatar la irresponsabilidad de sus amigas al abandonarlas de esa forma y no percatarse de ello, estaba dispuesta a asumir la culpa a favor de su amistad, lealtad, y evitarles problemas con Nana —Me descuidé, e hice que Hoshimi-san y yo nos perdiéramos en Kioto. Perdóname, Daiba-san.
Junna negó con su cabeza y aferrándose a la camisa de Nana jaló de ella cerca de sí llamando su atención, podía sentir su enojo, pero no le importaba si se molestaba con Futaba y Claudine, Suzu no tenía toda la culpa como había querido hacerlo ver y había sido una excelente amiga y lazarillo, no podía permitir esa injusticia, por más que le molestara ser una carga para otros —En realidad su abrigo y mi bastón se quedaron dentro de un restaurante, así que fuimos unos minutos a buscarlo, pero cuando salimos Saijo-san e Isurugi-san ya se habían ido.
Mahiru le preguntó a Suzu tomando su rostro entre sus manos llamando su atención, y aprovechando que solo estaban ellas y un anciano en el parque —¿Y porqué no intentaste llamarnos?
—Mi teléfono y el de Hoshimi-san se quedaron en el carro, al igual que casi todo nuestro dinero, solo tengo unos billetes en los bolsillos.
Mahiru asintió, para luego señalarle con la mirada el local en la entrada del parque donde recientemente habían comprado la botella de agua —¿Pero porqué no pediste un teléfono prestado?
—¿Cómo no fui capaz de ver esa opción? —Junna no pudo evitar bromear y reír al igual que Suzu. Estaban tan preocupadas que no pensaron en esa solución, eran unas tontas.
La de cabellos grisáceos-verdosos le siguió el juego —Es que Hoshimi-san se distrajo viendo las flores de cerezos.
Mahiru solo pudo negar con su cabeza divertida, esas dos nunca cambiaban.
Nana aún abrazando a Junna se dijo a si misma que Futaba y Claudine iban a pagar eso, como era posible que les confiaba a Junna y la perdían junto a Suzu.
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Decidieron caminar un rato por el parque aprovechando que estaban ahí, Nana le tomó muchas fotos a Junna con flores de cerezo, se tomó algunas, a los anillos, también a Mahiru y a Suzu, y estuvieron así un rato, paseando, conversando y disfrutando el lugar.
Hasta que decidieron volver.
Alrededor de las cinco de tarde estaban en la estación de autobuses.
Desde el primer momento que se reencontraron hasta ese instante, no se habían soltado de las manos, Nana no estaba dispuesta a soltarla por miedo a perderla, Mahiru iba tomada del brazo de Suzu, quién tampoco parecía dispuesta a soltarla.
Cuando llegaron a la parada más cercana al hospital y empezaron a caminar en dirección a él, Suzu les preguntó curiosa —¿Un hospital? ¿Qué pasó?
Nana pudo distinguir la camioneta en el estacionamiento del local y supo que Futaba y Claudine estaban ahí, por lo que apretando la mano de Junna siguió caminando.
Mahiru le respondió a Suzu —Karen-chan tuvo un accidente en la bicicleta. Se quebró un tobillo, así que está en el hospital.
Junna apretó la mano de Nana, la cual sintió tensa, y le interrogó —¿Karen tuvo un accidente? ¿Cómo pasó eso?
Entrando al hospital con ellas le contestó algo culpable —La llanta de mi bicicleta frenó la suya, dió dos vueltas en el aire y cayó, entonces rodó y la bicicleta le cayó encima. Pero fue un accidente.
La pelimorada podía sentir su culpabilidad, pero era Nana, sabía que había poco que pudiera hacer por ahora para que se sintiese mejor.
Suzu le preguntó a Mahiru riéndose —¿Cómo es que sigue viva?
La aludida le sonrió divertida —Al parecer Karen-chan tiene experiencia cayendo de la bicicleta, aunque dice que nunca antes se había quebrado algo.
Cuando llegaron a la sala de espera donde estaban, Maya, Claudine, Kaoruko y Futaba, la rubia soltó la mano de Junna apretándola en un puño, mirando enojada a la pelirroja, para luego dirigir sus ojos a Claudine.
La pelirroja se levantó de la silla aliviada al ver a Junna —Hoshimi-san, que alivio volver a verte.
Claudine solo susurró para si misma contenta —Ils se sont montrés! (¡Aparecieron!), que alivio.
La rubia más alta se acercó a Futaba con su más grande expresión de enojo, Suzu al ver que Nana dejó a Junna atrás, corrió a tomarle el brazo para hacerle saber que no estaba sola. Mahiru se preguntó si ya tenía instintos de lazarillo.
Nana consideraba que aunque Claudine y Suzu también tenían culpa, la más responsable era Futaba, ella conducía, ella era quién conocía Kioto y a quién directamente recordaba haberle pedido que cuidara a Junna. Al estar frente a la pelirroja que también estaba de pie con una mirada llena de culpabilidad, le preguntó con un tono serio —¿Qué haces aquí?
Futaba levantó la mirada —¿A qué te refieres?
Mirando a Junna y a Suzu le contestó —Si se supone que ellas están perdidas, ¿Qué haces aquí en vez de estar buscándolas? Nadie te había avisado que las habíamos encontrado.
Claudine salió en su defensa —Estábamos buscándolas, pero como no las habíamos encontrado, decidimos reagruparnos para trazar un plan. Perdónanos por ese descuido, Nana.
Maya se levantó de su silla —Tranquilicémonos, al menos ya han aparecido.
Kaoruko estaba bastante enojada también —Tienen suerte de que hayan aparecido.
Nana volteó a mirar a Claudine molesta –¿Porqué nadie me avisó que Junna-chan estaba perdida?
Maya le contestó —No queríamos preocuparte.
Junna se acercó a ella y la tomó del brazo —Nana, cálmate, ya estoy aquí.
Hikari salió por la puerta de una de las habitaciones ayudando a una Karen enyesada a manterse en pie. Pero al ver a Nana su rostro cansado pasó a tener una expresión completamente enojada.
La rubia seguía molesta, al ver como la miraba la vió con una expresión cargada enojo.
Hikari soltó dirigiéndose a ella —Casi matas a Karen.
Trató de defenderse —Fue un accidente.
Hikari sentó a Karen en una de las sillas y se acercó a Nana enojada —¿En qué planeta crees que es un accidente acercarse así a un ciclista y frenarle una llanta?
—¡Yo solo intentaba que no se accidentara! —Nana estaba sintiéndose acorralada, pero estaba también molesta en gran parte de que la pelinegra estuviera culpándola de todo cuando era Karen quién estaba conduciendo de manera temeraria.
—¡La hiciste accidentar! —Hikari estaba a nada de salirse de control.
Karen sintió la tensión y se dijo que era momento de intervenir —Hikari-chan, si fue un accidente, además de que yo era quién estaba manejando de manera irresponsable —la castaña se estiró en la silla hasta tomar la mano de la pelinegra y jaló de ella.
Hikari sintió su sangre hervir del enojo y le dijo a Karen, aún mirando a Nana—Alguien tiene que enseñarle a esta imbécil que sus acciones traen consecuencias.
Junna por su parte también jaló aún más de Nana hacia ella llamando su atención, tratando de calmarla, porque se veía a punto de explotar de rabia.
Futaba creyó que era un buen momento para intentar calmarlas —Hey, los accidentes ocurren.
Nana la volteó a mirar molesta —¡Aún no he terminado contigo!
Futaba le contestó ya enojada y desafiante —No creas que me intimidas.
Kaoruko le hizo señas a Maya para que intercediera.
Maya se paró en medio de ambas y colocó una mano en dirección a Futaba haciendo distancia, les dijo —Intentemos calmarnos.
Mahiru que hasta el momento había visto todo preocupada soltó —¿Qué tal si terminamos de hablar de esto en casa?
Kaoruko agarró a Futaba del brazo y sin importarle si el ambiente estaba tenso o si estaban enojadas, tiró de ella jalandola consigo fuera de la sala, la pelirroja aunque quiso poner resistencia, no se opuso, sabía que Kaoruko solo quería evitar problemas.
Mahiru salió de la sala, seguida por Claudine. Suzu estaba por ir tras ellas, entonces Junna le dijo a Nana apretando su mano —Vamos, necesitas un poco de aire.
La rubia asintió tomando su mano y dándose la vuelta salió con ella. Hikari solo la vió ir aún muy enojada, pero sabía que ir más allá no serviría de nada.
Ahora estaban a solas Maya, Karen y Hikari.
La castaña oscura le dijo a Hikari —Deberías relajarte —ella asintió en respuesta volviendo a mirar a Karen.
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Eran alrededor de las nueve de la noche. Cuando salieron casi todas del hospital, se dieron cuenta que Kaoruko y Futaba se habían ido antes. Nana condujo con Mahiru señalándole el camino mientras lo veía en el mapa, aunque ya podía guiarse porque recordaba como habían llegado ahí la primera vez.
Karen y Hikari se quedaron en el hospital, se encontraban en la entrada del mismo. La pelinegra discutía con ella irritada —Karen, ya te dije que vamos a ir a un hotel y mañana volvemos a Tokio.
Ella molesta, sosteniéndose en sus muletas, le respondió —No voy a volver a Tokio solo porque estás siendo una idiota, te dije que fue un accidente. Si quieres volver hazlo sola.
—Karen, no te lo estoy preguntando. Vamos a dormir en un hotel esta noche.
—¿Se te olvida que nuestra economía no es tan buena? —Quitándole la mirada con el ceño fruncido se dió por vencida —Haz lo que quieras —Alzando una de sus manos, sosteniéndose en su pie sano, paró un taxi.
Cuando la pelinegra la vió intentar montarse en el mismo, se rindió y corrió a ayudarla, para luego subirse junto a ella. No podía evitar seguir enojada.
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