Eventful journey - 99 I / Parte 2

Eventful journey - 99 I / Parte 2

Eri1305

La mañana se hizo presente, en su tercer día en Kioto, Karen despertó temprano, supuso que porque durmió temprano, ya que al llegar a la casa, solo fueron directo a la habitación en la que habían dormido la noche anterior, Mahiru le contó que cuando llegaron Nana hizo lo mismo y Futaba no dió señal de vida en toda la noche.

Después de bañarse, se fue a la cocina, donde estaban Mahiru, Claudine, y Nana preparando el desayuno. Saludándoles soltó —¡Buenos días!

Nana la volteó a mirar con una sonrisa —¡Buen día, Karen-chan!

Claudine también le sonrió mientras le contestaba —Bonjour.

Mahiru dejó el cuchillo de lado dándose la vuelta para mirarla —¿Cómo sigue tu tobillo?

Ella miró su yeso y apoyándose en las muletas movió la punta de su pie —No duele si no apoyo el talón en el suelo.

Kaoruko entró por la puerta con el ceño fruncido y les preguntó —¿Y mi desayuno?

Nana le preguntó confusa —¿Y ese humor?

Claudine la miró molesta —¿Qué te pasa?

Karen se le acercó con las muletas y envolvió su brazo alrededor de su cuello abrazándola y sosteniéndose de ella —¿Dormiste mal, Kaoruko-chan?

Su respuesta más relajada, al sentir el tacto de Karen, no se hizo esperar—Algo así ¿Han visto a Futaba-han?

Claudine le contestó —La vi irse temprano.

—Esa idiota —cada vez sonaba más enojada —estuvo roncando toda la noche y me despertó a las seis.

Karen le preguntó sonriendo —¿Es de las que ronca?

La peli-azul asintió —Solo cuando está muy cansada —haciendo un puchero enojada insistió —¿Cómo va a despertarme temprano un día libre? ¿Cuánto me odia para hacerme eso?

Nana tenía el ceño fruncido mientras volteaba los panqueques. Mahiru quién había estado haciendo unos emparedados le dió uno y le dijo con una sonrisa —Para que tu humor mejore. Buen día, Kaoruko-chan.

Karen la miró envidiosa y volviendo a apoyarse en sus muletas le dijo a Mahiru —Yo también tengo mal humor, Mahiru-chan.

Claudine siguió la conversación por un punto que le había parecido interesante —Creí que solo Maya roncaba, no es estridente, pero si molesta, aunque si gira mucho cuando duerme.

La castaña riéndose soltó —Hikari-chan habla en inglés dormida —Mahiru le pasó un emparedado al verla tan envidiosa del que comía Kaoruko.

Nana se empezó a reír a la vez que servía las panqueques en un plato —Sí que son malas compañeras de sueño. Al menos Junna-chan es como una roca al dormir.

Mahiru le dijo bromeando —Sí, ella posiblemente sea la mejor compañera de sueño —recordó aquella vez que se durmió en el sillón de su departamento y no se movió en horas —pero tú eres la peor, te mueves todo lo posible, roncas y hablas, según ha contado.

Avergonzada se echó a reír—Soy muy creativa al dormir —mirando a Mahiru divertida le pregunto —¿Y cómo es Suzu-chan como compañera de sueño, Mahiru-chan?

La aludida se ruborizó quitándole la mirada —Dormimos en camas separadas.

Karen empezó a reír seguida de Claudine y Kaoruko, era divertido ver a Mahiru tan avergonzada por eso y más sabiendo si le hacían la misma pregunta a Suzu respondería honestamente que si dormían juntas.

Con una sonrisa malévola Nana insistió bromeando —¿Pero no tienen una cama doble en su habitación, Kaoruko-chan?

La peli-azul asintió con una sonrisa igual de malévola que la de Nana —No hay habitaciones con dos camas.

Sonrojándose cual rosa, Mahiru tomó los emparedados y saliendo de la cocina avergonzada les respondió intentando cambiar de tema —El resto debe tener hambre.

Nana tuvo que darle la razón, ya había molestado lo suficiente a Mahiru para estar empezando el día, así que tomando el plato con panqueques le dijo a Claudine —No olvides traer los platos y vasos —para luego salir de la cocina tras Mahiru.

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Maya estaba sentada junto a Hikari en la entrada de la casa mirando lo espacioso del terreno, lo verde de los árboles y lo apartado del lugar, entonces le preguntó —¿Que tal dormiste, Kagura-san?

—Fue bastante incómodo dormir con Karen enyesada, tenía miedo toda la noche de golpearla —Sus ojeras hacían presencia en su rostro.

Maya asintió con una sonrisa —Me imagino que puede ser peligroso si haces algún movimiento en falso —Hikari asintió en respuesta, entonces ella interrogó —Respecto a lo de ayer ¿Como sigues con eso?

Ella la miró confundida —¿Respecto a que?

La castaña la miró seria analizando si solo intentaba decirle que no quería hablar de ello o realmente no lo sabía. Pero se decidió a continuar —Respecto a Daib...

—¡Buen día, Kagura-san, buen día, Tendo-san! —Suzu apareció en la puerta junto a Junna, interrumpiéndolas. Esta última estaba sostenida en su bastón y al golpear una silla caminó hacia ella dispuesta a sentarse, Maya se le adelantó a Suzu y ayudó a Junna a sentarse.

La de cabellos grisáceos-verdosos estaba en su ropa deportiva, en manos llevaba sus zapatillas y les dijo —Hace una mañana excelente, saldré a correr un poco.

Maya le contestó —No deberías ir sola.

Junna la apoyó — No, no deberías, Suzu, al menos espera a que Isurugi-san te acompañe.

La castaña negó con la cabeza —Ella se fue temprano. Así que al menos deberías ir con alguien más para que te acompañe por si te sucede algo.

Mahiru cruzó el umbral de la puerta seguida de Nana, y saludando soltó –Buenos días ¿Como amanecieron?

Hikari quién aún no había visto a Nana, apretó su hombro tenso y le contestó —Dormí mal.

Maya le sonrió, dejando notar su buen humor, en respuesta —Buen día.

Junna movió el rostro en su dirección y le contestó —Diría que bastante bien.

Suzu saltaba en un solo lugar, ya se había puesto las zapatillas, y preparada para salir a correr, entonces le respondió —Yo tengo mucha energía, así que iré a correr.

Mahiru frunció el ceño —No irás sola.

Claudine llegó con los platos y junto a Nana acomodó el desayuno en el mismo, colocando la cantidad de panqueques que creía que cada una comería. Cuando todo estuvo servido, empezaron a repartirlo, Karen se les sumó sentándose en una silla que estaba junto a Junna.

Nana le entregó el desayuno a Junna, a Maya, cuando estaba por dárselo a Hikari, la pelinegra se levantó de la silla con el ceño fruncido y le dijo a Suzu —Iré contigo, Minase-san —la rubia se quedó con el plato en manos y el entrecejo fruncido, entendía que estuviera enojada, pero eso le había parecido inmaduro de su parte.

Karen vió a Hikari entrar a la casa, y solo pudo suspirar molesta. Estaba actuando como una idiota.

Unos dos minutos demoró Hikari en aparecer por la puerta en su ropa de correr. Maya comió rápidamente antes de entrar a la casa, cambiarse y salir. Tenía que ejercitarse, había comido mucho el día anterior.

Una vez estuvieron listas, Suzu colocó el mapa en su teléfono y colocándose sus auriculares y música, empezó a correr, seguida de Maya y Hikari. El resto las veían ir mientras terminaban de desayunar. Aunque Kaoruko tenía la mente perdida preguntándose a donde habría ido Futaba un sábado a las seis de la mañana y porque no había vuelto.

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Tenían ya treinta minutos corriendo. Suzu estaba maravillada del paisaje, le parecía increíble que Kaoruko y Futaba vivieran en un lugar así de grande y tan lindo, mientras corría veía los árboles y tarareaba la canción que estaba sonando.

Maya iba en silencio pensando en cómo preguntarle a Hikari sobre lo de Nana sin molestarle. La pelinegra por su parte parecía enojada y concentrada en correr.

La castaña, aclarándose la garganta, aprovechó que Suzu les tomó un poco de ventaja y soltó, inquieta internamente —Kagura-san ¿Puedo hacerte una pregunta? —ella volteó a mirarla, confusa, antes de asentir. Maya continuó —Es solo por aclarar pero ¿Sigues molesta con Daiba-san, cierto?

Hikari volvió sus ojos al frente y asintiendo le contestó —Tengo razones válidas para estarlo.

Maya se dijo a si misma que estando en su lugar posiblemente haría lo mismo —No dudo de ello, si fuese Claudine quién se hubiese quebrado y no me hubiesen querido avisar sobre ello, posiblemente habría reaccionado igual.

Hikari sonrió para si misma agradeciendo la empatía —Aunque en realidad estoy molesta porque fue Daiba-san quién hizo a Karen caer de la bicicleta.

La castaña curiosa y analizando la nueva información adquirida preguntó —¿Estás segura de ello?

Hikari asintió —La vi ocasionar el accidente.

Maya pensó bien lo siguiente que diría, sabía que tenía que intentar convencer a Hikari de que guardarle rencor a Nana no serviría de nada, no iba a cambiar nada ese hecho, también sabía que lo que odiaba era que alguien se hubiese metido con Karen, y lastimado, pero no tenía duda, eso no había sido una decisión de Nana, si no, algo que se salió de su control. Después de pensarlo unos minutos le dijo —Entiendo que estés enojada, y tiene sentido tu motivo, pero sabes que no vas a resolver nada, ni a...

Con voz agitada y cansada la interrumpió —Espera... —La pelinegra sintió su vista nublarse, sus oídos bloquearse y como si su cuerpo pesara mucho. Detuvo su andar intentando mantenerse en pie, entonces caminó a un extremo del sendero recostándose contra un árbol de cerezo en flor, y se dejó caer, terminando sentada y con los ojos cerrados contra el mismo.

Maya estuvo todo el tiempo junto a ella intentando socorrerla, incluso la ayudó a sentarse y le quitó su gorra, pero la pelinegra no era consciente de ello a causa de la debilidad. Suzu no escuchó sus pasos detrás de sí, por lo que volteó a verlas, pero cuando vió a Hikari ser ayudada por Maya a sentarse, corrió hacia ellas a ver como estaban. La castaña le preguntó a Hikari —¿Kagura-san, qué pasa?

Suzu se agachó frente a ella y le preguntó —¿Te sientes mal?

Hikari asintió aún con los ojos cerrados tratando de recuperar el aire y la consciencia.

Maya se quitó la gorra que llevaba hasta ese momento y empezó a darle aire con ella, tal vez había sido la insolación. Suzu revisó el mapa para ver que distancia tenían de la casa, habían corrido unos cuarenta minutos y hecho unos tres kilómetros.

Hikari agradeció mentalmente el aire que Maya le estaba proporcionando y le susurró a Suzu al verla con el teléfono en las manos —No le digas nada a Karen.

La más alta frunció el ceño mientras guardaba el teléfono, ya le había dicho a Mahiru, pero tuvo que pedirle que no le contara a nadie. Le dijo que iban ya en camino de regreso.

Una vez Hikari se sintió mejor intentó levantarse de donde estaba sentada, pero Maya negó con su cabeza sentándose junto a ella —Tal vez necesitas reposar un poco más —Lo cierto es que ella también se sentía cansada, hacía un sol espantoso y ninguna de las tres había tenido la grandiosa idea de llevar agua.

Suzu solo pudo sonreír divertida ante la escena, ella solo estaba agitada, aún no se sentía cansada, pero porque estaba acostumbrada a hacer mucho ejercicio físico, sentándose junto a ellas se abrió el abrigo y quitó la gorra empezando a echarse aire. Hikari y Maya agradecían llevar el cabello atado. Una vez la pelinegra recuperó más energía tomó su gorra azul y empezó a soplarse con ella.

Estuvieron unos diez minutos sentadas descansando. Hasta que la de cabellos grisáceos-verdosos se levantó, se acomodó su abrigo y la gorra, para luego decirles —Vamos a volver o nos quedaremos todo el día aquí, ya son las doce.

Maya se levantó arreglándose el cabello, para luego tenderle la mano a Hikari ofreciéndole ayuda para levantarse —¿Kagura-san?

Suzu vió la escena por lo que también le tendió una mano acompañada de una sonrisa, Hikari avergonzada tomó ambas manos levantándose —Gracias.

Mientras caminaban de regreso Maya calculó que Kaoruko y Futaba vivían a unos diez minutos o un poco más, en transporte, hasta el pueblo más cercano. Ciertamente el tamaño de la propiedad era bastante grande, así que no le extrañaba que eso hubiera sido un hotel en el pasado, eso explicaría el hecho de la cantidad de habitaciones o que hubiese habido una familia muy grande viviendo ahí o incluso que fuera la mansión de algún señor poderoso de alguna era antigua.

El resto del camino Suzu iba preguntándoles por sus familias, no parecía tener pudor al hacer preguntas, pero Maya y Hikari no se sentían para nada incómodas. La realidad es que ambas iban preocupadas de sobremanera por la pelinegra e incluso caminaron más lento por si sucedía algo poder recurrir a ayudarla rápido.

A causa de que volvieron caminando a casa, llegaron alrededor de la una de la tarde.

Mahiru estaba en la entrada sentada preocupada en extremo. Karen yacía en una silla mecedora junto a ella moviéndose de atrás hacia adelante.

A causa del sol y la deshidratación Maya y Hikari llegaron casi arrastrándose a la puerta, cuando estuvieron ahí, en la pequeña terraza, se dejaron caer sobre dos sillas, Hikari sentía que volvía a desmayarse, por lo que cerró los ojos un momento.

Suzu llegó detrás de ellas con una sonrisa soltando —¡Hemos vuelto!

Claudine salió con unos vasos de agua unos cinco minutos después al ver que Maya había vuelto junto al resto.

Estuvieron unos veinte minutos entre lo que almorzaban y se relajaban. Kaoruko estaba en el segundo piso de la casa, sentada en una silla en el balcón al parecer hablando por teléfono. Claudine le comentó a Maya que al parecer estaba enojada porque Futaba no aparecía.

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Ahora Karen estaba con Hikari en la habitación donde se estaban quedando, la pelinegra yacía sobre la cama acostada con los ojos cerrados aún sintiéndose débil físicamente, supuso que el ejercicio, el desmayo y el soportar hambre le habían dejado completamente agotada.

Karen la vió así y parada delante de la cama sosteniéndose en sus muletas, le dijo molesta además de preocupada —¿Sabes porque estás así?

La pelinegra no se inmutó, pero ciertamente estaba también muy consciente de que Karen solo estaba preocupada por ella.

La castaña continuó —¡Eso te pasa por no desayunar! Por tener ese orgullo absurdo para llegar al nivel de rechazar el desayuno e irte a correr sin comer ¿En qué estabas pensando, Hikari? ¿En enfermarte? ¡Te desmayaste! ¿Qué habría hecho si algo malo te sucedía? Porque para más, decidiste no avisarme de ello.

La aludida podía notar su seriedad cada vez que decía su nombre directamente. Solo hacía eso cuando realmente hablaba en serio. Suspirando le contestó —De nada iba a servir que lo supieras ¿Qué ibas a hacer? ¿Ir a buscarme en muletas?

Aún más enojada soltó —¡Le habría dicho a Nana-chan que fuera a buscarte, pudo haber ido por ustedes en minutos y no habrías tenido que regresar caminando sintiéndote débil y hambrienta!

Casi como en un susurro Hikari le respondió —Justo por eso pedí que no te avisaran —abriendo sus ojos, mirándola continuó alzando más el tono —Karen, hace un mes me demostraste que no estoy equivocada, habrías hecho lo mismo en mi lugar si alguien te hubiera hecho daño, porque así reaccionaste cuando creíste que Daiba-san le había hecho daño a Hoshimi-san ¿Porqué tu si puedes estar dispuesta a defender a los que quieres pero yo no?

Había cierta molesta en su tono de voz, cosa que Karen pudo percibir. Por lo que frunció más el ceño —¡No es lo mismo! —Hikari no tenía energías para discutir, por lo que se mantuvo en silencio, Karen levantó más el tono de voz —¡Esto fue un accidente! Ella no eligió lastimarme, es algo fuera de su control.

Hikari frunció el ceño y volviendo a cerrar sus ojos con un tono más relajado, como si estuviera diciendo la verdad absoluta, soltó —Pudo haber evitado el hacerte caer o por lo menos contestar mis llamadas y avisarme como estabas. Tuve que conseguir la información del hospital por medio de Tendo-san.

Sentándose junto a ella la castaña intentó hablarle un poco más suave, pensaba que tal vez calmándose un poco entendería mejor las cosas —No sirve de nada que estés dándole vueltas a lo que pudo haber hecho o no, fue un accidente, se salió de su control, estoy bien.

La pelinegra abrió sus ojos mirándola unos segundos antes de volver a cerrarlos —¿Sabes el tiempo que te incapacitará ese yeso?

Dándose cuenta de que no estaba dispuesta a entrar en razón se levantó de la cama frustrada, y tomando sus muletas caminó a la puerta, estrellándola al salir, dejando en evidencia su enojo.

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Ya estaban en su cuarto día de viaje, Futaba llegó alrededor de las siete de la noche a casa, invitándoles a todas a ir a pasear en Kioto juntas, para ver la ciudad de noche. Nana y Junna no fueron, por insistencia de la rubia. Karen por su parte presionó tanto a Hikari para ir que terminaron yendo.

Eran alrededor de las nueve y aún no volvían. La rubia estaba sentada en el sofá viendo la televisión mientras Junna se mantenía en silencio con los ojos cerrados recostada contra el sofá, se había quitado los lentes por lo que Nana podía ver su expresión pensativa.

Junna abrió sus ojos al sentir la mirada de Nana sobre ella. La rubia vió sus ojos verdes desorientados y sintiendo impotencia se sentó junto a ella abrazándola por los hombros contra su pecho. Junna se ruborizó ante el tacto —¿Qué pasa?

—Te veías muy linda, así que quise abrazarte —cuando Nana notó como le quitaba la mirada pensó que estaba avergonzada.

En cambio Junna le preguntó repentinamente —¿Sigues molesta con Isurugi-san?

Rompiendo el abrazo se cruzó de brazos, después de unos segundos en los que pensaba en como responder a eso sin sonar enojada, soltó con seriedad —Sí, creo que si lo hago.

Junna asintió recostándose contra su hombro —Sé que lo haces, tu lenguaje corporal me lo dijo, pero sabes que ella no nos perdió intencionalmente ¿No?

Nana apretó sus dientes pensando, hasta que suspiró —Lo sé. Puede que no haya sido su intención, pero no puedo evitar enojarme sabiendo que te perdió en Kioto de esa forma y no fue capaz de avisarme para al menos buscarte.

La peli-morada asintió contra su hombro —Entiendo eso, pero ¿Qué puede hacer ella para cambiar lo que hizo? No creo que haya nada que pueda cambiar su forma de actuar. Solo podemos esperar a que haya aprendido de su comportamiento. A menos que —se detuvo un segundo y tocando con una de sus manos el brazo de Nana, llegó hasta la suya, tomándola para llamar su atención —Nana ¿Tú no quieres vengarte, no?

La rubia llevó la mano de Junna hasta sus labios dándole un beso, antes de responderle —No quiero más que una disculpa sincera. Kuro-chan y Suzu-chan ya se disculparon, sin embargo ella ni siquiera lo ha intentado, no creo que esté sinceramente arrepentida.

Junna volvió a asentir, cada vez entendía más a Nana, estaba contenta de que no fuera una persona extremista —Creo que deberías hablar con ella, tal vez si lo intentas razonar, deje de lado su orgullo y admita su error.

Ambas sabían que eso era poco probable, Futaba podía ser bastante orgullosa si se trataba de algo de ese tamaño y más si estaba completamente centrada en que no era su culpa. Nana le respondió —No creo que eso suceda y menos si carga esa actitud prepotente.

Levando su cabeza del hombro de Nana le contestó más seria —Entonces intenta hablar con Kagura-san. Trata de disculparte con ella, ya que Isurugi-san no lo hace contigo.

Nana sabía que no le servía de nada dejar las cosas como estaban con Hikari, después de todo, fue su culpa el accidente y entendía su motivo para estar así de molesta, todas sabían que para Hikari, Karen lo era todo, si le debía una disculpa de su parte —Esta bien, hablaré con Hikari-chan.

—Lo harás pacíficamente ¿No? —Había cierta molestia en su tono de voz.

La rubia no sabía como sentirse al respecto —¿A qué viene eso? ¿Me crees una persona violenta?

—Pues antes de ayer escuché de alguien a quién casi le lanzas al mar con el carro, sin mencionar que irrumpiste en el departamento de Tsuyuzaki-san, que es propiedad privada, sin autorización, o que fuiste a casa de mis padres y los amenazaste, o el hecho de que te sacaron de un hospital —Junna cruzó sus brazos mostrando seriedad, aunque en sus labios descansaba una sonrisa que dejaba ver que se estaba divirtiendo con esos.

Nana empezó a reír nerviosa, se preguntaba como Junna había sabido de todo eso entendía lo de Suzu y Mahiru, pero, no se suponía que ella debía saber lo de haber ido a casa de los Hoshimi —¿Cómo es que sabes esas cosas?

Algo más seria le contestó —No hay nada que puedas hacer y de lo que no me termine enterando.

No pudo evitar reír al sentirse bajo control de Junna, y abrazándola para luego darle un beso cargado de dulzura, le susurró contra sus labios —Por ti haría lo que fuera.

Sonrojándose a la vez que reía intentó apartarla —Nana, no me hagas llamar a la policía.

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