El primer lienzo
13 de marzo de 2018, 14:25. Valencia
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13 de marzo de 2018, 14:25. Valencia
Aura y Víctor no son los últimos en llegar. Esta vez es Daniel quien toma ese rol en la comisaría.
En el pequeño salón de actas donde Raúl guarda todo lo relativo al caso ya están el inspector jefe y Leo, colgando las últimas pruebas del caso Bosco. Junto a la pizarra se encuentra el experto en arte, Nobles, que mira con nostalgia la imagen que se expone ante él.
Por primera vez, la subinspectora pone rostro a la última víctima de El Bosco. Un rostro todavía joven, inmaculado. Las facciones de Ariadna son pulcras, delicadas. La foto muestra un primer plano de su rostro lívido. Con los ojos cerrados y una expresión impersonal, la foto refleja la futilidad de una vida humana. Tan pronto pasa de la más pura vitalidad al olvido más doloroso. La joven tensa el rostro al entender que la fotografía muestra el sufrimiento de la joven antes de fallecer. Labios pálidos y tensos, pequeñas manchas en la piel y unos ojos arrugados son los culpables de dotar a la joven de esa expresión triste y sufrida.
Los dos agentes recién llegados toman asiento, cuando en ese momento aparece Daniel, con la mirada nublada a causa de un cansancio excesivo.
—Perdón, el tráfico —se excusa él.
—En fallas circular por estas calles es para volverse loco —confirma Víctor con una ligera sonrisa plasmada en su rostro.
—Bien, ¿comenzamos? —interrumpe Raúl, justo un segundo antes de colgar la última de las fotos: una foto de un hombre mayor. La coloca junto a la foto de la primera víctima, y al lado del nombre, que sirve de identificativo: Eusebio Grillán.
Cuando ya tiene todo listo, se acerca al experto en arte y le susurra algo que nadie llega a comprender, pero que hace que el hombre asienta y se prepare su portátil.
—Bueno, os he llamado para actualizar los detalles del caso. He llamado también a nuestro experto en arte para que nos ayude a interpretar las pistas que El Bosco nos ha dejado con este nuevo caso, así que, desde ahora, el señor Nobles pasará a ser un colaborador del departamento, con acceso a las actualizaciones del caso y disponibilidad todo el día.
Todos asienten y Raúl relega su autoridad al anciano, que carraspea justo antes de comenzar su disertación.
—Como ya comenté a la subinspectora Casado, para mí es un honor poder ayudarles con esto y, si mis aportaciones sirven para dar con el asesino, me hará especialmente feliz. Aunque ya se ha dicho muchas veces, lo que diga será mi interpretación del cuadro, en base a lo que conocemos de él.
—Lo entendemos, señor Nobles. Ahora nos gustaría conocer todo lo que podamos sobre el fragmento que hemos encontrado junto a la última víctima.
En la pizarra también está colgado el fragmento, junto a la foto de Ariadna y bajo un espacio en blanco con el nombre que apareció en el reverso del fragmento: Pere Lloret Bañuls.
—Bien. No recuerdo con exactitud si lo comenté previamente con la subinspectora, pero en aquella época era muy común que los burgueses pagaran a los pintores por alguna obra en concreto. Se les conocía como donantes. Estas personas eran quienes encargaban los cuadros y, frecuentemente, el pintor solía incluirlos en sus obras. O bien a un lado o de una forma un poco más directa. El Bosco pinta a los dos donantes de este cuadro en ambos extremos del tríptico. He visto que faltan los dos donantes, así que lo incluiré en esta explicación. Será su trabajo identificar quién formará parte del otro fragmento.
El hombre manipula el portátil y, cuando parece tener lo que busca, lo gira para mostrar la pantalla al resto de agentes. En ella se muestra el cuadro intacto.
—Si os fijáis, junto a los donantes, está dibujado el escudo de cada una de las familias. Es gracias a estos escudos que se pudo deducir que quién se halla en la tabla de la izquierda es el donante Peter Bronckhorst junto a san Pedro, y a la izquierda está Agnese Bosshuysse con santa Inés.
—¿Quiere decir que la víctima de hoy estará relacionada con una segunda? Es decir, si en el cuadro hay dos donantes… —Aura se muestra preocupada. Le sudan las manos, le tiembla el pulso. Su corazón se acelera y no es capaz de pensar en nada que no sea en la voz del asesino atravesando sus tímpanos.
«¿Sabe usted por qué las películas de suspenso son tan adictivas y poco previsibles?».
—Conocer la mente del asesino es su trabajo, subinspectora. El mío es conocer la mente de los pintores. Y es lo que hago ahora mismo. Les estoy abriendo la mente de El Bosco. Ahora ustedes deben entrar en la del asesino.
—Para eso tenemos que ser rápidos, chicos. Tenemos más novedades. Y todavía muchas incógnitas. —Raúl se vuelve hacia la pizarra y cuelga la foto de otro anciano. Un hombre moreno con la mirada perdida y arrugas por todo el rostro. La coloca junto al espacio que abría junto al rostro de Ariadna.
—Leo ha hecho las averiguaciones en tiempo récord. Ya tenemos los datos del nombre que figuraba en el reverso del fragmento. Aunque tampoco hay mucho por dónde tirar.
—Ha sido relativamente fácil. Solo había que buscar en el sitio correcto —comenta Leo con cierto orgullo reverberando en su voz.
—A ver si lo adivino. Otro finado —remata Víctor con astucia.
Leo sonríe ante el comentario de su compañero y se acomoda en su asiento.
—El mismo año que Eusebio Grillán.
—¿Causa? —inquiere Aura.
—Muerte natural. Parada cardiorrespiratoria. Hemos hablado con su hijo por teléfono y tampoco ha dicho mucho. Dijo que su padre había ido enfermando, así que decidieron internarlo para poder tenerlo controlado las veinticuatro horas.
—¿De qué enfermó?
—Demencia. Al final acabó por olvidarlos a todos.
—Es aquí donde tenemos algo por donde estirar la cuerda —expone con orgullo Raúl. Justo en ese momento coloca en la pizarra la fotografía de la prueba encontrada en el bolso de Ariadna. La caja de Galantamina—. Según nos han confirmado los del laboratorio químico, la Galantamina se lleva usando hace años para tratar la demencia. Aunque está claro que es una enfermedad degenerativa y sin cura aparente, hay varios fármacos que al menos ayudan. Entre ellos algunos como la Tacrina y la Galantamina.
—¿Hay alguna relación más entre ellos? —Aura se muestra interesada. Preocupada tal vez. Su mirada viaja a gran velocidad entre todas las imágenes que se aglomeran en la pizarra.
—Sí la hay. Y ahí es a donde os vais cuando terminemos esta conversación. Ambos ancianos eran pacientes de la residencia La Esperanza. Por lo visto, esta residencia está acostumbrada a trabajar con ancianos que sufren de demencia o Alzheimer.
—Pues a qué estamos esperando.
—Tú y Víctor iréis a la residencia. Daniel irá con Leo al IML para hablar con Héctor y ver si sigue allí el señor Frutos. Hay que conseguir todos los datos que podamos de ese hombre.
Todos los agentes se levantan con celeridad, pero es Aura la que encabeza el pelotón, caminando más rápido que sus pensamientos. Intentando huir de ellos.
—¡Ey, espera! —grita Víctor, varios metros por detrás de ella. Pero Aura apenas escucha. Su cabeza grita con desesperación el nombre de Javier.