El primer lienzo
15 de marzo de 2018, 19:33. Valencia
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15 de marzo de 2018, 19:33. Valencia
La reunión en la sala no se ha hecho esperar. Todo el equipo está concentrado frente a la pizarra mientras el experto en arte y colaborador termina de ultimar su puesta en escena.
—He averiguado algo interesante, chicos —comenta Leo antes de que Ignacio Nobles comience a disertar—. Cuando me llamasteis para que buscara la dirección de Cristóbal no presté atención porque estaba centrado en buscar su información. Pero más tarde, analizando bien su archivo, me he dado cuenta de un error. Me dijisteis que era un médico, pero no tiene nada de médico.
Aura lo mira con extraña calma mientras se retrepa en su silla. No quiere hablar. No se siente con fuerzas, pero su cuerpo no le permite ser indolente.
—Eso nos dijo la mujer. Al parecer era el médico que trataba con los ancianos en la residencia.
—No sé lo que haría en la residencia, Aura. Pero según su fichero, no consta que haya trabajado cómo médico. Es más, no he encontrado titulación para ello. Según he visto, Cristóbal se graduó como investigador clínico y estuvo trabajando hasta su jubilación en una clínica de ensayos médicos. Y ahora viene lo mejor. ¿A que no sabéis dónde?
—En la clínica Beinnet —completa Víctor torciendo los labios.
Leo sonríe.
—En efecto. Director de la clínica Beinnet. Se jubiló pocos años antes de que lo hiciera Manuel Frutos.
Raúl se frota la cara con hastío y lanza una mirada compungida hacia el techo. Una mirada que ni Aura, ni Daniel —que ha permanecido callado toda la jornada— ni el resto del equipo consigue descifrar. A pesar de ello, el inspector jefe mira a Leo y dice:
—Entonces, para poder centrarnos, tenemos a un director de una clínica de ensayos, el presidente del comité ético, un médico y un director de una residencia de ancianos. Creo que lo que El Bosco nos quiere decir está claro.
—Tenemos que investigar qué trapos sucios tenía esa residencia con los ancianos. ¿Sabemos algo del último nombre que ha aparecido? —inquiere Aura, preocupada. Sus manos no dejan de repiquetear sobre la mesa.
—Adivina —responde Leo.
—Anciano fallecido en los años noventa.
—1993 para ser más concretos. En efecto. Daniel ha hablado hace un rato con su hijo.
Daniel asiente y se incorpora sobre la silla. Mira a todos sus compañeros y niega con la cabeza como si no quisiera tener que hablar.
—Sabiendo el tipo de caso en el que andamos, he ido a sacar conclusiones claras. El señor Aurelio Ruzafa fue internado cuando el Alzheimer se volvió más fuerte. Murió en la residencia.
—Vamos a ir a por Álvaro, pero primero tenemos que aclarar las nuevas pistas que nos ha dejado. He llamado al señor Nobles no solo para que nos diga algo más del fragmento encontrado, sino para que también nos aclare los que nos faltan por salir. A ver si podemos adelantarnos a sus pasos por una puta vez, aunque sea.
Raúl asiente y el experto en arte saca en pantalla la escena que se ha encontrado en el cuerpo de Cristóbal Almunia.
—Bien, chicos. Esta es la escena que se ha encontrado hoy en el cuerpo de la víctima. La escena corresponde a la tabla central y se encuentra justo en el eje de acción de la obra. Es donde se centra todo el contenido. Con el tiempo que llevamos ya sabremos que El Bosco acostumbraba a representar el Mal en todas sus obras. No solo en las obras, sino en cada detalle intrínseco de estas. Todo tiene un trasfondo y todo está relacionado con el pecado, el castigo o lo prohibido. En este caso, la escena nos habla de la ofrenda que Melchor le hace a la Virgen por el alumbramiento del niño Jesús. Como ofrenda le entrega un objeto decorado con oro y perlas. Este objeto hace referencia al sacrificio de Isaac, y es como un prefacio del propio sacrificio de Jesús. Simboliza el triunfo sobre el Mal, como vemos por los sapos aplastados bajo la escultura.
—¿Qué querrá decir con esto? ¿Qué relación puede tener con la víctima? —inquiere Raúl. Su rostro, tan acostumbrado a mostrarse imperturbable, ahora es una mezcla de miedo y nerviosismo. Un dibujo mal hecho de paz y calma.
—¿Traición quizá? Puede que ese hombre tenga cierta relación con algún hecho que se haya visto envuelto por mentiras o traiciones.
—La hija de una de las ancianas nos comentó que fue Cristóbal quien la convenció para llevar a su madre al centro. Puede que ese hombre tratara de embaucar a las víctimas —arguye Aura, que ha encontrado un pequeño resquicio para colarse en la batalla de dudas.
—Puede que todo eso tenga algo que ver.
—Está bien, señor Nobles. Para no dilatar más esto. ¿Qué nos podría decir sobre las últimas escenas que nos faltan?
Nobles mira con precisión su ordenador y comienza a manipularlo con preciada calma. Apenas un minuto después la imagen de la pantalla desaparece, y en ella cobra vida otra secuencia de la tabla central del tríptico de El Bosco. Ahora se ve al tercero de los Reyes. Concretamente aparece Gaspar ofreciendo al niño mirra en una bandeja de plata.
—Bien. Aquí lo importante no es lo que ofrece Gaspar, como sí es interesante en los otros casos. En este lo que llama la atención es la túnica. En ella vemos la representación de dos escenas del Antiguo Testamento. Arriba vemos la ofrenda de la reina de Saba, ofreciendo sus presentes al rey Salomón. Más abajo vemos la escena en la que Manoa y su mujer hacen su ofrenda después de que Dios les comunicara el nacimiento de su hijo Sansón. Estas escenas, a pesar de pertenecer al Antiguo Testamento, están relacionadas con el nacimiento de Cristo, por lo tanto, con el Nuevo Testamento.
—Buscar aquí una relación con los casos actuales es como intentar acertar al número de la lotería. Solo la cabeza de El Bosco sabe interpretar esta escena.
—Todavía quedan varios huecos más en el cuadro. Recuerda que había más espacios. —Víctor se adelanta a su compañero y su pesimista visión del caso, para tirar más leña en un lecho de llamas todavía muy vivas.
Nobles mira a Víctor y asiente apesadumbrado.
—Lo cierto es que recuerdo el cuadro que me mostraron y todavía hay unas cuantas escenas más. Bajo mi punto de vista creo que son las escenas más fáciles de interpretar.
Todos lo miran sin decir nada. Hasta que Raúl, cuando se percata del silencio que comienza a tensar el ambiente, decide romper la calma.
—¿Cómo que son los más fáciles de interpretar? Explíquese.
—Sí. Tenemos por un lado las escenas de los ejércitos de Herodes buscando a Cristo. Eso es una clara alusión a ustedes. Ustedes son esa escena. Los agentes que están buscando a Cristo. Ahora bien, no oculta a Cristo en ningún momento, por lo que ese personaje es conocido. Quizá tendrían que identificar a Cristo. ¿Quién es ese personaje central sobre el que gravitan los demás actores? Y, por otro lado, la escena del anticristo observando cómo se gesta todo. En este caso, ese personaje debería ser el propio asesino. Él es quien observa todo.
Todos asienten contagiados por el ánimo que desprende el experto en arte. Entendiendo parte de la obra y sabiendo que, tal vez, ese hombre de aspecto añejo tenga algo de razón.
—Si es así, solo nos quedaría una víctima más por encontrar —aduce Aura, que no sabe si estar nerviosa o eufórica.
—De ser cierto eso, estamos en un serio problema. Por un lado, puede que tengamos un cuerpo más por encontrar, o una última oportunidad para dar con ese malnacido.
Nadie puede responder al comentario de Raúl porque nadie es capaz de pensar algo distinto a eso. El experto en arte se marcha dejando no solo la última imagen del cuadro sobre la pantalla, sino también sus palabras flotando en el ambiente.
—Ahora tenemos que ir a por Álvaro Ferrer. Creo que ese hombre tiene muchas cosas que aclarar. Mientras tanto voy a hablar con Navacaño para traer también a Manuel, aunque este va a ser más difícil. Ya hemos visto el poder que maneja este hombre. Sus influencias van más allá de la ciudad. —Tras eso, Raúl cuelga sobre la pizarra las nuevas pistas encontradas.
Aura cierra los ojos al ver las imágenes del cuerpo de Cristóbal completamente deformado. Las quemaduras recorren parte de sus extremidades, así como los rastros que la muerte ha ido dejando en su cuerpo toman el control de zonas como su estómago.
—Aura —anuncia el inspector jefe haciendo que esta dé un pequeño salto sobre su silla—. ¿Te ocupas de visitar a Álvaro o mando a una patrulla?
—Ya mismo voy para allá —responde ella convencida.
—Bien. ¿Víctor? —Este no responde. Se limita a ofrecer un ligero asentimiento serio—. Estupendo. El resto id a descansar. Mañana nos espera otro día largo.
Poco a poco, la sala se va vaciando mientras los dos agentes se precipitan en una marcha veloz hasta el apartamento del que fuera director de la residencia La Esperanza. Una carrera que se producirá bajo una pesada luna llena que alumbra calles ya decoradas con pequeñas fallas generosamente alumbradas. Todavía las fallas mayores no están en pie, pero ya comienza a verse el trabajo para prepararlas. Quedan pocas horas para que todas las fallas se muestren al mundo, y para que Valencia se convierta en un hervidero de gente.
Aura sabe que el tiempo corre en su contra. Por eso no duda en alargar las horas de su reloj para acercarse a un asesino que lleva en las sombras mucho tiempo.
Sus pesimistas elucubraciones terminan cuando ve el apartamento de Álvaro frente a ella. Suspira antes de detener el vehículo.
—Hemos llegado —dice a un Víctor que tampoco ha dicho nada durante todo el recorrido. Ambos se miran y saben que, a partir de ahora, la verdad va a ser una carta muy difícil de jugar.