El placebo eres tú

El placebo eres tú


Primera parte: Información » 3 El efecto placebo en el cerebro

Página 11 de 31

Cuando la conferencia que dabas te salió mal, toda la información que tus cinco sentidos captaron del mundo exterior cambió cómo te estabas sintiendo en tu mundo interior. La información que tus sentidos procesaron —las caras de los asistentes, la lujosa sala, las fuertes luces sobre tu cabeza, el sonido del micrófono retumbando, el silencio sepulcral después de tu primer intento de bromear, la sensación de haber subido la temperatura en la sala en cuanto empezaste a hablar y el sudor haciendo desaparecer el aroma de tu colonia—, hizo que tu estado interior del ser cambiara. Y en cuanto relacionaste ese particular episodio en tu mundo exterior sensorial (la causa), con los cambios que sucedieron en tu mundo interior de los pensamientos y sentimientos (el efecto), creaste un recuerdo.

Asociaste una causa con un efecto, y entonces empezó tu propio proceso de condicionamiento.

Después de la tortura que te infligiste aquel día, que por suerte terminó sin que te lanzaran ninguna fruta o verdura podrida, volviste en coche a casa. Durante el trayecto no dejaste de darle vueltas al incidente una y otra vez. En diversos grados, cada vez que recordabas la experiencia (que es exactamente eso: reproducir el mismo nivel mental), creaste los mismos cambios químicos en tu cerebro y en tu cuerpo. En cierto sentido, reafirmaste repetidamente el pasado y seguiste el proceso de condicionamiento.

Como tu cuerpo actúa como mente inconsciente, no reconoce la diferencia entre el incidente real de tu vida que produjo tu estado emocional y las emociones que tú creaste con los pensamientos al recordar el incidente. Tu cuerpo creía estar viviendo la misma experiencia una y otra vez, aunque tú estuvieras solo en tu cómodo coche, y respondió fisiológicamente como si estuvieras reviviendo esa experiencia en el presente. Mientras activabas y conectabas los circuitos de tu cerebro procedentes de tus pensamientos relacionados con aquella experiencia, estabas reforzando físicamente las conexiones sinápticas, y en ese momento creaste conexiones incluso más duraderas en esas redes neuronales: estabas creando un recuerdo de larga duración.

En cuanto llegaste a casa, le contaste a tu pareja, a tus amigos y quizá incluso a tu madre los acontecimientos del día. Mientras les describías el trauma con todos sus dolorosos detalles, te volviste a sentir fatal. Y al revivir las emociones del incidente, condicionaste a tu cuerpo a responder químicamente como aquel día. Lo acostumbraste fisiológicamente a convertirse en tu historia personal de forma subconsciente, inconsciente y automática.

Durante los días siguientes estuviste de mal humor. La gente acabó dándose cuenta y cada vez que alguien te preguntaba: «¿Qué te pasa?», tú no podías resistirte y te lo tomabas como una invitación para volverte más adicto al torrente de sustancias químicas que recibías del pasado. El estado de ánimo creado por aquella experiencia no fue más que una larga reacción emocional que te duró varios días. Pero cuando las semanas en las que te estuviste sintiendo de esa misma forma cada vez que recordabas el incidente se fueron convirtiendo en meses e incluso en años, se acabó transformando en una prolongada reacción emocional. Y ahora no solo se ha convertido en una parte de tu temperamento, tu carácter y tu naturaleza, sino también de tu personalidad. Es quién eres.

Si alguien te pide que vuelvas a hablar en público, te mueres de vergüenza solo de pensarlo y te pones nervioso. Tu mundo exterior está controlando tu mundo interior, y eres incapaz de trascenderlo. Como esperas que tu futuro (tu inicio como conferenciante) será más bien como la sensación de tu pasado (un tormento insoportable), tu cuerpo como por arte de magia, actuando como si fuera la mente, responde de manera automática y subconsciente. Por más que intentes evitarlo, es como si tu mente no pudiera controlarlo. En cuestión de segundos surgen un montón de respuestas condicionadas de la farmacia de tu cerebro y tu cuerpo —te pones a sudar profusamente, notas que la boca se te seca, las piernas te flaquean, sientes náuseas, la cabeza te da vueltas, te cuesta respirar y te sientes agotado— y todo esto por un solo pensamiento que ha cambiado tu fisiología. A mí estos efectos me recuerdan a los de un placebo.

Si pudieras, rechazarías la oportunidad de hablar en público alegando algo como: «No soy un orador», «Me siento inseguro al hablar en público», «Soy un pésimo conferenciante» o «Me da demasiado miedo hablar delante de mucha gente». Siempre que dices: «Soy…» (llena el espacio en blanco con tus propias palabras), lo que estás manifestando es que tu cuerpo y tu mente se han alineado con un futuro, o que tus pensamientos y sentimientos se han unido con tu destino. Estás reforzando el estado del ser que has memorizado.

Si por casualidad alguien te preguntara por qué eliges que tu pasado te defina y además te limite, estoy seguro de que contarías una historia idéntica a la de tus recuerdos y emociones del pasado, reafirmando que eres así. Probablemente incluso la embellecerías un poco. Pero a nivel biológico, lo que estás proclamando es en realidad que el incidente de varios años atrás te cambió física, química y emocionalmente, y que desde entonces apenas has cambiado. Elegiste que tus propias limitaciones te definieran.

En este ejemplo, se podría decir que eres esclavo de tu cuerpo (porque ahora se ha convertido en la mente), estás atrapado por las condiciones de tu entorno (porque la experiencia que tuviste con determinadas personas y cosas en un lugar y un tiempo en concreto te están influyendo en cómo piensas, actúas y sientes), te has quedado anclado en el tiempo (estás viviendo en el pasado y anticipando el mismo futuro de siempre, tu mente y tu cuerpo no viven nunca el momento presente). De modo que para cambiar tu estado del ser actual, tienes que ir más allá de estos tres elementos: el cuerpo, el entorno y el tiempo.

¿Recuerdas que al principio del capítulo he señalado que el placebo lo crean tres elementos: el condicionamiento, las expectativas y el significado otorgado? Pues ahora puedes ver que el placebo eres tú. ¿Por qué? Porque los tres elementos aparecen en el ejemplo anterior.

En primer lugar, como un talentoso adiestrador de animales, has condicionado a tu cuerpo a adoptar un estado del ser subconsciente en el que mente y cuerpo son uno —tus pensamientos y sentimientos se han fusionado—, y ahora has programado tu cuerpo para que sea la mente de manera automática, biológica y fisiológica por medio de tus pensamientos. Y en cuanto surge un estímulo del mundo exterior —como una oportunidad para enseñárselo— has condicionado a tu cuerpo, como Pavlov condicionó a sus perros, a responder de forma subconsciente y automática a la mente de la experiencia pasada.

Dado que la mayoría de los estudios sobre placebos han revelado que un solo pensamiento puede activar el sistema nervioso autónomo del cuerpo y producir cambios fisiológicos importantes, significa que estás regulando tu mundo interior simplemente al asociar un pensamiento con una emoción. Todos tus sistemas autónomos subconscientes están siendo reforzados neuroquímicamente por los sentimientos que sueles tener y las sensaciones físicas relacionadas con tu miedo, y tu biología lo refleja a la perfección.

En segundo lugar, si tus expectativas son que tu futuro será como tu pasado, en este caso además de estar pensando en el pasado, estás eligiendo un futuro conocido basado solo en tu pasado y aceptándolo emocionalmente, hasta que tu cuerpo (como mente inconsciente) cree estar viviendo ese futuro en el presente. Estás centrado en una realidad conocida y previsible que te impide optar por cualquier decisión, conducta, experiencia y emoción nuevas. Al aferrarte fisiológicamente al pasado, estás previendo inconscientemente tu futuro.

En tercer lugar, si le asignas un significado o una intención a una acción, el resultado aumenta. Lo que te estás diciendo a diario (en este caso, que eres un pésimo conferenciante y que hablar en público te da pánico) es lo que tiene significado para ti. Te has vuelto susceptible a tus propias sugestiones. Y si tus conocimientos actuales se basan en las conclusiones de tus experiencias pasadas, en este caso al no adquirir ningún conocimiento nuevo siempre crearás el resultado que equivale a tu mente. Pero si cambias el significado que le das y también tu intención, como hicieron las limpiadoras del hotel del estudio del último capítulo, cambiarás los resultados.

Tanto si has intentado hacer un cambio positivo para crear un nuevo estado del ser, como si has estado viviendo de manera automática con el mismo antiguo estado del ser, la verdad es que siempre has estado siendo tu propio placebo.

Ir a la siguiente página

Report Page