El placebo eres tú

El placebo eres tú


Primera parte: Información » 2 Breve historia sobre el placebo

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Un efecto similar se ha documentado en los estudiantes afroamericanos, que históricamente obtienen notas más bajas que los blancos en cuanto a vocabulario, lectura y pruebas de matemáticas. Es el caso de la Prueba de Aptitud Escolar (SAT, del inglés Scholastic Aptitude Test), aun cuando la clase socioeconómica no sea un factor que intervenga. En realidad, los estudiantes de color sacan de media una puntuación de un 70 a un 80 por ciento más baja que los estudiantes blancos de la misma edad en la mayoría de las pruebas estandarizadas[28]. El psicólogo Claude Steele, de la Universidad de Stanford, explica que la culpa la tiene un efecto llamado «la amenaza del estereotipo». Su investigación muestra que los estudiantes de grupos a los que se ha estereotipado negativamente rinden menos cuando creen que la puntuación se evaluará según ese estereotipo que cuando no sienten esa dase de presión[29].

En el estudio de Steele, que marcó un hito, realizado en colaboración con Joshua Aronson, los investigadores hicieron una serie de pruebas verbales de razonamiento a estudiantes de segundo curso de la Universidad de Stanford. A algunos les hicieron creer en las instrucciones el estereotipo de que los estudiantes de color sacaban notas más bajas que los blancos y les indicaron que la prueba que estaban a punto de realizar era para medir su capacidad cognitiva. Y, en cambio, a los del otro grupo les dijeron que la prueba no era más que una herramienta de investigación sin importancia. En el grupo donde les habían dicho lo del estereotipo, los estudiantes de color sacaron una puntuación más baja que los blancos, pese a haber obtenido todos la misma nota en el SAT. Pero en el grupo en el que no se habló del estereotipo, los estudiantes de color y los de raza blanca que habían sacado la misma nota en el SAT obtuvieron la misma puntuación, demostrando que el efecto bombeo había marcado una gran diferencia.

El efecto bombeo significa, básicamente, cuando alguien, algún lugar o algo de nuestro entorno (por ejemplo, al realizar una prueba) desencadena toda dase de asociaciones almacenadas en nuestro cerebro (como, por ejemplo, que los que corrigen esa prueba crean que los estudiantes de color siempre sacan una puntuación más baja que los blancos), haciendo que actuemos de determinada forma (sacando una nota más baja) sin ser conscientes de ello. Se llama «efecto bombeo» porque funciona como cuando cebamos una bomba. Hay que tener agua en el sistema de bombeo para bombear más agua de él. En este ejemplo, la idea o la creencia de que las otras personas esperan que los estudiantes de color saquen una puntuación más baja que los blancos es como el agua que ya está en el sistema: siempre ha estado allí. Cuando haces algo para activar el sistema (agarrar el tirador de la bomba o hacer la prueba), estás removiendo todos esos pensamientos, conductas o emociones relacionadas con ello y sacas exactamente lo que estaba esperando salir del sistema: ya sea agua, en el caso de una bomba, o una puntuación más baja, si se trata de una prueba.

Piensa en ello durante un momento. La mayoría de las conductas automáticas producidas por el «efecto bombeo» las crea una programación inconsciente o subconsciente que la mayoría de las veces sucede sin que nos demos cuenta. ¿Nos están condicionando para que actuemos de manera inconsciente todo el día sin saberlo siquiera?

Steele reprodujo este efecto también en otros grupos estereotipados. Cuando les hizo una prueba de matemáticas a un grupo de estudiantes blancos y asiáticos que destacaban en esta asignatura, los estudiantes blancos del grupo a los que les habían dicho que los asiáticos sacaban una puntuación un poco más alta que los blancos en este tipo de pruebas no rindieron tanto como los estudiantes blancos del grupo de control a los que no se lo habían dicho. Los experimentos de Steele llevados a cabo con estudiantes del sexo femenino que sobresalían en matemáticas revelaron resultados parecidos. Cuando esperaban inconscientemente sacar una puntuación más baja, les ocurría exactamente eso.

Los resultados más importantes de la investigación de Steele revelan algo muy profundo: aquello que nos han condicionado a creer sobre nosotros mismos y aquello que nos han programado a creer que los demás piensan de nosotros afecta a nuestro rendimiento, como el éxito que tendremos. Lo mismo ocurre con los placebos: aquello que nos han condicionado a creer que nos pasará cuando nos tomemos una pastilla, y aquello que creemos que todo el mundo de nuestro entorno (como nuestros médicos) espera que nos pase cuando lo hagamos afecta a cómo nuestro cuerpo responderá a la pastilla. ¿Podría ser que muchos fármacos o incluso intervenciones quirúrgicas funcionen mejor porque nos han estado «cebando», educando y condicionando una y otra vez para creer en sus efectos, cuando de no ser por el efecto placebo esos medicamentos quizá no funcionarían tan bien o incluso no lo harían en absoluto?

¿Puedes ser tu propio placebo?

Dos estudios recientes de la Universidad de Toledo de Ohio quizá han sido los que más luz han arrojado sobre cómo la mente determina lo que percibimos y experimentamos[30]. Para cada uno de los estudios, los investigadores dividieron a un grupo de voluntarios con buena salud en dos categorías —optimistas y pesimistas—, según como respondieron a las preguntas de un cuestionario de diagnóstico. En el primer estudio les dieron un placebo, pero les dijeron que era un fármaco que les haría sentirse mal. Los pesimistas tuvieron una reacción negativa más fuerte a la pastilla que los optimistas. En el segundo estudio, los investigadores también les dieron a los participantes un placebo diciéndoles esta vez que les ayudaría a dormir mejor. Los optimistas afirmaron haber dormido mucho mejor que los pesimistas.

Los optimistas tendieron a responder de manera positiva a la sugestión de que algo les haría sentirse mejor porque los habían «cebado» para esperar el mejor resultado. Y los pesimistas fueron más proclives a responder negativamente a la sugestión de que algo les haría sentirse peor porque de forma consciente o inconsciente esperaban el peor resultado posible. Es como si los optimistas produjeran inconscientemente las sustancias químicas específicas que les ayudasen a dormir, y los pesimistas crearan una farmacia de sustancias químicas que les hicieran sentirse mal.

Es decir, en exactamente el mismo entorno las personas de mentalidad positiva tienden a crear situaciones positivas y las de mentalidad negativa tienden a crear situaciones negativas. Este es el milagro de nuestra ingeniería biológica individual dotada de libre albedrío.

Si bien no se conoce exactamente cuántas curaciones médicas proceden del efecto placebo (en su artículo de 1955 citado anteriormente en este capítulo, Beecher afirmaba que eran un 35 por ciento de ellas, pero las investigaciones actuales demuestran que puede oscilar del 10 al 100 por ciento)[31], la cantidad total es sin duda muy importante. Por tanto, debemos preguntarnos: ¿cuál es el porcentaje de enfermedades y trastornos debidos a los efectos de los pensamientos negativos en los nocebos? Teniendo en cuenta que las investigaciones científicas más recientes en el campo de la psicología estiman que cerca del 70 por ciento de nuestros pensamientos son negativos y redundantes, la cantidad de enfermedades que podemos crear inconscientemente debido al efecto nocebo es tremenda, sin duda mucho más elevada de lo que creemos[32]. Esta idea tiene sentido, dado que muchos trastornos mentales, físicos y emocionales parecen surgir de la nada.

Aunque pueda parecerte increíble que tu mente sea tan poderosa, las investigaciones de las últimas décadas señalan claramente algunas grandes verdades: lo que piensas es lo que experimentas, y con relación a tu salud, lo materializas a través de la asombrosa farmacopea que tienes en el cuerpo y que se alinea de manera automática y exquisita con tus pensamientos. Esta milagrosa farmacia activa de manera natural las moléculas curativas que ya existen en tu cuerpo, liberando distintos componentes químicos diseñados para producir distintos efectos en distintas circunstancias. Naturalmente, esto hace que te preguntes: ¿cómo lo hacemos?

En los siguientes capítulos explicaré cómo esto se da a nivel biológico y cómo puedes aplicar esta capacidad innata para crear de manera deliberada la salud —y la vida— que quieres experimentar.

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