El placebo eres tú

El placebo eres tú


Primera parte: Información » 3 El efecto placebo en el cerebro

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3El efecto placebo en el cerebro

Si has leído mi libro anterior, Deja de ser tú, descubrirás que en este capítulo resumo gran parte de la información que contiene. Si te parece que ya la dominas, sáltatelo o léelo por encima para repasar los conceptos que necesites. Y si no sabes qué hacer, te aconsejo que leas el capítulo, porque para comprender los siguientes capítulos necesitarás entender lo que te presento aquí.

Como ilustran las historias de los dos últimos capítulos, cuando cambiamos nuestro estado del ser, el cuerpo responde a la nueva mente. Y entonces nuestros pensamientos empiezan también a cambiar. Gracias al gran tamaño de nuestro cerebro frontal, los seres humanos tenemos el privilegio de poder hacer que nuestros pensamientos cobren vida más que cualquier otra cosa, y así es como actúan los placebos. Para ver la evolución de este proceso es esencial examinar y repasar tres elementos fundamentales: el condicionamiento, las expectativas y el significado. Como verás, estos tres conceptos actúan juntos al orquestar la respuesta placebo.

Ya he explicado el condicionamiento, el primer elemento, al hablar de Pavlov en el capítulo anterior. En resumen, el condicionamiento se da cuando asociamos un recuerdo del pasado (por ejemplo, tomar una aspirina) con un cambio fisiológico (la desaparición del dolor de cabeza) porque ya lo hemos experimentado muchas veces. Considéralo de esta forma: si adviertes que te duele la cabeza, te estás dando cuenta de que se ha producido un cambio fisiológico en tu mundo interior (sientes dolor). Lo siguiente que haces es buscar algo en el mundo exterior (en este caso, una aspirina) para crear un cambio en tu mundo interior. Se podría decir que ha sido tu estado interior (sentir dolor) lo que te ha llevado a pensar en una decisión, acción o experiencia tuya de tu realidad exterior que cambió cómo te sentías (al tomar la aspirina y aliviarte el dolor de cabeza).

El estímulo, o el agente, del mundo exterior al que en este caso llamamos aspirina, crea por tanto una experiencia en concreto. Cuando esta experiencia produce una respuesta fisiológica o recompensa, cambia tu mundo interior. En cuanto adviertes un cambio en tu interior, te fijas en aquello del mundo exterior que lo ha causado. A este hecho — cuando algo exterior cambia algo dentro de ti— se le llama recuerdo asociativo.

Si sigues repitiendo el proceso una y otra vez, el estímulo externo por asociación se llega a volver tan fuerte o reforzado que si se sustituye la aspirina por una pastilla de azúcar que parezca una aspirina, producirá una respuesta interna automática (aliviándote el dolor de cabeza). Es una de las formas en que actúa el placebo. Las figuras 3.1 A, 3.1 B y 3.1 C ilustran el proceso del condicionamiento.

Las expectativas, el segundo elemento, entran en juego cuando tienes una razón para esperar un resultado distinto. Como, por ejemplo, si sufres dolor artrítico crónico y el médico te receta un nuevo medicamento explicándote con entusiasmo que te aliviará el dolor, y tú aceptas lo que te sugiere y esperas que al tomártelo te suceda algo distinto (ya no sentirás dolor). En ese caso tu médico ha influido en tu nivel de sugestionabilidad.

En cuanto te vuelves más sugestionable, asocias algo del exterior (el nuevo medicamento) con lo que escoges de una serie de distintas posibilidades (en este caso, librarte del dolor). En tu mente, estás eligiendo un distinto posible futuro, anticipando y esperando un resultado distinto. Si aceptas y esperas emocionalmente que este nuevo resultado elegido se materialice, y esto te produce además una emoción lo bastante intensa, tu cerebro y tu cuerpo no distinguirán entre imaginar que has cambiado tu estado del ser para librarte del dolor y el acontecimiento que ha hecho que tu estado del ser cambiara. Para el cerebro y el cuerpo son lo mismo.

En la figura 3.1 A, un estímulo produce un cambio fisiológico llamado respuesta o recompensa.

FIGURA 3.1 A

La figura 3.1 B demuestra que si combinas un estímulo con un estímulo condicionado la suficiente cantidad de veces, seguirá produciendo una respuesta.

FIGURA 3.1 B

La figura 3.1 C ilustra que si eliminas el estímulo y lo sustituyes por un estímulo condicionado —como un placebo—, puede producir la misma respuesta fisiológica.

FIGURA 3.1 C

En el cerebro se activan, por consiguiente, los mismos circuitos neuronales que se activarían si tu estado hubiera cambiado (si el medicamento hubiera funcionado aliviándote el dolor), con lo que se liberan las mismas sustancias químicas en tu cuerpo. Lo que estás esperando (que el dolor se vaya) ocurre porque el cerebro y el cuerpo crean la farmacia perfecta para cambiar tu estado interno. Ahora tienes un nuevo estado del ser, es decir, la mente y el cuerpo actúan al unísono. Tal es tu poder.

Darle un significado, el tercer elemento, a un placebo ayuda a que funcione porque cuando das un nuevo significado a un acto, le añades una intención. Es decir, al aprender y entender algo nuevo, le pones más energía. Por ejemplo, en el estudio sobre las limpiadoras de un hotel del capítulo anterior, en cuanto comprendieron el considerable ejercicio físico que hacían a diario al ejecutar su trabajo y los beneficios que les reportaba, le atribuyeron un mayor significado a estas acciones. No se limitaron a pasar la aspiradora, restregar, y fregar el suelo, sino que comprendieron que estaban ejercitando sus músculos, aumentando su fuerza física y quemando calorías. Como pasar la aspiradora, la mopa y fregar el suelo tuvo más significado para ellas después de que los investigadores las concienciaran sobre las ventajas físicas del ejercicio, la intención o el objetivo de las limpiadoras no fue realizar simplemente su trabajo, sino además hacer ejercicio físico y estar más sanas.

Y eso fue exactamente lo que ocurrió. En cambio las limpiadoras del grupo de control no atribuyeron el mismo significado a sus tareas porque no sabían que lo que estaban haciendo era bueno para la salud, de modo que tampoco recibieron los mismos beneficios, aunque realizaran exactamente las mismas acciones.

El placebo actúa de la misma forma. Cuanto más crees que funcionará una sustancia, un procedimiento o una intervención quirúrgica en particular porque te han concienciado de sus beneficios, más posibilidades tendrás de responder al pensamiento de mejorar tu salud y sentirte mejor. Es decir, si le das más significado a una posible experiencia con una persona, un lugar o un objeto del exterior para cambiar tu interior, más probabilidades tendrás de cambiar tu estado interior por medio de los pensamientos. Además, cuanto más aceptes un nuevo resultado relacionado con tu salud —porque te han concienciado sobre las posibles recompensas de lo que estás haciendo—, más claro será el modelo que estás creando en tu mente, y mejor «cebarás» tu cerebro y tu cuerpo para reproducir exactamente eso. En resumidas cuentas, cuanto más creas en la causa, mejor será el efecto.

El placebo: anatomía de un pensamiento

Si el efecto placebo es la función de cómo un pensamiento puede cambiar la fisiología —podríamos llamarlo el poder de la mente sobre la materia—, en este caso tal vez deberíamos examinar nuestros pensamientos y cómo interactúan con nuestro cerebro y nuestro cuerpo. Empezaremos con nuestros pensamientos cotidianos personales.

Los humanos somos seres de costumbres. Tenemos de 60.000 a 70.000 pensamientos diarios[1], y el 90 por ciento de ellos son exactamente los mismos que los del día anterior. Nos levantamos por el mismo lado de la cama, seguimos la misma rutina en el baño, nos peinamos de la misma forma, nos sentamos en la misma silla para desayunar, sostenemos la taza con la misma mano, vamos en coche por la misma ruta al mismo trabajo de siempre, y hacemos las mismas cosas que sabemos hacer tan bien con las mismas personas (que nos alteran emocionalmente del mismo modo) cada día. Y luego nos apresuramos a volver a casa para apresurarnos a leer el correo electrónico, para apresurarnos a cenar, para apresurarnos a ver nuestro programa favorito en la tele, para apresurarnos a cepillarnos los dientes de la misma manera que siempre, para apresurarnos a ir a acostarnos, para apresurarnos a levantarnos a la mañana siguiente y volver a hacer lo mismo.

Si parece que esté diciendo que vivimos la mayor parte de nuestra vida con el piloto automático puesto, esto es exactamente lo que quiero decir. Tener los mismos pensamientos de siempre nos lleva a tomar las mismas decisiones. Tomar las mismas decisiones nos lleva a manifestar la misma conducta. Manifestar la misma conducta nos lleva a crear las mismas experiencias. Crear las mismas experiencias nos lleva a tener las mismas emociones. Y tener las mismas emociones nos conduce a los mismos pensamientos. Observa la figura 3.2 y sigue la secuencia de cómo nuestros pensamientos de siempre crean nuestra realidad de siempre.

FIGURA 3.2

Cómo creamos la misma realidad de siempre con nuestros pensamientos.

Este proceso consciente o inconsciente hace que tu biología siga siendo la misma. Ni tu cerebro ni tu cuerpo cambian porque estás teniendo los mismos pensamientos de siempre, realizando las mismas acciones y viviendo según las mismas emociones, aunque en el fondo estés deseando que tu vida cambie. Creas la misma actividad cerebral, lo cual activa los mismos circuitos cerebrales y reproduce la misma química cerebral, y esto afecta la química de tu cuerpo de la misma manera de siempre. Y la misma química envía las mismas señales a los mismos genes. Y la misma expresión genética crea las mismas proteínas, los componentes básicos de las células, con lo que el cuerpo sigue siendo el mismo de siempre (más adelante trataré el tema de las proteínas más a fondo). Y como la expresión de las proteínas es la expresión de la vida o de la salud, tu vida y tu salud siguen siendo las mismas de siempre.

Echémosle ahora un vistazo a tu vida por un momento. ¿Qué significa esto para ti? Si estás teniendo los mismos pensamientos que ayer, lo más probable es que hoy tomes las mismas decisiones. Estas mismas decisiones de hoy te llevan a la misma conducta de mañana. La misma conducta habitual de mañana producirá las mismas experiencias en tu futuro. Los mismos episodios en tu realidad futura crearán las mismas emociones previsibles para ti todo el tiempo. Por eso te sientes igual cada día. El ayer se convierte en el mañana, así que en realidad tu pasado es tu futuro.

Si estás de acuerdo conmigo en este punto, se podría decir que esta sensación conocida que acabo de describir eres «tú»: tu identidad o tu personalidad. Es tu estado del ser. Y es algo natural y automático con lo que te sientes a gusto. Es tu propio tú de siempre viviendo en el pasado. Cuando dejas que este proceso redundante se dé a diario (porque te despiertas por la mañana y prevés y recuerdas la sensación de ser «tú» cada día), con el paso del tiempo este estado conocido del ser te acaba llevando a los mismos pensamientos de siempre que te hacen desear seguir con el mismo ciclo automático de decisiones, conductas y experiencias para volver a sentir esta sensación conocida que consideras como «tú». De manera que tu personalidad sigue siendo la misma de siempre.

Si esta es tu personalidad, entonces tu personalidad crea tu realidad personal. Es así de sencillo. Y tu personalidad está hecha de cómo piensas, actúas y sientes. La personalidad actual de la persona que está leyendo esta página ha creado la realidad personal presente llamada tu vida, y esto también significa que si deseas crear una nueva realidad personal —una nueva vida—, tienes que empezar a analizar los pensamientos que has estado teniendo o reflexionar sobre ellos y cambiarlos. Debes tomar conciencia de las conductas inconscientes que has estado eligiendo para demostrar que te han llevado a las mismas experiencias de siempre, y luego tomar nuevas decisiones, realizar nuevas acciones y crear experiencias nuevas. La figura 3.3 te muestra cómo tu personalidad influye en tu realidad personal.

FIGURA 3.3Tu personalidad la forma tu modo de pensar, actuar y sentir. Es tu estado del ser. Tus mismos pensamientos, acciones y sentimientos de siempre te mantienen atado a tu misma realidad personal del pasado. Pero cuando tú como personalidad aceptas unos nuevos pensamientos, acciones y sentimientos, creas inevitablemente una nueva realidad personal en tu futuro.

Observa esas emociones memorizadas que sientes a diario, préstales atención y decide si vivir dejándote llevar por ellas una y otra vez es quererte a ti mismo. La mayoría de las personas intentan crear una nueva realidad personal con la misma personalidad de siempre y esto no funciona.

Para cambiar tu vida, debes convertirte en otra persona literalmente. Más adelante encontrarás las pruebas científicas que demuestran este proceso. Échale un vistazo a la figura 3.4 y sigue la secuencia de nuevo.

FIGURA 3.4Cómo creamos una nueva realidad con nuestros pensamientos.

Si entiendes este modelo, coincidirás conmigo en que tus nuevos pensamientos te llevan a tomar nuevas decisiones. Las nuevas decisiones te llevan a nuevas conductas. Las nuevas conductas te llevan a nuevas experiencias. Las nuevas experiencias te producen nuevas emociones y las nuevas emociones y sentimientos te inspiran a pensar de nuevas formas. A esto se le llama «evolución». Y tu realidad personal y tu biología —los circuitos de tu cerebro, tu química interior, tu expresión genética y, finalmente, tu salud— acaban cambiando debido a esta personalidad nueva, a este nuevo estado del ser. Y todo ello empieza solo con un pensamiento.

Un rápido vistazo al funcionamiento del cerebro

A estas alturas ya he mencionado brevemente términos como circuitos del cerebro, redes neuronales, química cerebral y expresión genética sin apenas explicar lo que significan. A lo largo del resto del capítulo describiré algunas sencillas interpretaciones científicas de cómo actúan el cerebro y el cuerpo al unísono para crear un modelo completo de cómo tu realidad puede convertirse en tu propio placebo.

Tu cerebro —que se compone en un 75 por ciento de agua como mínimo y tiene la consistencia de un huevo pasado por agua—, está formado por unos cien mil millones de células nerviosas, llamadas neuronas, dispuestas a la perfección en el ambiente acuoso en el que flotan. Cada célula nerviosa se parece a un roble elástico, aunque sin hojas, con ramas serpenteantes y sistemas radiculares que se conectan y desconectan a otras células nerviosas. Una célula nerviosa en particular puede tener desde 1.000 conexiones hasta más de 100.000, depende de dónde resida en el cerebro. Por ejemplo, la neocorteza —tu cerebro pensante— tiene de 10.000 a 40.000 conexiones por neurona.

Se solía ver el cerebro como un ordenador y aunque se le parezca en ciertos aspectos, hoy día se sabe que no es exactamente así, ya que cada neurona es una biocomputadora en sí misma, con más de 60 megabytes de memoria RAM, capaz de procesar enormes cantidades de información, ejecutando incluso miles de funciones por segundo. A medida que aprendes cosas nuevas y tienes nuevas experiencias en la vida, tus neuronas crean conexiones nuevas, intercambiándose información electroquímica unas con otras. Estas conexiones se llaman conexiones sinápticas, porque el lugar donde las células intercambian la información —el espacio entre la rama de una neurona y la raíz de otra— se denomina sinapsis.

Si el aprendizaje crea nuevas conexiones sinápticas, en tal caso recordar es mantener estas conexiones. Un recuerdo es por tanto una relación o conexión a largo plazo entre las células nerviosas. Y la creación de estas conexiones y las formas en que cambian a lo largo del tiempo alteran la estructura física de tu cerebro.

A medida que el cerebro hace estos cambios, tus pensamientos producen una mezcla de distintas sustancias químicas llamadas neurotransmisores (como, por ejemplo, la serotonina, la dopamina y la acetilcolina entre otras). Cuando tienes un pensamiento, los neurotransmisores de la rama de una neurona-árbol cruzan el espacio sináptico para llegar a la raíz de otra neurona-árbol. En cuanto cruzan este espacio, la neurona descarga información en forma de impulsos eléctricos. Cuando sigues teniendo los mismos pensamientos de siempre, la neurona sigue activándose de las mismas formas, con lo que se fortalece la relación entre las dos células nerviosas para que, la siguiente vez que se activen, transmitan la señal con más rapidez. Por eso el cerebro revela la evidencia física de no solo haber aprendido algo, sino también de recordarlo. Este proceso de reforzamiento selectivo se llama potenciación sinóptica.

Cuando las marañas de neuronas se activan al unísono para apoyar un nuevo pensamiento, en la célula nerviosa se crea una sustancia química adicional (una proteína) que penetra al centro de la misma o núcleo, donde se integrará al ADN. La proteína cambia entonces varios genes. Como la labor de los genes es crear proteínas que mantengan tanto la estructura como la función del cuerpo, la célula nerviosa produce rápidamente una nueva proteína para crear nuevas ramas entre las células nerviosas. Cuando repites un pensamiento o una experiencia las suficientes veces, además de reforzarse las conexiones entre tus células nerviosas (afectando tus funciones fisiológicas), aumenta la cantidad de conexiones (afectando la estructura física del cuerpo). El cerebro se enriquece más a nivel microscópico.

En cuanto tienes un nuevo pensamiento, cambias por tanto a nivel neurológico, químico y genético. De hecho, al aprender, pensar y experimentar cosas nuevas, creas miles de nuevas conexiones en cuestión de segundos. Así que en este mismo instante puedes activar nuevos genes simplemente por medio del pensamiento. Ocurre al cambiar tu mente, es el poder de la mente sobre la materia.

Eric Kandel, galardonado con un Nobel de Medicina, demostró que cuando se crean nuevos recuerdos, la cantidad de conexiones sinápticas de las neuronas sensoriales estimuladas se dobla a 2.600. Pero a no ser que la experiencia original de aprendizaje se repita una y otra vez, la cantidad de conexiones nuevas se vuelven a reducir a las 1.300 del principio en tan solo tres semanas.

Si repetimos lo que hemos aprendido las suficientes veces, estaremos reforzando comunidades de neuronas que nos ayudarán a recordarlo la próxima vez. Ya que, de lo contrario, las conexiones sinápticas desaparecerán al cabo de poco y el recuerdo se borrará de la mente. Por eso es importante actualizar, repasar y recordar continuamente tus nuevos pensamientos, decisiones, conductas, hábitos, creencias y experiencias si quieres consolidarlos en tu cerebro[2]. La figura 3.5 te ayudará a familiarizarte con las neuronas y las redes neuronales.

Para que te hagas una idea de lo inmenso que es este sistema, imagínate una célula nerviosa conectando con otras 40.000 más. Pongamos que procesa 100.000 bits de información por segundo y que la comparte con otras neuronas que también están procesando 100.000 funciones por segundo. Esta red, integrada por grupos de neuronas que actúan juntas, se llama red neuronal. Las redes neuronales forman comunidades de conexiones sinápticas. También se pueden llamar neurocircuitos.

A medida que las células nerviosas de la materia gris de tu cerebro cambian físicamente y que las neuronas se seleccionan y organizan en estas redes inmensas que procesan cientos de millones de bits de información, el hardware físico del cerebro también cambia, adaptándose a la información recibida del entorno. Y con el paso del tiempo, a medida que las redes neuronales se activan una y otra vez, agrupando y dispersando la actividad eléctrica como las densas nubes de una imponente tormenta eléctrica, el cerebro sigue usando los mismos sistemas de hardware (las redes neuronales físicas), pero también creará un programa de software (una red neuronal automática). Así es como se instalan los programas en el cerebro. El hardware crea el software, y el sistema de software está grabado en el hardware, y cada vez que usas el software, refuerzas el hardware.

FIGURA 3.5Representación gráfica simple de las neuronas en una red neuronal. El minúsculo espacio entre las ramas de las neuronas que facilita la comunicación entre ellas se llama espacio sinóptico. En el espacio que ocupa un grano de arena cabrían 100.000 neuronas y entre ellas habría más de mil millones de conexiones.

Cuando tienes los mismos pensamientos y sentimientos de siempre porque no estás aprendiendo ni haciendo nada nuevo, el cerebro activa las neuronas y las redes neuronales exactamente con las mismas secuencias, estructuras y combinaciones. Se convierten en programas automáticos que usas sin darte cuenta a diario. Tienes una red automática neuronal para hablar una lengua, afeitarte o maquillarte, teclear en el ordenador, juzgar a tu compañero de trabajo, etcétera, porque has realizado estas acciones tantas veces que prácticamente se han vuelto inconscientes. Ya no tienes que pensar en ellas. Te salen de manera natural.

Has reforzado estos circuitos tan a menudo que se han grabado en el hardware de tu cerebro. Las conexiones entre las neuronas se han reforzado, se han formado nuevos circuitos y las ramas se han alargado y engrosado físicamente, como si hubieras fortalecido y reforzado un puente, creado varias carreteras nuevas, o ensanchado una autopista para dar cabida a más tráfico.

Uno de los principios básicos de la neurociencia afirma: «Las células nerviosas que se activan juntas, se conectan juntas»[3]. A medida que tu cerebro se activa una y otra vez de la misma forma, estás reproduciendo el mismo nivel de mente. Según la neurociencia, mente es el cerebro en acción o en funcionamiento. Por tanto, si te estás recordando a diario quién crees ser al reproducir la misma mente de siempre, estás activando tu cerebro de la misma forma, y seguirás activando las mismas redes neuronales durante años y años. Y a los treinta y pico tu cerebro ya se habrá organizado en una impronta muy limitada de programas automáticos, y estas estructuras fijas se denominan tu identidad.

Considéralo como una caja en el interior de tu cerebro. Por supuesto, no se trata de una caja real. Pero pensar de la misma forma que siempre significa que en tu cerebro has creado físicamente una estructura limitada, como lo ilustra la figura 3.6. Al decidir reproducir el mismo nivel de mente una y otra vez, la serie de circuitos que más se activan neurológicamente han predeterminado quién eres.

FIGURA 3.6Si tus pensamientos, decisiones, conductas, experiencias y estados de ánimo siguen siendo los mismos de siempre durante años y años —y tener los mismos pensamientos equivale a tener los mismos sentimientos, con lo que refuerzas este ciclo interminable—, tu cerebro adquiere una impronta limitada, porque estás recreando la misma mente a diario al activar siempre las mismas estructuras neuronales. Y con el paso del tiempo, acabas reforzando biológicamente una serie limitada de redes neuronales que hacen que tu cerebro tienda a crear el mismo nivel mental de siempre, hasta acabar pensando siempre igual. Tu identidad es el conjunto de estos circuitos que se han grabado en tu cerebro.

La neuroplasticidad

Nuestro objetivo es, por consiguiente, dejar de pensar como siempre para que el cerebro se active de nuevas formas, como lo ilustra la figura 3.7. Tener una mentalidad abierta es esto, porque cuando haces que tu cerebro funcione de distinta manera, estás cambiando tu mente en el sentido literal.

Las investigaciones revelan que a medida que usamos el cerebro, este va creciendo y cambiando gracias a la neuroplasticidad: su capacidad de adaptarse y cambiar cuando aprendemos una información nueva. Por ejemplo, cuantas más matemáticas estudie un matemático, más ramas neuronales creará en la zona del cerebro que se activa con las matemáticas[4]. Y a un músico profesional después de haber estado interpretando sinfonías y tocando en orquestas, le aumenta la parte del cerebro relacionada con el lenguaje y las aptitudes musicales[5].

En el lenguaje científico, el funcionamiento de la neuroplasticidad del cerebro se denomina podado y brotadura, lo cual significa esto exactamente: eliminar algunas conexiones, estructuras y circuitos neuronales y crear otros nuevos. En un cerebro que funcione adecuadamente, este proceso puede darse en cuestión de segundos. Un equipo de investigadores de la Universidad de California, en Berkeley, lo demostraron en un estudio realizado con ratas de laboratorio. Descubrieron que las ratas que vivían en un ambiente enriquecedor (compartiendo la jaula con sus hermanas y sus crías, y disponiendo de distintos juguetes) tenían un cerebro más grande, con más neuronas y conexiones neuronales que las que vivían en un ambiente menos enriquecedor[6]. Cuando aprendemos cosas nuevas y tenemos nuevas experiencias, nuestro cerebro cambia literalmente.

Pero liberarte de las limitaciones de los programas de tu cerebro y del condicionamiento que hace que seas el mismo de siempre requiere esfuerzo. Y también conocimientos, porque cuando aprendes una información crucial sobre ti o tu vida, creas un nuevo diseño en el bordado tridimensional de tu materia gris. Entonces dispones de más materias primas para hacer que tu cerebro funcione de distinta manera. Empiezas a pensar en la realidad y a percibirla de distinta forma porque ves tu vida desde la perspectiva de una nueva mente.

FIGURA 3.7Cuando aprendes cosas nuevas y empiezas a pensar de nuevas formas, haces que en tu cerebro se activen distintas secuencias, estructuras y combinaciones. Es decir, estás activando una gran cantidad de diversas redes neuronales de distintas formas. Y siempre que haces que tu cerebro funcione de distinta manera, estás cambiando tu mente.Y a medida que empiezas a pensar de distinto modo, los nuevos pensamientos te llevan a tomar nuevas decisiones y a tener nuevas conductas, experiencias y emociones. Y entonces tu identidad también cambia.

Cruzando el río del Cambio

A estas alturas ya sabes que para cambiar debes ser consciente de tu yo inconsciente (que no es más que una serie de programas grabados en tu cerebro).

Lo más difícil en cuanto a cambiar es no tomar las mismas decisiones del día anterior. Cuesta tanto porque en el instante en que ya no tienes los mismos pensamientos que te llevan a tomar las mismas decisiones de siempre —haciéndote actuar automáticamente como de costumbre para vivir las mismas situaciones a fin de reafirmar las mismas emociones de tu identidad—, te sientes incómodo. No estás acostumbrado a este nuevo estado del ser, y al no conocerlo no te parece «normal». Ya no te sientes el mismo, porque no lo eres. Y como todo te parece incierto, ya no puedes prever la sensación del yo que te es familiar ni aquello que te refleja en tu vida.

Pero por más incómodo que te resulte al principio, en ese momento sabrás que te acabas de meter en el río del Cambio. Que te has adentrado en lo desconocido. En cuanto ya no eres el mismo de siempre, significa que has cruzado el espacio entre tu yo antiguo y el nuevo, tal como la figura 3.8 ilustra con claridad. Es decir, no cambias de personalidad en cuestión de segundos, sino que lleva su tiempo.

Habitualmente, cuando la gente se mete en el río del Cambio, ese vacío entre el yo antiguo y el nuevo les resulta tan molesto que en el acto vuelven a su antiguo yo de siempre. Piensan de manera automática: esto no puede ser bueno, me siento incómodo o no me siento a gusto. En cuanto aceptan este pensamiento, o autosugestión (y se vuelven sugestionables por sus propios pensamientos), vuelven a tomar sin darse cuenta las mismas decisiones de siempre que les llevarán a la progresión de las mismas conductas de siempre para crear las mismas experiencias, que les harán tener automáticamente las mismas emociones y sentimientos de siempre. Y entonces se dirán a sí mismos: esto sí que me parece bien. Pero lo que en realidad quieren decir es que les resulta conocido.

FIGURA 3.8Para cruzar el río del Cambio necesitas despojarte de tu yo conocido y previsible —conectado a los mismos pensamientos, decisiones, conductas y sentimientos de siempre—, y adentrarte en el vacío o en lo desconocido. El espacio entre el yo antiguo y el nuevo constituye la muerte biológica de tu antigua personalidad.Si el yo antiguo ha de morir, en este caso debes crear un yo nuevo con nuevos pensamientos, decisiones, conductas y emociones. Meterte en este río es adquirir un nuevo yo desconocido e imprevisible.Lo desconocido es el único lugar donde puedes crear, porque desde lo conocido te es imposible crear nada nuevo.

En cuanto comprendas que cruzar el río del Cambio y sentir ese malestar es en realidad la muerte a nivel biológico, neurológico, químico e incluso genético del yo antiguo, el cambio ya no te aterrará y podrás intentar llegar a la otra orilla. Si aceptas que el cambio significa deshacer los circuitos que has creado al pensar durante años de la misma manera sin darte cuenta, podrás afrontarlo. Si ves que la desazón que sientes es el desmantelamiento de las antiguas actitudes, creencias y percepciones que has ido grabando una y otra vez en tu arquitectura cerebral, podrás soportarla. Si comprendes que las pulsiones a las que te enfrentas cuando estás intentando cambiar vienen del mono de las adicciones químicas y emocionales de tu cuerpo, las superarás. Si logras comprender que las variaciones biológicas que se están dando en ti se deben a los hábitos y conductas subconscientes que tu cuerpo está cambiando a nivel celular, podrás seguir adelante. Y si tienes en cuenta que estás modificando tus propios genes de esta vida y de las incalculables generaciones anteriores, lograrás seguir centrado en tu objetivo e inspirado hasta alcanzarlo.

Algunas personas califican esta experiencia de noche oscura del alma. Es el ave fénix ardiendo y convirtiéndose en cenizas. Para que nazca un yo nuevo el antiguo debe morir. ¡C8aro que esto te resulta incómodo!

Pero no te preocupes, porque lo desconocido es el lugar perfecto desde el que crear, donde existen las posibilidades. ¿Acaso puede haber algo mejor? Como a la mayoría de nosotros nos han condicionado a huir de lo desconocido, ahora tienes que aprender a sentirte cómodo ante el vacío o lo desconocido en lugar de temerlo.

Si me dijeras que no te gusta sentir ese vacío porque te descoloca y te impide ver lo que te espera al no poder prever el futuro, yo te respondería que esa situación es ideal, porque la mejor manera de prever el futuro es crearlo desde lo desconocido en lugar de a partir de lo conocido.

A medida que nazca tu nuevo yo, también debes cambiar biológicamente. Por eso tienes que crear nuevas conexiones neuronales y mantenerlas al decidir pensar y actuar de nuevas formas a diario. Y luego reforzarlas al crear una y otra vez las mismas experiencias hasta que se conviertan en hábitos. Debes familiarizarte con los nuevos estados químicos que te habrán creado las emociones procedentes de la suficiente cantidad de experiencias nuevas. Y tienes que enviarles señales a nuevos genes para que creen nuevas proteínas y cambien así tu estado del ser de nuevas formas. Y si, como ya has visto, la expresión de las proteínas es la expresión de la vida, y la expresión de la vida equivale a la salud del cuerpo, en este caso estarás creando un nuevo nivel estructural y funcional de salud y vida. Tu mente y tu cuerpo se renovarán.

Cuando amanece un nuevo día después de una larga noche de oscuridad y el ave fénix renace de sus propias cenizas, acabas de crear un yo nuevo. Y la expresión física y biológica de este yo nuevo significa literalmente convertirte en otra persona. Se trata de una auténtica metamorfosis.

Trascendiendo tu entorno

Otra forma de considerar el cerebro es decir que está organizado para reflejar todo cuanto conoces y has experimentado en tu vida. Ahora entiendes que cada vez que has interactuado con el mundo exterior, esos hechos te han configurado y moldeado en quien hoy eres. Las complejas redes de neuronas que se han estado activando y conectando a lo largo de tus días en la Tierra, han formado miles y miles de millones de conexiones, porque aprendiste cosas y almacenaste recuerdos. Y como cualquier lugar donde una neurona se conecte con otra se llama un «recuerdo», tu cerebro es un recuerdo viviente del pasado. Las innumerables experiencias que has tenido con personas y cosas en distintos momentos de tu vida y lugares, han quedado grabadas en los recovecos de tu materia gris.

La mayoría de nosotros solemos pensar en el pasado porque usamos los mismos programas de hardware y software procedentes de nuestros recuerdos. Y si estamos llevando la misma vida a diario al hacer las mismas cosas a la misma hora, ver las mismas personas y los mismos lugares de siempre, y crear las mismas experiencias que las del día anterior, en ese caso no podremos evitar que nuestro mundo exterior influya en nuestro mundo interior. Nuestro entorno es entonces el que controla cómo pensamos, actuamos y sentimos. Somos víctimas de nuestra realidad personal porque es la que crea nuestra personalidad, y además se ha convertido en un proceso inconsciente. Y esto a su vez hace que sigamos pensando y sintiendo lo mismo de siempre, y entonces el mundo exterior se entrelaza o une con nuestro mundo interior, y se funden convirtiéndose en lo mismo, y a nosotros nos pasa igual.

Si nuestro entorno es el que condiciona lo que pensamos y sentimos a diario, para poder cambiar deberá haber algo en nosotros o en nuestra vida que trascienda las circunstancias presentes que nos rodean.

Pensando y sintiendo, y sintiendo y pensando

Al igual que los pensamientos son el lenguaje del cerebro, los sentimientos son el lenguaje del cuerpo. Y lo que piensas y sientes crea un estado del ser. Un estado del ser es cuando tu mente y tu cuerpo actúan juntos. Así que tu estado del ser actual es la auténtica conexión mente-cuerpo.

Cada vez que tienes un pensamiento tu cerebro además de crear neurotransmisores también produce otra sustancia química, una pequeña proteína llamada neuropéptido que envía un mensaje a tu cuerpo. Este reacciona entonces experimentando un sentimiento. El cerebro advierte que el cuerpo está sintiendo algo y genera otro pensamiento acorde con el sentimiento que estás teniendo, y este produce a su vez los mismos mensajes químicos que te permiten pensar de la forma en que te estás sintiendo.

Los pensamientos crean sentimientos y los sentimientos crean luego unos pensamientos acordes con esos sentimientos. Es un bucle (en el que nos quedamos atrapados durante años). Y como el cerebro actúa según los sentimientos del cuerpo al generar los mismos pensamientos que crearán las mismas emociones, es evidente que esos pensamientos redundantes acabarán creando en tu cerebro unos neurocircuitos con una estructura fija.

Pero ¿qué ocurre en el cuerpo? Como los sentimientos son el modus operandi del cuerpo, las emociones que estás sintiendo continuamente basadas en tus pensamientos automáticos acaban haciendo que el cuerpo memorice esas emociones que son como un programa inconsciente de la mente y el cerebro. Ello significa que la mente consciente no es la que está al mando. Subconscientemente has programado y condicionado al cuerpo, de una forma muy real, a convertirse en mente.

Al final, cuando este bucle de pensar y sentir y de sentir y pensar se ha estado dando el suficiente tiempo, nuestro cuerpo acaba memorizan- do las emociones que el cerebro le ha señalado que sienta. El ciclo se ha instalado y se ha arraigado tanto que crea un estado del ser conocido basado en una información antigua que no cesa de reciclarse. Esas emociones, que no son más que registros químicos de experiencias pasadas, son las que motivan nuestros pensamientos y las que surgen una y otra vez. Mientras sigan apareciendo, estaremos viviendo en el pasado. ¡Por eso no es de extrañar que nos cueste tanto cambiar nuestro futuro!

Cuando las neuronas se activan siempre del mismo modo acaban desencadenando la liberación de los mismos neurotransmisores y neuropéptidos en el cerebro y el cuerpo, y entonces esas mismas sustancias químicas hacen que el cuerpo recuerde aquellas emociones al alterarlo físicamente de nuevo. Las células y los tejidos reciben esas señales químicas tan específicas en unos sitios receptores en concreto. Los sitios receptores son como estaciones de acoplamiento para los mensajeros químicos. Los mensajeros encajan perfectamente en el lugar, a modo de un rompecabezas infantil en el cual varias formas, como un círculo, un triángulo o un cuadrado, encajan en sus respectivos huecos.

Es como si esos mensajeros químicos, que son realmente moléculas de emoción, llevaran unos códigos de barras que les permitieran leer a los receptores de las células la energía electromagnética que acarrean. Cuando se da la unión perfecta, el sitio receptor se prepara. El mensajero se acopla, la célula recibe el mensaje químico que acarrea y luego crea o altera una proteína. La nueva proteína activa el ADN de la célula en el núcleo. A continuación el ADN se abre y despliega, el gen es leído para recibir ese mensaje correspondiente procedente del exterior de la célula, y esta crea una nueva proteína a partir del ADN (por ejemplo, una hormona en particular) y la libera en el cuerpo.

Ahora la mente está entrenando al cuerpo. Si este proceso se sigue dando durante años y años porque las mismas señales del exterior de la célula vienen del mismo nivel mental del cerebro (por estar pensando, haciendo y sintiendo lo mismo a diario), es lógico que se activen los mismos genes de las mismas formas, porque el cuerpo está recibiendo la misma información del entorno. No surgen pensamientos nuevos, ni se toman decisiones nuevas, ni se manifiestan conductas nuevas, ni se viven experiencias nuevas, ni tampoco se crean sentimientos nuevos. Cuando la misma información del cerebro de siempre activa los mismos genes, esos genes son seleccionados una y otra vez y, al igual que las marchas de un coche, se empiezan a desgastar. Y entonces el cuerpo produce proteínas con estructuras más débiles y funciones menos eficaces. Enfermamos y envejecemos.

Y con el paso del tiempo acaba ocurriendo una de las dos siguientes situaciones. La inteligencia de la membrana celular, que sigue recibiendo a diario la misma información de siempre, se adapta a las necesidades y demandas del cuerpo modificando sus sitios receptores para poder contener una mayor cantidad de esas sustancias químicas. Básicamente crea más estaciones de acoplamiento para satisfacer la demanda, al igual que en los supermercados se abren cajas adicionales cuando las colas se hacen demasiado largas. Si el negocio va viento en popa (si no cesan de llegar las mismas sustancias químicas de siempre), tendrás que contratar a más empleados para tener más cajas funcionando. Ahora el cuerpo es tan poderoso como la mente.

En la otra situación, la célula está demasiado agobiada por el continuo bombardeo de sentimientos y emociones como para dejar que se acoplen todos los mensajeros químicos. Como las mismas sustancias químicas de siempre se quedan rondando ante las puertas de la estación de acoplamiento todo el tiempo, las células se acaban acostumbrando a la presencia de esas sustancias químicas. De modo que solo abren sus puertas cuando el cerebro produce un montón de emociones más fuertes. En cuanto aumenta la intensidad de la emoción, la célula recibe el estímulo suficiente como para abrir las puertas de la estación de acoplamiento y entonces se activa. (Más adelante hablaré con más detalle de la importancia de las emociones, ya que es una parte fundamental en el efecto placebo.)

En la primera situación, cuando la célula crea unos nuevos sitios receptores, el cuerpo ansía recibir esas determinadas sustancias químicas cuando el cerebro no fabrica las suficientes y por tanto nuestros sentimientos acaban determinando nuestros pensamientos: el cuerpo controla la mente. A esto es a lo que me refiero al decir que el cuerpo memoriza la emoción. Ha acabado siendo condicionado y alterado biológicamente para ser un reflejo de la mente.

En la segunda situación, cuando el constante bombardeo agobia a la célula y los receptores se desensibilizan, al igual que le pasa a un droga- dicto, el cuerpo necesita recibir una mayor cantidad de sustancias químicas para activar la célula. Es decir, para que tu cuerpo se sienta estimulado y reciba su dosis, necesitarás enfadarte, preocuparte, culpabilizarte o confundirte más que la última vez. Así que tal vez sientas el deseo de montar un numerito gritándole sin ninguna razón a tu perro solo para darle a tu cuerpo la «droga» a la que se ha vuelto adicto. O quizá no puedas evitar hablar de lo mucho que detestas a tu suegra para que tu cuerpo cree incluso más sustancias químicas aún lo bastante potentes como para activar la célula. O puede que te empieces a obsesionar con algún horrible resultado imaginado para que tu cuerpo reciba una inyección de hormonas suprarrenales. Cuando el cuerpo no recibe las sustancias químicas emocionales que necesita, le envía una señal al cerebro para que fabrique más: el cuerpo está controlando a la mente. Como esto se parece mucho a una adicción, cuando use ahora el término adicción emocional ya sabrás a lo que me refiero.

Cuando los sentimientos se han convertido en los vehículos para pensar de esta forma —o no podemos pensar más allá de lo que sentimos—, significa que estamos funcionando con el programa automático. Nuestros pensamientos son lo que sentimos y nuestros sentimientos son lo que pensamos. Lo que experimentamos es como una fusión de nuestros pensamientos y sentimientos: estamos sintiepensando y pensasintiendo. Como nos hemos quedado atrapados en este bucle, nuestro cuerpo, como mente inconsciente, cree estar viviendo la misma experiencia del pasado las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, los trescientos sesenta y cinco días del año. El cuerpo y la mente se vuelven uno, alineándose a un destino predeterminado por nuestros programas inconscientes. Por eso para poder cambiar es necesario ir más allá del cuerpo y de sus recuerdos emocionales, sus adicciones y sus habituaciones inconscientes, es decir, para que el cuerpo no siga actuando como si fuera la mente.

La repetición del ciclo de pensar y sentir, y luego de sentir y pensar, es el proceso de condicionamiento del cuerpo creado por la mente consciente. En cuanto el cuerpo se convierte en mente, eso se denomina un «hábito»: un hábito es cuando tu cuerpo es la mente. El 95 por ciento de quién eres al cumplir los 35 años es una serie de conductas, habilidades, reacciones emocionales, creencias, percepciones y actitudes memorizadas que funcionan como el programa automático y subconsciente de un ordenador.

El 95 por ciento de quién eres es por tanto un estado del ser subconsciente o incluso inconsciente. Y esto significa que el 5 por ciento de tu mente consciente actúa en contra del 95 por ciento de lo que has memorizado subconscientemente. Por más pensamientos positivos que intentes tener, ese 5 por ciento de tu mente consciente se sentirá como si nadara a contracorriente del otro 95 por ciento restante, la química inconsciente de tu cuerpo que ha estado recordando y memorizando cualquier negatividad que hayas albergado durante los 35 años de tu vida. La mente y el cuerpo actuando de forma opuesta consiste en esto. ¡No es de extrañar que no llegues demasiado lejos al intentar luchar contra esta corriente!

Por eso mi último libro se titulaba Deja de ser tú, ya que el hábito de ser el mismo de siempre es el que más cuesta cambiar, porque pensar, sentir y actuar de la misma manera de siempre refuerza los programas inconscientes que reflejan nuestra personalidad y nuestra realidad personal. Mientras sigamos viviendo en el pasado, no podremos crear un nuevo futuro. Es simplemente imposible.

Cómo te conviertes en tu propio placebo

El siguiente ejemplo ilustra todo lo que acabo de explicar. He elegido un episodio negativo porque esta clase de situaciones nos limitan, en tanto que otras más exitosas, enriquecedoras e inspiradoras nos ayudan a crear un futuro mejor. (Pronto verás con claridad cómo se da este proceso.)

Pongamos que una horrible experiencia que tuviste al hablar en público te traumatizó emocionalmente. (Reemplázala si quieres por cualquier otra experiencia emocional terrible que prefieras.) Por culpa de esa experiencia ahora te da miedo hablar en público. Te hace sentir expuesto, nervioso e inseguro. Solo de pensar tener que hablar en una sala de conferencias, aunque no haya más de veinte personas, ya se te hace un nudo en la garganta, las manos te sudan, el corazón se te acelera, la cara y el cuello se te enrojecen, el estómago se te revuelve y el cerebro se te paraliza.

Todas estas reacciones las controla el sistema nervioso autónomo, el sistema nervioso que funciona subconscientemente, sin que puedas controlarlo. Considéralo como automático, es la parte del sistema nervioso que regula la digestión, las hormonas, la circulación, la temperatura corporal y otras funciones sin que las puedas controlar. No puedes decidir cambiar tu ritmo cardíaco, ni alterar el flujo de la sangre en tus extremidades para dejar de sudar, hacer que la cara y el cuello se te enrojezcan, cambiar las secreciones metabólicas de tus enzimas digestivas o desactivar millones de células nerviosas. Por más que intentes cambiar cualquiera de estas funciones, probablemente descubrirás que te resulta imposible.

Cuando tu cuerpo experimenta estos cambios fisiológicos autónomos es porque has asociado el pensamiento futuro de hacer una presentación con el recuerdo emocional de tu mala experiencia cuando hablaste en público. Y al asociar sistemáticamente ese pensamiento, idea o posibilidad futura con los sentimientos que tuviste de ansiedad, fracaso o bochorno, con el paso del tiempo la mente acaba condicionando al cuerpo para que responda automáticamente a ese sentimiento. Así es cómo entramos constantemente en nuestros estados del ser habituales: nuestros pensamientos y sentimientos se vuelven uno con el pasado porque no podemos pensar más allá de lo que sentimos.

Analicemos ahora con más detenimiento cómo ocurre esto en tu cerebro. El episodio que se ha grabado y estructurado neurológicamente como un recuerdo del pasado (no olvides que la experiencia enriquece el circuito del cerebro) se integra físicamente en tu cerebro como una huella. Por eso puedes volver atrás y recordar la experiencia negativa de hablar en público como un pensamiento. Para poder recordarla, la experiencia tiene que haber conllevado además una carga emocional lo bastante importante. Y también puedes evocar emocionalmente todos los sentimientos relacionados con tu fracasado intento de ser un conferenciante de éxito, porque por lo visto la experiencia ha alterado la química de tu cuerpo.

Ten en cuenta que los sentimientos y las emociones son producto de experiencias pasadas. Cuando te quedas atrapado en una experiencia, tus sentidos captan el episodio y luego entregan toda esa información crucial al cerebro a través de cinco distintas vías sensoriales. En cuanto toda esta información llega al cerebro, un gran número de células nerviosas forman nuevas redes para reflejar el episodio exterior que te ha ocurrido. Y tan pronto como se crean estos circuitos, el cerebro elabora sustancias químicas para enviarle las señales al cuerpo y alterar su fisiología. Estas sustancias químicas se llaman un sentimiento o una emoción. Por eso podemos recordar episodios del pasado, porque nos acordamos del sentimiento que nos produjeron.

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