El placebo eres tú
Primera parte: Información » 6 La sugestionabilidad
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En la meditación pasamos de la mente consciente al subconsciente y, al mismo tiempo, del egoísmo al altruismo, de ser alguien y algo a no ser nadie ni nada, de ser unos materialistas a ser unos inmaterialistas, de estar en un lugar a no estar en ninguno, de vivir en el tiempo a vivir en el sin tiempo, de creer que el mundo exterior es la realidad y definirla con los sentidos a creer que el mundo interior es la realidad y que una vez que estamos en él, entramos en el mundo «sin sentido» de la mente más allá de los sentidos. La meditación nos lleva de la supervivencia a la creación, de la separación a la conexión, del desequilibrio al equilibrio, del estado de emergencia al estado de crecimiento y regeneración, y de las emociones limitadoras del miedo, la ira y la tristeza a las emociones expansivas de la alegría, la libertad y el amor.
Básicamente pasamos de aferramos a lo conocido a aceptar lo desconocido.
Vamos a analizarlo un poco. Si tu neocorteza es la sede de tu mente consciente y el lugar donde construyes pensamientos, analizas las cosas, ejercitas el intelecto y ejecutas los procesos racionales, en este caso para meditar tu mente deberá ir más allá de la neocorteza (o salir de ella). Tendrá que pasar del cerebro pensante al cerebro límbico y a las regiones subconscientes. Es decir, para silenciar la neocorteza y la actividad neuronal que realiza a diario, tienes que dejar de pensar analíticamente y prescindir de las facultades del razonamiento, la lógica, la intelectualización, la previsión, la conjetura y la racionalización, al menos temporalmente. «Aquietar la mente» significa esto (si es necesario, vuelve a consultar la figura 6.1).
Según el modelo neurocientífico que he explicado a grandes trazos en los capítulos anteriores, aquietar la mente significa que tendrías que declarar un «alto el fuego» en todas las redes neuronales automáticas del cerebro pensante que usas a diario. Es decir, tendrías que dejar de recordarte quién crees ser, con lo que dejarías de reproducir constantemente el mismo nivel mental de siempre.
Ya sé que parece una tarea hercúlea que puede resultarte abrumadora, pero por lo visto existen métodos prácticos demostrados científicamente para acometer esta hazaña y acabar transformándola en una habilidad. En los talleres que imparto por todo el mundo muchas personas han acabado meditando de maravilla tras aprender a hacerlo. En los siguientes capítulos aprenderás estos métodos, pero primero debes aumentar tu intención para que cuando llegues a la parte práctica obtengas mayores recompensas (como los participantes de Quebec del capítulo 2 a los que les dijeron que los ejercicios aeróbicos además de servirles para ponerse en forma, aumentarían su bienestar, para que la actividad tuviera más sentido para ellos, con lo que obtuvieron mejores resultados).
Por qué la meditación puede ser un gran reto
La neocorteza analítica utiliza los cinco sentidos para determinar la realidad. Está muy absorta en el cuerpo, el entorno y el tiempo. Y si estás estresado, aunque sea un poco, te fijarás en estos tres elementos y los aumentarás al invertir tu atención en ellos. Cuando estás presionado por el sistema de emergencia de lucha o huida y activas tu adrenalina, al igual que un animal salvaje que se siente amenazado, centras toda tu atención en cuidar tu cuerpo, en encontrar vías de escape a tu alrededor y en averiguar cuánto tiempo te queda para salvar el pellejo. Te fijas demasiado en los problemas, te obsesionas con tu aspecto, te concentras en tu dolor, piensas en el escaso tiempo que tienes para lo que debes hacer y te apresuras a cumplir con tu apretada agenda. ¿Te suena familiar?
Como cuando vives en un estado de supervivencia te vuelcas tanto en el mundo exterior y en tus problemas, es fácil creer que lo que ves y experimentas es todo lo que hay. Y sin el mundo exterior sientes que no eres nada, ni nadie, y que no estás en ningún lugar. ¡Qué aterrador es esto para un ego que intenta controlar toda su realidad reafirmando constantemente una identidad!
Tal vez te resulte más fácil si te recuerdas a ti mismo que cuando vives en un estado de supervivencia lo que percibes no es más que la punta del iceberg: una serie de elementos limitados que forman tu mundo exterior. Te identificas con las numerosas variaciones y combinaciones de tu mundo exterior que te reflejan quien crees ser, pero no significa que no haya más que eso. En realidad cada vez que aprendes algo nuevo tu forma de ver el mundo cambia. Pero no es el mundo lo que ha cambiado, sino tu percepción de él. (En el siguiente capítulo aprenderás más cosas sobre la percepción.)
Por ahora solo es necesario que tengas en cuenta que si tu objetivo es cambiar algo de tu vida y todavía no lo has conseguido con los recursos de tu mundo exterior, en este caso debes mirar más allá de los límites de lo que ves, sientes y experimentas para encontrar las respuestas. Tienes que recurrir a otros medios que aún no has identificado y que residen en lo desconocido. En este sentido, lo desconocido no es tu enemigo, sino tu amigo. Es el lugar donde encontrarás las respuestas.
Otra razón por la que nos cuesta dejar de centrarnos en las condiciones del mundo exterior para fijarnos en nuestro mundo interior es que la mayoría somos adictos a las hormonas del estrés, a sentir el torrente de sustancias químicas generado por nuestras reacciones conscientes e inconscientes. Esta adicción refuerza nuestra idea de que el mundo exterior es más real que el interior. Y nuestra fisiología está condicionada para sustentarla, porque realmente existen retos, problemas y situaciones en la vida que requieren nuestra atención. Por eso nos volvemos adictos al entorno exterior. Y a través de la memoria asociativa, usamos los problemas y las circunstancias de nuestra vida para reafirmar esta adicción emocional a fin de recordar quiénes creemos ser.
Otra forma de explicarlo es que las hormonas del estrés que liberamos cuando vivimos en un estado de supervivencia le dan al cuerpo unas grandes dosis de energía y hacen que nuestros cinco sentidos —que nos conectan a la realidad exterior— se agudicen. Si estamos constantemente estresados, acabamos definiendo la realidad con nuestros sentidos. Nos volvemos materialistas. Cuando intentamos mirar en nuestro interior y conectar con el mundo del «sin sentido» y de lo inmaterial, nos cuesta dejar nuestros hábitos condicionados y nuestra adicción al subidón químico generado por la realidad exterior. ¡Cómo íbamos entonces a creer que los pensamientos son más poderosos que la realidad física tridimensional! Si es así como lo vemos, cambiar cualquier cosa con los pensamientos se convierte en un gran reto, porque nos hemos vuelto esclavos de nuestro cuerpo y de nuestro entorno.
Tal vez un antídoto para ello sea releer las historias del capítulo 1 y las de mis talleres que narro en los capítulos 9 y 10. Conocer información nueva que te demuestra que lo que veías como imposible es en realidad posible te ayuda a recordarte a ti mismo que la realidad no es solo lo que perciben tus sentidos. Tanto si estás dispuesto a admitirlo como si no, tú eres tu propio placebo.
Viaja con tus ondas cerebrales
Si la meditación consiste en entrar en el sistema autónomo para poder volverte más sugestionable y superar los retos que acabo de mencionar, en este caso necesitas aprender a entrar en este sistema. La forma más rápida son las ondas cerebrales puesto que te llevan a él. El estado cerebral en el que te encuentras condiciona mucho lo sugestionable que puedas ser en ese momento.
En cuanto descubras lo que son estos distintos estados y cómo puedes reconocerlos, aprenderás a pasar de un estado a otro, en ambas direcciones de la escala de las ondas cerebrales. Naturalmente es cuestión de práctica, pero es posible. Veamos pues estos distintos estados para aprender más cosas sobre ellos.
Cuando las neuronas se activan juntas, se intercambian elementos cargados de electricidad que generan campos electromagnéticos, y estos campos son lo que registra un escáner cerebral (como un electroencefalograma o EEG). Los seres humanos emitimos varias frecuencias de ondas cerebrales medibles y cuanto más lentas sean, con más profundidad nos sumergimos en el mundo interior del subconsciente. En un orden que abarca de la frecuencia más lenta a la más rápida, los distintos estados de las ondas cerebrales son delta (sueño profundo y reparador, totalmente inconsciente), zeta (estado crepuscular entre el sueño profundo y el estado de vigilia), alfa (estado creativo e imaginativo), beta (pensamientos conscientes) y gamma (estados elevados de conciencia).
Beta es nuestro estado de vigilia cotidiano. Cuando nos encontramos en beta el cerebro pensante, o la neocorteza, está procesando la información sensorial que captamos y conectando el mundo exterior con el interior para darle un sentido a la situación. Beta no es el mejor estado para meditar porque cuando emitimos esta frecuencia el mundo exterior nos parece más real que el interior. El espectro de las ondas beta se compone de tres niveles: beta baja (una atención relajada e interesada, como cuando leemos un libro), beta media (una atención centrada en un estímulo del exterior, como cuando aprendemos algo y luego lo recordamos), y beta alta (una atención muy intensa y en un estado de crisis, cuando liberamos las sustancias químicas del estrés). Cuanto más altas sean las ondas beta, más nos costará entrar en el sistema operativo.
La mayoría de los días los vivimos pasando del estado beta al alfa y viceversa. Alfa es nuestro estado de relajación, cuando menos nos fijamos en el mundo exterior y empezamos a centrarnos más en el interior. Significa que nos hallamos en un ligero estado meditativo, también se podría llamar «imaginar» o «soñar despierto». En este estado nuestro mundo interior es más real que el exterior porque estamos absortos en él.
Cuando pasamos de las ondas altas de beta a las ondas más bajas de alfa, un estado en el que podemos prestar atención, concentrarnos y centrarnos de una forma más relajada, activamos automáticamente el lóbulo frontal. Como ya he explicado, el lóbulo frontal baja el volumen en los circuitos cerebrales que procesan el tiempo y el espacio. En ese momento ya no vivimos en un estado de supervivencia, sino en un estado más creativo que nos hace más sugestionables que cuando nos encontramos en beta.
Un reto todavía mayor es aprender a entrar en estado zeta, una especie de estado crepuscular en el que nos hallamos medio despiertos y medio dormidos (se suele describir como «la mente despierta, el cuerpo dormido»). Es el estado idóneo para meditar, ya que es la frecuencia de ondas cerebrales en la que más sugestionables somos. En el estado zeta podemos acceder al subconsciente porque la mente analítica no está activa, nos encontramos sobre todo en nuestro mundo interior.
Considera las ondas zeta como la llave para entrar al reino del subconsciente. Échale primero un vistazo a la figura 6.8. Muestra los distintos estados de ondas cerebrales y cómo se relacionan con la mente consciente y el subconsciente. Y observa luego la figura 6.9, que ilustra las distintas frecuencias de ondas cerebrales.
Esta breve visita a los patrones de las ondas cerebrales te irá de maravilla cuando aprendas la práctica de la meditación que describo más adelante. Ten en cuenta que aprender a entrar en estado zeta lleva su tiempo, aunque te servirá de ayuda conocer un poco los distintos estados cerebrales y los efectos que producen en lo que estás intentando alcanzar.
FIGURA 6.9La ilustración muestra los distintos estados de ondas cerebrales (en el transcurso de un segundo). Se han incluido las ondas cerebrales gamma porque representan un nivel de supraconciencia que refleja un estado de conciencia muy elevado.
Anatomía de un «asesinato»
Volvamos ahora a la historia de Iván Santiago y de los otros sujetos bajo hipnosis del inicio del capítulo. Es evidente que a ellos les resulta más fácil que a la mayoría de nosotros hacer caso omiso de la mente analítica. Por lo visto tienen tanto una neuroplasticidad como una plasticidad emocional que les permite hacer que su mundo interior sea más real que el exterior. En el estado normal de vigilia, su mente probablemente pasa más tiempo en alfa y en beta, por eso tienen menos hormonas del estrés en el cuerpo que les hagan perder la homeostasis. Su estado sumamente sugestionable hace que les resulte más fácil controlar con la mente las funciones autónomas de su subconsciente.
Sin embargo, este estudio reveló que no todos los participantes tenían el mismo grado de sugestionabilidad. Los 16 sujetos que pasaron la primera evaluación eran sugestionables, aunque no tanto como los que superaron la siguiente prueba de desnudarse en medio de un restaurante tras recibir la sugestión posthipnótica, yendo en contra de las arraigadas normas sociales. Los cuatro que pasaron la prueba lograron ir más allá de su entorno social por su alto grado de sugestionabilidad, pero en cuanto se tuvieron que meter en el agua helada, tres de los cuatro sujetos no lograron trascender su entorno físico.
Solo Santiago, que lo superó al dominar su cuerpo en condiciones extremas durante un prolongado espacio de tiempo, demostró el grado más alto de sugestionabilidad. Además de aguantar la gélida temperatura del agua de la bañera, fue más allá de su entorno moral al aceptar la sugestión posthipnótica de disparar a un «dignatario extranjero», pese a que su personalidad no era ni por asomo la de un asesino despiadado.
Para que se dé el efecto placebo, también es necesario un grado parecido de sugestionabilidad que te permita ir más allá del cuerpo y del entorno durante un determinado espacio de tiempo, es decir, para aceptar, creer y seguir la idea de que tu mundo interior es más real que el exterior. Pero tras leer unos pocos capítulos más, no solo aprenderás a cambiar tus creencias y a volverte más sugestionable, sino también a usar ese estado para programar tu subconsciente, aunque afortunadamente no sea con la intención de disparar con un revólver de aire comprimido a un doble, sino para superar cualquier problema físico, trauma emocional o asunto personal de otra índole con el que estés lidiando.