El mito del carisma

El mito del carisma


Capítulo 5

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Cómo crear estados mentales carismáticos En el capítulo anterior ha aprendido a controlar hábilmente los obstáculos más comunes contra el carisma. Ahora está listo para crear los estados mentales acertados que le ayudarán a alcanzar todo su potencial carismático. Aprenderá a aumentar su confianza y a emanar cordialidad y poder: dos de los tres componentes cruciales del carisma. También descubrirá medios para construir cualquier estado mental que quiera, desde la serenidad al triunfo.

Visualización

El golfista Jack Nicklaus dijo que nunca lanzaba un golpe, ni siquiera durante los entrenamientos, sin visualizarlo primero. Durante décadas, los deportistas profesionales han considerado la visualización como una herramienta esencial, con frecuencia dedicando horas a visualizar su victoria, a decirle a su mente exactamente lo que querían que su cuerpo consiguiera.

«Hay buenas pruebas de que imaginarnos realizando una actividad, activa las partes del cerebro que se usan para realizar esa actividad», me escribió el profesor Stephen Kosslyn, director del Center for Advanced Study of the Behavioral Sciences, de la Universidad de Stanford. Esta es la razón de que la visualización dé tan buenos resultados; de hecho, algunos deportistas dicen que se sienten físicamente exhaustos después de unas sesiones intensas de visualización. La visualización puede llegar a alterar físicamente la estructura cerebral; repetidos experimentos han demostrado que simplemente imaginar, con la suficiente repetición, que tocamos el piano conduce a un cambio detectable y mensurable en la corteza motora del cerebro.1

El cerebro es extraordinariamente cambiante: establece nuevas conexiones sin cesar. Se ha demostrado que la idea, sostenida en el pasado, de que superada una cierta edad ya no experimenta cambios, es errónea.2 Siempre que usamos el cerebro, activamos ciertas conexiones cerebrales que, cuanto más se usan, más fuertes se hacen. En esencia, vamos grabando surcos en el cerebro; cualquier proceso mental que se use de forma sistemática, se fortalecerá. Podemos construir y luego reforzar cualquier tendencia en la que nos centremos.

Las técnicas de preparación mental también son ya una práctica habitual en Hollywood, donde una de ellas, conocida como el Método, es utilizada por muchas de las estrellas más respetadas. Sean Penn, Meryl Streep, Robert DeNiro, Marlon Brando y Paul Newman, todos alaban esta escuela de actores.

El Método surgió para ayudar a los actores en su tarea más difícil: acertar en su lenguaje corporal. Tratar de controlar conscientemente su lenguaje corporal tanto como fuera posible era agotador y estaba condenado al fracaso; incluso con años de aprendizaje, era imposible controlarlo por completo. Si sus emociones internas no eran lo que querían que viera el mundo exterior, antes o después parte de esos pensamientos y sentimientos subyacentes surgían a la superficie.

El Método adoptó un planteamiento diferente. En lugar de intentar que el actor controlara su lenguaje corporal, iba directamente al origen del lenguaje corporal —la mente— y hacía que los actores se esforzaran por convertirse en los personajes que querían representar, que sintieran de verdad las emociones que querían transmitir. Así, los miles de gestos del lenguaje corporal fluirían de forma natural y congruente.

Dados sus poderosos efectos mentales y fisiológicos, la visualización es una de las herramientas disponibles más eficaces para potenciar el carisma. Una visualización acertada puede ayudarnos a aumentar nuestra confianza interna, así como nuestra habilidad para proyectarla. Simplemente usando las imágenes mentales adecuadas, nuestra mente subconsciente enviará, por todo el cuerpo, una extraordinaria reacción en cadena de señales de seguridad en nosotros mismos. De hecho, podemos exteriorizar casi cualquier mensaje de lenguaje corporal simplemente eligiendo la visualización acertada.

El cuadro que hay a continuación es una guía, paso a paso, para la visualización, que podrá utilizar siempre que quiera cambiar su estado interno.

Aquí practicará la visualización de la confianza, pero más adelante, en el libro encontrará otros ejercicios útiles para visualizar la cordialidad y la empatía, o la calma y la serenidad.

Cómo ponerlo en práctica: visualización

La siguiente visualización es una herramienta estupenda para aumentar el poder que quiere transmitir. Puede probar este ejercicio en casa, en el sofá, en el trabajo, sentado a la mesa, o incluso en un ascensor, siempre que tenga la oportunidad de cerrar los ojos un minuto.

· Cierre los ojos y relájese.

· Recuerde una experiencia del pasado en que sintiera un triunfo absoluto; por ejemplo el día que ganó un concurso o un premio.

· Oiga los sonidos que hay en la estancia: el murmullo de aprobación, la oleada de aplausos.

· Vea las sonrisas y expresiones de cordialidad y admiración, en la cara de la gente.

· Sienta los pies afirmados en el suelo y los apretones de manos con que le felicitan.

· Sobre todo, experimente sus sentimientos, la cálida sensación de confianza que crece en su interior.

¿Se siente más seguro? Algunas personas experimentan grandes resultados desde su primera visualización y otras, no tanto. Pero, como sucede con cualquier otra destreza, su capacidad para crear visualizaciones realistas mejorará con la práctica.

La próxima vez que haga este ejercicio, trate de crear imágenes todavía más detalladas. «La imaginería guiada debe ser precisa, vívida y detallada para ser efectiva», dice Stephen Krauss, especialista de visualización, formado en Harvard. Cuando se usa la visualización con los equipos olímpicos de esquí, los esquiadores se visualizan descendiendo por las pistas a toda velocidad, sintiendo cómo se les tensan los músculos, experimentando cada bache y cada giro en su mente.

A algunas personas les resulta más fácil pensar a través de un escenario de visualización. En cambio, otras son más sensibles a impulsos auditivos, así que aquí tiene una alternativa a la visualización: frases clave seleccionadas para que se centre mentalmente en ellas. Mis clientes encuentran útiles una amplia variedad de frases; aquí le ofrezco unos cuantos ejemplos, que podrían ayudarle a alcanzar la calma y la serenidad. Cubren toda la gama de gustos y estilos; por ello descubrirá que algunas le irritan mientras que otras despiertan una fuerte resonancia en usted: · Dentro de una semana, o dentro de un año, ¿algo de esto tendrá importancia?

· También esto pasará. Sí, pasará.

· Busque pequeños milagros que suceden en este mismo momento.

· Disfrute con la confusión.

· ¿Y si pudiera confiar en el Universo, incluso con esto?

Axiomas como estos pueden ser una gracia salvadora en momentos de pánico, cuando tenemos el cerebro en blanco y lo único que podemos recordar son frases sencillas. Los principiantes del piragüismo en aguas bravas aprenden una rima fácil de recordar —«Toes to nose» [los dedos de los pies a la nariz]— para acordarse de la secuencia de movimientos que deben ejecutar si el bote vuelca.

Incluso los bomberos veteranos a veces recurren a un mantra como «Pon la sustancia blanca [óxido de cinc] encima de la roja [el fuego]» para actuar de inmediato durante un incendio.

También puede añadir un elemento sensorial real a sus visualizaciones. Por ejemplo, poner música mientras verbaliza o subvocaliza (repite mentalmente), eligiendo canciones que sabe que le darán una energía y confianza especiales. Los temas de películas son particularmente útiles. Los ejecutivos a los que preparo suelen mencionar melodías de Rocky III («Eye of the Tiger»), Carros de fuego (música de Vangelis) o Top Gun («Melodía de Top Gun»). Mi banda sonora preferida es la de la película Peter Pan: «Flying», de James Newton Howard.

Póngase los cascos y deje que la música que haya elegido cree el ambiente para cualquier estado mental que quiera alcanzar.

Si está preparado para ir a por todas, añada movimiento para que su visualización alcance un nivel totalmente nuevo. Como la fisiología afecta a la psicología (sí, nuestro cuerpo afecta a nuestra mente; hablaremos más de esto en el próximo capítulo), adoptar ciertos movimientos o posturas puede hacer surgir emociones específicas en su mente.

Procure pensar en qué gesto suele hacer cuando consigue algo, como un buen golpe de golf o cuando recibe unas noticias realmente buenas. ¿Es el clásico gesto con el puño cerrado? O quizá levanta los dos brazos y exclama «¡SÍ!» Añadiendo este gesto en particular (y las palabras, si las hay) al final de su visualización, cuando su confianza esté alta, hará que entre en juego toda su fisiología y «blindará» el sentimiento de triunfo, maximizando el efecto del ejercicio.

En todas estas dimensiones —visual, auditiva y cinestésica— siga perfeccionándose sobre la marcha. Si le parece que una imagen, frase, movimiento o canción en particular le da buen resultado, retóquela un poco y observe si esto afecta a los resultados. Observe qué pasa cuando se acerca a los detalles visuales, los sonidos o las sensaciones. Tanto si oye voces alentadoras o siente el calor del sol, siga haciendo pequeños cambios. La combinación de visiones y sonidos que mejor resultado me da, a mí, ha cambiado de modo considerable a lo largo de los años.

La visualización es de verdad un método milagroso, que nos ayuda a aumentar la confianza, emanar más cordialidad, sustituir la ansiedad por una tranquila serenidad, o acceder a cualquier emoción que nos gustaría sentir y luego transmitirla mediante nuestro lenguaje corporal. De hecho, vale la pena tomarse el tiempo necesario para desarrollar y practicar una visualización a la que acudir en busca de ayuda para recuperar la calma y la confianza. De ese modo, durante momentos de estrés, no necesitará elaborar una nueva imaginería deprisa y corriendo. Ya sabrá qué le da resultado.

A continuación, tres visualizaciones más para usar cuando quiera un aumento de carisma antes de hacer una presentación, asistir a una reunión clave o en cualquier momento en que se sienta angustiado/a.

Justo antes de hacer una presentación: algunos de los conferenciantes más famosos de este siglo dicen que usan alguna versión de visualización justo antes de ponerse bajo los focos. De hecho, sería raro encontrar uno que no lo hiciera.

Cuando los clientes me preguntan si deben usar la visualización antes de un discurso importante, les digo: «Sólo si quiere que vaya bien de verdad».

Después de quince años pronunciando charlas profesionalmente, creo que hacer aunque sólo sean treinta segundos de visualización produce un cambio importante en mi actuación. Afecta y mucho a lo carismática que sea en el estrado. De hecho, siempre que no hago una visualización antes de salir a escena, lo lamento. Incluso cuando me sé el discurso tan bien que podría decirlo al revés, vale la pena usar la visualización para estar segura de que estoy en el estado mental carismático acertado.

Para que la visualización sea más eficaz, procuro llegar al local temprano, y así poder recorrer el estrado y sentirme cómoda con el espacio. Llevo conmigo la música adecuada y empiezo la visualización allí mismo, con el objeto de vincular unos sentimientos de confianza y triunfo al hecho de estar en aquel ambiente en particular. Mientras escucho una banda sonora que me anima y me da energía, creo películas mentales, imaginando de la forma más vívida lo fantásticamente que va el discurso, viendo y oyendo la reacción entusiasta del público mientras cruzo el escenario, segura de mí misma.

Unos minutos antes de tener que salir bajo los focos, me refugio en una habitación vacía (esta es una práctica tan habitual entre los actores, políticos, oradores y todos los intérpretes que, con frecuencia, se reserva sólo a este fin una sala llamada la sala verde) y repaso mi visualización, bailando (sí, lo digo en serio) al ritmo de mi banda sonora particular.

Antes de reuniones importantes: Una de las mujeres de negocios jóvenes más impresionantes que conozco parece flotar siempre en una nube de confianza, y todo parece irle siempre bien. Cuando Silvia entra para defender un trato, los que la conocen dan por sentado que saldrá victoriosa.

Recientemente, me confió que la visualización es uno de los secretos de su éxito. Antes de una reunión clave, imagina «las sonrisas en sus caras porque les caigo bien y confían en el valor que les ofrezco. Imagino tantos detalles como puedo; incluso veo las arrugas alrededor de sus ojos cuando sonríen». Visualiza toda la interacción, hasta los apretones de manos al final de la reunión, para cerrar el trato.

He descubierto que la visualización es útil incluso antes de escribir e-mails importantes. Igual que la visualización apropiada nos ayuda a adoptar el lenguaje corporal apropiado para que las señales adecuadas fluyan sin esfuerzo, podemos usar la visualización para entrar en estados mentales o emocionales específicos para que las palabras apropiadas fluyan también.

Si, por ejemplo, nuestro mensaje tiene que comunicar cordialidad, interés y empatía, nos resultará mucho más fácil encontrar las palabras apropiadas si podemos entrar en un estado cálido y empático. Visualizar una escena que haga surgir estos sentimientos —imaginar a una niña que viene a contarnos sus problemas en la escuela— nos ayudará a alimentar nuestra mente para que fluya el lenguaje apropiado.

En cualquier momento en que sintamos ansiedad: El medio más seguro para sentirnos mejor cuando sentimos ansiedad es inundar nuestro sistema con oxitocina. Llamada con frecuencia el neuropéptido de la confianza, la oxitocina frena al instante la aparición de la respuesta de lucha o huida.

En uno de mis recursos favoritos de la neurociencia, el Wise Brain Bulletin, se decía que un abrazo de veinte segundos es suficiente para enviar oxitocina a toda velocidad por nuestras venas, y que se puede conseguir el mismo efecto sólo con imaginar el abrazo. Así que la próxima vez que le domine la ansiedad, podría imaginar que alguien que le importa le está dando un enorme abrazo.

Una y otra vez, mis clientes se sorprenden de lo eficaces que son estas técnicas.

«Las técnicas de visualización han salvado vidas en el MIT», me dijo un graduado reciente. Esta institución, famosa por su alto nivel, es también conocida por su alta tasa de suicidios, especialmente durante los exámenes finales (el porcentaje de suicidios en el MIT durante ese periodo fue un 38 por ciento más alta que la de Harvard, por ejemplo).3 Ahora, el MIT Health Center distribuye cedés de visualización a sus estudiantes durante los exámenes finales.

Uno de mis clientes dijo que las técnicas de visualización eran «trucos mentales del Jedi en la vida real». Otro me dijo que, aunque siempre había usado las técnicas de visualización en los deportes y la música, nunca se le había ocurrido aplicarlas a los negocios y la vida diaria, y que se había quedado atónito ante los resultados (y se daba de bofetadas por no haber pensado en ello antes).

Napoleon Hill, autor del siglo XIX, visualizaba regularmente a nueve hombres famosos, como si fueran sus asesores personales, entre ellos Ralph Waldo Emerson, Thomas Edison, Charles Darwin y Abraham Lincoln. Escribió: «Cada noche [...] celebraba una reunión de consejo imaginaria con este grupo al que llamaba mis “Consejeros invisibles” [...] Ahora acudo a mis consejeros invisibles con cualquier problema difícil que me enfrenta a mis clientes. Con frecuencia, los resultados son asombrosos».

Elija a sus propios consejeros según las emociones que encarnen para usted. El consejero elegido por Hill para la autoconfianza era Napoleón Bonaparte. Para potenciar su carisma, elija figuras que representen una absoluta confianza en ellos mismos, o cordialidad e interés, o calma y serenidad. También podría encontrar algunas figuras que encarnen todos los elementos a la vez. Visualícese acudiendo a estos personajes para que le den «una charla que le levante el ánimo» siempre que la necesite. Gracias a la maravillosa respuesta placebo del cerebro, esto producirá efecto incluso aunque no parezca real.

La visualización es, realmente, una herramienta de gran poder. Entre todas las técnicas de potenciación del carisma, le recomiendo que ésta la convierta en una parte permanente de su caja de herramientas. Si no saca nada más de este libro, esta técnica representará una diferencia importantísima para su carisma.

Gratitud, benevolencia y compasión

La cordialidad es uno de los componentes clave de la conducta carismática.

Puede hacer que le caigamos bien a los demás, que confíen en nosotros y que quieran ayudarnos. Por desgracia, para muchas personas, la cordialidad no es algo obvio, de fácil acceso; sencillamente no la sienten como algo natural. En su primera sesión, muchos de mis clientes me confían que no están muy seguros de cómo es la cordialidad. De hecho, con frecuencia oigo cómo mis nuevos clientes se preocupan: «Pero ¿y si, en el fondo, soy alguien sin corazón? ¿Y si no puedo acceder a la cordialidad?» Las buenas noticias son que puedo garantizarle totalmente que no es alguien sin corazón, y sé, seguro, que todos podemos aprender a expresar mejor la cordialidad.

Es una cualidad difícil para muchos. Esto podría ser debido a toda una serie de razones: crianza, infancia, entorno actual, o simplemente que su personalidad es así. Sin ninguna duda, la cordialidad no era algo natural para mí cuando entré en este campo. Para experimentarla, tuve que utilizar todas las herramientas que recojo en el libro; todas y cada una de las que usted está a punto de descubrir. Va a entrar en una transición gradual, en tres pasos, a la cordialidad, yendo desde lo menos a lo más personal.

El primer paso es entrar en contacto con la cordialidad dirigida a la vida en general y a su vida en particular. Esto pertenece a la categoría general de la gratitud. La gratitud tiene una ventaja especial para los que, a veces, se sienten incómodos para conectar con los demás. Nos puede ofrecer una cordialidad carismática sin tener que conectar con nadie.

Luego, experimentará con la cordialidad hacia los demás: estamos en los dominios de la buena voluntad, el altruismo, la compasión y la empatía.

Finalmente, explorará lo que parece ser, para la mayoría, la clase de cordialidad menos cómoda: la cordialidad hacia nosotros mismos. Se trata de la disciplina emergente de la autocompasión.

Cualquiera de los tres pasos le aportará un incremento medible de carisma, así que juegue con todos ellos, si puede, tanto con los que parecen naturales como con los que le exigen un esfuerzo.

Paso n.o 1: Gratitud y apreciación

¿Qué es lo opuesto a gratitud? El resentimiento, la necesidad y la desesperación, ninguno de los cuales es muy carismático. Todos sabemos que pocas cosas destruirán nuestras oportunidades más que dar la impresión de desesperación, tanto si se trata de una entrevista de trabajo como de una cita. La gratitud es un gran antídoto contra todos estos sentimientos negativos porque surge al pensar en cosas que ya tenemos, desde artículos materiales o experiencias hasta unas relaciones preciadas. La gratitud puede ser un gran conductor de carisma, al devolverle al presente y darle acceso inmediato a sentimientos de confianza y cordialidad.

Hoy todo el mundo parece predicar la gratitud. Oprah defiende una «actitud de gratitud», y han aparecido estudios que demuestran que la gratitud nos ayuda a vivir más, estar más sanos e incluso ser más felices.4 Son argumentos convincentes, como también lo es el modo en que la gratitud puede potenciar el carisma. Si puede acceder a la gratitud, se operará un cambio instantáneo en todo su lenguaje corporal desde la cabeza a los pies; su rostro se suavizará y todo el cuerpo se relajará. Su lenguaje corporal irradiará cordialidad, y una particular y sólida confianza que los demás encontrarán muy atractiva.

Pero pocos de nosotros podemos decidir, sin más, entrar en un estado de gratitud. De hecho, para la mayoría, la gratitud no resulta fácil. Los seres humanos están programados instintivamente para la adaptación hedonista: la tendencia a dar por sentado lo bueno que tenemos.5 Decirnos a nosotros mismos que deberíamos estar agradecidos suele ser contraproducente, ya que sólo provoca culpabilidad. Los clientes se quejan de que cuando alguien les dice: «Debería estar agradecido», sólo les provoca que se sientan peor: resentidos o culpables por no estar agradecidos.

Una manera de invocar gratitud es centrarnos en pequeñas cosas, físicamente presentes. Durante una reciente reunión-almuerzo en un restaurante, por ejemplo, me concentré en pequeños deleites: el sol que entraba por la ventana, el cielo azul, que el camarero no se equivocara con lo que le había pedido; o la existencia, la disponibilidad y la maravilla del ketchup.

Otra buena herramienta que aumenta la gratitud es ver nuestra vida con los ojos de otra persona, y escribir un relato sobre nosotros mismos bajo una óptica positiva.

Por ejemplo, Mary, a la que ya hemos conocido antes, escribió: «Mary tiene una vida bastante genial, de verdad. Tiene una fuente de ingresos estable.

Cuando tantos soportan un trabajo físico o no pueden encontrar trabajo, ella va a un despacho donde la tratan decentemente y muchos compañeros la respetan. A sus amigos y su familia les gusta y la aprecian. Muchas personas se interesan de verdad por ella. Con frecuencia ha sido una buena amiga. En varios casos, decidió estar ahí para alguien que la necesitaba. Y hoy lo ha hecho bastante bien: ha completado un informe, expresado que agradecía la ayuda de un compañero, e incluso ha ido al gimnasio». No es necesario que sea algo profundo. Cosas positivas como las que Mary menciona, que son pequeñas, pero significativas en nuestra vida, son una gran elección para sentirse agradecido.

Este es uno de los muchos casos en que el acto de escribir representa una diferencia crucial para la eficacia del ejercicio. Hace que la perspectiva positiva parezca más real, más sólida. Si nos limitamos a imaginar cómo alguien vería nuestra vida, quizá no parezca real en absoluto y pierda toda su sustancia y peso.

En cambio, si lo escribimos, aunque al principio parezca extraño, al acabar el párrafo tendrá un aspecto extrañamente real.

Siga los ejercicios del cuadro que hay a continuación para poner a prueba estos planteamientos en usted mismo.

Cómo ponerlo en práctica: gratitud

Céntrese en el presente: La próxima vez que le moleste algo de menor importancia, recuerde que dejar que su mente se concentre en esa molestia puede perjudicar su lenguaje corporal. Para contrarrestarlo, siga los consejos siguientes: · Recorra su cuerpo de la cabeza a los pies y encuentre tres cosas que apruebe. Podría estar agradecido/a por tener pies y dedos que le permiten caminar. Podría valorar su capacidad para leer.

Pruébelo ahora:

1.

2.

3.

· Observe su entorno. Mire alrededor y encuentre tres cosas agradables a la vista, incluso las más pequeñas. Tal vez pueda ver el cielo y apreciar sus matices de color. Quizá pueda percibir la textura de la mesa a la que está sentado o incluso del papel que tiene delante. Pruébelo ya: 1.

2.

3.

Use la óptica de una tercera persona: Para esta técnica, necesitará unos minutos para sentarse, además de papel y lápiz.

· Empiece por describir su vida como si fuera un observador externo, y céntrese en todos los aspectos positivos que se le ocurran.

· Escriba sobre su empleo, el trabajo que hace y las personas con las que trabaja. Describa sus relaciones personales y las cosas buenas que amigos y familiares dirían de usted. Mencione unas cuantas cosas positivas que le hayan sucedido hoy y las tareas que ya ha completado.

· Tómese el tiempo necesario para escribir este relato. Limitarse a pensar en él no será tan efectivo.

Imagine su propio funeral: La última técnica para fomentar la gratitud, usada en muchos seminarios de liderazgo muy valorados es, pese a su extravagancia, la más intensa; no se la tome a la ligera.

¿Alguna vez ha sentido un enorme alivio después de encontrar algo importante que pensaba que había perdido o le habían robado? (A mí me pasa cada vez que pierdo las llaves.) Este arrollador agradecimiento instintivo puede ser extraordinariamente poderoso, y explota pozos de gratitud más profundos que casi cualquier otra práctica.

Puede fabricar esta sensación de alivio que produce gratitud imaginando su propio funeral. En pocos segundos, esta visualización puede llevarle a un estado de vitalidad emocional y, al darse cuenta de que todavía está vivo, a un estado de gratitud.

El objeto principal de este ejercicio es ayudarle a acceder a diversos grados de cordialidad y darle la oportunidad de sentirse cómodo con estos sentimientos.

Es uno de los pocos ejercicios que pueden ser muy eficaces para ayudarle a sentir gratitud por la vida. Puede ser muy emotivo, aportarle una gran percepción y darle claridad sobre valores profundos, pero también puede hacerle sentir muy agitado. Así que en este caso, por favor, cerciórese de que está en un ambiente donde se sienta cómodo mostrando sus emociones. Suelo recomendar que se haga en casa. Dese tiempo para entrar en el ejercicio, tiempo para experimentarlo, y tiempo para salir de él y procesarlo. Como sucede con todas las visualizaciones, vale la pena recoger tantos detalles como sea posible, así que aplique sus cinco sentidos. Si prefiere que mi voz le guíe en todo el proceso, encontrará una grabación online en http://www.CharismaMyth.com/funeral.

· Siéntese o túmbese, cierre los ojos y prepare la escena. ¿Dónde se celebra su funeral? ¿En qué día de la semana? ¿A qué hora del día? ¿Qué tiempo hace? Vea el edificio donde tiene lugar la ceremonia.

Vea la gente que llega. ¿Quién viene? ¿Cómo visten? Ahora entre en el edificio y mire alrededor. ¿Ve flores? Si es así, huela su intenso perfume en el aire. Vea las personas que entran. ¿Qué piensan? ¿En qué clase de sillas se sientan? ¿Qué aspecto tienen las sillas?

· El funeral empieza. Piense en las personas a las que más quiere o cuyas opiniones más le importan.

¿Qué piensan? Vea cómo se acercan, una tras otra, y pronuncian su panegírico. ¿Qué dicen? ¿Qué pesar sienten respecto a usted? Ahora piense: ¿qué le gustaría que hubieran dicho? ¿Qué lamenta usted respecto a usted mismo?

· Vea a los que siguen su ataúd hasta el cementerio y se reúnen alrededor de su tumba. ¿Qué le gustaría ver escrito en la lápida?

· Casi todos, de todas las edades, géneros y categorías, acaban con los ojos llenos de lágrimas. Quizá se sienta emocionado, afectado, conmovido. Conserve estas emociones todo lo que pueda y procure sentirse cómodo con ellas.

Así es como puede acceder a la gratitud por la vida. Esa gratitud es tanto un gran primer paso hacia la calidez como una sólida técnica para regresar a un buen estado mental, incluso en medio de una situación difícil. Simplemente considerando la posibilidad de la gratitud o buscando pequeñas cosas que apreciar hará que un cambio positivo impregne su lenguaje corporal. Como premio adicional, también puede aumentar su sensación de seguridad y confianza, mejorando así su rendimiento mental.

Paso n.o 2: Benevolencia y compasión

¿Ha estado alguna vez con alguien que le pareciera de verdad que se preocupa sinceramente por el bienestar de usted? ¿Qué impresión le produjo? Es muy probable que experimentara sentimientos agradables y cálidos. La buena voluntad es una manera muy eficaz tanto de proyectar cordialidad como de crearla en los demás. Cuando nos concentramos de verdad en el bienestar de alguien, nos sentimos más conectados a ellos, se nos ve en la cara, y los demás nos perciben como alguien lleno de cordialidad. Nuestro cociente de carisma se dispara.

La benevolencia es el segundo paso en el camino hacia la cordialidad y, finalmente, hacia el carisma. Utilizarla en nuestras interacciones diarias puede infundir, al instante, más cordialidad, amabilidad, afecto y compasión en nuestro lenguaje corporal, todas ellas cualidades muy carismáticas.

Con frecuencia he oído comentar a la gente, refiriéndose a su encuentro con el muy carismático Bill Clinton: «Te hace sentir como si fueras la única persona del mundo para él». Sé que cada vez que llego a un estado de benevolencia, siento un cambio instantáneo en la interacción; de inmediato, los demás se vuelven más cordiales y parece que les gusto más.

La benevolencia mejora cómo nos sentimos mientras inunda nuestro sistema de oxitocina y serotonina, ambas sustancias químicas maravillosas para sentirnos bien. Además, es interesante ver que reduce nuestra necesidad de hacer que la interacción tenga éxito. Cuando nuestro único propósito es transmitir benevolencia, se elimina la presión. Ya no nos esforzamos, luchamos ni empujamos para llevar las cosas en una determinada dirección. Y ya que nos preocupa menos cómo vaya la interacción, podemos sentir y proyectar más confianza carismática.

La benevolencia es el simple estado de desear lo mejor a los demás. Podemos pensar en ella como si fuera un músculo mental que se fortalece con la práctica.

Incluso si sus músculos de la benevolencia se han atrofiado, puede hacer que se recuperen. Un estudio reciente del Wiseman Institute, utilizando la resonancia magnética, ha mostrado que estos estados positivos podían aprenderse, igual que tocar un instrumento o llegar a ser muy bueno en un deporte. Los análisis han revelado que los circuitos cerebrales correspondientes «cambiaban de manera espectacular» con el entrenamiento.

Una manera simple, pero eficaz, de empezar es tratar de encontrar tres cosas que le gusten en la persona hacia la que quiere sentir benevolencia. No importa con quién esté hablando, busque tres cosas que valorar o aprobar, incluso si son tan pequeñas como «lleva los zapatos muy limpios» o «llegó a la hora». Cuando empieza a buscar elementos positivos, su estado mental cambia en consecuencia, y luego impregna todo su lenguaje corporal.

Más adelante hay otros ejercicios de benevolencia más intensos con los que experimentar. En algunas personas, dan un resultado instantáneo. A otras, les parecen extraños. Pruébelos, y si éstos no le funcionan, tenemos otros para que experimente con ellos.

Primero, una visualización. Ésta procede de la neurocientífica doctora Privahini Bradoo, una persona muy carismática cuya radiante cordialidad y felicidad hace mucho que admiro. Le agradecí que me hiciera partícipe de uno de sus secretos: en cualquier interacción, imagine que la persona con la que habla, y todos los que están a su alrededor, tienen unas alas de ángel invisibles.

Esto puede ayudarle a cambiar de perspectiva. Si, aunque sólo sea por un segundo, puede ver a alguien como un ser fundamentalmente bueno, esto hará que su reacción emocional hacia él sea más dulce y cálida, lo cual cambiará todo su lenguaje corporal. Así que haga la prueba: mientras pasea o va conduciendo, vea que los demás que pasean o conducen tienen alas de ángel. Vale la pena que imagine que también usted tiene alas. Imagine que son todos un equipo de ángeles que trabajan juntos, haciendo todos, con entusiasmo, lo mejor que saben.

Muchos de mis clientes de coaching (incluso endurecidos ejecutivos de alto nivel) me han dicho lo extraordinariamente efectiva que ha sido esta visualización para ellos. Al instante, pueden sentir más cordialidad y presencia internas, y yo puedo ver un gran aumento tanto en la presencia como en la cordialidad que su lenguaje corporal proyecta.

Si usted responde mejor a guías auditivas, pruebe con unas cuantas frases diferentes. Por ejemplo, al mirar a alguien, piense: Usted me cae bien. Y me gusta sólo por usted mismo. O trate de recordar esta directriz: Ame todo lo que pueda dondequiera que esté. Recuérdese estas máximas varias veces al día y observe el cambio que pueden producir en su mente y en su cuerpo. Otra frase que la gente suele encontrar igualmente efectiva es: De todas las opciones que tengo ante mí ahora, ¿cuál aportaría más amor al mundo?

Para la mayoría de las personas, estas tres técnicas son todo lo que necesitan para sentir benevolencia y, de este modo, la cordialidad que aumenta el carisma.

Para ellas, sólo centrarse en desear lo mejor a los demás ya les ayuda a acceder a la cordialidad. Para otras, puede no ser suficiente. Quizá la persona hacia la que queremos mostrar buena voluntad se muestra antipática. Quizá nos sentimos irritados o resentidos con ella. O quizá parece estar demasiado lejana.

En estos casos, procure ir un paso más allá de la benevolencia hacia la empatía y la compasión: · Benevolencia significa que le deseamos lo mejor a alguien, sin que sepamos necesariamente qué siente.

· Empatía significa que comprendemos lo que siente; quizás hemos vivido una experiencia parecida en el pasado.

· Compasión es empatía más benevolencia; comprendemos cómo se siente y le deseamos lo mejor.

Paul Gilbert, uno de los principales investigadores en el campo de la compasión, describe el proceso de acceder a ella de la siguiente manera: primero llega la empatía, la capacidad de comprender qué siente alguien, de detectar angustia; luego, la simpatía, sentirnos emocionalmente conmovidos por la angustia; y después, la compasión, que surge del deseo de que nos importe el bienestar de la persona que sufre.

Las buenas noticias son que tenemos una tendencia natural hacia la compasión; está profundamente arraigada en nuestro cerebro, incluso más hondo y con más fuerza que las habilidades cognitivas. El neuropsicólogo Rick Hanson afirma que los humanos son, con mucho, la especie más empática del planeta. Asegura que podemos llevarnos mentalmente a la compasión, incluso si no la sentimos de forma natural.

La voluntad de centrarnos en el bienestar de otros es lo único que necesitamos para cambiar de modo positivo nuestro lenguaje corporal. Esto será suficiente para que los demás sientan que nos importan de verdad, y es uno de los componentes fundamentales del carisma.

Se aprende a nadar nadando. Y aprendemos a ser compasivos practicando la compasión, incluso si al principio resulta incómodo. Pruebe el siguiente ejercicio para cultivar su capacidad para la compasión.

Cómo ponerlo en práctica: compasión

La benevolencia y la compasión nos dan cordialidad para equilibrar nuestro poder y pueden evitar que parezcamos demasiado seguros de nosotros mismos o, peor todavía, arrogantes. También puede ser una herramienta oculta, una bala de plata que dé la vuelta a las conversaciones difíciles.

Emplee los tres pasos siguientes para practicar la compasión hacia alguien que conozca:

1. Imagine el pasado de esa persona. ¿Y si usted hubiera nacido en las circunstancias, familia y crianza de ella? ¿Cómo fue crecer en esa situación familiar con lo que fuera que experimentaran en su infancia? Se suele decir que todos tienen historias que contar y que todos tienen algunas que nos romperían el corazón. Piense también que si usted hubiera experimentado todo lo que ellos han experimentado, quizás habría sido como ellos son ahora.

2. Imagine el presente de esa persona. Trate, de verdad, de ponerse en su lugar en este momento.

Imagine qué se siente siendo esa persona hoy. Póngase en su lugar, métase en su piel, vea a través de sus ojos. Imagine lo que podría estar sintiendo ahora mismo; todas las emociones que podría estar conteniendo en su interior.

3. Si realmente necesita dinamita que haga estallar la compasión, mírela y pregúntese: ¿Y si fuera su último día de vida? Incluso puede imaginar su funeral. Está en su funeral y le piden que diga unas palabras. También puede imaginar qué le diría después de muerta.

Aunque puedan parecer embarazosas, incómodas, o sensibleras, la benevolencia y la compasión son habilidades empresariales valiosas, incluso en un campo tan árido como la contabilidad. Es el caso de Tom Schiro, uno de los principales ejecutivos de Deloitte, la compasión es una de las tres cualidades más importantes que busca cuando evalúa a posibles líderes, y está convencido de que es uno de los principios fundamentales del carisma. Ángel Martínez, presidente del conglomerado multinacional Deckers Outdoors, está de acuerdo. «Incrustada en la idea del carisma está la empatía —me dijo—. No veo que puedas ser un líder eficaz sin esta cualidad.»

Así es como podemos acceder efectivamente a la benevolencia y la compasión hacia los demás. Veamos ahora la forma de compasión más personal y, con frecuencia, más difícil de alcanzar: la compasión hacia nosotros mismos.

Paso n.o 3: La autocompasión

Helen era brillante, sin duda alguna. Podía elaborar argumentos llenos de fuerza y persuasión, y transmitía la imagen de una persona organizada, digna de confianza y buena oyente, que se concentraba intensamente en lo que le decían.

Pero no era carismática, y ella lo sabía. «Sé que despierto interés —me dijo—. Soy buena oyente y buena conversadora. Pero no creo ser simpática y, sin ninguna duda, no tengo carisma.»

Helen tenía mucha confianza en sí misma. Entonces, ¿qué le faltaba?

Cordialidad. A los demás les impresionaba lo mucho que sabía, pero no sentían que eso les importara. Helen no era capaz de emanar cordialidad porque le costaba mucho sentirla, tanto hacia los otros como hacia ella misma. Por el contrario, solía sentirse un poco alienada, desconectada. En nuestra primera reunión, se preguntó sinceramente, en voz alta: «¿Por qué tendría que gustar a los demás? Ni siquiera me gusto a mí misma». Como es fácil imaginar, este frío mensaje interno resonaba en su cabeza, se expresaba en su lenguaje corporal, y disminuía la cordialidad que podría haber emanado.

Para Helen, el camino al carisma pasaba por la cordialidad hacia ella misma.

La cordialidad, tal como la hemos descrito hasta ahora, se dirige hacia fuera: hacia otras personas, o hacia la vida en general. Pero también se puede dirigir hacia dentro, hacia nosotros mismos. Esta cordialidad autodirigida se llama autocompasión, y aunque pueda sonar (y parecer) incómoda, puede cambiarnos la vida (y sin duda potenciar nuestro carisma).

Primero, distingamos tres conceptos clave:

La autoconfianza es la fe en nuestra capacidad para hacer algo o aprender a hacerlo.

La autoestima es cuánto nos aprobamos o valoramos. Con frecuencia es una evaluación comparativa (sea medida respecto a otros o a nuestros criterios internos para la aprobación).

La autocompasión es la cordialidad que sentimos hacia nosotros mismos, en especial cuando pasamos una experiencia difícil.

Es posible que alguien tenga una gran confianza en sí mismo, pero una autoestima baja y una autocompasión muy baja. Al igual que Helen, estas personas se pueden considerar bastante competentes, pero no por ello se gustan más, y pueden ser muy duras con ellas mismas cuando no tienen éxito en algo.

Las recientes investigaciones de la ciencia conductual indican que puede ser más saludable centrarse en la autocompasión que en la autoestima.6 La primera se basa en la aceptación de nosotros mismos; la segunda, en la autovaloración y la comparación social. La autoestima es más parecida a una montaña rusa, supeditada a cómo creemos que somos comparados con otros. También tiende a correlacionarse con el narcisismo.

Las personas que tienen una puntuación alta en autocompasión demuestran una resistencia emocional mayor ante las dificultades diarias y menos reacciones negativas ante las situaciones difíciles, como recibir una crítica poco halagadora.7 Una autocompasión alta predice un mayor sentido de la responsabilidad personal en el resultado de los acontecimientos; ayuda a predecir hasta qué punto se está dispuesto a rendir cuentas. Los que puntúan alto en la autocompasión tienen también una tendencia más baja para la negación. Esto parece lógico: los errores personales generarían menos autocrítica, de forma que estaríamos más dispuestos a reconocerlos.

Cuando oímos el término autocompasión, con frecuencia damos por sentado que es sinónimo de autoindulgencia, de sentir pena de nosotros mismos.8

Sorprendentemente, la verdad es todo lo contrario. Investigaciones concienzudas de la conducta muestran que cuanto más alto es el nivel de autocompasión, más bajo es el sentimiento de pena por nosotros mismos. Se puede pensar en la diferencia entre las dos de esta manera: la autocompasión es sentir que lo que nos ha sucedido es desafortunado, mientras que la lástima por nosotros mismos es sentir que es injusto. De esta manera, esa lástima puede llevar al resentimiento o la amargura y a sentirnos más aislados y alienados. Por el contrario, la autocompasión conduce, con frecuencia, a que sintamos más conexión con los demás.

La autocompasión es lo que nos ayuda a perdonarnos cuando no hemos dado la talla; es lo que impide que las críticas internas nos dominen y se evidencien en nuestra cara, destruyendo nuestro potencial carismático. De este modo, la autocompasión es fundamental para emanar cordialidad.

Es interesante que la autocompasión también pueda ayudarnos a transmitir una mayor confianza en nosotros mismos. Uno de mis clientes era un ejecutivo de la banca, con un alto rendimiento y un gran éxito, increíblemente duro consigo mismo. Ya en nuestra primera sesión, Brian me soltó: «¿Sabe?, esa crítica interna, es un auténtico problema para mí». Me dijo que sentía cómo su crítico interno le encontraba defectos a todo lo que hacía.

A los pocos minutos de poner a prueba la técnica de la autocompasión que le propuse, Brian ya percibió la diferencia. Me dijo: «Noté un efecto inmediato.

Solté la respiración, sentí alivio, se me ensanchó el pecho. De inmediato tuve más presencia, sentí que era más un “jefe de manada”, que ocupaba más espacio».

Como la autocompasión disipa la voz crítica interna que afecta al lenguaje corporal, puede darnos una postura más expansiva, más llena de confianza. Para Brian, paradójicamente, la autocompasión fue el camino para que lo percibieran más como un jefe de manada seguro de sí mismo.

La autocompasión aporta una serie impresionante de beneficios: disminución de la ansiedad, la depresión y la autocrítica; mejora de las relaciones y mayores sentimientos de conexión social y satisfacción con la vida; aumento de la capacidad para manejar acontecimientos negativos; e incluso un funcionamiento mejor del sistema inmunitario.9

Suena genial, ¿verdad? Por desgracia la autocompasión no se enseña en la escuela. De hecho, en la cultura actual parece indulgente e injustificada, y puede parecernos algo muy ajeno. Para empezar, muchos no tenemos una idea demasiado clara de qué es.

Así pues, primero busquemos una buena definición. Kristin Neff, una de las investigadoras más destacadas de la compasión, define la autocompasión como un proceso en tres pasos: Primero, darnos cuenta de que tenemos dificultades.

Segundo, responder con bondad y comprensión hacia nosotros mismos cuando suframos o nos sintamos incompetentes, en lugar de criticarnos duramente.

Tercero, comprender que, sea lo que sea por lo que estemos pasando, lo mismo lo experimentan comúnmente todos los seres humanos, y recordar que todos pasamos por tiempos difíciles.

Cuando las cosas se tuercen en nuestra vida, es fácil creer que los demás lo tienen más fácil. En cambio, reconocer que, en algún momento, todos han tenido o tendrán la misma experiencia que nosotros estamos teniendo ahora puede ayudarnos a sentir que formamos parte de la experiencia humana más amplia, en lugar de pensar que estamos aislados y alienados.

Cuando nuestro crítico interior empieza a señalar nuestras faltas e imperfecciones, con frecuencia sentiremos que a todos los demás les va mejor, que sólo somos nosotros los que tenemos esos defectos. La autocrítica es mucho más fuerte cuando nuestro sufrimiento parece debido a lo que percibimos como fallos y deficiencias propios que cuando nos parece que es causado por circunstancias externas. Es entonces cuando la autocompasión es más preciosa.

¿Cómo se hace para cultivar la autocompasión? Las buenas noticias son que la intención es el componente más crucial para que nos tratemos bien. Christopher Germer, autor de The Mindful Path to SelfCompassion [trad. cast.: El poder del «mindfulness»: libérate de los pensamientos y las emociones autodestructivas] es tajante al decir que «la autocompasión no es un don con el que nacemos o no nacemos. Es una habilidad, una destreza mental que podemos aprender y que todos y cada uno de nosotros, sin excepción, podemos desarrollar y reforzar».

Germer aconseja empezar donde estamos ahora mismo: descubrir la manera en que ya cuidamos de nosotros mismos, y luego recordar que hemos de hacer estas cosas cuando nos asalta la negatividad.

Cómo ponerlo en práctica: autocompasión

Puede hacer este sencillo ejercicio en unos minutos. Anote cinco maneras en que ya cuida de usted mismo cuando pasa una mala época.

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2.

3.

4.

5.

Destaque las que encuentre particularmente efectivas, y ya está. Ha empezado su lista de autocompasión.

Ahora ya está listo para las prácticas más intensas de autocompasión.

El muy carismático Dalai Lama es conocido por ser una presencia tan radiante de cordialidad e interés que incluso las personas con un corazón frío como el hielo se derriten en su presencia. Asigna gran parte de su efecto en los demás a las prácticas budistas de compasión, una de las cuales, llamada Metta, está usted a punto de aprender.

Metta es una práctica de compasión y autocompasión budista con miles de años de existencia, que podríamos traducir, aproximadamente, como «benevolencia». Dicho simplemente, Metta es la práctica consciente de desarrollar buenas intenciones hacia todos los seres. Cuando los neurocientíficos examinaron y pusieron a prueba el cerebro de practicantes entregados a Metta, surgieron a la luz diferencias significativas. No sólo emitían ondas cerebrales más profundas, sino que se recuperaban de situaciones de estrés con mucha más rapidez, y mostraban un aumento particular en el lóbulo frontal de su córtex, la «región feliz» del cerebro.10

Metta es la herramienta más poderosa que podemos usar para contrarrestar los ataques de nuestro crítico interno y, con sus muchos beneficios, es magnífica para potenciar el carisma. No obstante, es una práctica muy incómoda para muchos de nosotros. Francamente, cuando yo empecé, me parecía más que incómoda; me resultaba total y absolutamente violenta. Incluso si ese es también su caso, hágalo de todos modos.

Cómo ponerlo en práctica: Metta

La siguiente visualización le guiará, paso a paso, por una forma de Metta hecha a medida. Ha sido preparada para beneficiarse de dos tendencias humanas instintivas: nuestra absorción de imágenes y nuestro respeto de la autoridad. Si prefiere oír cómo le guío por este ejercicio, encontrará una grabación «online» en http://CharismaMyth.com/metta. A lo largo del ejercicio, es posible que observe un cierto ritmo creado por las repeticiones. Ese es su propósito; usted sólo esté dispuesto a hacer la prueba.

· Siéntese cómodamente, cierre los ojos y respire profundamente dos o tres veces. Al inspirar, imagine que atrae masas de aire puro hacia la parte superior de la cabeza; luego deje que recorran velozmente todo su cuerpo, desde la cabeza a los pies mientras espira, llevándose con ellas todas sus preocupaciones.

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