El mito del carisma

El mito del carisma


Capítulo 6

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Diferentes estilos de carisma

Del mismo modo que hay diferentes estilos de personalidad y de liderazgo, también hay diferentes estilos de carisma. Tanto Madonna como Su Santidad el Dalai Lama atraen multitudes y son vistos como carismáticos, pero por razones diferentes.

En este capítulo veremos cuatro clases distintas de carisma: de focalización, de visión, de bondad y de autoridad. Veremos cómo se percibe cada uno de ellos, cómo desarrollarlo y cuándo usarlo.

Hay, desde luego, otras clases de carisma que podríamos considerar, pero estas cuatro son las más prácticas para la vida diaria, las de acceso más fácil y, por ello, las que más útil son de estudiar.

Carisma de focalización: presencia y confianza

Elon Musk, cofundador de PayPal y actual presidente ejecutivo de Tesla Motors, encarna este tipo de carisma. Como les dirá él mismo, es muy introvertido. En el espacio abierto de las oficinas de Tesla, su mesa, casi vacía, está en el rincón del fondo, con dos enormes monitores colocados para crear un refugio que le protege del resto de la oficina.

No obstante, cuando emerge de detrás de las pantallas, está plenamente presente y focalizado. Podemos sentir la intensidad de su atención, lo atentamente que escucha y absorbe todo lo que decimos. Y no necesita decir nada para mostrarnos que nos comprende: su lenguaje corporal, no verbal, nos hace sentir plenamente escuchados y comprendidos. (Aprenderá los secretos de esta clase de escucha en el capítulo 8.) El carisma de focalización se basa principalmente en una percepción del presente. Da a los demás la impresión de que estamos plenamente presentes, con ellos, escuchándolos y absorbiendo lo que dicen. Este carisma hace que los demás se sientan oídos, escuchados y comprendidos. No lo subestime; este tipo de carisma puede tener una fuerza sorprendente.

El carisma de focalización puede ser muy efectivo en los negocios. Un ejecutivo que ha trabajado con Bill Gates me dijo: La mayoría de las personas piensan que los que tienen carisma son personas exuberantes, que dominan una estancia con una personalidad extraordinaria. Pero, pese a su apariencia modesta, con su constitución menuda y con la pinta de ser el estereotipo del apocado, Bill domina, sin ninguna duda, la estancia; su presencia se percibe de inmediato. Si la definición de carisma es que cuando alguien entra en una habitación todos los ojos se fijan en él, entonces Bill tiene carisma. Si es esa cualidad que atrae a los demás y hace que quieran escuchar lo que tienes que decir, entonces Bill también la tiene.

Jack Keeler, ex presidente de IBM, era conocido como figura muy carismática que encarnaba otro componente clave del carisma de focalización: la capacidad de comunicar respeto. Recuerde que uno de los fundamentos del carisma es hacer que los demás se sientan bien consigo mismos. Keeler sabía cómo hacer que los demás sintieran que sus opiniones importaban y que ellos eran importantes. Creía sinceramente que incluso los empleados de menor rango podían tener perlas de sabiduría que compartir. Un ejecutivo que trabajó con él me dijo: «Lo veías acercarse a los responsables de fabricación y a los ingenieros de planta, y estaba claro que los tenía en gran estima, los veneraba. Y ellos, a su vez, lo veneraban a él; se les iluminaba la cara cuando él entraba en la sala».

Lo que los demás observan: Valoramos el carisma de focalización totalmente a través de la conducta. La presencia es clave; dado que podemos percibir cualquier lenguaje corporal distraído y poco atento, esas señales socavarán rápidamente el carisma de focalización.

Cómo desarrollar el carisma de focalización

Este carisma exige, por supuesto, la capacidad de centrarse y estar auténticamente presente. Unas buenas aptitudes para la escucha son innegociables, igual que un cierto grado de paciencia. Para desarrollar el carisma de focalización, cultive su capacidad para estar presente; use las técnicas de la sección «Presencia» en el capítulo 2 (¡preste atención a los dedos de los pies!).

Una vez que lo tenga: El carisma de focalización es quizá la forma de carisma más fácil de alcanzar, y puede ser sorprendentemente efectiva, pero va acompañado de dos riesgos principales. El primero es que si hacemos gala de muy poco poder, podríamos tener un aspecto demasiado ansioso y, en consecuencia, mostrar un estatus inferior o parecer incluso serviles. En el capítulo 9 aprenderá cómo aumentar la cantidad de confianza que transmitimos.

Un riesgo menos común es mostrar muy poca cordialidad, lo cual conduce a una atención que resulta demasiado intensa. Si la focalización es tan concentrada como un láser, la interacción puede empezar a parecer una entrevista o, peor todavía, un interrogatorio. Es entonces cuando tiene que equilibrar la focalización con la cordialidad y la aceptación o auténtico respeto, y los dos capítulos siguientes le mostrarán cómo hacerlo. Aunque se basa principalmente en la presencia, el carisma de focalización sigue requiriendo un mínimo de confianza y cordialidad. No se puede descartar ninguno de estos aspectos por completo.

Cuándo usarlo: El carisma de focalización es apropiado para casi todas las situaciones empresariales. Es particularmente útil cuando necesitamos que los demás se abran y compartan información. De hecho, es un gran estilo de carisma para los consultores de gestión o para los que prestan otros servicios profesionales, como abogados, contables y asesores financieros. El carisma de focalización puede ser también muy útil en situaciones difíciles, como las negociaciones o para distender conversaciones hostiles. Por otro lado, evite este tipo de carisma cuando necesite parecer alguien con autoridad o durante las emergencias, cuando sea preciso asegurarse una obediencia inmediata.

El carisma de visión: convicción y confianza

El carisma de visión hace que los demás se sientan inspirados; hace que creamos.

Puede ser extraordinariamente efectivo aunque no haga, necesariamente, que gustemos a los demás. Steve Jobs era claramente temido en Apple y tenía muchos detractores, tanto dentro como fuera, pero incluso a esos detractores no les costaba admitir que era visionario y carismático. Alguien que asistió recientemente a una presentación de Steve Jobs me dijo: «Hablaba con tanta convicción, tanta pasión, que hizo que todas nuestras neuronas gritaran: ¡Sí! ¡Lo entiendo! ¡Estoy contigo!»

¿Por qué el carisma de visión es tan eficaz y poderoso? Debido a nuestra incomodidad natural con la incertidumbre. En un mundo en constante cambio, anhelamos algo sólido a lo que aferrarnos. Durante la primera campaña presidencial de George W. Bush, las encuestas realizadas entre sus partidarios revelaron que una clave de su atracción era «la convicción y seguridad que tenía en sus opiniones».

Transmitir un carisma de visión requiere la capacidad de proyectar una convicción y una confianza completas en una causa. En este sentido, el carisma de visión se basa en el poder. No obstante, también se basa en la cordialidad. Los visionarios carismáticos no son, necesariamente, personas cordiales, pero sienten su visión con fuerza, incluso apasionadamente. Y para ser de verdad carismática, esa visión debe incluir un cierto grado de nobleza y altruismo.

Un periodista describió a Steve Jobs diciendo: «Lo impulsa un celo casi mesiánico [...] Jobs no vende ordenadores. Vende la promesa de un mundo mejor». Con frecuencia, estos visionarios carismáticos prometen la redención; pensemos en Juana de Arco o Martin Luther King Jr. Con un carisma de visión, estamos convenciendo a los demás de la bondad de nuestra visión más que de nosotros mismos.

Lo que los demás observan: Valoramos el carisma de visión sobre todo a través de la conducta, que incluye el lenguaje corporal y la actitud. Debido al hecho de que los demás tienden a aceptar lo que proyectamos, si parecemos inspirados, darán por sentado que hay algo que nos inspira. Para el carisma de visión, la apariencia importa mucho menos que para otros estilos de carisma.

Podríamos ir vestidos con harapos y seguir transmitiendo con éxito un carisma de visión.

Cómo desarrollar el carisma de visión

En el carisma de visión, el mensaje importa. Esto significa saber elaborar una visión audaz y transmitir el mensaje carismáticamente (vea el capítulo 11).

Una de las claves para comunicar el carisma de visión es entrar en un estado de convicción total, despojándonos de cualquier duda. Puede usar las herramientas que consiguió en los capítulos 3 y 4, como reescribir la realidad, reforzar sus opiniones o transferir la responsabilidad para librarse de los efectos de la incertidumbre.

Una vez que lo tiene: El carisma de visión puede inspirar una convicción ferviente y llevar a un cambio monumental. No obstante, también puede inspirar unas ideas fanáticas y llevar a alguien a tomar unas decisiones desastrosas (Jim Jones, líder de un culto religioso, convenció a 900 personas para cometer un suicidio en masa).

Cuándo usarlo: El carisma de visión es importante cuando necesitamos inspirar a alguien. Es particularmente útil cuando queremos inspirar creatividad.

El carisma de bondad: cordialidad y confianza

Cuando somos bebés, nuestros padres creen que somos perfectos tal como nos ven, sin importar lo que hagamos. Pero después de unos meses, su aceptación se vuelve condicional. Ahora tenemos que comernos las zanahorias y sonreírle a la abuelita para conseguir su aprobación. Pocas veces volveremos a sentir una aceptación incondicional tan absoluta por parte de alguien, salvo, quizás, en las primeras etapas del enamoramiento.

Una de las razones de que el Dalai Lama tenga un efecto tan poderoso en nosotros es su capacidad para irradiar una tremenda cordialidad y una completa aceptación. Unas personas que quizá nunca se hayan sentido aceptadas completamente, de todo corazón, de repente sienten que las ven de verdad y se sienten envueltas en su aceptación. Este es el carisma de la bondad en acción.

Este carisma se basa principalmente en la cordialidad. Conecta con el corazón de la gente y hace que nos sintamos bienvenidos, apreciados, abrazados y, sobre todo, plenamente aceptados.

Lo que los demás perciben: Igual que el carisma de visión y el carisma de focalización, el carisma de bondad procede por completo del lenguaje corporal; específicamente, de la cara, y aún más específicamente, de los ojos.

Cómo desarrollar el carisma de bondad

También usted puede aprender a emanar algo de la magia del Dalai Lama, aunque exige voluntad, paciencia, práctica y las herramientas adecuadas.

Empiece con el estado mental: practique para acceder a la cordialidad con herramientas internas tales como la gratitud, la benevolencia, la voluntad, la compasión y la indulgencia propia descritas en el capítulo 5. En el capítulo 9 aprenderá a emanar cordialidad desde la cara, el lenguaje corporal y la actitud, y a hacer el contacto visual adecuado.

Como el carisma de bondad depende tanto de la cordialidad, es vital evitar cualquier lenguaje corporal de tensión, crítica o frialdad. Las herramientas internas para enfrentarnos al malestar mental o físico del capítulo 4 tienen aquí un valor incalculable.

Una vez que lo tiene: Aunque el carisma de bondad se basa sobre todo en la cordialidad, si no va acompañado de fuerza, se arriesga a dar la impresión de estar demasiado ansioso por complacer. Aquí es donde la capacidad de transmitir un mínimo de poder deviene importante.

Las herramientas conseguidas en el capítulo 5 —visualización, calentamiento y uso del cuerpo para cambiar la mente— le ayudarán a lograr el modo de pensar acertado. Los capítulos siguientes le ayudarán a equilibrar la cordialidad y la fuerza en su lenguaje corporal.

El carisma de bondad tiene su precio. Una de mis amigas más queridas irradia un carisma de bondad tal que la gente se queda cautivada adondequiera que vaya. Desde los colegas de la oficina hasta las cajeras del supermercado, todos se sienten aceptados y queridos en cuanto están en su presencia. Esto puede ser encantador, pero también una carga pesada de llevar. Mi amiga siente dolor y culpa cuando estas personas, que han quedado embelesadas, se sienten heridas o resentidas cuando ella no puede darles cabida en su vida. Es una de las desventajas del carisma de bondad: puede llevar a la adulación y, posiblemente, a un apego excesivo. Encontrará herramientas para impedir estos efectos secundarios en el capítulo 13, dedicado a cómo vivir una vida carismática.

Cuándo usarlo: El carisma de bondad es perfecto siempre que quiera crear un vínculo emocional o hacer que alguien se sienta seguro y cómodo. Puede ser muy importante en algunas situaciones, como cuando tenemos que dar malas noticias (vea el capítulo 12). También puede ser una herramienta asombrosamente eficaz para tratar con personas difíciles (y en el capítulo 12 nos ocuparemos también de esto). No obstante, igual que con el carisma de focalización, quizá le convenga evitarlo cuando necesite mostrar autoridad, o cuando exista el riesgo de que alguien se sienta demasiado cómodo y le haga partícipe de demasiadas cosas (menos mal que tiene el capítulo 13 para ayudarle a evitarlo).

Carisma de autoridad: estatus y confianza

Posiblemente, esta forma de carisma es la que tiene más poder de todas. Nuestra deferencia instintiva hacia la autoridad puede tomar proporciones épicas y, por supuesto, inclinarse tanto hacia el bien como hacia el mal. Colin Powell y el Dalai Lama encarnan el carisma de la autoridad, pero también lo encarnaban Stalin y Mussolini. La reacción humana hacia la autoridad tiene raíces profundas; está grabada en nuestro cerebro.1

Los que poseen este tipo de carisma no gustan necesariamente. Michael Jordan, en el punto culminante de su carrera con los Chicago Bulls, le dijo a un periodista que le importaba mucho más ser un líder que gustar a los demás. El periodista escribió: «Irrita, a veces enfurece, a sus compañeros de equipo. Pero usa su carisma para elevar el nivel de juego de todo el equipo».

Lo que los demás perciben: El carisma de autoridad se basa sobre todo en la percepción del poder; la convicción de que esa persona tiene el poder de influir en nuestro mundo. Evaluamos este carisma por medio de cuatro indicadores: lenguaje corporal, apariencia, título y reacciones de los demás.

Lo primero que evaluamos es el lenguaje corporal. ¿Emana seguridad en el poder de esa persona para influir en los demás o para influir en el mundo que la rodea?

En segundo lugar valoramos la apariencia. Estamos biológicamente programados para que nos importe el estatus y para sentirnos impresionados por él, porque esta reacción instintiva favorece nuestra supervivencia: los individuos con un estatus alto tienen el poder de ayudarnos o perjudicarnos. Para sobrevivir, necesitamos saber cuál es nuestro sitio en la jerarquía. Como consecuencia, somos muy sensibles a cualquier indicio que pueda ayudarnos a determinar el estatus de los demás.

La ropa es una de las claves primeras y más fuertes para evaluar el estatus y, en consecuencia, el posible poder y el carisma de autoridad. Buscamos señales de pericia y experiencia (la bata blanca del médico) o de mucha autoridad (el uniforme militar o de la policía). Prestamos una atención particular a los signos de un alto estatus o éxito sociales, como la ropa cara. En un experimento llevado a cabo en la ciudad de Nueva York, los participantes tendían a seguir a un peatón imprudente vestido con un traje caro antes que a otro con ropa más corriente.2

En otro experimento, un investigador realizaba encuestas falsas en centros comerciales vestido con un suéter sea con marca de diseño sea sin ella. Cuando se enfrentaban a la marca de diseño, un 52 por ciento de los sujetos aceptaban hacer la encuesta, comparado con sólo un 13 por ciento en el caso de no ver ningún logo de marca. Los logos caros también influían en los impulsos caritativos de la gente. Los colaboradores de la investigación consiguieron casi el doble de donaciones cuando vestían camisas con una etiqueta de diseño visible que cuando llevaban camisas sin etiqueta (idénticas salvo por este detalle).3

Finalmente, el título de alguien y la manera en que los demás reaccionan ante él nos dan más pistas sobre el carisma de autoridad, aunque estos dos factores tienen menos peso que los dos anteriores. Instintivamente, comprendemos que alguien que ocupa un cargo alto pero recibe poco respeto tiene menos poder real que otra persona con un título inferior, pero que es muy respetada.

Aunque todas estas valoraciones pueden tener lugar en menos de un segundo, el orden es, sin embargo, importante. Si hay un conflicto entre las señales, confiaremos en ellas en el orden que acabamos de ver. Como siempre, el lenguaje corporal triunfa sobre todos los demás signos de carisma. Incluso si todos los demás están presentes, un lenguaje corporal que exprese inseguridad socavará cualquier posibilidad de que exista un carisma de autoridad. Y viceversa, se puede conseguir un cierto grado de este carisma contando sólo con el lenguaje corporal si éste es lo bastante fuerte.

Cómo desarrollar el carisma de autoridad

Nuestro principal propósito si queremos obtener un carisma de autoridad es proyectar poder exhibiendo signos de estatus y confianza. Por suerte, los dos aspectos más importantes del estatus y la confianza son también aquellos sobre los que tenemos más influencia: el lenguaje corporal y la apariencia.

Como se ve afectado con tanta fuerza por el lenguaje corporal, nuestro carisma de autoridad depende de lo seguros de nosotros mismos que nos sintamos en ese momento. Aquí es donde entran en juego las herramientas que obtuvo en el capítulo 5: puede usar la visualización, el aumento de la cordialidad o el cuerpo para cambiar su mente a fin de entrar en un estado mental lleno de seguridad en usted mismo.

Para que su lenguaje corporal proyecte poder y confianza en usted mismo, tendrá que aprender a «ocupar espacio» con su postura, reducir gestos no verbales (como asentir con la cabeza en exceso) y evitar rebullir constantemente.

Puede que tenga que hablar menos y hacerlo más lentamente, saber cómo y cuándo hacer una pausa en sus frases o a modular su entonación. Nos ocuparemos de todos los detalles de cómo emanar poder por medio del lenguaje corporal en el capítulo 9.

En lo que hace a la apariencia, elegir ropa que parezca cara o de alto nivel es una de las maneras más fáciles de tener aspecto de autoridad.

Una vez que lo tiene: El carisma de autoridad tiene la ventaja de que nos escuchan y, con frecuencia, nos obedecen. No obstante, tiene varias desventajas: · Puede inhibir el pensamiento crítico en los demás.

· No invita a que nos respondan, así que nos arriesgamos a no recibir una información que realmente necesitamos.

· Es fácil que nos haga parecer arrogantes.

Aquí es donde aprender a emanar cordialidad puede ser lo que nos salve. No sólo esa cordialidad reducirá el riesgo de que nos perciban como arrogantes o intimidantes, también será más valorada porque ahora nos ven como dotados de un alto estatus. Si una persona de estatus bajo está ansiosa por agradarnos, puede que lo encontremos agradable, pero no daremos necesariamente un alto valor a su entusiasmo. Después de todo, no puede hacer mucho por nosotros; antes bien somos nosotros los que podemos hacer algo por ellos. Por otro lado, si un «jefe de manada» de alto estatus nos concede su atención y cordialidad, estamos encantados, porque esa persona puede mover montañas.

Cuándo usarlo: El carisma de autoridad funciona bien en muchas situaciones de negocios, y en cualquier situación en que queramos que nos escuchen y obedezcan. Es especialmente útil durante una crisis (vea el capítulo 12), y siempre que necesitemos una conformidad inmediata de los demás. Por otro lado, quizá quiera evitarlo en ambientes sociales como las bodas o los funerales o en situaciones de negocios delicadas, por ejemplo al dar malas noticias. Evítelo también cuando quiera estimular la creatividad o las reacciones constructivas, ya que puede inhibir el pensamiento crítico de los demás. En estos casos, use el carisma de visión, de focalización o de cordialidad.

Cómo elegir el carisma acertado

No existe un único modo de ser carismático, ni tampoco hay un único estilo de carisma que dé resultado en cualquier situación. ¿Cuándo son ciertos estilos más eficaces? ¿Qué estilo nos convendrá más? Determinar cuál es su estilo de carisma preferido y saber cuándo usarlo es un paso crucial para hacer realidad su potencial de carisma.

Diferentes clases de carisma serán las apropiadas en distintas circunstancias. Y diferentes clases de carisma serán mejores o peores para usted. Para decidir qué elementos del carisma poner de manifiesto, tendrá que valorar tres indicadores: lo más adecuado para su personalidad, para sus metas y para la situación.

· Su personalidad: Es importante saber qué le parece cómodo y elegir los estilos, herramientas y técnicas que encajen en sus cualidades características.

· Sus metas: También es preciso tener claro qué quiere alcanzar. Algunos modelos de carisma harán que los demás le obedezcan, otros los llevarán a abrirse y compartir.

· La situación: ¿En qué contexto va a entrar? La situación determina el escenario en que su carisma actuará.El carisma adecuado para ustedLa primera consideración es su carácter fundamental.

Uno de los errores de John Kerry durante la campaña presidencial de 2004 fue tratar de «amortiguar» su focalizado carisma intelectual para hacerse más «accesible». No sólo resultó ineficaz, sino que le salió el tiro por la culata al alejar a los que se habían visto atraídos por su personalidad original. Su incomodidad le hacía parecer torpe y poco auténtico.

En cambio, en el mundo de los negocios, Steve Jobs cultivó y fue fiel a su estilo de carisma de visión y, pese a lo que se pueda decir de su personalidad o estilo de liderazgo, siempre daba la impresión de ser auténtico, además de poderoso.

Oprah Winfrey ha hablado de su decisión de ser auténtica como un momento crucial en su carrera. Una vez que abandonó sus intentos por ser «la nueva Diane Sawyer», la conocida presentadora de televisión, prosperó como «la mejor Oprah que podía ser».

No tiene que meterse a la fuerza en un estilo particular para ser carismático, y abogo firmemente por que no haga nada que vaya en contra de sus valores: sólo actuaría en su contra. Tratar de obligarse a entrar en un estilo de carisma que no es el adecuado para usted puede ser tan desagradable como contraproducente.

Por ejemplo, alguien introvertido que se obligara a ser extravertido podría parecer torpe y poco natural y ser percibido así por los demás. No sólo se impondría una experiencia desagradable, también fracasaría en su intento por aparecer naturalmente extravertido. En lugar de luchar contra su estilo natural, saber trabajar con él puede rendirle beneficios importantes.

Cómo ponerlo en práctica: trabajar con la introversión Si se siente naturalmente incómodo en reuniones sociales numerosas, la próxima vez que esté en una fiesta, no se obligue a ser sociable de inmediato o a estar «conectado» toda la noche. Pruebe, en cambio, con las siguientes sugerencias fáciles. Al llegar, concédase cinco minutos para esperar y observar. Luego, durante la fiesta, tómese pequeños «descansos para la introversión»: espacios de cinco minutos de soledad. Conozco a una introvertida muy carismática que suele hacer exactamente eso durante las reuniones tanto sociales como de negocios. Cuando vuelve a emerger para relacionarse con los demás, éstos suelen comentar lo radiante que está.

No sólo no es necesario que se obligue a adoptar un estilo de carisma en particular; tampoco tiene por qué limitarse a un único estilo. Estos estilos son sólo ejemplos de cómo los diferentes elementos del carisma actúan en el mundo que nos rodea. En realidad, puede alternar diferentes modalidades de carisma en cada momento. Cuantos más estilos domine, más versátil podrá ser.

La capacidad para adaptarse a diversas situaciones sociales es característica de personas muy carismáticas.

Hayes Barnard, el carismático consejero delegado de Paramount Equity, me contó que se ve como una navaja suiza, que sirve para cualquier situación. Cuando cruza una estancia, varía a propósito la voz y el lenguaje corporal según la persona o personas con las que habla. Al seleccionar líderes, busca personas que tengan una capacidad parecida para adaptarse a múltiples condiciones.

En realidad, se trata de acceder a diferentes aspectos de nuestra personalidad y sentirnos cómodos al expresarlos; todos tenemos en nuestro interior un cierto grado de bondad y un mínimo de autoridad. Según practique cada estilo, éste se irá haciendo, gradualmente, más natural. Si practica lo suficiente, estas conductas se volverán tan fáciles y cómodas como cepillarse los dientes.

No sólo puede pasar de un tipo de carisma a otro, también puede mezclar y combinar, añadiendo un toque de benevolencia a su carisma de autoridad, o infundiendo algo de firme autoridad a su carisma de focalización. Oprah puede demostrar focalización, amabilidad y, en algunos casos, incluso carisma de visión durante una única entrevista.

Los presidentes Clinton y Obama encarnan el carisma de visión. Ambos tienen un toque de autoridad. No obstante, Obama lidera con focalización. Los que lo conocen dicen que su inteligencia es palpable y que se centra intensamente en la persona con la que interactúa. Clinton, en cambio, lidera con cordialidad. Es conocido por tener una «empatía fuera de serie».

Al elegir un estilo de carisma, recuerde comprobar su estado mental y emocional. Si se siente inseguro, no trate de lograr un carisma de autoridad hasta que haya recuperado la confianza. Elija un estilo de carisma que exija menos seguridad en usted mismo, por ejemplo la focalización o la amabilidad, y luego pase, gradualmente, a la autoridad si así lo desea. También puede tomarse el tiempo necesario para aumentar su confianza hasta estar listo para transmitir el carisma de autoridad.

La segunda consideración al escoger un estilo de carisma es la meta que quiere alcanzar. ¿Cómo quiere hacer que se sientan los demás? ¿Cómo quiere que reaccionen ante usted? Por ejemplo, si quiere que le escuchen y obedezcan, el carisma de autoridad es el ideal. En las secciones anteriores le dábamos idea de qué estilo de carisma puede apoyar mejor cada meta. Conforme practique cada estilo, intuirá cuál da mejor resultado en las diferentes situaciones.

El carisma acertado para cada situación

La tercera consideración al elegir un estilo de carisma es la situación en la que se encuentre.

En la vida, hay docenas de situaciones en las que ciertas clases de carisma, y no importa el poder que tengan, no son bienvenidas. En cambio, ciertas situaciones exigen específicamente ciertas clases de carisma. Por ejemplo, los estudios muestran sistemáticamente que en tiempos de crisis acudimos a personas audaces, seguras de sí mismas y resueltas.4 Es el momento de aplicar el carisma de autoridad o el de visión.

El contexto en el que actuamos establece el color del cristal a través del cual los demás nos perciben y perciben nuestro carisma.

Veamos, primero, el contexto emocional. El estado emocional de alguien influye en cómo nos percibe, y potencia o inhibe el poder de nuestro carisma.

Ciertos estados emocionales, como la sensación de crisis o urgencia, aumentan la posibilidad de que los demás nos encuentren carismáticos. No obstante, puede haber carisma sin crisis: el presidente George W. Bush era considerado carismático mucho antes de la conmoción del 11 de septiembre.

Para comprender el contexto emocional que hay a su alrededor, pregúntese:

¿cómo se sienten quienes lo rodean? ¿Qué necesitan en este momento? Si va a despedir a alguien, el carisma de autoridad podría no ser el más adecuado; en cambio, quizá quiera sacar su carisma de focalización o amabilidad. Y, al igual que Oprah, puede alternar diferentes modos de carisma, jugando con diferentes partes de su personalidad al responder a diferentes aspectos de la situación.

El contexto social también importa; una conducta podría ser vista como carismática en Estados Unidos, pero no en Japón. El mismo grado de contacto visual que sería recibido como una mirada sincera y directa en la mayor parte de Norteamérica, podría ser entendida como agresiva e inaceptable en algunas partes de Asia. Aunque la presencia, la cordialidad y el poder son los elementos fundamentales del carisma, la manera en que se expresan varía un tanto de cultura en cultura.

No obstante, una vez dicho todo esto, si consigue que su estado mental y su conducta sean los acertados, ha recorrido un 80 por ciento del camino. Las expresiones faciales son universales, [*] así que una expresión de buena voluntad, empatía o interés sería percibida exactamente igual en Nueva York que en Nueva Delhi, o incluso en Papúa Nueva Guinea.

Es muy importante que los demás den mucho crédito a las intenciones que perciben que tenemos. Así que si, por ejemplo, logra adoptar un estado mental de benevolencia, esto se vería en su expresión facial y en su lenguaje corporal, y los demás lo detectarían a un nivel emocional profundo. Los que lo percibieran querrían que usted les gustara, querrían ver su conducta y sus actos de la manera más positiva. Piense que la benevolencia es como la red de seguridad de su carisma: mientras consiga un estado de benevolencia, tendrá todas las posibilidades de acertar con su carisma. (Puede volver al capítulo 5 para revisar las técnicas de potenciación de la benevolencia.) Además, puede actuar estratégicamente al elegir cuándo poner a prueba nuevos estilos de carisma: escoger situaciones en que se juegue poco para ampliar los límites de su zona de confort. Si, por ejemplo, asiste a una reunión para establecer redes de contactos o a un cóctel que tendrá poco impacto en su carrera o su vida social, utilícelos como campo de pruebas. Es el momento de experimentar y poner a prueba nuevos modos de actuar. Use estas ocasiones para sentirse cada vez más cómodo con nuevos estilos de carisma. Podría incluso practicar nuevas técnicas en interacciones cortas y superficiales con cajeros o porteros.

En cambio, cuando esté en una situación donde haya mucho en juego —a punto de hacer una presentación o ir a una entrevista de trabajo—, no corra el riesgo de adoptar un aire incómodo o poco auténtico. En estos casos, es mejor ceñirse a la conducta y estilo de carisma que le resulten más naturales.

IDEAS CLAVE QUE RETENER

· Elegir el estilo de carisma acertado dependerá de su personalidad, sus objetivos y la situación.

· Puede alternar diferentes estilos de carisma o incluso mezclarlos. No se fuerce a adoptar un estilo que le resulte demasiado incómodo. Hacerlo tendría un efecto negativo en cómo se siente y cómo lo perciben los demás.

· Cuantos más estilos de carisma pueda conseguir, más versátil será y más seguro de usted mismo estará.

· Amplíe los límites de su zona de confort en situaciones en que se juegue poco.

· Cíñase a estilos que ya conozca bien en situaciones en que se juegue mucho.

· Deje que la benevolencia sea su red de seguridad. Proceder desde un espacio de auténtica benevolencia le dará la mejor oportunidad de acertar con su carisma.

* La fascinante investigación de Paul Ekman sobre este tema lo llevó a viajar por todo el mundo, yendo hasta los lugares más remotos, estudiando tribus de cazadores-recolectores, y catalogando y comprobando más de 10.000 expresiones faciales.

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