El bosque oscuro

El bosque oscuro


Tercera Parte. El bosque oscuro » Año 205, Era de la Crisis

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También había más circunstancias que elevaban la confusión de la batalla. Los restos expulsados por las explosiones de la primera fila no tardaron en llegar a la segunda, haciendo que los sistemas de defensa de batalla respondiesen con láseres de alta energía y cañones de riel para interceptar los restos. Esos fragmentos metálicos volantes, compuestos en gran parte por metal fundido por los fuegos nucleares, tenían un tamaño irregular, y aunque las bajas temperaturas del espacio los había enfriado parcialmente, solo eran sólidos en la capa exterior. El interior seguía estando en un estado líquido ardiente, y al recibir un impacto se dispersaban dejando atrás un reluciente espectáculo de fuegos artificiales. No pasó mucho tiempo antes de que la segunda fila se convirtiese en una barrera ardiente paralela al apagado «río de sangre» dejado por las naves destruidas de la primera fila, una explosión tras otra como si la recorriesen una oleada de fuego, originada desde la dirección del enemigo invisible. Los restos parecían granizo, en mayores cantidades de las que podían bloquear los sistemas defensivos, y cuando los fragmentos se escapaban y daban contra las naves, los impactos de esos chorros de metal líquido y sólido poseían un enorme poder de destrucción. Varias naves de la segunda fila de la flota sufrieron importantes daños en el casco y algunas tuvieron fugas. Empezaron a sonar las alarmas de descompresión…

Aunque la deslumbrante batalla con los restos recibió su parte de atención, teniendo en cuenta las circunstancias, resultaba difícil que los ordenadores y los humanos del sistema de mando evitasen el error de creer que la flota se enfrentaba a un violento intercambio de fuego con una fuerza espacial enemiga. Ni una sola persona ni una sola máquina fue consciente de la diminuta figura de la muerte que había iniciado la destrucción de la segunda fila de naves.

Por tanto, cuando la gota cargó contra Ganges, las cien naves de la segunda fila seguían dispuestas en línea recta. Era la formación de la muerte.

La gota apareció como el rayo y en cuestión de diez segundos atravesó doce naves: Ganges, Colombia, Justicia, Masada, Protón, Yandi, Atlántico, Sirio, Acción de gracias, Avance, Han y Tempestad. Al igual que durante la destrucción de la primera fila, cada nave se puso al rojo vivo tras la penetración, antes de quedar envuelta por la bola de fuego nuclear que dejó atrás un millón de toneladas de magma metálico y brillante. Luego explotó. A la luz de una destrucción tan brutal, las naves de guerra alineadas fueron como una mecha de dos mil kilómetros de largo que ardió con tal intensidad que solo dejó atrás muchas cenizas que relucían de un rojo mate y oscuro.

Un minuto y veinte segundos después, todas las naves de la segunda fila habían sido totalmente destruidas.

Tras pasar por la última nave, Meiji, la gota alcanzó el final de la fila y volvió a ejecutar un ángulo agudo para ir a por la primera nave de la tercera fila, Newton. Los restos de la destrucción de la segunda fila ya habían ido a por la tercera. El asalto de restos incluía el metal fundido lanzado por la explosión de la segunda fila y también los fragmentos metálicos casi completamente fríos de las naves de la primera fila. A esas alturas casi todas las naves de la tercera fila habían activado los motores y sistemas defensivos y habían iniciado las maniobras, por lo que ahora las naves no ocupaban una línea recta, como había pasado en las dos primeras ocasiones. Aun así, las cien naves ocupaban más o menos una línea. Una vez que la gota atravesó Newton, ajustó rápidamente la dirección y en un parpadeo recorrió los veinte kilómetros que separaban Newton de Ilustración, alejada tres kilómetros de la recta. Desde Ilustración volvió a virar para correr hacia Cretáceo, que avanzaba hacia el otro lado, y la atravesó. Siguiendo esa trayectoria entrecortada, la gota atravesó una tras otra las naves de la tercera fila, sin reducir en ningún momento la velocidad por debajo de los treinta kilómetros por segundo.

Más tarde, cuando los analistas examinaron la ruta de la gota, se asombraron al comprobar que cada giro era una esquina definida, no la curva suave de una nave espacial humana. Esa trayectoria diabólica era la prueba de un motor espacial que resultaba incomprensible para los humanos, como si la gota fuese una sombra sin masa, sin la obligación de contar con los principios de la dinámica, moviéndose libremente como la punta del lápiz de Dios. Durante el ataque contra la tercera fila de la flota, los cambios bruscos de la gota se produjeron a un ritmo de dos o tres por segundo, una aguja mortal guiando su hilo de destrucción a través de cien naves.

A la gota le llevó dos minutos y treinta segundos destruir la tercera fila de naves.

Para entonces, todas las naves de la flota habían encendido los motores. Aunque la formación era ya informe, la gota siguió atacando a las naves que huían. El ritmo de destrucción se redujo, pero en todo momento había entre tres y cinco explosiones nucleares. Sus llamas mortales ahogaban el resplandor de los motores, convirtiéndolas en grupos de libélulas aterradas.

La comandancia de la flota seguía sin tener ni idea sobre cuál era la verdadera fuente del ataque y siguió concentrando sus energías en la búsqueda de esa imaginaria flota enemiga invisible. Aun así, el análisis posterior de la enorme cantidad de información poco precisa transmitida por la flota demostró que en ese momento de la batalla dos oficiales de bajo nivel de la Flota Asiática fueron los primeros en acercarse a la verdad. Uno fue el alférez Zhao Xin, un ayudante de selección de blancos a bordo de Beifang, y el otro el capitán Li Wei, un controlador de grado medio del sistema de armas electromagnéticas a bordo de Wannian Kunpeng. Y esta fue parte de su conversación:

ZHAO XIN: ¡Al habla Beifang TR317 llamando a Wannian Kunpeng EM986!

LI WEI: Al habla Wannian Kunpeng EM986. Debo recordarle que transmitir comunicaciones de voz con este nivel de información es una violación de las regulaciones de batalla.

ZHAO XIN: ¿De verdad, Li Wei? ¡Soy Zhao Xin! ¡Contigo quería hablar!

LI WEI: ¡Hola! Me alegra saber que sigues con vida.

ZHAO XIN: Capitán, he aquí el problema. He descubierto algo que me gustaría transmitir al mando compartido, pero no tengo privilegios suficientes. ¿Podrías ayudarme?

LI WEI: Mis privilegios también son bajos. Pero ahora mismo el mando compartido posee mucha información. ¿Qué quieres transmitir?

ZHAO XIN: He analizado una imagen visual de la batalla…

LI WEI: ¿No deberías estar analizando la información del radar?

ZHAO XIN: Eso no es más que una falacia del sistema. Al analizar la imagen visual y extraer la velocidad característica, ¿sabes que descubrí? ¿Sabes lo que está pasando?

LI WEI: Tú pareces saberlo.

ZHAO XIN: No pienses que me he vuelto loco… me conoces, somos amigos.

LI WEI: Eres un animal de sangre fría. Serías el último en volverte loco.

Sigue.

ZHAO XIN: Escucha, la flota es la que se ha vuelto loca. ¡Nos estamos atacando a nosotros mismos!

LI WEI: …

ZHAO XIN: Frontera infinita atacó a Yuanfang, y Yuanfang atacó a Sirena, Sirena atacó a Antártida y Antártida

LI WEI: ¡Has perdido la cabeza!

ZHAO XIN: Eso es lo que está pasando. A ataca a B; y después de que B sea atacada, pero antes de explotar, ataca a C; y después de que C sea atacada, ataca a D… Es como si cada nave de guerra que recibiera un impacto atacase a la siguiente nave de la fila… como si fuese una maldita infección o un juego de pasar la bomba, pero mortal. ¡Es una locura!

LI WEI: ¿Qué arma usan?

ZHAO XIN: Ni idea. En la imagen di con un proyectil, pero diminuto y mucho más rápido que el cañón de riel. E increíblemente preciso. ¡En todas las ocasiones dio contra el tanque de combustible!

LI WEI: Envíame el análisis.

ZHAO XIN: Enviaré el análisis y los datos originales. Échale un vistazo, ¡maldita sea!

El análisis del alférez Zhao Xin, aunque extraño, estaba muy cerca de la verdad. Li Wei dedicó medio minuto a estudiar la información enviada. En ese tiempo se produjo la destrucción de otras treinta y nueve naves.

LI WEI: Hay un detalle sobre la velocidad.

ZHAO XIN: ¿Qué velocidad?

LI WEI: La velocidad del pequeño proyectil. Su velocidad al ser lanzado desde cada nave es ligeramente menor. Luego durante el vuelo acelera hasta los treinta kilómetros por segundo. A continuación, da a la siguiente nave, y cuando sale de esa nave, justo antes de la explosión, su velocidad es algo menor. Luego acelera…

ZHAO XIN: ¿Eso significa…?

LI WEI: Es como una especie de resistencia.

ZHAO XIN: ¿Resistencia? ¿Cómo?

LI WEI: Cada vez que el proyectil atraviesa un objetivo, la resistencia reduce su velocidad.

ZHAO XIN: Comprendo lo que dices. No soy estúpido. Has dicho «el proyectil» y «atraviesa un objetivo»… ¿Es un único objeto?

LI WEI: Echa un vistazo fuera. Otras cien naves han reventado.

La conversación no se desarrolló en la lengua moderna de la flota, sino en mandarín del siglo XXI. Por la forma de hablar, quedó claro que los dos eran hibernados. En la flota servían muy pocos hibernados. A pesar de que muchos habían despertado mientras todavía eran jóvenes, carecían de la capacidad de una persona moderna para absorber información, por lo que la mayoría se dedicaba a tareas de relativamente poco nivel. Más tarde se descubrió que durante la destrucción, la gran mayoría de los oficiales y soldados que recuperaron antes el juicio y el sentido común eran hibernados. Por ejemplo, esos dos oficiales, a pesar de ocupar una posición que ni siquiera les permitía emplear los sistemas avanzados de la nave, fueron, sin embargo, capaces de realizar un gran análisis.

La información de Zhao Xin y Li Wei no llegó al sistema de mando de la flota, pero el análisis de la batalla realizado por el sistema iba en la dirección correcta. Al comprender que el enemigo invisible sugerido por el ordenador no existía en realidad, se concentraron en analizar la batalla como un todo. Tras una búsqueda e identificación entre enormes cantidades de datos, el sistema descubrió al fin la existencia continuada de la gota. Su imagen extraída de las grabaciones de la batalla era la misma excepto por el halo de propulsión en la cola. Seguía teniendo una forma perfecta, solo que esta vez lo que reflejaba mientras avanzaba era el resplandor de los fuegos nucleares y el magma metálico, el brillo cegador alternándose con el rojo oscuro. Era como una gota de sangre ardiente. Un análisis posterior identificó la trayectoria de ataque de la gota.

Dos siglos de estudio de estrategia espacial habían dejado varios escenarios posibles para la batalla del Día del Juicio Final. Pero en la mente de los estrategas, el enemigo siempre había sido grande. La humanidad se enfrentaría al grupo principal de la poderosa fuerza trisolariana en el campo de la batalla espacial, donde cada nave de guerra sería una fortaleza mortal del tamaño de una pequeña ciudad. Habían imaginado todo tipo de armas y tácticas que podría emplear el enemigo. La más aterradora consistía en la flota trisolariana, lanzando un ataque con armas de antimateria y destruyendo una nave de guerra de clase estelar, y empleando así antimateria del tamaño de una bala.

Pero ahora la flota combinada no tenía más remedio que enfrentarse a los hechos: su único enemigo era una sonda diminuta, una gota de agua en el enorme océano de la potencia de guerra trisolariana, y dicha sonda atacaba empleando una de las tácticas más antiguas y primitivas conocidas en los barcos humanos: la embestida.

Pasaron aproximadamente trece minutos desde el inicio del ataque de la sonda hasta el momento en el que la comandancia de la flota llegó a la valoración correcta. Teniendo en cuenta que las condiciones del campo de batalla eran complejas y horribles, fue un proceso rápido. Pero la gota fue todavía más rápida. Durante una batalla naval del siglo XX, desde el momento en que el enemigo aparecía en el horizonte podría quedar tiempo para reunir a los mandos en el buque insignia para una reunión estratégica. Pero las batallas espaciales se medían en segundos, y en esos trece minutos la sonda destruyó más de seiscientas naves. Solo entonces comprendió la humanidad que el mando de una batalla espacial era imposible para un ser humano. Y gracias al bloqueo sofón, también resultaba imposible para las inteligencias artificiales. En cuestiones de mando y control, era bien posible que la humanidad jamás tuviera la capacidad para enfrentarse en una batalla espacial contra Trisolaris.

La velocidad de ataque de la gota y su invisibilidad al radar hicieron que los sistemas defensivos de las primeras naves no llegasen a responder. Pero a medida que se incrementó la distancia entre naves y, por tanto, aumentaba la distancia de ataque de la sonda, los sistemas de defensa fueron recalibrándose teniendo en cuenta las características de la sonda como blanco. Por tanto, fue Nelson la primera nave que intentó la interceptación, empleando armas láser para mejorar la precisión de fuego contra un pequeño blanco de gran velocidad. Al recibir el impacto de varios rayos, la gota emitió una potente luz visible, aunque Nelson había disparado láseres de rayos gammas que eran invisibles al ojo humano. No habían logrado entender cómo la sonda podía ser imperceptible al radar, teniendo en cuenta que poseía una superficie perfectamente reflectora y difusa, pero quizá la capacidad de modificar la frecuencia de las ondas electromagnéticas reflejadas fuese el secreto de dicha invisibilidad. La luz emitida por la sonda al recibir los impactos fue tan intensa que ahogó los fuegos nucleares que la rodeaban y obligó a los sistemas de seguimiento a atenuar las imágenes para no dañar los componentes ópticos ni cegar para siempre a cualquiera que los estuviese mirando directamente. En otras palabras, desde el punto de vista de sus efectos, esa luz superpotente era indistinguible de la oscuridad. La gota, envuelta en esa luz, entró en Nelson y se apagó, haciendo la oscuridad en el campo de batalla. Momentos después las llamas nucleares recuperaron la importancia y la gota salió de Nelson sin haber sufrido ningún daño para ir a por Verde, a ochenta kilómetros de distancia.

Para interceptar la gota atacante, el sistema defensivo de Verde pasó a armas cinéticas electromagnéticas. Los proyectiles que disparaban los cañones de riel poseían una enorme capacidad destructiva y la energía cinética inherente a su gran velocidad hacía que cada proyectil golpease el blanco con la fuerza de una bomba. En caso de disparar contra un blanco en la superficie, podrían aplastar una montaña casi de inmediato. La velocidad relativa de la gota simplemente incrementaba la energía de los proyectiles. Pero al golpear, la sonda redujo un poco la velocidad antes de ajustar la propulsión y recuperarla. Siendo atacada por una granizada de proyectiles, voló directamente hacia Verde y penetró. Vista bajo un microscopio de enorme aumento, la superficie de la gota todavía sería un espejo liso sin la más mínima mácula.

El material de interacción nuclear fuerte difería de la materia normal como un sólido difiere de un líquido. Los ataques realizados por las armas humanas contra la gota eran como las olas golpeando un arrecife. Era imposible dañarla, es decir, no había nada en el Sistema Solar que pudiese destruirla. Era intocable.

El sistema de mando de la flota se había estabilizado para volver a hundirse en el caos casi de inmediato. Esta vez, su desesperación por haber perdido todas las armas disponibles indicaba que no llegaría a recuperarse de su colapso.

En el espacio continuó la despiadada matanza. A medida que aumentaba la distancia entre naves, la gota aceleró y pronto había doblado su velocidad hasta los sesenta kilómetros por segundo. Manifestando durante su ataque sin tregua una inteligencia fría y precisa, resolvió el problema del viajante en regiones locales con una precisión perfecta, sin tener que volver casi nunca sobre sus pasos. Con los blancos en constante movimiento, la gota logró una enorme amplitud de medidas precisas y ejecutó sin esfuerzo y a gran velocidad sus cálculos. Durante su obstinada masacre, ocasionalmente se desviaba a los bordes del grupo de naves para encargarse de algunos rezagados y limitar las inclinaciones de la flota a huir en esa dirección.

Como norma, la gota ejecutaba ataques de precisión contra los tanques de combustible de las naves. No se sabía si los localizaba en tiempo real o si gracias a los sofones poseía una base de datos con los datos estructurales de todas las naves. Sin embargo, en un diez por ciento de los casos la gota no le daba al tanque. La destrucción de esas naves no se produjo por efecto de la fusión nuclear, sino que a las naves al rojo vivo les llevaba un tiempo comparativamente largo en estallar. Una situación brutal que hacía sufrir a la tripulación muy altas temperaturas antes de morir por el calor.

La evacuación de las naves no fue un proceso fluido. Era demasiado tarde para pasar al estado abisal, así que las naves solo podían evacuar a aceleración impulso tres, lo que impedía la dispersión. Como si fuese un perro ovejero dando vueltas alrededor de un rebaño, a veces la gota ejecutaba ataques de bloque en distintos puntos de los límites de la flota para obligarla a permanecer junta.

El espacio estaba lleno de fragmentos enfriados o todavía fundidos y grandes trozos de naves, por lo que los sistemas defensivos de las naves se veían obligados a usar láseres y cañones de riel para despejar el camino. Los fragmentos formaban arcos ardientes que envolvían a cada una de las naves con una cubierta brillante. Aun así, algunos fragmentos escapaban a los sistemas de defensa y provocaban daños en los cascos e incluso en ocasiones destruían la capacidad de navegar de una nave cuando daban directamente en ella. La colisión con los fragmentos de mayor tamaño era fatal.

A pesar del colapso del sistema de mando de la flota, durante la evacuación el Alto Mando siguió funcionando, pero la densidad de la formación inicial hacía imposible evitar las colisiones entre naves. Himalaya y Thor chocaron de frente a gran velocidad y quedaron hechas añicos. Mensajero golpeó a Génesis por detrás, y el aire que escapó como un huracán por entre los cortes atravesó ambas naves y lanzó al espacio al personal y otros objetos, formando colas que se extendieron tras los dos gigantescos naufragios espaciales.

Lo más horrible de todo fue el destino de Einstein y Xia. Sus capitanes usaron el control remoto para saltarse las protecciones del sistema y pasar a la aceleración impulso cuatro. Ningún miembro del personal había entrado en estado abisal. Las imágenes transmitidas desde Xia mostraban un hangar sin cazas, ocupado por más de cien personas aplastadas contra la cubierta por la enorme aceleración. Los observadores presenciaron cómo unas flores carmesíes de sangre florecían en el espacio blanco del tamaño de un campo de fútbol, formando capas extremadamente delgadas que se extendieron y acabaron unidas bajo la fuerza inmensa… Las cabinas esféricas eran el horror final. Al iniciarse la hiperaceleración, todos sus ocupantes cayeron al fondo y a continuación la pesada mano del demonio los aplastó para formar una masa, como si aplastase un montón de hombrecitos de plastilina. No les dio ni tiempo a gritar. Solo se oía cómo los huesos se rompían y las vísceras salían del cuerpo. A continuación, la carne y los huesos se hundieron en un líquido sanguinolento que pronto se volvió extrañamente claro —la enorme aceleración forzaba el precipitado de todos los sólidos—, su superficie, estática y plana como un espejo por efecto de la fuerza que sufría. Daba la impresión de ser un sólido y los montones informes de carne, huesos, y órganos, ocupaban su interior como rubís encapsulados en cristal.

Más tarde, muchos creyeron que el paso de Einstein y Xia a impulso cuatro había sido el resultado de un error cometido en medio del caos. Pero análisis posteriores rechazaron tales ideas. Activar el control remoto y saltarse los estrictos controles requeridos para que el sistema activase impulso cuatro, incluyendo confirmar que todo el personal estaba en estado abisal, implicaba una serie tan compleja de operaciones que era muy poco probable que pudiese suceder por error. La información transmitida por las dos naves reveló que antes de pasar a impulso cuatro, Einstein y Xia había usado los cazas y otras naves pequeñas para llevar al personal fuera. Solo pasaron a impulso cuatro cuando se acercó la gota y otras naves vecinas fueron destruidas. Con eso se deducía que su intención había sido escapar a la gota, empleando la aceleración más grande para preservar las naves de guerra de la humanidad, pero ni siquiera Einstein y Xia lograron escapar de ella. El dios de la muerte de ojos certeros se dio cuenta de que esas dos naves aceleraban más rápido que el resto, les dio caza rápidamente y acabó con ellas y su carga muerta.

Pero otras dos naves lograron acelerar con éxito a impulso cuatro y huyeron del ataque de la gota: Cuántica y Edad de bronce, que antes de la batalla ya se encontraban, por petición de Ding Yi, en estado abisal. Tan pronto como se produjo la destrucción de la tercera fila, las dos pasaron a impulso cuatro y ejecutaron una huida de emergencia en la misma dirección. Tuvieron tiempo de sobra para escapar a las profundidades del espacio porque en un principio estaban situadas en una esquina de la formación separadas de la gota por toda la flota.

Tras veinte minutos, más de mil naves, más de la mitad de la flota, habían sido destruidas.

El espacio, en un radio de diez mil kilómetros, estaba lleno de restos; era una nube metálica que se expandía con rapidez. De modo intermitente, las explosiones nucleares de las naves destruidas iluminaban los límites de ese cúmulo de restos, como si un gigantesco rostro pétreo parpadease en la noche cósmica. Entre explosiones, el resplandor del magma metálico convertía la nube en una puesta de sol hecha de sangre.

Las naves restantes estaban muy dispersas, pero la mayoría seguía dentro de los límites de la nube metálica. Ya habían agotado los cañones de riel y debían recurrir a los láseres para abrirse paso entre la nube. Por desgracia, los requerimientos energéticos no permitían mantener los láseres a plena potencia y, por tanto, las naves debían recorrer un camino tortuoso y lento por entre los restos. La mayoría se movía a una que a todos los efectos era la misma que la velocidad de expansión de la nube, lo cual la convertía en una trampa mortal de la que era imposible escapar.

La velocidad de la gota era ahora diez veces la tercera velocidad cósmica, aproximadamente 170 kilómetros por segundo. Su trayectoria la hacía atravesar restos que se licuaban al recibir el impacto, saltando a gran velocidad para dar contra otros restos y dotando a la gota de una cola brillante. Al principio parecía un cometa erizado de furia, pero a medida que la cola se alargaba, se iba transformando en un enorme dragón plateado de diez mil kilómetros de largo. Toda la nube metálica relucía por efecto de la luz del dragón a medida que se agitaba de un lado a otro, ejecutando su ballet demencial. Las naves atravesadas por la cabeza del dragón iban explotando a lo largo de su cuerpo, de modo que continuamente estaba marcado por las explosiones nucleares de cuatro o cinco pequeños soles. Luego, las naves de guerra fundidas se convertían en un millón de toneladas de magma metálico que teñía la cola de un rojo sangre sobrenatural…

Treinta minutos después el reluciente dragón seguía con su vuelo, pero las explosiones nucleares de su cuerpo ya no estaban y la cola ya no tenía el color de la sangre. En la nube metálica no quedaba ni una nave.

Cuando el dragón salió de la nube, su cuerpo desapareció en el mismo límite, la cabeza seguida de la cola. A continuación, se ocupó del resto de la flota. Solo veintiuna naves habían escapado de la nube. La mayoría había sufrido tantos daños que su aceleración era mínima o se limitaban a derivar sin energía. La gota las atrapó y destruyó con rapidez. Las nubes metálicas que resultaron de las nuevas explosiones se expandieron y se combinaron con la nube principal.

La gota tuvo que invertir algo más de tiempo en destruir las cinco naves prácticamente intactas. Ya habían logrado suficiente velocidad y huían en distintas direcciones. La última nave que destruyó, Arca, se había alejado mucho de la nube, por lo que cuando su explosión iluminó el espacio durante unos segundos fue como una lámpara solitaria en medio del viento y la inmensidad.

Las fuerzas armadas humanas en el espacio habían sido aniquiladas por completo.

La gota aceleró en dirección a Cuántica y Edad de bronce, pero pronto lo dejó. Los dos objetivos estaban demasiado lejos y habían conseguido demasiada velocidad. Así fue como Cuántica y Edad de bronce se convirtieron en las únicas supervivientes de aquella formidable destrucción.

La gota abandonó entonces el campo de la matanza y se dirigió hacia el sol.

Además de esas dos naves, algunos miembros de la flota habían sobrevivido al holocausto al subir a cazas y naves pequeñas antes de la destrucción de sus naves de guerra. Aunque la gota podría haber dado cuenta de ellas sin problema, no le interesaban las naves pequeñas. La mayor amenaza para estas últimas, sin sistema de defensa y sin capacidad para soportar un impacto, eran los fragmentos metálicos rápidos. Los restos destruyeron más de una nave pequeña después de que abandonasen las naves nodriza. Las mayores posibilidades de sobrevivir se daban al comienzo y el final del ataque, porque al inicio todavía no existía la nube metálica y al final la nube al expandirse había reducido su densidad.

Las pequeñas naves supervivientes derivaron durante unos días más allá de la órbita de Urano. Las rescataron naves civiles que recorrían esas regiones. Había unos sesenta mil supervivientes, incluyendo a los dos oficiales hibernados que habían realizado la primera valoración correcta del ataque de la gota: el alférez Zhao Xin y el capitán Li Wei.

Con el tiempo esa zona del espacio se tranquilizó. La nube metálica perdió su brillo en el frío del cosmos y desapareció en la oscuridad. Con el paso de los años, sufriendo el tirón de la gravedad solar, la nube dejó de expandirse y fue alargándose, para formar al fin una larga cinta que se convirtió en un cinturón metálico extremadamente delgado alrededor del sol, como si un millón de almas inquietas flotasen para siempre en los fríos límites del Sistema Solar.

Una única sonda trisolariana logró destruir toda la fuerza espacial humana. Otras nueve más llegarían en tres años. Las diez juntas no alcanzaban ni a la décima parte del tamaño de una única nave de guerra y Trisolaris disponía de mil de esas naves que ahora mismo se dirigían hacia el Sistema Solar.

«Si os destruyo, ¿a vosotros qué podría importaros?».

Tras despertar de un largo sueño, Zhang Beihai miró el reloj: había dormido quince horas seguidas, probablemente el sueño más largo de su vida exceptuando los doscientos años de hibernación. Ahora sentía una emoción nueva. Al prestar atención a su propia mente, comprendió el origen de esa sensación.

Estaba solo.

En el pasado, incluso al flotar por sí mismo en el espacio infinito, nunca había tenido la sensación de estar realmente solo. Desde el más allá le observaban los ojos de su padre con una mirada presente en todos los momentos del día. Como la luz del sol durante el día y la luz de las estrellas de noche, esa mirada era una parte de su mundo. Ahora la mirada de su padre había desaparecido.

«Hora de salir», se dijo mientras se arreglaba el uniforme. Había dormido en ingravidez, por lo que el pelo y la ropa no se le habían descolocado. Dando un último vistazo a la cabina esférica donde había pasado más de un mes, abrió la puerta y salió flotando, preparado para enfrentarse estoicamente a la furia de la multitud, para enfrentarse a las incontables expresiones de desprecio y condena, al juicio final… y para enfrentarse, como sabía todo soldado, a una vida cuya duración desconocía. Pasase lo que pasara, el resto de su vida lo viviría con tranquilidad.

El pasillo estaba vacío.

Avanzó despacio, dejando atrás compartimentos a cada lado, todos abiertos. Eran idénticos a su cabina esférica, sus paredes blancas como la nieve, tan similares a ojos sin pupila. El entorno estaba limpio y no vio ventanas de información abiertas. Probablemente hubiesen reiniciado y reformateado el sistema de información de la nave.

Recordó una película que había visto de joven. Los personajes ocupaban un mundo como un cubo de Rubik compuesto por incontables habitaciones cúbicas idénticas entre sí, donde cada una contenía un mecanismo mortal diferente. Pasaban de una habitación a la siguiente, sin parar…

Le sorprendió la libertad de sus pensamientos. Antes era un lujo dejar vagar la mente de esa forma, pero ahora que se acercaba el final de su misión de dos siglos, su cerebro podía recorrer de nuevo ese camino.

Giró una esquina y delante de él se abrió otro largo pasillo tan vacío como el primero. Los mamparos emitían una luz suave y uniforme que le hacía perder la sensación de profundidad. El mundo se le antojaba compacto. Una vez más, las puertas de las cabinas esféricas a cada lado estaban abiertas, y cada una de ellas era un espacio blanco idéntico.

Era como si hubiesen abandonado Selección natural. A ojos de Zhang Beihai, la enorme nave que ocupaba era un símbolo enorme pero conciso, la representación metafórica de alguna ley subyacente a la realidad. Tuvo la ilusión de que esos espacios esféricos, blancos e idénticos, se extendían interminablemente a su alrededor, repitiéndose por todo el universo infinito.

Una idea le vino a la cabeza: holografía.

Cada una de las cabinas esféricas podía obtener el control y manipulación completa de Selección natural, por lo que, al menos desde el punto de vista de la informática, cada una de las cabinas era la totalidad de Selección natural. Por tanto, Selección natural era holográfica.

La nave en sí era una semilla metálica y portadora de toda la información de la civilización humana. Si germinaba en algún punto del universo, podría acabar creciendo para convertirse en una civilización plena. La parte contenía el todo: por tanto, la civilización humana también era holográfica.

Había fracasado. No había logrado dispersar esas semillas y se lamentaba por ello. Pero no sentía tristeza. Y no era simplemente por haber hecho todo lo posible por cumplir con su deber. Su mente, ahora liberada, se envalentonó e imaginó todo el universo como holográfico, cada punto conteniendo el conjunto; el universo persistiría mientras quedase un único átomo. De pronto, poseía una concentración universal, la misma sensación que Ding Yi había tenido diez horas antes al otro extremo del Sistema Solar, durante la última fase de la aproximación a la gota, y mientras Zhang Beihai todavía dormía.

Llegó al final del pasillo y abrió la puerta para entrar en la sala esférica más grande de la nave, la primera donde había estado al llegar a Selección natural tres meses antes. Al igual que aquella primera vez, una formación de oficiales y soldados flotaba en el centro de la esfera, pero su número era varias veces mayor y formaban tres capas. Los dos mil tripulantes de Selección natural formaban la capa central, que ahora comprendía era la única real. Las otras dos eran hologramas.

Al prestar más atención, comprobó que las formaciones holográficas estaban compuestas por los soldados y oficiales de las cuatro naves que les perseguían. Justo en el centro de la formación de tres capas había una fila de cuatro coroneles: Dongfang Yanxu y los capitanes de las otras cuatro naves. Todos eran hologramas, evidentemente transmitidos desde sus naves, menos Dongfang Yanxu. Al entrar en la sala, los ojos de cinco mil personas se concentraron en él con una expresión que no dirigirían a un desertor. Los capitanes le dedicaron un saludo militar.

—¡Espacio azul, de la Flota Asiática!

—¡Enterprise, de la Flota Norteamericana!

—¡Espacio profundo, de la Flota Asiática!

—¡Ley final, de la Flota Europea!

Dongfang Yanxu fue la última en saludarle.

—¡Selección natural, de la Flota Asiática! Señor, las cinco naves de guerra de clase estelar que usted ha logrado preservar para la humanidad es todo lo que queda de la flota espacial de la Tierra. ¡Por favor, acepte el mando!

—Todo ha colapsado. ¡Es un ataque de nervios colectivo! —Shi Xiaoming hizo un gesto de desesperación. Acababa de volver de la ciudad subterránea—. Toda la ciudad está descontrolada. Es un caos.

Los administradores habían convocado una reunión del gobierno del vecindario. Los hibernados eran dos tercios, con la gente moderna ocupando el resto. Ahora eran fáciles de distinguir: a pesar de su estado de absoluta depresión, los administradores hibernados mantenían la compostura a pesar de la falta de ánimos, mientras que los modernos daban señales de haber perdido los nervios en distintos grados, e incluso el control durante la reunión. Las palabras de Shi Xiaoming les volvió a alterar. Los ojos del administrador jefe del vecindario estaban llenos de lágrimas, y al cubrirse el rostro para llorar fue como dar permiso a otros funcionarios modernos para que hiciesen lo mismo. El funcionario encargado de educación reía histéricamente, y otros modernos empezaron a rugir, antes de lanzar los vasos al suelo…

—¡Tranquilidad! —dijo Shi Qiang. No habló alto, pero la voz poseía cierta dignidad y calmó a los funcionarios modernos. Los que lloraban hicieron lo posible por controlar las lágrimas.

—No son más que niños —dijo Hines, haciendo un gesto negativo con la cabeza.

Asistía a la reunión como representante de la gente. Posiblemente fuese la única persona que se había beneficiado de la destrucción de la flota combinada, porque había recuperado la normalidad ahora que la realidad se correspondía con su precinto mental. Antes de eso, el precinto mental le había atormentado día y noche al enfrentarse a lo que parecía una victoria segura; casi logró volverlo loco. Le habían enviado al mejor hospital de la ciudad, donde los psiquiatras más expertos no habían podido ayudarle. Aun así, habían ofrecido una idea novedosa que Luo Ji y los funcionarios suburbanos habían puesto en marcha. Como en «El asedio de Berlín» de Daudet, o la vieja película de la Edad Dorada Good Bye, Lenin!, ¿por qué no fabricar un entorno ficticio en el que la humanidad hubiese fracasado? Por suerte, dado los enormes avances en tecnologías virtuales, no fue complicado crear ese entorno. Cada día, en su residencia, Hines recibía noticias creadas especialmente para él, acompañadas de imágenes tridimensionales perfectamente creíbles. Vio una porción de la flota trisolariana acelerar y llegar antes al Sistema Solar, y la flota combinada de la humanidad sufrir enormes pérdidas en la batalla del Cinturón de Kuiper. A continuación, las tres flotas no lograron contener el frente en la órbita de Neptuno y se vieron obligadas a resistir en la órbita de Júpiter…

El funcionario del vecindario encargado de crear ese mundo ficticio se quedó bastante inmerso en él y cuando la aplastante derrota se dio en la realidad, fue el primero en sufrir un colapso nervioso. Había agotado su imaginación pintando la derrota de la humanidad en los términos más desastrosos posibles, tanto para ayudar a Hines como por su propio placer personal, pero la cruel realidad superaba con creces todo lo que había imaginado.

Cuando las imágenes de la destrucción de la flota, a veinte unidades astronómicas de distancia, llegaron a la Tierra tres horas más tarde, el público se comportó como un grupo de niños desesperados, convirtiendo al mundo en un jardín de infancia plagado de pesadillas. Los colapsos mentales se extendieron con rapidez y todo se descontroló.

En el vecindario de Shi Qiang, todos sus superiores renunciaron o se limitaron a rendirse y no hacer nada, así que las autoridades de todavía mayor nivel le concedieron un nombramiento de emergencia para que se encargase de las obligaciones del administrador jefe local. Puede que no fuese un puesto muy importante, pero durante la crisis el destino de aquel vecindario de hibernados estaba en sus manos. Por suerte, al contrario que la ciudad subterránea, las sociedades de hibernados se mantenían relativamente estables.

—Me gustaría que todos recordasen la situación en la que nos encontramos —dijo Shi Qiang—. Si se da algún problema en el entorno artificial de la ciudad subterránea, ese lugar se convertirá en un infierno y todos saldrán a la superficie. Dado ese caso, no podremos sobrevivir. Será mejor que pensemos en emigrar.

—¿Emigrar adónde? —preguntó alguien.

—A algún lugar no muy poblado, como al noroeste. Aunque, claro está, primero tendríamos que mandar gente a examinarlo. Ahora mismo es imposible predecir qué será del mundo y si se producirá otro Gran Cataclismo. Debemos prepararnos para la posibilidad de sobrevivir únicamente de la agricultura.

—¿La gota atacará la Tierra? —preguntó otro.

—¿Qué sentido tiene preocuparse de eso? —Shi Qiang hizo un gesto de negación—. Nadie puede hacer nada al respecto. Y tendremos que seguir viviendo hasta el momento en que atraviese la Tierra, ¿no es así?

—Así es. Es mejor no preocuparse. Eso es algo que tengo muy claro —respondió Luo Ji, rompiendo así el silencio.

Las siete naves de guerra de la humanidad huían del Sistema Solar divididas en dos grupos: cinco naves, formadas por Selección natural y sus perseguidoras, y otro grupo de dos naves, Cuántica y Edad de bronce, que habían sobrevivido a la devastación de la gota. Las dos flotillas se encontraban en puntos opuestos del Sistema Solar, separadas por el sol. Llevaban trayectorias opuestas y cada vez se separaban más.

A bordo de Selección natural, Zhang Beihai no cambió la expresión tras escuchar el relato de la aniquilación de la flota combinada. Sus ojos siguieron expresando una calma absoluta y dijo sin darle importancia:

—Una formación densa es un error imperdonable. Todo lo demás era de esperar.

»Camaradas —paseó la mirada entre los cinco capitanes y las tres capas de soldados y oficiales—. He empleado ese antiguo título porque quiero que desde este día compartamos la misma voluntad. Cada uno de nosotros debe comprender la realidad a la que nos enfrentamos y debe tener presente el futuro que nos espera. Camaradas, no podemos volver.

Efectivamente, no había regreso posible. La gota que había destruido la flota combinada seguía en el Sistema Solar, y en tres años llegarían otras nueve. Para esta pequeña flota, su antiguo hogar era una trampa mortal. Según la información de la que disponían, la civilización humana se desmoronaría por completo incluso antes de que llegase la flota principal trisolariana, así que el final de la Tierra no estaba lejos. Las cinco naves debían aceptar la responsabilidad de conservar la civilización, pero su única opción era seguir avanzando y llegar lejos. Las naves espaciales serían sus hogares para siempre, y el espacio, el escenario de su descanso final.

En su conjunto, los 5500 tripulantes eran como un bebé al que le hubieran cortado el cordón umbilical y cruelmente hubiesen lanzado al abismo del espacio. Al igual que ese bebé, su única opción era llorar. Pero, sin embargo, los ojos tranquilos de Zhang Beihai eran un potente campo de fuerza que mantenía la estabilidad de la formación y les ayudaba a mantener su porte militar. Los niños lanzados a la noche eterna necesitaban sobre todo un padre, y ahora, al igual que Dongfang Yanxu, habían encontrado la energía de ese padre en la figura del antiguo soldado.

Zhang Beihai siguió hablando:

—Siempre formaremos parte de la humanidad. Pero ahora somos una sociedad independiente y debemos liberarnos de nuestra dependencia psicológica de la Tierra. Debemos elegir un nuevo nombre para este nuestro mundo.

—Venimos de la Tierra y es posible que seamos los únicos herederos de la civilización terrestre; por tanto, que nuestro nombre sea Nave Tierra —dijo Dongfang Yanxu.

—Excelente. —Zhang Beihai hizo un gesto de aprobación para luego volverse hacia la formación—. A partir de ahora, cada uno de nosotros es ciudadano de Nave Tierra. Este momento bien podría ser el segundo punto de inicio de la civilización humana. Tenemos mucho por hacer, así que les pido que ahora vuelvan a sus puestos.

Las dos formaciones holográficas desaparecieron y la de Selección natural empezó a dispersarse.

—Señor, ¿nuestras cuatro naves deben encontrarse? —preguntó el capitán de Espacio profundo. Los capitanes no se habían ido.

Zhang Beihai negó firmemente con la cabeza.

—No será necesario. Ahora mismo se encuentran a unos doscientos mil kilómetros de Selección natural, y aunque estamos cerca, gastaríamos combustible nuclear en esa maniobra. La energía es la base de nuestra supervivencia y debemos conservar toda la que podemos de la poca que tenemos. Somos los únicos seres humanos en esta zona del espacio, así que comprendo el deseo de reunirnos, pero doscientos mil kilómetros es una pequeña distancia. Desde este momento nuestra única forma de pensar debe ser a largo plazo.

—Sí, debemos pensar a largo plazo —repitió Dongfang Yanxu en voz baja. Todavía miraba al horizonte, como si contemplase los largos años que tenían por delante.

Zhang Beihai volvió a tomar la palabra.

—Debemos convocar de inmediato una asamblea ciudadana para decidir los detalles más básicos. A continuación, la mayor cantidad de personas posibles debe pasar a hibernación para que el sistema de soporte vital pueda operar bajo mínimos… Pase lo que pase, hoy se inicia la historia de Nave Tierra.

Una vez más los ojos del padre de Zhang Beihai surgieron del más allá, como unos rayos llegados desde los límites del cosmos que lo atravesaban todo. Sintió la mirada y en su corazón dijo: «No, padre. No puedes descansar. No ha terminado. Acaba de empezar de nuevo».

Al día siguiente, guiándose todavía por el tiempo de la Tierra, Nave Tierra convocó su primera Asamblea Ciudadana plenaria, celebrada en la combinación de cinco espacios holográficos. Asistían unos tres mil ciudadanos y los demás, que no podían abandonar sus puestos, se conectaron por red.

En primer lugar, la asamblea dedicó su atención a una cuestión urgente: el destino final de Nave Tierra. Por votación unánime se decidió mantener el rumbo actual. El objetivo era el fijado por Zhang Beihai, en dirección a la constelación del Cisne… o, para ser más exactos, la estrella NH558J2, uno de los sistemas planetarios más cercanos al Sistema Solar. Poseía dos planetas, los dos gigantes gaseosos que no permitían la vida humana pero que casi seguro podrían ofrecer combustible. Al parecer, el destino se había elegido tras cuidadosas reflexiones, porque en otra dirección, a simplemente 1,5 años luz más que su destino actual, había otro sistema planetario que, según las observaciones, contenía un planeta con un entorno natural similar a la Tierra. Pero ese sistema solo poseía un planeta, que si resultaba ser un mundo inhóspito —y las condiciones de habitabilidad eran mucho más precisas de lo que se podía descubrir observando un mundo a varios años luz de distancia—, entonces Nave Tierra no tendría oportunidad de repostar. Tras llegar a NH558J2 y repostar, podrían volar a todavía más velocidad hacia el siguiente destino.

NH558J2 se encontraba a dieciocho años luz del Sistema Solar. Dada su velocidad actual, y teniendo en cuenta varias incertidumbres del viaje, Nave Tierra llegaría allí en dos mil años.

Dos milenios. Ese número sombrío ofrecía otra imagen precisa de su presente y del futuro que les aguardaba. Aun contando con la hibernación, la mayoría de los ciudadanos de Nave Tierra no vivirían para ver su destino. Sus vidas no serían más que una breve fracción del viaje de veinte siglos. Es más, incluso para sus descendientes, NH558J2 no sería más que un punto de parada. Nadie sabía cuál sería, en efecto, su destino final, y mucho menos cuándo lograría Nave Tierra llegar al fin a su verdadero y hospitalario hogar.

De hecho, Zhang Beihai se había mostrado asombrosamente racional en sus reflexiones. Era evidente que sabía que la capacidad de la Tierra para sostener vida humana no era una simple coincidencia, y mucho menos un resultado del efecto antrópico, sino más bien el producto de la interacción a lo largo de grandes períodos entre la biosfera y el entorno natural (situación que muy probablemente no se repetiría en otro planeta alrededor de alguna estrella lejana). Elegir NH558J2 daba a entender otra posibilidad: quizá fuese imposible encontrar un mundo habitable y que la nueva civilización humana tuviese siempre que viajar en una nave espacial.

Pero no lo dijo de forma explícita. Tal vez la próxima generación nacida en Nave Tierra fuese capaz de aceptar una civilización espacial viviendo en una nave. La generación actual tendría que vivir apoyándose en la idea de dar con un hogar en un planeta como la Tierra.

La asamblea también decidió la posición política de Nave Tierra. Las cinco naves formarían siempre parte del mundo humano, pero dadas las circunstancias en las que se encontraban, era imposible que Nave Tierra se subordinase políticamente a la Tierra o las tres flotas, por lo que se convertiría en un país del todo independiente.

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